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Opinión - 'Unos señalan. Otros agreden a periodistas', por Lucía Taboada

Unos señalan. Otros agreden a periodistas

El redactor de TVE tratando de hacer su trabajo entre las intimidaciones y agresiones de energúmenos y manifestantes.
3 de septiembre de 2026 22:08 h

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Este miércoles, varios equipos de TVE tuvieron que abandonar la concentración “de apoyo a Ceuta” celebrada en Madrid al recibir golpes, empujones e insultos (“puta, ”traidores“, ”delincuentes“, ”mamporreros“) de los asistentes que, en teoría, siempre en teoría, estaban allí para manifestar su apoyo a la población ceutí. No es, ni mucho menos, la primera vez que ocurre algo así en las últimas semanas. Hace unos días, varias personas rodearon a un reportero de La Sexta hasta llegar a escupirle mientras intentaba hacer una conexión en directo, o distintos equipos de RTVE desplazados a Ceuta vivieron situaciones de hostigamiento, insultos y amenazas.

Una cuestión básica para empezar: la inmensa mayoría de los periodistas que están cubriendo lo que sucede en Ceuta son simples redactores, reporteros y cámaras, profesionales que se limitan a hacer lo que le ordena el editor o el redactor jefe de turno después de la reunión de escaleta que haya tenido lugar en el programa o medio en cuestión. No son pequeños comisarios políticos enviados desde Moncloa. El redactor que está esperando una conexión en directo no decide la política migratoria del Gobierno. Ese redactor lleva probablemente varios días desplazado, enlazando turnos interminables, buscando testimonios e informando. Y, sin embargo, los que menos poder de decisión tienen en toda la cadena informativa son quienes terminan pagando con su integridad física el desgaste de un discurso construido deliberadamente para denigrarlos.

Porque esta hostilidad no ha aparecido en la calle por ciencia infusa. Viene de donde viene. Tenemos a políticos de la derecha y ultraderecha repitiendo, día tras día, una y otra vez, en ruedas de prensa, en mítines y sobre todo en redes sociales, que una televisión pública entera es “Telepedro”, deslegitimando de raíz a cientos de profesionales. Y esa degradación del discurso político está teniendo consecuencias. Sugerir que una persona detrás de un micrófono con unas determinadas es una especie de agente del Gobierno, un mamporrero sanchista, está teniendo consecuencias. Si unos señalan, otros recogen el guante con violencia, básicamente porque es lo único que saben hacer.

Muchos de quienes aseguran defender con mayor entusiasmo la libertad la entienden como el derecho irrestricto a impedir trabajar a un periodista cuya televisión, periódico o radio tiene una línea editorial que no le gusta. ¿Qué clase de libertad es la que silencia a empujones, insultos o golpes a quien (presuponen) no piensa como ellos? ¿Qué clase de valentía hay en rodear entre diez, veinte, o los que hagan falta, a un solo reportero con un micrófono? ¿Se acostarán orgullosos estos superpatriotas por haber conseguido amedrentar a un periodista e impedir una conexión en directo? ¿Y qué clase de sociedad se nos está quedando si ya se ha normalizado que el redactor de turno enviado a cubrir una noticia sea visto como un adversario político, alguien a quien se puede acosar, rodear e intimidar físicamente cada vez que sale a la calle a hacer su trabajo, sin que pase absolutamente nada?

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