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La Movida “excéntrica” o cómo la Nueva Ola no sucedió solamente en el centro de Madrid

Tablada 25 en Laberinto de pasiones

Luis de la Cruz

Madrid —

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La Bobia en El Rastro –y muchas otras cosas allí, como la etérea Cascorro Factory–, La Vía en Malasaña (o El Penta en el mismo barrio), El Sol en Jardines, el SEPU en la Gran Vía… y tantos y tantos lugares del centro de Madrid que a uno le remiten inexorablemente al mapa de la llamada Movida Madrileña. Una geografía dibujada desde el centro de la ciudad que, sin embargo, requiere un billete de Metro para poder ser abarcada en todas sus dimensiones. Si bien es cierto que algunos nombres fuera del centro son ineludibles en todos los relatos del movimiento –como el omnipresente Rock-Ola– la mayoría de las veces se omite el detalle de que La Movida también fue excéntrica en su sentido más etimológico.

Se ha discutido mucho sobre la sociología del movimiento, que si era cosa de niños bien, que si era un movimiento despolitizado… pero poca gente ha puesto en duda que fuera un movimiento juvenil. Y, por lo tanto, una escena repleta de estudiantes universitarios. A este respecto, es bien conocido el papel que la Ciudad Universitaria jugó en la presentación de algunos de los grupos emblema de la época.

A menudo se ha dicho que el punto de partida de La Movida –es mucho decir– fue el concierto homenaje a Canito –batería fallecido del grupo Tos (luego Los Secretos) el 9 de febrero de 1980. Los propios Tos, Mermelada, Nacha Pop, Paraíso, Alaska y los Pegamoides, Trastos, Rebeldes, Mamá y Mario Tenia y los Solitarios se citaron en la Escuela de Caminos, en un concierto que luego retransmitió TVE, dándole a la jornada una dimensión mayor de la que en un principio se le hubiera supuesto.

Concierto de Primavera (Madrid 1981)

Los campus universitarios fueron un buen campo de pruebas para La Movida. En 1980 se celebró la Fiesta de la Primavera en la Universidad Autónoma con las actuaciones de Aviador Dro, Alaska y Los Pegamoides, Paraíso y Los Nikis. En mayo de 1981 tuvo lugar en el campo de rugby de Ciudad Universitaria otra Fiesta de la Primavera, con actuaciones de Alaska y Los Pegamoides, Mamá, Nacha Pop y Secretos. El festival lo organizó la Asociación Cultural de Arquitectura.

Los colegios mayores también fueron un escenario privilegiado para la cultura posfranquista. El Colegio Mayor Universitario San Juan Evangelista, El Johnny, fue muy importante para el jazz o el flamenco, pero en las tablas de las residencias universitarias como el Chaminade –el Chami– u otros se celebraron también conciertos de pop emergente con grupos como Nacha Pop o Los Nikis, entre otros.

El distrito de Tetuán quedaba a finales de los setenta y principios de los ochenta un poco más lejos del centro mentalmente que hoy –que no geográficamente, la Línea 1 era exactamente igual–. No era ya el barrio de extrarradio que había sido durante la primera mitad del siglo XX sino una poblada barriada popular llena de recovecos en los que podía incrustarse la contracultura con cierta facilidad. Eso propició que, ya antes de La Movida, sus estrechas calles alojaran experiencias pioneras como la del garaje de la calle María Zayas donde en 1970 se celebró Festival de Música Progresiva, organizado por Mario Pacheco, el guionista José Antonio Barrero y el director de cine Iván Zulueta.

Octavilla de Aviador Dro en el ateneo de la calle Mantuano

Poco después, desembarcaron en el mismo lado de Bravo Murillo las salas de ensayo de Tablada 25, que abrieron como cooperativa en una antigua fábrica de zumos en el año 1979. Pepe Robles e Hilda Gómez, que eran parte del grupo impulsor, pronto se quedaron al frente de unos locales míticos que hoy viven una segunda vida después de que Arturo Pozuelo cogiera las riendas hace pocos años. Tablada 25 sale en Laberinto de Pasiones y en sus locales ensayaron Gabinete Caligari, Cucharada, Pistones, Mermelada o Alaska y los Pegamoides, entre otros.

Justo al otro lado de la calle Bravo Murillo –donde hay ahora un C&A– estaba el Carolina, un cine de barrio de los años sesenta en cuyos bajos hubo una sala de fiestas que se hizo un hueco en el panorama de las salas de conciertos nuevaoleros. No era exclusivo de los modernos –en 1981 se grabó el directo de Leño, que ensayaban en Tablada– pero sale también en Laberinto de Pasiones y allí se presentó el primer libro sobre aquella generación: La movida (historia del pop madrileño), de Paco Martín. En la fiesta de presentación actuaron Zombies, Fash Strato, Los Secretos, Trastos, Radio Futura, Roll Time (formados por gente de Alaska, Nacha Pop y Mamá), Mario Tenia y Los Solitarios, y Juanma el Terrible.

