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Opinión - 'La encerrona perfecta', por Rosa María Artal

Cuatro días de cicloturismo por el trazado del proyecto ferroviario Santander-Mediterráneo

Área de recreo de la antigua estación de Trespaderne

Valeria H. Mardones / Bernard Datcharry

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Hay proyectos a los que después de marear mucho la perdiz se les va tanto la fuerza que acaban quedando en agua de borrajas. El Ferrocarril Santander Mediterráneo es un buen ejemplo de ellos. Pretendía unir el Mediterráneo con el Cantábrico, pero arrancó y paró tantas veces que al final se quedó a medias. Hoy, en su nueva vida, pretende convertirse en la vía verde más larga de España para disfrute de ciclistas. Hemos optado por recorrer un tramo, el sector norte de esta flamante vía verde, desde Burgos hasta Cidad Dosante, aunque queremos llegar a Santander, como debía hacerlo el ferrocarril proyectado. La mayor dificultad orográfica, la Cordillera Cantábrica, la salvaremos por los puertos de La Magdalena y Matanela, un epílogo perfecto para el tramo burgalés. Más allá de la frontera cántabra, la ruta se adentra en los valles pasiegos y la Vía Verde del Pas nos brinda la oportunidad de recorrer este coqueto territorio con la calma que se merece. El trazado de este antiguo ferrocarril nos llevará a El Astillero, en el extremo sur de la bahía de Santander. Los carriles bici urbanos o quizás la barcaza que cruza la bahía nos dejarán en el mismo puerto de Santander ¿A que suena bien?

Tramo Burgos-Oña: paisajes de Far West y románico en La Bureba

Burgos es una de estas ciudades que engatusan y piden quedarse un poquito más. En el puente Santa María, la entrada más sugerente al casco histórico, no nos resistimos a cruzar el Arco de Santa María para admirar una vez más la catedral. Una agradable “obligación” cada vez que visitamos la ciudad.

Arco de Santa María (Burgos)
Camino natural vía verde Santander-Mediterráneo en Burgos

Tenemos más de 220 km para pedalear durante cuatro días, de manera que sin más preámbulos tomamos al carril bici del Arlanzón que lleva al campus universitario. En el puente de las Rebolledas cruzamos el río para enganchar la vía ciclista que nos saca de la aglomeración. Al final del polígono industrial de Villalonquéjar comienza realmente el tramo acondicionado del antiguo ferrocarril Santander-Mediterráneo. Es el kilómetro 259,5 de la antigua vía de tren (el 0 está en Calatayud). Levantamos la vista y vemos por delante un estupendo viaje cicloturista.

La primavera irrumpe en la vía verde
Iglesia de Villaverde-Peñahorada

Rodamos con fluidez. El piso es de gravilla y el trazado prácticamente llano. Las últimas lluvias han hecho crecer la maleza, que solo deja un estrecho caminito por el que casi no caben las bicis con alforjas. Pasamos como podemos. 

Los apeaderos y casillas guardabarreras se suceden. La mayoría languidece sin que nada frene el progresivo deterioro que arrastran desde hace cuatro décadas. La llanura cerealista parece interminable. En el horizonte solo despuntan las espadañas de las iglesias. Nos acercamos a ver la de Villaverde-Peñahorada, románica de origen.

Desfiladero de la Hoz
Zona de escalada en el desfiladero

Al fondo, la barrera caliza del desfiladero de la Hoz marca el límite entre la cuenca hidrográfica del Duero y la del Ebro. El río de la Hoz ha excavado un pequeño cañón que no tiene más de 3 km. Los cortados rocosos sustituyen el horizonte infinito. Lo hacen a la perfección, aunque con algo de brusquedad, generando un paisaje pétreo, muy diferente a las estepas cerealistas anteriores. Las trincheras se suceden y también un par de túneles. El de La Hoz tiene 84 m y el de El Callejón un poco más. con sus 200 m de longitud nos saca de este universo vertical. 

