Historiar las fiestas de Chamberí para encontrar su origen popular frente a la imagen ayusista del distrito
El pasado martes por la tarde se llevó a cabo un izado militar de la bandera en honor a Nuestra Señora del Carmen en la Plaza de Chamberí. El inicio institucional de las fiestas del distrito no se dejaba notar horas después, cuando los niños jugaban en los columpios y decenas de personas enfundadas en camisetas de la selección esperaban en las terrazas el partido de semifinales del Mundial. La plaza, recién reformada, ha llegado a punto para volver a ser un año más el centro de las fiestas de julio en un distrito noble en el que, sin embargo, el componente popular siempre ha estado presente. Ese mismo día, los niños se refrescaban en el interior de una fuente, recién instalada. Al otro lado, dos chicos jugaban al frontón sobre la pared de las Siervas de María, justo debajo del cartel de “prohibido jugar con la pelota”.
Para entender las complejidades de los cruces sociales y urbanos que encierra esta parte de Madrid hemos hablado con Rubén Pallol Trigueros, investigador de la universidad Complutense de Madrid que hizo su tesis sobre la conformación de Chamberí. Ha publicado, entre otros títulos, Una ciudad sin límites. Transformación urbana, cambio social y despertar político en Madrid 1860-1875 y El Ensanche Norte. Chamberí, 1860-1931. Leerle es fundamental para entender que las líneas que delinean la trama urbana no proceden solo del lápiz del planificador. A menudo, este dialoga con la experiencia humana y la ciudad toma la forma de conflicto, como sucedió con el arrabal preexistente en Chamberí al plan de Ensanche.
Pallol ha vuelto a trabajar sobre Chamberí y el entorno de la plaza de Olavide, ampliando sus investigaciones desde la óptica de la historia urbana y llevando los datos a las herramientas cartográficas más modernas. Recientemente, reflexionó sobre la importancia de las fiestas de Nuestra Señora del Carmen en la creación de Chamberí dentro de unas jornadas sobre el Madrid popular y hoy, metidos ya en harina de las fiestas, queríamos preguntarle sobre ello.
SOMOS CHAMBERÍ: Hola Rubén, cuéntanos cómo se te ocurrió que era interesante estudiar la fiesta, y esta fiesta en concreto, para hablar del Madrid popular.
RUBÉN PALLOL: Últimamente pienso mucho en qué es lo que hace barrio. O sea, qué es lo que articula su vida más allá de una delimitación o un nombre. En qué momento la gente se siente parte de la comunidad. Las fiestas han jugado un papel fundamental en la formación de los barrios y esta es una de las cosas a las que le estoy dando vueltas. Las fiestas populares han contribuido a integrar a la gente y a generar una red de relaciones.
Parece que a finales del siglo XIX hay una explosión de fiestas en los barrios madrileños, eso es lo que refleja la prensa histórica al menos. Me he preguntado quiénes eran los promotores de esas fiestas. Se relaciona mucho, por lo menos al principio, con el comercio. Los comerciantes estaban particularmente interesados en atraer gente al barrio. Creo que la manera en cómo han cambiado las relaciones comerciales a lo largo del tiempo también debe tener una relación con el modo en cómo se organiza la fiesta en cada momento.
Nuestra Señora del Carmen se celebraba antes en otros lugares, ¿no?
Sí, es una historia por hacer. Encontré que la prensa hablaba a finales del XIX de la decadencia del tipo de fiestas del Carmen que se organizaban en la zona cercana a Cibeles, algo que yo desconocía. Hablaban de la pujanza de las de Chamberí. A principios de los años veinte ya aparecen también las fiestas del Carmen en Vallecas.
Al final, unas fiestas siempre tienen algo de invención. La iglesia de Santa Teresa y Santa Isabel había organizado la vida parroquial de Chamberí, al menos en sus orígenes y de nuevo aparece con las fiestas. Parece que se aprovecha el buen tiempo que había en ese momento del año y supongo que también una disponibilidad en el calendario.
