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El cine Paz, más que 'La odisea' en 70 mm: de negocio familiar en Chamberí a hacer de las películas un acontecimiento

Los Cines Paz, en Madrid, en una mañana de este verano.

Guillermo Hormigo

Madrid —

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Cuando el acomodador se adentraba en la oscuridad de una sala repleta, el número de personas allí congregadas alcanzaba el millar. En 1943, fecha de inauguración de los cines Paz, el negocio contaba con un aforo de nada menos que 999 butacas. 83 años después, el cuarto cine abierto más antiguo de Madrid es toda una referencia para los amantes de las películas independientes. Un espacio que ha mantenido su esencia pese a los nuevos tiempos. El principal cambio llegó en 1997, cuando se dividió en cinco distintas para transformarse en un multisalas y sus responsables apostaron por una programación de marcado carácter autoral. Un lugar con hitos como la permanencia durante un año y medio en cartel de Solas (1999), intimista y multipremiada ópera prima de Benito Zambrano.

Hoy el Paz es uno de los dos cines que se mantienen en activos en la calle Fuencarral de Chamberí, donde originalmente llegaron a concentrarse hasta ocho locales. Es, a la vez, uno de los cuatro multisalas que marcan el ritmo cinematográfico en la zona. Y se ha convertido en el centro de atención de muchas miradas cinéfilas, por ser el único espacio de Madrid con una tecnología que permite proyecciones en 70 milímetros (con una calidad de imagen e inmersión superiores). Una fortuna, pues su historia pudo escribir un punto y final en 2021.

Por suerte, el título de la primera película proyectada en el Paz auguraba que su destino estaría marcado por una sucesión. Se trataba de la comedia española Antes de entrar, dejen salir, dirigida por Julio de Fleischner. La familia Góngora, propietaria del establecimiento, decidió dar un paso al lado hace un lustro y cedió la explotación del espacio a la productora, distribudora y exhibidora francesa mk2. (Re)nacía así el mk2 Cine Paz.

Nacho Martínez-Useros es director de programación, línea editorial y comercial de mk2. Explica en conversación con Somos Chamberí cómo surgió este exitoso viraje de un negocio familiar a gran apuesta de una candena que aboga por lo autoral y por el cine como acontecimiento: “La vinculación era previa a la adquisición. Nos llamaron para celebrar el 75º aniversario del cine en 2018. Elaboramos la programación y les apoyamos con la comunicación”.

Los Cines Paz de la calle Fuencarral durante el estreno en España de 'Doctor Zhivago', en 1966.

Fue la pandemia lo que terminó de modicar el modelo detrás del multisalas: “El público muy adulto del cine, al que le gustaba su perfil clásico, fue al que más le costó volvor a las salas con la reapertura. La familia Góngora nos contactó entonces, fruto de esa estrecha relación previa, y llegamos a un acuerdo para encargarnos comercialmente durante 25 años”.

La nueva etapa arrancó el 17 de septiembre de 2021 con una proyección de Dune. Era una coyuntura “bastante particular” en la que “los estrenos se movían continuamente de fecha” debido a las variaciones de la situación sanitaria. “Tampoco había cine de autor muy potente. Se lo guardaban porque había festivales detenidos”, rememora. La edición de Cannes 2020 no se celebró de manera presencial, mientras que la del año siguiente se trasladó del mayo habitual a julio.

“Fue un cambio muy beneficioso para las dos partes”, opina Isaac Reyes, responsable de comunicación de mk2. “Los Góngora querían mantenerlo no solo por una cuestión romántica, sino histórica. A pocos metros de aquí estaban los antiguos cines Roxy [ahora reconvertidos en un supermecado]. Ya apenas resisten cines históricos, así que buscaban una marca que continuara esa esencia de cine familiar. Nosotros, por nuestra parte, deseábamos estar presentes en el corazón de la cultura de una capital, igual que lo estamos en París. Se unieron dos sueños y dos maneras de entender el cine”, cuenta.

