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Pediatras y profesores responden al consejero de Ayuso: “Con este calor no hay manera de dar clase”

Cientos de alumnos valencianos de la ESO claman contra el calor en las aulas

Daniel Sánchez Caballero / David Noriega

4 de junio de 2026 22:12 h

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“En las últimas horas del día los alumnos empiezan a acumular cansancio, a estar deshidratados, y no pueden concentrarse. Interrumpen constantemente para ir al baño a rellenar botellas y refrescarse y ya no hay manera de dar clase con normalidad”. Dolores Almudéver, profesora en un instituto de Móstoles, no ha visto todavía en su día a día la “inspiración” que, según el consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid, despierta el calor en los jóvenes.

No les culpa. Dar clase a 30 grados o más no es una experiencia que recomendaría. “Hay chicos literalmente tirados sobre el pupitre, diciéndote: 'Profe, lo siento, pero no puedo'. Los que están pegados a las paredes piden cambiarse de sitio”. No es que hiciera falta, pero aclara que son “estudiantes estupendos, de sobresaliente”. “El otro día una chica me dijo: 'No sé cómo vamos a aguantar aquí hasta el día 15'”, cuenta.

El consejero Mariano de Paco ha defendido este jueves desde la Asamblea madrileña que “el calor, a lo mejor, es fuente también de inspiración”. Las experiencias de los docentes consultados por elDiario.es contradice esa afirmación que, por otro lado, tampoco cuenta con el más mínimo respaldo científico y apunta a un desconocimiento flagrante del efecto de las altas temperaturas en niños y adolescentes.

“Son más vulnerables al calor que los adultos y pueden sufrir antes deshidratación, agotamiento o deterioro del rendimiento físico y cognitivo u otras complicaciones”, advierten desde la Asociación Española de Pediatría (AEP). Coincidiendo con el Día Mundial del Medioambiente, que se celebra este viernes, —y antes de las declaraciones del consejero de Ayuso— los pediatras habían enviado un comunicado en el que recomendaban “adaptar los centros escolares con medidas de prevención, ventilación, sombra, hidratación, climatización eficiente con energías renovables y reorganización de espacios y actividades”.

La AEP pone grados a los riesgos para los menores, que apuntan en la dirección contraria de lo expresado por el Gobierno madrileño. El calor no es fuente de inspiración, sino todo lo contrario. “Cuando un aula supera los 26-27 grados, la evidencia nos dice que empieza a deteriorarse el bienestar, la concentración y el aprendizaje; y cuando se alcanzan temperaturas superiores, estamos en un escenario de riesgo sanitario prevenible. La infancia no puede seguir siendo el termómetro pasivo del cambio climático”, advertía el coordinador del Comité de Salud Ambiental de la asociación, Juan Antonio Ortega.

Óscar Centeno, director de un colegio de educación infantil, primaria y secundaria obligatoria (CEIPSO) en Algete, adelanta la hora en la que ya se hace muy cuesta arriba dar clase. “A partir de la segunda o la tercera ya sube la temperatura en el aula de manera notable, por mucha ventilación cruzada o ventanas abiertas que haya”, explica. “El estudiantado acusa mucho el calor y ya no se siente capacitado para atender”.

Y se deja de dar clase de manera efectiva. “Cuando llega el calor la incidencia es clara a la hora de avanzar sobre el currículo”, explica Centenero. “Igual que les pasa a los adultos, pero ellos —en su centro hay desde Infantil hasta Secundaria— reaccionan con menos control, claro. El comportamiento deja de ser adecuado. Pero no es que se estén portando mal, simplemente están incómodos”.

En el caso de los más pequeños, añade, hay que estar especialmente atento porque se pueden deshidratar sin ser conscientes. Algo parecido refiere Almúdever, que trata con adolescentes. En ese caso los problemas surgen de la exposición incontrolada al sol en el patio. “Se pasan media hora dándolo todo en el recreo y alguno vuelve medio insolado”, cuenta.

La jornada del jueves, el termómetro alcanzó máximas de 27 grados en la ciudad de Madrid, donde se encuentra la Asamblea, con aire acondicionado. La previsión es que los próximos días se superen los 30 grados, mientras la Consejería de Educación contestó por carta a una queja formal de una familia en la que derivaba el problema a los centros, que “han de adaptar el plan general de actuación frente a olas de calor a las necesidades propias, debiendo adoptar las medidas que consideren adecuadas”.

Este mismo jueves, Unicef ha indicado que “miles de niños y niñas en nuestro país pasan sus últimos días del curso escolar en aulas que, en algunos lugares, llegan a alcanzar los 35 grados, dado que muchos centros educativos no están preparados para el calor extremo”. Es este alumnado quien “paga las consecuencias” porque es a los menores a quienes “el calor afecta más, porque su cuerpo se calienta más rápido que el de un adulto”, señalan. “Esto puede causar fatiga, deshidratación o dificultades para concentrarse”.

Rafael Valentín, profesor de Educación Física, tuvo que intervenir hace unos días porque una chica casi se desmaya en el patio. Cuando la llevó a enfermería –trabaja en un centro grande—, tenía la tensión muy baja por un golpe de calor. “Parece que están esperando a que pase algo”, lamenta este docente, que cuando no puede mover sus clases a primera hora las suele cambiar para hacer actividades tranquilas que no requieran esfuerzo.

Un informe de la Universitat Oberta de Catalunya incide también en la idea de que “la exposición prolongada al calor tiene un grave impacto en el rendimiento académico y el aprendizaje”. “Afecta a las habilidades cognitivas del alumnado y del profesorado y comporta una menor capacidad para realizar tareas complejas, limita la comprensión lectora, la actividad neuronal y la memoria”, apunta.

El trabajo, elaborado por Mar Satorras, del Institut Metròpoli, Isabel Ruiz Mallén, de la UOC, y Joana Ortiz, del Institut de Recerca en Energia de Catalunya, recoge también investigaciones que confirman peores resultado del alumnado más expuesto al calor en PISA: “Las puntuaciones caen un 0,18% por cada día con más de 26,7ºC, mientras que el rendimiento mejora cuando se reduce la temperatura”.

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