Salvar España de Tanxugueiras
Entre las muchas formas de defender Ceuta algunos se han puesto innovadores y han elegido plantarse en la Plaza Mayor de Palencia envueltos en la bandera española para tratar de impedir que tres artistas españolas canten en gallego. Y otro grupito de patriotas eligió reventar a gritos una actuación de danza en Manzanares, intentar apagar la mesa de sonido y hasta lanzar una silla al escenario. Seguro que hay ceutís agradeciéndolo muchísimo. Tampoco debería sorprendernos demasiado porque estamos rodeados últimamente de personas que aman tanto España que no dejan de esforzarse por hacerla más pequeña, tan reducida como sus propias convicciones.
Los dos episodios ocurrieron en el mismo lapso temporal coincidente con las manifestaciones en apoyo a Ceuta. En Palencia, el objetivo fue Tanxugueiras. En Manzanares, el bailarín Juan Berlanga, ganador del Premio Max a Mejor Intérprete Masculino de Danza. El artista estaba representando Juancaballo, precisamente la obra por la que recibió el galardón. Era el espectáculo inaugural de CallejeArtes, un ciclo de danza en la calle de Manzanares, y llevaba semanas anunciado para el 2 de septiembre a las ocho de la tarde en la plaza de la Constitución. A esa misma hora y en ese mismo lugar se convocó una protesta por Ceuta. Según relató después el propio bailarín en un post en sus redes sociales, durante la función hubo insultos, se desenchufaron los altavoces, se intentó apagar la mesa de sonido y hasta una silla salió volando y terminó dentro del espacio escénico. Las fuerzas de seguridad tuvieron que intervenir.
Algo parecido había sucedido en Palencia con Tanxugueiras, plato fuerte del final de las fiestas de San Antolín. Su concierto tuvo que retrasarse cerca de cuarenta minutos porque un grupo bastante numeroso de manifestantes procedentes de una concentración en apoyo a Ceuta se plantó en la plaza agitando banderas españolas, gritando “fuera” o “Pedro Sánchez dimisión” e impidiendo que las artistas comenzasen su actuación.
Aida Tarrío, Olaia Maneiro y Sabela Maneiro han convertido el gallego, las panderetas y la cultura popular gallega en música capaz de atravesar fronteras. Su éxito es la prueba viviente de justo lo contrario de lo que decían defender los que intentaron impedirlo: se puede cantar y tocar en gallego en Palencia, el público puede corearlo, bailarlo y disfrutarlo, y a nadie se le cae por eso ni un gramo de españolidad porque esta no es tan frágil como la muestran quienes dicen protegerla.
Las artistas gallegas publicaron un vídeo en el que pedían respeto por la cultura y calificaban lo que vivieron en Palencia como un “momento muy desagradable”. El Ballet Nacional de España tuvo que hacer lo mismo, sacar un comunicado condenando lo ocurrido con Berlanga y reivindicando unas artes escénicas “libres y democráticas”.
Qué extrañísima esa defensa de la nación que pasa por boicotear actos culturales españoles, ¿verdad? Aunque lo que buscan estos sujetos, en el fondo, no ni nuevo ni original. Quieren reducir España hasta que solo quepan dentro los que hablan, cantan, bailan, piensan o protesten exactamente como ellos quieren protestar, hablar, cantar y bailar; y encima tienen el cuajo de llamarlo amor a la patria.
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