Recuerda Nacho Martínez-Useros que en esos primeros compases intentaron “abrir la mano” a más cine comercial y familiar, pero “muy pronto” se cercionaron de que su potencial principal está en otro tipo de propuestas. “Tenemos dos públicos principales. El adulto se concentra en las dos primeras sesiones. Antes de las 19.30 las películas son dobladas, para quien busca cine independiente doblado. Después priorizamos la versión original, para ese otro público joven de centro de ciudad. Los eventos se enfocan también en ese perfil, aunque conviven en ciclos como los classics, todos los lunes a las 20.00. O cult, deciado al cine de culto”. Reyes lo sintetiza así: “El reto era mantener a las señoras del Paz y a la vez dar a conocer una nueva etapa en la que ampliábamos tanto la oferta como el público al que queríamos llegar”.

El desafío llegaba en un momento de enorme complejidad para el sector, duramente golpeado por un confinamiento que impulsó todavía más el auge del streaming: “Decían que era una locura que nos metiéramos en un nuevo proyecto de cine en vez de simplemente resistir. Pero a la vista está que los proyectos en los centros de las ciudades han funcionado muy bien. Fue muy emocionante ver cómo la gente volvía a las salas apenas año y medio después del estallido de la pandemia”.

En estos cinco años han comenzado a ver nuevas o crecientes tendencias del sector, como la caída de las sesiones de las 22.00 y el auge de las verspetinas. El “auge del tardeo”, como lo define Martínez-Useros, ha llegado al cine. “Los pases de las 16.00 y las 18.00-19.00 son los que más han mejorado. Los martes sénior se llenan. Es una experiencia, como un cine de adolescentes pero con personas mayores: todos se saludan por el barrio, charlando, medio ligando...”. Es ahí cuando sale a relucir la esencia de un cine de barrio, de un espacio colectivo, por mucho que ver una película sea un acto de recogimiento personal y prácticamente íntimo.

La calle de los cines donde calidad y diferencia son claves del éxito

Es el distintivo de los Paz en Chamberí, más concretamente en la calle Fuencarral, donde la pugna por el pastel de la exhibición cinematográfica es feroz. Durante su aparición en Amarga Navidad, la última película de Pedro Almodóvar, casi cualquier cinéfilo de Madrid puede sentirse interpelado. Al mk2 Cine Paz se une el Cinesa Proyecciones, mientras que también son muy cercanos el cine Verdi (en la calle Bravo Murillo) y el Yelmo Palafox Luxury (calle Luchana).

Martínez-Useros recalca que los Verdi también tienen un fuerte componente barrial y autoral, aunque apostando íntegramente por VOSE. Unas similitudes que no desprecia en absoluto, en una industria donde “todos aprenden de todos, aunque sea a través de la competencia”. “No dejamos de ser espectadores, así que cuando otra cadena lleva a cabo una buena acción nos genera interés. Hay un trabajo de estar pendiente sobre lo que hacen cines de alrededor”, reconoce. Aboga eso sí por “un juego en el que cada cual apueste por su público y defienda los títulos en los que ha confiado dentro de su línea editorial”.

No le duele en prenda catalogar a Verdi de “un referente en tema de eventos”, puntal en la estrategia actual de los Paz. Pero, mientras en el espacio de Bravo Murillo lo clásico domina la escena (o la sala), el responsable de programación subraya la capacidad de atraer a nuevos espectadores, no necesariamente de Chamberí, desde mk2.

Para ello, en la compañía han apostado por propuestas de lo más variadas. “Por ejemplo el Cinetronik, películas de cine clásico (Metrópoli, El ganiete del Dr. Caligari, Un perro andaluz o El acorazado Potemkin) con música electrónica. O la colaboración Modo Avión, sesiones de música experinental una vez al mes. Y por supuesto el pódcast Locura compartida, con el divulgador cinematográfico Javi Godoy y muchos colaboradores. Todo eso sirve para crear comunidad”.

De hecho, Isaac Reyes habla de cómo al poco de que llegara mk2 esas escenas de personas mayores sociabilizando se empezaron a alternar con las de jóvenes haciendo lo propio. “El vestíbulo se llenaba de chavales y los propios trabajadores se sorprendían porque no recordaban ver allí tantos grupos de chavales con 19 o 20 años. Lo logramos primero con eventos muy específicos. Luego con sesiones especiales, como las Maldistas bastardas, donde poníamos películas de culto presentadas por Mafalda González y con invitadas como Soy una Pringada para atraer público millenial o generación Z”. El tercer paso, dice, fue que este tipo de espectadores acudiesen directamente al Paz como “su cine de referencia”: “Lo hemos visto con Backrooms, que es una película muy Z que nació en los foros y donde mucha gente joven nos ha elegido”.

