Esperando una explicación
En esas se encuentra media España hoy. Aguardando por la versión, los papeles y las razones del presidente Zapatero. La otra media ni las espera, ni le importan, porque ya tiene lo que quería, llevaba tiempo buscando y casi había desesperado en encontrar. Había tantas ganas de entrullar a Zapatero que con cuarto y mitad del auto de imputación del juez José Luis Calama habría bastado para condenarlo de por vida.
Lo peor del auto no es la validez de los indicios, donde siempre son terceros quienes hablan o dejan de hablar de lo que Zapatero hace o deja de hacer. Tampoco el retorcido sumatorio de cifras, mediante un despliegue gráfico de diagramas de flujo que parece maquetado por Whathefav, que estira la sombra de la sospecha sobre la comisión de medio millón de euros por el rescate de Plus Ultra hasta abarcar dos millones de euros, sin que se aporten más indicios que los que afectan a la famosa comisión y dejando en el aire la incertidumbre respecto a qué se investiga exactamente o qué cantidades están bajo sospecha y cuáles no o por qué.
Tampoco parece lo más dañino la evidencia de que, en el auto, los únicos funcionarios públicos que aparecen como posibles sujetos de la influencia figuren para confirmar que no se consiguió el efecto deseado; como en el caso del secretario de Transportes, Pedro Saura,
Tampoco va a matarle el evidente sesgo de confirmación que atraviesa todo el informe de la UDEF, que les lleva a destacar todo lo que sostiene la acusación y degradar o incluso excluir aquello que cuestiona la tesis de la banda criminal liderada por un cerebro delincuente, capaz de generar una trama en cuatro niveles para cobrar una comisión en el extranjero e ingresarla luego multiplicada por cuatro como autónomo o a través de la empresa de sus hijas. De toda la vida se hacen sociedades offshore para tener el dinero fuera del radar, no para declararlo en una casilla del IRPF.
Lo peor del auto y del sumario es la apariencia. Lo peor reside en que Zapatero nos había asegurado que él no hacía esas cosas y media España le creyó y la otra media se había conformado con sospechas. Es esa confianza tocada, pero aún viva y a la espera de esas explicaciones, la que aún mantiene vivos al gobierno y a la legislatura; aunque en La Moncloa no parecen haberse percatado aún.
El silencio del imputado Zapatero tiene toda la lógica jurídico penal del mundo, pero políticamente está siendo una carnicería. Haber hablado sin conocer el sumario habría sido imprudente. Pero callar hasta la comparecencia del día 2 de junio deja todo el espacio político y mediático a la acusación. Si los medios sólo tienen el sumario es lo que van a publicar despiezándolo hasta el detalle.
Así se convierte en dato de relevancia penal que la secretaria de Zapatero, Gertudis Alcázar, hiciera su trabajo, es decir, llevase la agenda, transmitiese mensajes y cerrase citas; que un esposo y padre figure como autorizado en la cuenta de su mujer o de sus hijas; o que se cancele una hipoteca después de haber vendido otra propiedad previamente, como ha hecho también media España toda la vida.
La izquierda no espera un milagro. Pero sí confía en no haberse equivocado tanto con ZP. Que en esas explicaciones pendientes haya la suficiente verdad para poder seguir defendiendo su inocencia en lo verdaderamente sustancial: que no es el líder invisible de una banda criminal, que no estamos antes esa mastermind del delito que describe la UDEF. Ante tantas ganas de matar a Bambi la izquierda a la cual prometió una noche que no le fallaría espera que resurja aquel Bambi de acero que superó dos veces los once millones de votos para ganar las elecciones.
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