El compuesto CI-581, de analgésico a droga ilegal y ahora antidepresivo de moda: “Van a pasar cosas con la ketamina”
Nació como medicamento y se utilizó en la guerra de Vietnam. Ha sido y es droga recreativa, experimental y por tanto ilegalizada. Hoy es el tratamiento más pujante contra la depresión –sobre todo en EEUU, pero no solo– y la sustancia de moda en las pistas de baile. El viaje de la ketamina en sus seis décadas de existencia cuenta también la historia del siglo XX.
A principios de los años 60 la industria farmacéutica buscaba desesperadamente una alternativa a la fenciclidina (PCP). Este anestésico, también conocido como “polvo de ángel” por sus efectos, presentaba un problema para su uso médico: tiene una fuerte componente psicótica. La compañía Parke-Davies puso la tarea en manos de Calvin Stevens y el químico consiguió sintetizar la sustancia CI-581. Era 1962 y acababa de nacer la conocida como K.
Más de 60 años después, aunque sigue siendo un anestésico utilizado en emergencias, la k ha mutado. De medicamento ha pasado a sustancia recreativa (ilegalizada, por tanto), de experimentación y, en paralelo, a ser el antidepresivo de moda en EEUU. Y pronto en Europa debido a un cambio de paradigma en la manera en que se trata esta enfermedad (o, justamente, forzando ese cambio de paradigma), explica la filósofa y programadora cultural Marta Echaves en Químicas Piedades (Cielo Santo), un ensayo sobre la que hoy es la droga de moda.
“Sabemos que es una sustancia que puedes ver en las pistas de baile y en contextos de fiesta. Mucha gente la consume de una forma más íntima, privada, en una especie de rituales caseros o momentos de ocio privados”, enumera la autora. “Hay gente que puede tener algún tipo de adicción y la usa casi cotidianamente. En España he conocido menos casos, pero en Estados Unidos sí he leído más entrevistas de personas que lo utilizan para tener cierta funcionalidad dentro de su día a día, como algo que les ayuda con sus malestares: como dura poco, pueden tener un momento de consumo y luego seguir haciendo sus cosas”.
El siglo XX en una droga
La ketamina es una sustancia que (también) permite explicar la historia reciente de la humanidad. “Puedes poner el foco en la droga y te cuenta la historia de la segunda mitad del siglo XX, pero desde otra perspectiva”, sostiene Echaves. “De la guerra de Vietnam a los señores feudales de Silicon Valley [Elon Musk o Sam Altman, creador de ChatGPT, admiten tomarla]; de las pistas de baile al hospital público, de los océanos contaminados hasta la cosmotécnica blanca que la recodifica como cura”, describe la editorial en el folleto de promoción del texto. La historia de la ketamina lo cuenta todo.
Cuenta, por ejemplo, el modus operandi de la industria farmacéutica, explica Echaves, capaz de promocionar la sustancia como antidepresivo a la par que presiona para su ilegalización como droga recreativa. “Van a pasar cosas con la ketamina. El uso del Spravato (un medicamento basado en un derivado de la ketamina) probablemente se expanda”, sostiene. “Mi hipótesis es que se va a ir naturalizando cada vez más y, a medida que se normalice este uso, el recreativo será cada vez peor visto”, elucubra. “Necesitarán distinguir más los usos porque si no la gente no va a los hospitales a tomar ketamina, se automedicaría. Entonces, tienen que controlar el flujo de la sustancia para poder economizarla”, aventura Echaves.
Lo que lleva al siguiente problema, que en parte motivó a esta filósofa a escribir el ensayo: el desconocimiento que como pacientes suelen tener de la farma y los tratamientos. Echaves quería al menos dejar constancia de qué estamos dando a los enfermos. “Me preocupa que se ha naturalizado que te dan un antidepresivo y no sabes lo que estás tomando ni cómo funciona ni por qué, pero te lo tomas”, expone.
Las drogas que son fabricadas en Occidente están muy relacionadas con la industria militar, que es el modelo del turbocapitalismo contemporáneo: todos los grandes desarrollos tecnológicos se están probando en las guerras y luego se aplican sobre los ciudadanos; las drogas no están lejos de eso
La difusa línea entre droga ilegalizada y medicamento se disuelve en la consulta del psiquiatra. “Confías y de repente estás acostumbrando al cuerpo a una sustancia como si fuese buena cuando realmente tiene sus peligros”, y pasa a contar el caso real de una mujer de 70 años a la que un médico recetó ketamina. “Me hace gracia imaginarme a una señora de esa edad, después de toda una vida sin consumir ninguna droga, tomando esto. Igual le hizo bien, pero me parece un poco loco. Usamos [médicamente] una sustancia que cuando interesa es súperpeligrosa y cuando no interesa no contamos nada”, elabora.
La historia de la ketamina también es la historia de la (extendida) aplicación de drogas en el ámbito militar. “Los primeros usos son en la guerra de Vietnam, sobre todo como anestésico”, cuenta la autora, apoyados en la facilidad de administración y efectividad. “Las drogas que son fabricadas en Occidente están muy relacionadas con la industria militar en un primer contexto, y la industria militar es el modelo del turbocapitalismo contemporáneo: hoy en día todos los grandes desarrollos tecnológicos se están probando en las guerras y genocidios y luego se aplican sobre los ciudadanos; las drogas no están lejos de eso”.
El salto a la calle
De lo castrense la ketamina saltó a la calle. De lo medicinal a lo recreativo-experimental-subjetivo. “Muchos soldados volvieron de Vietnam conociendo esta sustancia y ahí surgió una primera época contracultural en los 70 y 80 dentro de la, digamos, cultura psiconáutica, en la que también existían el LSD y las setas. Ahí empezó, diría, un primer uso más experimental y más puntual en torno a esta contracultura en los 70, tanto estos antiguos hippies como gente que volvía de esos contextos militares que había conocido la sustancia”, cuenta.
Químicas Piedades recorre estos usos, que se “generalizaron en Europa a partir de los 90” desde las fiestas en Goa, India, de donde mucha gente volvía a Europa con las maletas llenas de ketamina. El libro cuenta la historia del neurocientífico John C. Lilly, que “convirtió la ketamina en una herramienta para la exploración de la conciencia (...) en un intento de cartografiar estados mentales no ordinarios”.
Ahí surge el concepto de la droga como una “tecnología interior”, según lo define la filósofa y escritora británica Sadie Plant, “que piensa en la droga como un software interior en vez de exterior, como una especie de acople cyborg con el que uno puede lidiar”. Así, prosigue Echaves, “la tecnología entra dentro de ti y de alguna forma la puedes usar como una herramienta para modificar tu cuerpo, para modularlo perceptivamente y resintonizarlo neuronalmente. Igual que accedes a internet a través del ordenador, puedes acceder a otro ciberespacio a través de la sustancia”.
En ese contexto se producen esos consumos experimentales, con los que se busca percibir otras realidades, aprender de uno mismo fuera del marco que impone la sociedad capitalista. “A veces las drogas nos enseñan que la realidad es mucho más plástica de lo que creemos”, expone Echaves. “Alguien puede tomar ciertas sustancias y tener revelaciones más existenciales, o trascendentales, que luego le sirven para una transformación subjetiva y por lo tanto para tener otra percepción del mundo y de la posibilidad de cambiarlo. Por eso creo que estas drogas terapéuticamente pueden tener un potencial y las experiencias límite a las que te pueden llevar son aprendizajes para la vida”, cierra.
Con el permiso de la farmaindustria.
0