Entrada a Lermilla
Cárcavas en La Bureba

Los kilómetros van cayendo uno tras otro ayudados por la pendiente. Apenas hay que pedalear. Molina de Ubierna, Cobos Junto a La Molina, Quintanarruz surgen silenciosos como apartados del mundo. Son pueblos despoblados que únicamente mantienen vida los fines de semana y en verano. La fuente de Lermilla está a pie del camino natural, es parada obligada para rellenar los bidones. Poco después el trazado se interna en la comarca de La Bureba. El paisaje cambia radicalmente, la erosión lo ha modelado de manera ilógica creando un entorno con mucho carácter. En los cerros se combinan las tonalidades blanquecinas de los yesos con los rojizos de las areniscas ferruginosas. Nos recuerdan los badlands fuertemente arañados por las escorrentías y la falta de vegetación. Junto a la vía surgen pequeños cañones, cárcavas, pináculos y algunas incipientes chimeneas de hadas. 

Iglesia de Lences de Bureba

Subimos a la iglesia de Arconada de Bureba para tomar un poco de altura y poder contemplar en toda su plenitud este valle con aires de película del oeste. También nos salimos de la vía verde para acercarnos a Lences de Bureba, la portada románica de su iglesia es el plato fuerte y las razones saltan a la vista. La verdad es que cada uno de estos caseríos apellidados de Bureba es una invitación a dejar la vía para descubrir sus rincones. 

Llegada a Oña
Monasterio y estatua del rey Sancho III en Oña

A la altura de Terminón comenzamos a divisar los Montes Obarenes, una gran muralla natural que pone fin a La Bureba dando paso a Las Merindades. La comarca encajonada entre viejos reinos visigodos fue el germen de Castilla. La estampa del monasterio de Oña no tarda en aparecer. Después de una jornada de pedaleo, nos tomamos un descanso en la plaza Mayor a la que se asoman el monasterio y la Casa Consistorial.

Tramo Oña-Puentedey: desfiladeros e interminables llanadas

Túnel en desfiladero del río Oca
Palacio de la finca La Santé

Los edificios de la antigua estación de Oña están rehabilitados, y con buen gusto. Se sitúan justo a la entrada de un desfiladero tan estrecho, que apenas deja sitio para que corra el aire. Es el desfiladero del Oca, un auténtico embudo natural donde ferrocarril, carretera y río comparten espacio. Tres túneles y un viaducto ayudan a solventar estas estrecheces. La antigua vía de tren progresa entre cantiles y bosques frondosos y cuando el paisaje se abre entramos en la finca La Santé. Una propiedad que durante unos años fue como una china en el zapato para la reconversión de la línea férrea en vía verde. Finalmente ciclistas y senderistas podemos atravesarla y contemplar su magnífico palacete decimonónico. 

Viaducto sobre el río Ebro en el desfiladero de la Horadada 
Antigua estación de Trespaderne

La vía traza una amplia curva para cambiar de rumbo y entramos en el túnel más largo de este tramo. Agradecemos la iluminación porque no vemos la salida. El túnel nos ha impedido asistir a la confluencia del Oca con el Ebro que fluye caudaloso y se abre paso de forma natural creando el desfiladero de la Horadada, mucho más pétreo y vertiginoso que el anterior. Tras un impresionante viaducto sobre el Ebro, el trayecto cambia decididamente de rumbo para remontar la cuenca del río Nela, artífice de una gran llanura que el cordal de la Sierra de la Tesla limita por el sur durante cerca de 25 km.

Apeadero en valle del río Nela
Arte callejero en Medina de Pomar

A partir de la estación de Trespaderne prevalecen larguísimas rectas. Se rueda que da gusto y los kilómetros vuelan con la compañía del río Nela que recoge las aguas de los numerosos arroyos serranos. Las estaciones se suceden, algunas bien arregladas al estar habitadas y otras muy estropeadas, por no decir en ruinas. Nofuentes, Pradolamata, Moneo, Bustillo, nos sirven de referencia hasta alcanzar la de Medina de Pomar. Aprovechamos su cercanía para acercarnos a la antigua capital de Las Merindades. Nos guían los dos torreones del alcázar, levantados a finales del siglo XIV. El Arco de la Cadena, da paso a las callejuelas del centro histórico donde las manzanas del arte callejero se han colado y recuerdan que Medina es también la ciudad de las manzanas.