Prosperidad, La Prospe, es un caso similar al de Tetuán: ambos son antiguos extrarradios subsumidos por el crecimiento de la ciudad, aunque su halo de espacio privilegiado para la contracultura de una ciudad es mayor aún que el de su primo del norte. El barrio fue un centro pionero del underground madrileño por obra y gracia del Ateneo Politécnico, una academia privada ocupada y convertida en centro cultural que funcionó entre los años 1974 y 1977, cuando fue desalojado. Otra liberación se produjo en la antigua Escuela de Mandos José Antonio de la calle de Mantuano. Por el ateneo artístico que allí se ubicó, de querencias libertarias, pasearon Fernando Márquez, El Zurdo, con sus fanzines y con sus compañeros en Kaka de Luxe (Alaska o Carlos Berlanga). También Los Zombis de Bernardo Bonnezzi o los obreros especializados del Aviador Dro. Entre los muros del Ateneo Mantuano estuvo la Escuela Popular de Personas Adultas de Prosperidad, que aún existe en otra localización, y es hoy es el Centro Cultural Nicolás Salmerón.

Recogida de firmas en Prosperidad contra el derribo del edificio que acogió el Ateneo Politécnico

En la zona se encontraban además el ya citado Rock-Ola (junto a las Torres Blancas), la discoteca Morasol (otro cine devenido en espacio musical que acogió a Nina Hagen), el estudio de grabación Doublewtronics, o la sede de DRO (Discos Radiactivos Organizados), el sello discográfico fundado en 1982 por Servando Carballar.

Mucho se ha hablado también del origen socioeconómico de los protagonistas de La Movida. ¿Es una simplificación decir que era cosa de niños de papá? Seguramente, pero una afirmación que contiene indiscutibles trazas de realidad y que se traduce en la aparición de algunos puntos en el mapa de La Movida en el distrito de Salamanca. Por ejemplo, la inevitable galería Vijande, epicentro del lado más artístico del movimiento desde su inauguración en 1981 con la exposición El Chochonismo Ilustrado. En la muestra, la imaginería nuevaolera viajó de la malasañera Casa Costus a la calle de Núñez de Balboa. Por Vijande pasó en enero de 1983 el mismísimo Andy Warhol con motivo de una exposición sobre su obra. Su visita a nuestra ciudad es historia del Madrid de La Movida y fue ocasión para que se juntaran personajes de la misma como Fabio McNamara con agentes de la jet como Pitita Ridruejo.

Imagen de archivo de la visita de Andy Warhol a la Galería Fernando Vijande en 1983

También en el barrio de Salamanca se podían encontrar otros espacios de sociabilidad del moderneo como la redacción de la revista La Luna de Madrid en la calle de Villaalar o la sede de la discográfica Nuevos Medios de Mario Pacheco (en Salustiano Olazaga), cuna del nuevo flamenco y de grupos de La Movida como Golpes Bajos, Kikí d'Akí o La Mode.

Pero También fuera de la M-30 hubo Movida, aunque en la mayoría de los barrios tuviera más tirón el rock urbano. Algunas de las discotecas de barrio y salas de fiesta, que llevaban un par de décadas funcionando en silencio como hervideros de la modernidad de las clases populares, recibieron los vientos anglosajones del momento. Podemos poner como ejemplo Niza Palace, situada en la calle Marcelo Usera y citada por los periodistas Jesús Ordovás y Patricia Godes en su magnífica Guía del Madrid de La Movida. Otro ejemplo podría ser la sala Astoria en el Paseo de Extremadura, un cine que en 1984 se convirtió en coso de conciertos y acogió actuaciones importantes como las de The Durutti Column, Johnny Thunders o The Modern Lovers.

Entrada de Nina Hagen en Astoria

En otras ocasiones, eran los grandes eventos los que propiciaran que las estrellas del momento y sus fans se alejaran del centro de la ciudad. Los certámenes Villa de Madrid en el Rockodromo de la Casa de Campo, la plaza de toros de Carabanchel (con el mítico concierto de Ramones) o el campo del Moscardó. En el campo de fútbol de Usera se vivió una noche inolvidable –en el mal sentido–  en 1980, cuando Lou Reed abandonó el escenario solo veinte minutos después de que el espectáculo hubiera comenzado porque alguien le tiró un objeto. Quienes estuvieron presentes cuentan que se lío muy gorda.

En la mayoría de los casos, los locales y escenarios de la llamada movida que han sobrevivido o las placas que los recuerdan están en el centro de la ciudad. Sí, ya lo sabemos: pero no todos.

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