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Dos rutas cicloturistas por Extremadura revelan la riqueza de un pasillo histórico en pleno estallido primaveral

Réplica de un miliario de la Vía de la Plata

Valeria H. Mardones / Bernard Datcharry

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En el valle de Ambroz, al norte de la provincia de Cáceres y muy cerca de la raya con Salamanca, se superponen varias vías de comunicación, algunas seculares como la calzada romana entre Mérida y Astorga y otras más recientes, como es el ferrocarril Plasencia-Astorga, ahora reconvertido en vía verde. Os proponemos dos rutas de fin de semana que toman como eje central estos corredores ¿Nos sigues?

Al pie de los Montes de Traslasierra se abre un pasillo verde de reminiscencias norteñas: es el valle de Ambroz. Grandes paisajes orquestados por el paso de este río y con mucho colorido, ahora que acaba de estallar la primavera. Hervás, capital del valle y verdadero puzzle urbanístico con pasado judío, será el punto de partida de dos rutas que lo contienen casi todo: hermosas dehesas ganaderas, robledales y castaños centenarios, restos romanos por doquier, montañas que superan los 2.000 m de altura y pueblos serranos con bellos ejemplos de arquitectura tradicional.

Ruta 1: la vía verde Ruta de la Plata y la calzada romana

En la parte alta de Hervás conectamos con la vía verde Camino Natural Ruta de la Plata. Nada más empezar a dar pedales nos topamos con una de las grandes obras del antiguo ferrocarril: un imponente viaducto de finales del siglo XIX que deja vistas aéreas de Hervás y su judería. Subir al puerto de Béjar va a suponer salvar 260 m de desnivel, pero el trazado del ferrocarril nos permitirá avanzar cómodamente, sin pendientes acusadas. 

Hervás desde el Puente de Hierro
Vía Verde Camino Natural Ruta de la Plata

Un túnel nos echa una mano en los últimos kilómetros de la subida al puerto de Béjar. Es lo que tienen las vías verdes, rodar sin deslomarse. A mitad de una larguísima recta, entramos en Castilla-León y poco después llegamos al apeadero del puerto reconvertido en un acogedor bar restaurante de ambiente ferroviario. Se conservan unos metros de raíles oxidados en el viejo andén, las traviesas son ahora mesas y columpios y un florido tren en miniatura anima el jardín junto a la terraza. 

Salida de un túnel de la vía verde
Apeadero del puerto de Béjar

Hemos dejado la vía verde para seguir la calzada romana 'Iter ab Emerita Asturicam'. A modo de historia recordar que unía Mérida, la capital de la Hispania, con Astorga, cuartel general de los romanos en las guerras cántabras. Era el eje que comunicaba el norte y el sur de la Península. Después de la Vía Augusta fue la segunda en importancia. En este tramo de la ruta es donde mejor se deja sentir la impronta romana: miliarios, tajeas para evacuar torrenteras, piedras “quitamiedos”, restos del empedrado original y puentes. 

Miliario en el valle del río Cuerpo de Hombre
Calzada romana en el puerto de Béjar

Al final de la bajada caemos en el puente de Malena que salva el cauce del río Cuerpo de Hombre, el 'Hominis Corpus' de los romanos. Remontamos el río hasta Montemayor del Río, epicentro de un gran señorío. Subimos a la plaza que luce balcones corridos de madera muy al estilo serrano, y de ahí al castillo. Su arquitectura impone. Los torreones almenados, la muralla y el foso con puente levadizo contribuyen a ello. Desde el altozano dominamos la soberbia masa de castaños que rodea la población con las cumbres nevadas de la sierra de Béjar como telón de fondo. 

Montemayor del Río
Castillo de Montemayor

Bajando por el entramado de callejas empedradas y tortuosas disfrutamos de algunos rincones en los que no faltan balconadas floridas. Pasado el puente de piedra sobre el río Cuerpo de Hombre de nuevo tomamos una estrecha y solitaria carreterita que asciende por la ladera de la sierra del Cerro. La subida no pone el nivel muy alto y nos deja disfrutar de los añosos robles y castaños que recuerdan paisajes norteños.  

Callejuela de Montemayor del Río
Puente sobre el río Cuerpo de Hombre

El Cerro está situado en lo alto, como una atalaya natural, pero que hoy decididamente no cumple su función. Una espesa niebla agarrada a las cumbres no deja ver siquiera la Peña de Francia, tal como indica un cartel paisajístico junto al centenario Roble Jerrero. 

A pesar de la niebla nos dirigimos al mirador del Balcón de Extremadura. Como no podía ser de otra manera, su columpio panorámico nos recibe bajo una niebla espesa. 

Castaño centenario
Columpio en el  Balcón de Extremadura

Del regreso al valle de Ambroz no podemos decir otra cosa: una delicia de bajada que, incluso, nos regala un corto repecho para no enfriarnos. Pronto notamos la pérdida de altura, la temperatura aumenta, la niebla se disipa y el viento ya no es una fría bofetada, sino más bien una cortesía. La retama y el cantueso nos piden una foto a gritos.