Montañas en la Merindad de Valdeporres
Arco natural de Puentedey

El camino natural continúa hacia Cigüenza y penetra en un valle paisajísticamente atractivo. Salvando los meandros del río Nela supera las estaciones de Tubulla, Escanduso, Escaño y Brizuela en un bello escenario entre abruptas montañas calizas. Los relieves vuelven a ganar protagonismo. A lo lejos divisamos las características “muelas” de la Sierra de Dullas, una gran muralla calcárea donde los buitres leonados y alimoches encuentran sus atalayas. Puentedey no tarda en aparecer. El encanto de este pueblo está servido. Basta con desviarse unos metros para tener la panorámica del puente natural de piedra caliza que sostiene al pueblo y deja pasar al río Nela. Poco espacio, pero suficiente para dos edificios notables, la iglesia y el palacio. Comprobamos que ya hemos alcanzado los relieves montañosos del norte de Burgos que anticipan los desafíos del siguiente tramo.

Tramo Puentedey-Ontaneda: el desafío montañés

Vía verde al túnel de la Engaña
Capilla del poblado del túnel

Justo antes de un gran viaducto sobre el río Nela, la línea férrea se divide en dos. Por la izquierda va a la estación de Dosante/Cidad, final de la vía. Por el viaducto se llega al túnel de la Engaña. Un tramo que nunca vio pasar el tren, ni siquiera se llegaron a tender los raíles. Queremos alcanzar la boca norte de este emblemático túnel, tanto por su longitud como por su historia. Haremos el recorrido de ida y vuelta. A partir de la estación de Pedrosa de Valdeporres, la vía verde se interna en una verdadera jungla forestal. El bosque se cierra y se lo traga todo, incluida la boca del túnel. Aunque los edificios están en ruinas, se distingue con claridad la capilla, la estación, los andenes y los barracones donde vivían los trabajadores, la mayoría presos políticos. Con sus 6.976 metros, el túnel continúa siendo una obra de ingeniería icónica, aunque hoy esté devorada por la vegetación y los derrumbes.

Antigua estación Dosante/Cidad y final de la vía verde
Hito kilométrico del ferrocarril

El tren llegaba a Cidad y Dosante, donde nos dirigimos ahora. Dejamos el río Engaña que nace muy cerca del límite con Cantabria. Salvamos por novena y última vez el río Nela que nace en uno de estos barrancos. Tras un túnel llegamos a la última estación. Está destrozada, el techo se ha hundido tanto en el edificio de viajeros como en el almacén. Lleva 40 años abandonada, el último tren hizo su entrada el 31 de diciembre de 1984. Un hito ferroviario marca el kilómetro 365,0. Lo que significa que hemos podido recorrer sin interrupciones 106,5 kilómetros del antiguo ferrocarril Santander-Mediterráneo. Seguro que dentro de unos años podremos hacerlo desde Valencia ¿te lo imaginas?

Carretera a Ahedo de las Pueblas
Iglesia de Ahedo

En este punto dejamos la placidez de la vía verde y empieza lo serio. Damos un pequeño rodeo para conectar con la carretera que nos sube a Ahedo de las Pueblas. 

El pueblo está situado en un entorno privilegiado, rodeado de verdes pastos y frondosos bosques. Las casas son de piedra y varias de porte señorial. Con el repicar de las campanas de fondo comenzamos la siguiente ascensión. Disfrutamos entre jadeos del bucólico paisaje. La pista asfaltada termina bajando a la nacional. La seguimos durante unos pocos kilómetros, casi no tiene tráfico. 

