La 'superestrella' León XIV culmina su visita resucitando al Bernabéu musical: “Huid del que canta la misma melodía”
“Oeeeeeee, oeoeoeeeeeeeee. Oeeeeeee. Oeeeeeee”. Son las siete y media de la tarde en el estadio del Real Madrid. Las gradas están repletas: unas 70.000 personas cantan, aplauden con fuerza y corean genuinamente el famoso cántico sin letra, que suele oírse en las competiciones deportivas. Pero esta vez no se celebra un partido de fútbol. Tampoco la última victoria de Florentino Pérez, que finalmente seguirá al frente del club. El que acaba de salir al campo es Robert Prevost, el papa León XIV. El público le recibe como a una auténtica superestrella, a la que los artistas invitados (como David Bustamante o Íñigo Quintero) le dedicaron sus canciones dentro de un estadio que, de manera excepcional, volvía a dar conciertos. “Hoy la Iglesia ha echo un golazo para siempre”, bromeó el pontífice.
Antes de su entrada, la pareja televisiva formada por Christian Gálvez y Patricia Pardo acompañó a un público expectante. En uno de los interludios, ambos fueron introduciendo a unos jóvenes invitados por sus parroquias que venían de zonas como Getafe o Tres Cantos. Desfilaron por el escenario y hablaron de sus deseos o ambiciones. También se animó la espera con conciertos, homenajes o marionetas. Pasadas las siete de la tarde, todo se paró en seco: León XIV estaba a punto de llegar.
Una retransmisión en vídeo mostró al papa desde su vehículo, poco después de abandonar la Catedral de la Almudena y recibiendo un baño de masas cuando iba a entrar al estadio. En su interior, las aglomeraciones y la distancia entre los asientos y el escenario impedían ver con claridad, pero las voces se agitaron desde el momento en el que cruzó la puerta. Un largo aplauso –que duró minutos– recibió a León XIV en el Bernabéu. Lo primero fue escuchar los testimonios de algunos asistentes, que iban saliendo al escenario para contar su propia historia. Hablaron un vecino “laico” que un día decidió unirse a la vida parroquial, un treintañero a punto de casarse y que hace poco recibió su Primera Comunión o una familia de peruanos, en un guiño indirecto a sus orígenes como sacerdote en este país de Latinoamérica.
Entre el jolgorio y la emoción, el público gritaba o aplaudía con cada referencia: jóvenes, adultos, niños y una amplia masa de fieles fueron llenando un estadio abarrotado, donde los grupos de voluntarios (vestidos con camisetas verde) y varios trabajadores de seguridad ponían mil ojos a su alrededor. En un momento, León XIV abandonó el sillón blanco que coronaba el escenario poligonal, dividido en dos secciones diferenciadas, para dirigirse a la comunidad diocesana de Madrid. Con la broma del gol católico, las risas inundaron por unos segundos el estadio de fútbol, pero se cortaron rápidamente cuando el pontífice empezó a hablar.
“Gracias al arzobispo [José Cobo] por haber introducido la parábola del canto”, apuntó sobre los conciertos, que esa tarde entretuvieron a decenas de miles de espectadores durante la ofrenda floral en La Almudena. El papa reconoció en las canciones, muy habituales para la liturgia religiosa, otra forma de “crear comunidad” entre las “distintas almas” que ha ido conociendo en su visita. Considera a España como un pueblo que “ama la música, la danza y el estar juntos”, pero que también conoce la “frustración y la desconfianza”. Y por eso ha dirigido un mensaje a su comunidad diocesana, protagonista de aquel encuentro.
“Vosotros testimoniais el Evangelio en la capital de un gran país europeo, sede de instituciones y organizaciones en las que se toman decisiones importantes para el presente y el futuro. Pero también destino de millones de visitantes y de hermanos y hermanas, en busca de nuevas oportunidades”, concluyó, antes de evocar la historia bíblica de Nehemías: “Él involucró a una comunidad entera para reconstruir los muros de Jerusalén”. Una alegoría que llama a reconocer al otro y “no temer” a la diversidad de voces, procedencias o sensibilidades. Le sirve, al final, para lanzar otra advertencia: “Huid de las personas que cantan siempre la misma melodía”.
Vosotros testimoniais el Evangelio en la capital de un gran país europeo. Pero también es el destino de millones de visitantes, de hermanos y hermanas, en busca de nuevas oportunidades
Mientras Prevost hablaba, no se veía un solo asiento libre entre las gradas. Lograr una plaza no era fácil, pero cada cual tenía sus razones para intentarlo. “La Iglesia me ha cambiado la vida”, resumía uno de los chavales que, en un momento dado, tomaron el micrófono. Otro hombre narró la situación que le hizo entregarse a la fe, después de conocer cómo era la vida teniendo hijos con discapacidad. Entre los presentes también había meros curiosos, o algún que otro espectador que decidió unirse al gran evento estelar que esa semana tocaba en Madrid: con Bad Bunny haciendo diez conciertos en el estadio Metropolitano, el Bernabéu contraprograma el hito con un discurso del papa.
