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La foto del niño con el puñito en alto: historia de una imagen icónica que cumple 50 años y el acto para recordarla

Detalle del cartel de la FRAVM

Luis de la Cruz

Madrid —
22 de junio de 2026 15:00 h

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Todo movimiento social está obligado a honrar y celebrar su genealogía para, esparciendo sus semillas al viento, tratar de reproducirla. Eso es lo que hará esta tarde el movimiento vecinal de Madrid. La FRAVM (Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid) ha organizado a las 19 h. una marcha festiva en el entorno de la Puerta del Sol para recordar la manifestación del 22 de junio de 1976, la primera gran movilización vecinal autorizada tras la muerte del dictador.

Lo actos se han organizado con la ayuda del Comisionado 50 años de España en Libertad del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática. Incluirán una marcha desde Sol a Callao por Preciados –como en la manifestación original–, homenajes a los protagonistas, una actuación de los cantautores Luis y Pedro Pastor y un concierto del grupo Alameda de Osoulna.

La de Princesa no fue la primera gran manifestación autorizada pero sí una de especial relevancia. La primera había tenido lugar el 29 de febrero de 1976 en Badalona (incluso antes de la aprobación Ley de Reunión 17/1976, de 29 de mayo). En Madrid la primera manifestación vecinal legalizada había sido el 13 de marzo de ese mismo año en el barrio de Canillas bajo el lema “Basta de atascos y baches, queremos accesos”. El mismo día de la manifestación de Preciados, sin ir más lejos, se había producido una manifestación de estudiantes autorizada entre Iglesia y Cuatro Caminos. Sin embargo, la del 22 de junio supuso, por su magnitud, la irrupción del movimiento vecinal en el foco que da irrumpir 50.000 cuerpos en pleno centro de la ciudad. La manifestación estaba organizada por la Federación Provincial de Asociaciones de Vecinos de Madrid (hoy FRAVM) junto con otras entidades de la época.

En las pancartas que portaban los manifestantes se leían lemas como Menos fútbol y más escuelas, Enseñanza popular, Legalización de asociaciones, Abajo los topes salariales. Como se ve, asuntos que mezclaban el desarrollo territorial de los barrios con escenarios políticos de gran calado durante los años de la Transición. De hecho, la gran reclamación del momento, muy presente también esta vez, era la petición de amnistía.

Uno de los caballos de batalla de las asociaciones vecinales durante aquellos años fue su misma existencia legal: La legalización desigual que se venía produciendo de unas y otras agrupaciones de vecinos que, de facto, llevaban trabajando por sus respectivos barrios desde hacía años. Las que seguían esperando el sí, a veces desde hacía bastante tiempo, eran las conocidas como asociaciones “en trámite”.

La manifestación comenzó a las ocho y media de la tarde y estaba autorizada solo durante media hora. Posiblemente por el inesperado desborde ciudadano al que se asistía en pleno centro de la ciudad, la policía la cortó incluso antes. A menos cuarto, dio un toque para que la gente se disolviera en cinco minutos. Aunque la manifestación se deshizo pacíficamente, se produjeron los habituales altercados en las horas siguientes entre la policía –que lanzó botes de humo y realizó varias detenciones– y algunos manifestantes.

La manifestación de 1976, en realidad, no pudo llegar formalmente a Callao, ya que el gobernador civil franquista lo prohibió. En esta ocasión, cuando la marcha llegue al final de Preciados el delegado del Gobierno, Francisco Martín, la recibirá y la dejará pasar.

Poco ante de tomar el centro de la ciudad, el movimiento vecinal había reunido fuerzas en una poco conocida jornada campestre. Los colectivos de la Federación Vecinal, clubes juveniles y asociaciones de Amas de Casa organizaron en una arboleda de Aranjuez una “jornada festiva de convivencia vecinal”, con ecos del día de la tortilla de San Isidro.

Al terminar la asamblea que cerraba la jornada, la Guardia Civil cargó con fuerza contra los asistentes –unas 2500 personas, incluidos niños–. Esta agresión sirvió de espoleta para organizar una Semana Ciudadana conformada por decenas de actos culturales y auspiciada por decenas de asociaciones de barrios y ciudades de la región. El colofón de la semana de lucha y acumulación de fuerzas fue, precisamente, la manifestación del 22 de junio en la calle Preciados.

El niño con el puñito cerrado o una fotografía que se convirtió en símbolo del momento

Aquel 22 de junio, la gente se apretaba en la estrecha calle de Preciados, de Sol hasta Callao, y se desbordaba por todas las calles adyacentes. El público asistente era según las crónicas de la época, diverso, con asistentes de todas las edades y géneros.

César Lucas, jefe de fotografía de El País, captó la imagen de un niño sobre los hombros de su padre en medio de la multitud, con sonrisa franca y el puñito cerrado, que se ha convertido en una de las grandes imágenes de la Transición. Una instantánea que ha trascendido a la propia fecha que, de todas formas, refleja bien en ambiente pacífico que debió tener la manifestación vecinal.

Lucas estará presente este lunes en los actos de Callao junto con otros protagonistas de la época como Tino Calabuig, que rodó imágenes también icónicas de la época. Intervendrán dirigentes históricos del movimiento vecinal como Pepe Molina o abogadas que prestaban sus servicios a las asociaciones, como Paca Sauquillo, entre otros.

La prueba de que la imagen de Lucas es un documento cargado de historia es que, pasados los años, se hicieron los típicos artículos que buscaban a su protagonista. En 2006 el periódico El País reveló que el niño de la foto se llamaba Daniel Rivas Azcueta, tenía entonces 34 años y trabajaba como piloto. Rivas acudió a la manifestación con sus padres, que eran vecino de Guindalera, miembros del PCE, de CCOO y participantes en la Junta Democrática.

La fotografía armó revuelo en su momento. Basta recordar que la crónica del periódico ABC de la manifestación afirmaba que se vio algún puño en alto, pero fue anecdótico. Sin embargo, allí estaba un niño pequeño ejercitando el simbolismo político con su cuerpo, probablemente repitiendo lo que era un gesto habitual en su entorno. Cuenta Juan Luis Cebrián, que ejercía como director de El País, que un ministro protestó preguntando si la cabecera iba a apostar “por una España comunista”.

Durante aquellos años sucedieron muchas primeras veces y medio siglo después el movimiento vecinal busca renovar su influencia reivindicando su historia y reproduciendo una manifestación que en aquel momento parecía impenable.

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