Carretera al puerto de La Magdalena
Niebla en el alto de La Matanela

Un cartel en la BU-574 nos da la bienvenida a los Valles Pasiegos. Comienza la subida al puerto de La Magdalena. Un puerto facilón sin rampas duras ni sorpresas. La niebla comienza a velar el paisaje, algo relativamente habitual en esta zona de transición entre la meseta y el norte cantábrico. Por momentos vemos caballos en el borde de la carretera. Nos parecen fantasmas ¿Son de verdad? El alto de La Matanela aparece casi sin darnos cuenta. Niebla y silencio es lo único que percibimos. La gravedad empieza a ser nuestra aliada y la bajada nos va dejando helados poco a poco ¿Demasiado larga? Ya lo sabíamos. La vertiente norte de esta cordillera es mucho más abrupta. Llegamos a Ontaneda empapados. En la primera pastelería que vemos “cae” una quesada pasiega con un café que nos reconcilia con la vida.

Tramo Ontaneda-Santander: la recta más llana de Cantabria

Inicio de la Vía Verde del Pas
Puente de Hierro sobre el río Pas

En el parque de Alceda cogemos la Vía Verde del Pas. Esta modesta línea de tren trasladaba, desde Santander hasta Astillero, minerales y pasajeros a los balnearios de Puente Viesgo y Ontaneda-Alceda. Reconvertida en vía verde, actualmente es un carril asfaltado cómodo de rodar. El puente de Hierro de Ontaneda con suelo de madera atraviesa el río Pas, que da nombre a los conocidos Valles Pasiegos. El río nace de diversos manantiales de los montes de Vega de Pas y, tras 60 km, desemboca en el mar. Bajo el puente, el río se deja oír a pesar de haberse instalado en la placidez de la madurez y en su recorrido se asoma a las praderas y pueblos pasiegos como si fuera consciente de la necesidad de admirar la bella comarca por la que pasa.

Antigua estación de Puente Viesgo
Puente Viesgo

A lo largo de la vía se conservan pintorescas y bien conservadas estaciones, como la Santiurde, la de Corvera de Toranzo y especialmente la de Puente Viesgo donde decidimos parar. La estación luce todavía su histórico reloj de andén y una locomotora a vapor, La Reyerta, que parece lista para ponerse en marcha. El sol acompaña y las terrazas están casi repletas. Decidimos cruzar el Puente Romano, un icono arquitectónico que une las dos orillas del Pas y que, como muchos otros, recibe un nombre un tanto generoso, ya que se desconoce si su origen se remonta a la época del 'imperium'. 

El Astillero
Senda costera de la bahía de Santander

La vía se va alejando del río Pas y de la serenidad de su valle. El ruido de la autopista y nacional atosiga y enerva. Bordeamos de Pomaluengo, La Cuesta, La Penilla y Sarón hasta que ponemos rumbo norte y por fin podemos escapar del ajetreo urbano. 

Después de una suave subida que nos lleva al alto de Sobarzo nos dejamos caer hasta alcanzar El Astillero, al sur de la bahía de Santander. Decidimos rodear la bahía por la senda litoral y acercarnos a Somo donde cogeremos la lancha de los peregrinos. La senda, acondicionada con puentes de madera, caminos enlosados y observatorios de aves, resultó ser un sube y baja constante no muy recomendable para un final de viaje. 

Datos prácticos

  • Punto de partida: Burgos; llegada: Santander.
  • Distancia: 223 km, de los que 155 km son por vías verdes y el resto por carreteras, caminos y carriles bici.
  • Etapas propuestas: Burgos-Oña (61 km, track), Oña-Santelices (44 km, track), Santelices-Ontaneda (70 km, track), Ontaneda-Santander (48 km, track), todos estos núcleos de población disponen de alojamiento. 
  • Dificultades: los tramos más exigentes surgen al salvar los relieves de la Cordillera Cantábrica. A partir de Dosante y en el puerto La Magdalena (1.022 m).
  • Transporte: tanto Santander como Burgos están bien comunicados con el resto de España por tren y autobús. Si se quiere evitar los puertos de la cordillera cantábrica, en Dosante-Cidad paran los trenes FEVE de la línea Bilbao-León.
  • Alojamiento y avituallamiento: a lo largo de toda la ruta hay suficientes pueblos donde abastecerse, dormir y comer, así como fuentes para llenar los bidones.
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