Un interiorista, sobre el mejor sistema de almacenaje: “En cocinas pequeñas es esencial llevar los armarios hasta el techo”
Planificar una cocina va más allá de elegir materiales o electrodomésticos, y uno de los grandes desafíos de este tipo de estancias está en el almacenaje. Por eso, al enfrentarse a una obra o reforma, hay una pregunta ineludible: ¿es mejor poner armarios tradicionales o decantarse por cajones profundos?
“No existe una única respuesta, ya que el sistema de almacenaje depende de múltiples factores, siendo el principal el espacio disponible”, resume Carlos López, fundador y gerente de L.A Studio Interiorismo. “En cocinas amplias, por ejemplo, es posible prescindir de los armarios superiores para generar una sensación más abierta y diáfana. Esto permite, además, incorporar piezas de arte o elementos decorativos que trascienden la función puramente utilitaria y establecen un diálogo con el resto de la vivienda”, explica.
Además, el experto señala tanto el estilo de vida como el contexto arquitectónico como elementos importantes a tener en cuenta a la hora de llevar a cabo el diseño del espacio. “La arquitectura también desempeña un papel fundamental como guía estética, no es lo mismo diseñar una cocina en un palacio del siglo XVIII en la Mallorca rural, un contexto que invita al uso de alacenas abiertas o mobiliario con matices historicistas, que en un entorno urbano contemporáneo”, detalla López, que pone como ejemplo opuesto un piso pequeño del centro de una ciudad en el que “resulta esencial aprovechar al máximo la altura, llevando los armarios hasta el techo”.
Entre la funcionalidad y la estética
Es por eso que en la comparativa técnica, los cajones han ganado terreno en las últimas décadas, especialmente en las zonas inferiores de la cocina. Su principal virtud, según el interiorista, es la ergonomía: “Los cajones ofrecen una ventaja clara en términos de accesibilidad, especialmente para utensilios pequeños”.
Esta solución no solo optimiza el almacenaje, sino que también aporta una mayor sensación de orden y continuidad visual. “En cocinas pequeñas o abiertas al salón, mantener los elementos cerrados ayuda a reforzar esa percepción de unidad”, asegura López, que destaca que los cajones permiten una visión panorámica del contenido, evitando que los objetos queden “olvidados” en el fondo de una balda. “Permiten una organización más precisa y facilitan localizar rápidamente cada elemento, lo que se traduce en un uso más cómodo y eficiente del espacio”, incide.
Por otro lado, y a pesar del auge de los sistemas extraíbles, el experto apunta que los armarios siguen siendo indispensables en ciertas situaciones, como en el antes mencionado de espacios pequeños que necesitan ser aprovechados, o en el de entornos clásicos o rústicos, para mantener la coherencia visual del conjunto. “La elección depende en gran medida del lenguaje de la cocina”, aclara López, que valora que los armarios no solo optimizan la capacidad de almacenaje de los espacios pequeños, sino que generan una “mayor sensación de orden y continuidad visual”, clave en cocinas abiertas al salón.
“Los armarios tradicionales siguen siendo una solución coherente tanto desde el punto de vista funcional como estético, en cambio, en cocinas contemporáneas o minimalistas, tienden a combinarse con otros sistemas que aportan mayor ligereza visual”, explica el experto.
Independientemente de si se eligen cajones o armarios, el éxito de una cocina depende de evitar vicios comunes en la organización. “Acumular más de lo necesario” es el error más frecuente, advierte el interiorista, que recomienda “apostar por una selección práctica, limitada a lo que realmente se utiliza” para mantener el espacio funcional.
“Otro fallo frecuente es la falta de una organización lógica”, subraya López. “La disposición de los utensilios debe responder a criterios de uso y accesibilidad, permitiendo localizar cada elemento de forma rápida y natural. Esto no solo mejora la experiencia en la cocina, sino que también refuerza su practicidad en el día a día”, precisa.
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