Escuelas Aguirre, el neomudéjar que nació como proyecto escolar progresista y está a punto de dejar de ser Casa Árabe
A quien pasea por el barrio de Retiro de Madrid, en las inmediaciones de la entrada norte del parque, le llama la atención una fachada de ladrillo visto, con su torre de 37 metros de querencias historicistas (concretamente andalusíes). Un edificio de finales del XIX pionero y precursor del mejor neomudéjar madrileño.
Ese edificio es, desde hace años –y por el momento– Casa Árabe, una institución que quiere ser centro estratégico en las relaciones de España con esa parte del mundo. A pesar de ello, sigue siendo conocida como Escuelas Aguirre, nombre que recuerda su primera y más prolongada encarnación, que se lee en la bonita rejería de su puerta de entrada.
El edificio ha sido noticia estos días porque el Ayuntamiento de Madrid ha dado a Casa Árabe hasta el próximo 1 de septiembre para desalojar el inmueble cedido hasta la fecha. Poco o nada se sabe de cuál será su próximo destino, más allá de unas declaraciones superficiales sobre un posible uso cultural. Para pensarlo a futuro, cabe repasar su recorrido histórico como institución escolar pionera.
En todo caso, el desahucio no ha gustado a mucha gente, que considera que el cierre es una voladura de los puentes culturales con la cultura árabe y están pidiendo al Ayuntamiento que reconsidere su decisión a través de una recogida de firmas online y la organización de una concentración, que tendrá lugar este mismo sábado 4 de julio al mediodía.
Las escuelas nacieron marcadas por la ideología de su filántropo fundador, Lucas Aguirre Juárez. Aguirre se caracterizó por un pensamiento liberal progresista, a favor de las libertades civiles y de la extensión popular de la educación.
Perteneció a una familia de la burguesía industrial castellana que hizo fortuna a través de negocios de ferretería, la fabricación de tejidos y la gestión del servicio de correos y diligencias entre Cuenca y Madrid.
En 1959, después de la muerte de sus padres y el suicidio de uno de sus hermanos, se trasladó a Madrid, donde se integró en círculos intelectuales de la época. Se vincula estrechamente al kraussismo, corriente filosófica alemana introducida en España por Julián Sanz del Río precisamente durante esos años, que inspiraría el nacimiento de la Institución Libre de Enseñanza.
Después de la revolución de 1868 se consolidó su posición en la capital y Aguirre fue nombrado vocal de la Universidad Central (actual Complutense, entonces radicada en San Bernardo). Siguió profundizando en sus inquietudes sociales, participando activamente en la Sociedad abolicionista de la esclavitud y en la Asociación para la enseñanza de la mujer.
Ha pasado a la historia, sobre todo, como gran mecenas de la educación popular. Las Aguirre de Madrid no son las únicas escuelas que fundó. En 1868 abrió un establecimiento escolar en Siones (Burgos), ciudad natal de su padre y en 1887 se inauguró con su patrimonio otro en Cuenca, donde había nacido él. Escuelas modernas que fueron posibles gracias a los fondos que dejó a su muerte.
Salvo la de Siones, las otras dos escuelas se construyeron después de su fallecimiento en 1873. Las Aguirre de Retiro se levantaron en los terrenos cedidos por el Ayuntamiento de Madrid en la confluencia de las calles de Alcalá y de O'Donnell.
El proyecto fue encargado a Emilio Rodríguez Ayuso, que le confirió el envoltorio neomudéjar que ya había ensayado en la desaparecida plaza de toros de Goya, que había construido en 1874. El coso taurino, que estaba donde hoy encontramos el Palacio de Deportes de Madrid, se considera la pieza inaugural del neomudéjar madrileño. La primera piedra de las Escuelas Aguirre se colocó en 1881 y fueron inauguradas el 18 de octubre de 1886.
Además de su característico estilo arquitectónico, el complejo albergaba espacios novedosos para la época, propios de la arquitectura escolar más avanzada. Contaba con gimnasio, biblioteca, museo escolar, patio de recreo, sala de música u observatorio meteorológico. El ideario pedagógico de las escuelas incluía el rechazo del autoritarismo –huyendo del castigo–, la educación de las niñas y la participación democrática en el centro.
Durante las primeras décadas de existencia, la gestión de la escuela benéfica corrió a cargo de un patronato privado financiado por el legado de Aguirre. Pasaron a depender del Ayuntamiento de Madrid en 1911 como Escuela Municipal Graduada. En el reglamento del centro de este año se aprecia que, a pesar del cambio de titularidad, las escuelas conservaron una parte del espíritu pedagógico avanzado original.
Durante la Segunda República, las Escuelas Aguirre fueron incluidas en el ambicioso Plan de Reforma y Ampliación de Grupos Escolares de 1932. Durante este periodo, se transformaron muchos sus interiores y, sobre todo, se añadió una planta sótano, que sirvió para dotar al colegio de un moderno comedor y de cocina.
La reanudación de las clases nada más terminar la guerra –los escasos bombardeos en el barrio de Salamanca hicieron que el inmueble no sufriera mucho durante la contienda– sucedieron bajo los parámetros de la depuración docente y la llegada de la escuela nacionalcatólica. Al contrario que la mayoría de los centros escolares, las Escuelas Aguirre conservaron su denominación porque su fundación nada había tenido que ver con los años republicanos.
En 1971 se inauguró el nuevo centro escolar Escuelas Aguirre, que está situado cerca del original. El edificio neomudéjar de Alcalá se adecuó entonces para albergar dependencias administrativas municipales, singularmente la Sección de Estadística Municipal, que estuvo durante muchos años allí.
Después de una importante reforma y su puesta en valor arquitectónica a finales de los años noventa, el Ayuntamiento de Madrid cedió temporalmente el edificio en 2008 a Casa Árabe a través de un consorcio público integrado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Comunidad de Madrid y el propio consistorio. La Comunidad de Madrid se ha salido del consorcio recientemente, lo que ha modificado la composición del patronato y ha permitido que el Ayuntamiento recobre el edificio aduciendo mala gestión.
El edificio cuenta desde el año pasado con la protección asociada a la categoría Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Monumento. Una distinción que tardó en llegar, pues el expediente para hacerlo se incoó por vez primera en abril de 1977.
El peso visual que el ajedrezado neomudéjar regala a la fachada de las Escuelas Aguirre la convierten en un edificio singularísimo. Un estilo muy apegado a la tradición arquitectónica madrileña con evocaciones históricas que lo hacían muy adecuado materialmente para albergar un lugar de representación de la cultura árabe en Madrid. No se sabe qué será a partir de ahora, pero sí que en su verja seguirá luciendo el nombre que inauguró su línea de tiempo con unas escuelas para niños y niñas de las clases populares.
0