Prímulas de primavera
Cantueso y retama en flor

Ruta 2: dehesas, ciudad romana y toros

La vía verde nos devuelve en un pispás a Aldeanueva del Camino, donde tomamos la carretera a Abadía. Uno de sus reclamos es su piscina fluvial, la más grande del valle. Ahora, en este inicio de primavera, no tomaremos un baño, nos basta con ver correr el río entre las piedras bajo el puente medieval. En el valle de Ambroz, prácticamente cada pueblo tiene una zona de baño, buena manera para apaciguar los sofocos veraniegos. 

Playa fluvial de Abadía
Señalización del Camino Natural

Los caminos asfaltados de los canales de riego nos llevan a conectar con el itinerario de la EuroVelo 1, la gran cicloruta europea que sigue el litoral atlántico. Pero… ¿qué hace en Extremadura, a cientos de kilómetros de la costa? Difícil de entender, aunque muchos cicloturistas europeos ya la disfrutan. La señalización nos viene de perlas. 

Ruinas del convento de Abadía

Atravesamos una gran llanura dedicada a la ganadería. El paisaje no es muy variado, pero tiene su encanto. El campo primaveral rebosa color. Hasta las cunetas se han vestido con sus mejores galas. El agua se ha apoderado de los regatos y de cada hoya que deja la tierra formando pequeños estanques que comienzan a ser tocados por la gracia de los ranúnculos en flor. Una verdadera explosión de espuma blanca. 

Charca ganadera con ranúnculos
Dehesa de los Cuartos

Accedemos al yacimiento de la ciudad romana de Cáparra, una de las ciudades más florecientes de la Hispania romana. Como en otras ocasiones nos quedamos asombrados ante la visión de un enorme arco tetrapilón que servía como puerta de entrada. Es el vestigio más llamativo que nos legó la ciudad. Aún hoy en día transmite fuerza, dignidad y monumentalidad. 

Arco de Cáparra
Panel del yacimiento arqueológico

Paseamos por su 'cardo' y 'decumano', las dos calles principales de la ciudad de Cáparra. Imaginamos la grandiosidad del foro y del templo dedicado a Júpiter e incluso aplaudimos el silencio de un anfiteatro donde miles de años atrás se ofrecían espectáculos como los 'ludi' con lucha de gladiadores. 

Ciudad romana de Cáparra
Calzada romana en Cáparra

Rodeando Cáparra se extienden dehesas de una belleza extraordinaria, como la de Casablanca. Un camino público la atraviesa y transita por terrenos de una ganadería brava. Es el camino que tomamos. Rodamos encajonados entre cercados de alambre que se vuelven mucho más robustos al entrar en la finca Los Baldíos, dedicada a la cría de ganado de lidia. En la dehesa pastorean lotes de hembras y machos de diferentes edades que nos miran desafiantes y llenos de recelo. La finca se puede visitar, pidiendo un presupuesto concertado y privado.

Finca de ganadería brava
Señal que advierte de la presencia de ganado bravo

Según nos acercamos a Oliva de Plasencia, los Montes de Traslasierra parecen ir creciendo en tamaño. Su nombre no puede ser más descriptivo, la espalda de Castilla decía Unamuno. Para retomar la vía verde del valle de Ambroz, bajamos entre muros de piedra y justo antes de la nacional nos topamos con su inconfundible trazado rectilíneo.

Plaza de Oliva de Plasencia
Vía Verde Ruta de la Plata

Varios pueblos se acomodan en las faldas de los Montes de Traslasierra a modo de balconada. Decidimos subir a Casas del Monte para ver sus lagares celtas. Segura de Toro nos sorprende con la escultura de un toro vetón y un mirador en la parte alta del pueblo. Pedaleando tranquilamente, contemplando el panorama y olisqueando la humedad que brota de los arroyos, regresamos a la estación de Hervás.

Toro vetón en Segura de Toro
Lagar celta en Casas del Monte

Datos prácticos

Ruta 1: circular, punto de partida antigua estación de Hervás, 53 km y 1.400 m de desnivel acumulado. Track Ruta 1.

Ruta 2: circular, punto de partida antigua estación de Hervás, 70 km y 800 m de desnivel acumulado. Track Ruta 2.

Dormir: en Hervás la oferta es amplia (cámping, albergue, pensiones y hoteles).

Llegar en autobús:

Alquiler de bici: Hervás es el punto neurálgico del valle de Ambroz, varias empresas operan.

Experiencias:

  • Visita al yacimiento arqueológico de la ciudad romana de Cáparra y centro interpretación, cerrado los lunes y festivos y los domingos solo por la mañana, los horarios varían según temporada; atención: entre las 14:00 y las 16:00-17:00 cierran.
  • Balnearios termales de Baños de Montemayor famosos por su origen romano con aguas a 33-39ºC; varias ofertas, incluso en el edificio histórico con termas romanas. Sin olvidar las piscinas naturales en Casas del Monte y Abadía.
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