Ahora que lo dices, recuerdo que en La Ventilla también empiezan a celebrarse las fiestas del Carmen antes de la Segunda República. Luego, se recuperan vecinalmente durante la Transición y respetan la advocación a pesar de no tener un trasfondo cristiano.
Claro, lo que dices en relación con el paralelismo con los setenta es fundamental. Estoy haciendo entrevistas en el barrio de Moscardó (Usera) y los vecinos cuentan cómo se autoorganizaron en aquel momento y creaban sus fiestas en un lugar en el que no había nada de eso. También sucedió algo parecido con las de Malasaña, por ejemplo, en las que también tuvo importancia el impulso de los comerciantes, aunque luego surgieron rifi rafes con la juventud del barrio.
Vamos a volver a las nuestras, ¿cómo eras las fiestas de los primeros años en Chamberí?
Queda por estudiar, pero me parece que tienen mucha importancia la verbena y las atracciones de feria, que aparecen desde muy pronto. Existía una romería y este es un elemento que se ha mantenido en forma de procesión. En los años veinte y treinta surge una cierta queja, un debate sobre la existencia de unos feriantes profesionalizados que traen una especia de montaña rusa, el tren de la bruja o cosas así, y los feriantes de toda la vida.
Algo que me sorprendió cuando lo estudié fue la introducción de gigantes y cabezudos. Son elementos que se nos presentan como algo tradicional cuando, en realidad, se acaban de incorporar. Tiene sentido porque es un barrio bastante reciente y necesitan algo que le dé una pátina tradicional.
¿Y en el espacio? ¿Dónde se celebraban?
Hay diversos sitios, sobre todo la plaza de Chamberí y la plaza de Olavide. Estoy estudiando cómo era el espacio de la plaza de Olavide antes de la construcción del mercado, aunque también había una especie de mercado al aire libre entonces, con pérgolas en la calle de Trafalgar, hacia donde se había extendido un poco.
La plaza de Olavide es central en tus investigaciones acerca del desarrollo de Chamberí.
Cada vez me interesa más pensar en Olavide como motor de ese crecimiento. Por lo que tiene espacio de intercambio comercial pero también de interacción de la gente. Es un mercado que se va configurando a las puertas de la ciudad y que de alguna manera nuclea el barrio. Y, sobre todo, es un espacio de encuentro entre gentes de diferente condición.
Hoy por hoy, Chamberí está adquiriendo una identidad que vista desde fuera aparece muy vinculada a Ayuso y a la gente bien. Pero en origen era un barrio que yo llamo de gente humilde y de prosperidad. No es la gente pobre agolpada a las puertas de la ciudad intentando entrar, sino más bien aquellos que, en algunos casos, tenían la oportunidad de construirse su propia casa allí porque no podían hacerlo en el centro. También de algunos especuladores que no habían podido participar en los negocios de la desamortización. Y de gente que quiere lanzar sus empresas en un sitio donde hay suelo disponible, porque es una zona con muchos talleres y fábricas. Hay un componente burgués, pero también hay trabajadores manuales o empleados modestos.
Y la fiesta crece a la vez que la importancia del distrito...
En los años treinta están autoeditando publicaciones que invitan a la gente a probar los churros de Chamberí y cosas así. Se mezcla que es un barrio de nueva creación, fuera del centro, y que enseguida entra en el imaginario madrileño. Sí, yo creo que tiene que ver con la creación del barrio y que exacerba un poco el carácter madrileño, de alguna manera se señala que allí están los auténticos madrileños. Algunos de ellos se han movido desde el centro de la ciudad para vivir en Chamberí, de hecho. Bueno, es un barrio tan inmigrante como cualquier otro.