La visita de León XIV es la primera oficial de un papa a Madrid desde Juan Pablo II, que viajó tres veces a la capital. Su última estancia fue también la más exprés: un traslado de dos días en mayo de 2003. Casi una década más tarde, aunque sin llegar a ser un viaje apostólico, su sucesor Benedicto XVI voló a la ciudad para presidir la Jornada Mundial de la Juventud, que concluía ese año en la base aérea de Cuatro Vientos.
En estos 23 años –15 si se empieza contar desde la JMJ– han sucedido muchas cosas dentro y fuera de la Iglesia: la muerte en 2008 del sacerdote Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y uno de los grandes rostros del abuso sexual a menores; las primeras reuniones con víctimas y las sanciones impuestas por Benedicto XVI, después de que proliferaran más denuncias en Irlanda, EEUU, Alemania e incluso España, donde en 2019 se destapó el caso de la abadía de Montserrat.
Voces críticas durante la visita de León XIV
El Papa Francisco trató de modificar el rumbo pese a las resistencias de la jerarquía eclesiátisca, con reformas en la Curia Diocesana o un acercamiento a las comunidades vulnerables, y el impulso de normas para obligar a denunciar cualquier presunto abuso sexual entre miembros de la Iglesia. Por primera vez, se estableció una responsabilidad en la omisión de socorro. Desde su nombramiento, León XIV ha jurado defender aquel “preciado legado”; sin embargo, una de las polémicas aterrizadas con su visita arremete cuestiona si se ha incumplido esa promesa. Acompañado de una fotografía del actual papa y simulando una reunión con él frente a la Nunciatura, Miguel Hurtado protagonizó el domingo una performance que era, a su vida, una crítica hacia Robert Prevost.
El primer denunciante público en la Abadía de Montserrat y conocido activista contra los abusos en la Iglesia se presentó a las puertas de la residencia papal en Madrid, en señal de protesta al no haber sido recibido por el pontífice. Hurtado, que sufrió abusos sexuales por parte del monje Andreu Soler y lo comunicó internamente (sin éxito) a los 22 años, consideraba que León XIV había optado por recibir a víctimas de “perfil bajo” –el representante del Vaticano se reunió este lunes con seis afectados por abusos de miembros del clero español– para no ver cara a cara a quienes “pueden apretarle” o “hacer preguntas incómodas que no quieran responder”.
También desde el Sindicato de Inquilinas de Madrid, inmerso en procesos judiciales de desahucio o causas con bloques de arrendatarios que se disputan su casa con un fondo inversor, han querido trasladar su propia lucha al pontífice. En una carta, que una portavoz de Sumar entregó este lunes en el Congreso, le han advertido del papel de algunas entidades vinculadas a la Iglesia en casos de especulación inmobiliaria. Un dardo indirecto al desahucio de Mariano Ordaz a los 67 años, cuya casa pertenecía a una orden católica, o a la venta millonaria de Fusara –una fundación ligada al Arzobipado de Madrid–, que ofreció unos edificios que habían sido donados para contribuir a causas sociales y terminaron pasando a empresas privadas.
Sin embargo, hasta el momento León XIV ha sido (junto a Bad Bunny) un gran reclamo para la ciudad. Para la misa oficiada por el papa el domingo desde Cibeles, después de la vigilia, y la procesión del Corpus Christi se calculan en torno a un millón y medio de asistentes, que debían escanear un código QR para obtener una plaza gratuita en el evento, al aire libre aunque con la previsión inequívoca de que iba a saturarse. Según la televisión pública española, que distribuyó a otras cadenas del mundo una retransmisión institucional, unos 400 millones de personas siguieron la visita del pontíce a través de sus pantallas.
En su despedida, también el arzobispo José Cobo lanzó un deseo al aire. “La Iglesia de Madrid quiere ser una Iglesia en salida: un hogar donde cada vocación cuente; donde la corresponsabilidad no sea una teoría, sino un estilo de vida. [...] Una Iglesia que no tema abrir procesos y que se deje interpelar por la realidad”, confesó ante un público multitudinario y frente a León XIV, que después de aquel evento pasaría su última noche en la ciudad. El viaje continuará hasta el día 12 de junio, con otras paradas entre Cataluña y Canarias. “Santo Padre [...] más que levantar la voz, queremos aprender a afinarla. No multiplicar discursos, sino dejar que nuestra vida suene a Evangelio”, rezó el arzobispo.
2