Mariano Rajoy pasaba por aquí
No pienses que te espío/No llego a ser tan ruin/Pasaba por aquí/Ningún teléfono cerca y no lo pude resistir. La declaración del testigo Mariano Rajoy sonó como la inolvidable canción de Luis Eduardo Aute. Solo le faltó ponerse a cantarla, ofreciendo así a la atenta presidenta del Tribunal, la jueza Teresa Palacios, esa tentadora posibilidad de ponerse a hacer unos coros.
Todo resultaba fortuito, accidental, por pura casualidad en el gobierno y en el partido que presidía Rajoy. Y de aquello que no lo fue, ninguno se acuerda o le consta. Todo fluía en un modo “casual” donde los altos cargos y los responsables se encontraban casi por fortuna en los despachos y casi nunca hablaban de nada que tuviera que ver con la Gurtel, Luis Bárcenas o la corrupción institucionalizada en el partido. Como mucho se hablaba de pasada con los amigos en el bar o en algún intercambio de pura cortesía en el ascensor.
- Oye María Dolores, qué lío colosal esto de la Gurtel.
- Tremendo, presidente. Y parece que va a llover hoy.
- Eso parece.
El único momento que todos parecen recordar perfectamente es aquel de la indignación y la rápida reacción para echar al tesorero cuando descubrieron que no era trigo limpio Y tenía 48 millones en Suiza.
Con el comisario Villarejo se quedaba, pero para ver si se le sonsacaba algo de las investigaciones y acciones que nadie le había encargado y hacía por puro voluntariado. Con el ministro Fernández Díaz se hablaba poco o nada de Luis Bárcenas en la fe de que ya se ocuparía de arreglarlo Marcelo, el ángel de la guarda del ministro.
Si existió alguna inspiración mariana en la decisión de los mandos del Ministerio del Interior, no provino de Mariano Rajoy. Se acerca el mes de María, así que debió ser ella la inspiradora.
Ha declarado el testigo Rajoy su firme convencimiento de que todo fue una operación legal para descubrir dónde estaba el botín. Pero no consta ni el juez ni la orden. Lo raro sería que le constase otra cosa cuando todo resultaba tan casual en aquel gobierno donde nadie le preguntaba a nadie por nada relevante; no fueran a meterse en un lío o cometer algún ilícito.
Mención destacada merece la presidenta del tribunal. Siempre atenta a evitar que los ilustres testigos pudieran incurrir en alguna contradicción si se le preguntaba lo mismo más de una vez, o se probaban los límites de su memoria accidental con algún asunto que pudiera conectar la corrupción política de la Gurtel con la corrupción policial de la Kitchen.
No se fuera a romper la ficción que sustenta todo el proceso. La fantasía de que alguien se puso a vigilar a Bárcenas por pura vocación de servicio. Sin que nadie que hubiera despachado con el tesorero tan turbios asuntos les indicase qué debía buscar o que habría que recuperar. Pasaban por allí.
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