Da la sensación escuchándote de que las fiestas ayudan tanto a conformar una identidad como a crear una imagen del barrio para los demás
Completamente. No sé si estoy proyectando cosas de hoy, siempre me da miedo hacerlo. Pero sí, percibo que desde los años treinta y la naciente sociedad de consumo popular se están aprovechando las fiestas para atraer a los madrileños a la zona. Ya antes había zonas de Chamberí, como la de Cardenal Cisneros, que habían sido de merenderos. Hoy es un poco más declinante, pero recuerdo que siempre fue hasta hace poco una zona muy de ocio y tabernas. Hay que recordar que Chamberí en esa época se convierte en una de las zonas de ocio de Madrid con la calle de Fuencarral como una de las avenidas cinematográficas.
Habría que estudiarlo más, pero yo creo que es un espacio de confluencia entre zonas más y menos acomodadas. Me interesan mucho esos cruces de caminos y allí era fácil de llegar porque, por ejemplo, había metro.
Tú ahora estás tratando de entender más el Madrid urbano de la época a través de la cartografía digital
Lo que estoy haciendo es aprovechar toda la documentación que había recopilado en su momento, como información estadística de los padrones municipales, y georreferenciarla para investigar cómo se ha ido transformando el paisaje residencial del propio barrio. Hacer un análisis microanalítico e hiperpreciso de quién vivía y dónde lo hacía exactamente.
Alguna cosa sabía, pero ponerlo sobre un mapa ayuda a aprender. Cruzándolo con fotografías aéreas –cuando es posible– o con licencias de obras, desvelas instituciones que había ahí, que daban vida al barrio y que han desaparecido. Chamberí, siendo un barrio que puede parecer que tiene un aspecto bastante tradicional y que ha conservado mucho del XIX, ha sufrido transformaciones, sobre todo a partir de los años 50.
Te estás adentrando también en la segunda mitad del siglo XX, ¿cómo ha cambiado Chamberí?
Sí. Durante los años del franquismo, evidentemente, hubo cosas que desarticularon o cambiaron las pautas de relación. Por un lado, está la desaparición del mercado y su sustitución por la galería comercial o la aparición de los supermercados. Me interesa ver cómo afectó al comercio de los alrededores de la plaza de Olavide la desaparición del mercado porque eran como un sol y sus satélites. Luego, está la motorización. En los años veinte y treinta había coches, pero aún no se habían arrasado los bulevares ni los coches tenían el predominio que tienen hoy en las grandes vías, como Santa Engracia o Eloy Gonzalo. Todo eso, evidentemente, afectó al barrio y a la vida que se hacía en la calle, aunque no hubiera grandes procesos de transformación.
Y, luego, la reconversión industrial. Nos cuesta imaginar, creo, el panorama de pequeñas fábricas y centros de trabajo que había, sobre todo al norte de Eloy Gonzalo y en la zona de camino hacia Arguelles. Estaba lleno de fábricas y de almacenes, un poco diseminados y entrelazados con la vivienda. Se ve trabajando los mapas catastrales y la producción cartográfica.
Para terminar. Si no te incomoda salir de la piel de historiador y saltar de un momento a otro, cuéntanos cómo ves la imagen que está proyectándose actualmente de Chamberí
Se da una gran paradoja. Se nos presenta como la esencia de la tradición, de la identidad madrileña y, además, muy vinculado a una especie de clase media alta que nada tiene que ver con lo que es el barrio, aunque ningún barrio tiene una esencia.
Todo se transforma con las con las relaciones económicas y sociales que atraviesan el espacio público. En este caso, están atravesando de manera violenta Chamberi, que se ha convertido ahora mismo en un escaparate de lo que se quiere vender que es Madrid. Una especie de campo de pruebas que se puede ver incluso desde la reforma de las plazas, como la de Olavide, una prueba para el resto de reformas de plazas pero hecha desde el privilegio. Se ha buscado hacer la plaza perfecta pero no parece amable y acogedora, se identifica con unos determinados valores o estilo de vida. A mi modo de ver, von el ayusismo.
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