Dice Martínez-Useros que Sirat, de Óliver Laxe, fue otro paradigma de ese cine de la experiencia que removió las butacas hace un año. O el Barbenheimer, en 2023. “Hubo dudas en la empresa con la convivencia de Oppenheimer y Barbie en un cine independiente de cinco salas, sobre todo con la segunda. Pero los más jóvenes de la empresa insistimos en que Greta Gerwig es una directora de culto y, aunque la película podía ser un poco ajena, había que apostar por ella. Los resultados fueron estupendos y se demostró que Barbie podía convivir con un público más cásico que venía a ver la anterior película de Christopher Nolan”.

La odisea del celuloide

Las proyecciones en 70 milímetros, formato que no está presente en ninguna otra sala de Madrid y apenas en tres más de todo el país, son ya una cabeza de lanza de estos acontecimientos que hacen de los Paz un lugar de comunión cinéfila. Kill Bill: The Whole Bloody Affaire sirvió de puesta de largo en marzo y ahora Tarantino cede el testigo a Nolan. Interstellar se proyectó las semanas pasadas y lo sigue haciendo esta. Pero será el viernes cuando llegue el gran estreno de La odisea, con una sesión diaria en 70mm, a las 17.00. El precio es de 19,90 euros, reducido a 15 para mayores y estudiantes que adquieran las entradas en la web.

En la planta superior del cine, David Pereira padre y David Pereira hijo ultiman comienzan a preparar la proyección durante la visita de este medio: la copia ha llegado esa misma mañana. Esta vez no es posible acceder a la cabina donde llevan a cabo su quirúrgica labor, manejando rollos analógicos de tamaño considerable.

“Aquí enfrente mi padre montó el Cinerama”, recordaba David Pereira padre en declaraciones a este periódico antes de que se mostrara la versión definitiva de Kill BIll. El abuelo de estas tres generaciones fue quien comenzó la compañía familiar dedicada al montaje de salas de cine y sistemas de proyección. A finales de los años 50 instaló otro sistema pionero, el Cinerama, en el citado multisales del Proyecciones. En un acto de enorme poesía (lógico que esté por medio La odisea), todo comenzó en la propia calle Fuencarral.

Detalle del proyector en la Sala 1 del MK2 Cine Paz de Madrid.

“Con la película de Tarantino se dio una casualidad de tres patas: la familia Pereira disponía del proyector, la distribuidora Elastica Films tenía la película y nosotros contamos con este estupendo cine”, resume el programador. Una “oportunidad” que no dejaron pasar y que quieren exprimir al máxmo, de ahí que el proyector de 70mm se haya quedado. “Las expectativas se superarn con creces, de hecho pasamos de las tres semanas de cartelera inicial a tres”.

Se lanzaron entonces a pensar en una mayor programación con este formato analógico, un trabajo que define como “precioso, aunque costoso”. Sobre todo a nivel logístico, ya que “hay una copia en Europa por película y tenemos que saber dónde está, en qué estado o cuáles son sus circunstancias técnicas específicas”.

Después de Tarantino y Nolan, en octubre será el turno de “una película de autor que será un bombazo”, aunque todavía no puede revelar de qué o quién se trata. Sí avanza que en diciembre los cinéfilos podrán disfrutar de Dune: Parte 3 en 70mm, formato en el que cada vez trabaja más Denis Villeneuve. Y una saga a la que atesoran un cariño especial en los Paz, pues la primera parte dio el pistoletazo de salida a la gestión de mk2.

“Nos falta Paul Thomas Anderson, el otro gran director que está apostando por él”, apostilla. Una muestra de que no se contentan con lo conseguido y ya piensan en su siguiente conquista. Sin olvidar, claro, que cuentan con la oportunidad de proyectar en 35 milímetros (algo que en los Paz vienen haciendo desde 2017): “Ya hemos puesto clásicos como Lawrence de Arabia, West Side Story o Ben-Hur. Queremos seguir apostando por ello y programar también mujeres directoras que hayan trabajado con el formato”.

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