El racismo trae la 'guerra fría' a Madrid en dos manifestaciones enfrentadas y con la Falange llamando “invadir” a regularizar
“Pero, ¿esto es legal?”. La pregunta es de Montse, que atraviesa la Puerta del Sol un viernes por la noche. El policía al que se la formula da un sí escueto y continúa vigilando la marcha, que tan rápidamente había captado su atención. Hacia ellos se dirigen decenas de personas, 400 según la Delegación del Gobierno, que zarandean banderas de España al grito de “Pedro Sánchez, hijo de puta” y entre alabanzas a Primo de Rivera, entonando el Cara al Sol o exigiendo “más nación y menos Constitución”. Aunque una de sus consignas resonó por encima del resto: “Frente a su invasión, ¡remigración!”. Son la Falange Española y de las JONS, un partido fundado en los años 30 por el dictador José Antonio Primo de Rivera y predecesor de la sublevación Franquista que, esta misma semana, ha obtenido un permiso estatal para concentrarse en Callao. Una hora antes y a pocos metros de allí, otros gritan justo lo contrario. Lanzan una advertencia en clave histórica: “¡No pasarán!”.
Con idea de contraprogramar la convocatoria de la Falange, un colectivo antifascista de Madrid decidió organizar su propia marcha en Tirso de Molina. A modo de némesis, esbozó un lema opuesto al de la organización fascista. “¡Fuera racistas de nuestros barrios!”, coreaba al unísono otra multitud paralela, cifrada en 350 personas. El delegado del Gobierno, Francisco Martín, mantuvo hasta el último minuto la incógnita sobre si permitiría o no la protesta de Falange, a la que accedió un día antes de la cita. Sin embargo, el recorrido sufrió varias modificaciones para no cruzarse con la alternativa crítica con sus postulados.
Y es que el lema escogido para el acto de Falange no es casual. En las últimas semanas, las oficinas de extranjería y otros centros habilitados en Correos o la Seguridad Social, se han visto colapsados por los trámites descoordinados para la regularización masiva de migrantes, un proceso extraordinario para formalizar la situación administrativa de aproximadamente medio millón de extranjeros que residían sin papeles en España. El Congreso de los Diputados aprobó la norma a mediados de abril después de un largo periplo parlamentario. En realidad, el motor inicial de la regularización fue una ILP (Iniciativa Legislativa Popular) impulsada por grupos ciudadanos que comenzó a gestarse en la pandemia y, en pocos años, logró presentar más de 700.000 firmas.
Como la medida se terminó aprobando este año, permitirá a los migrantes que residan en España desde antes del 1 de enero obtener un permiso de residencia y trabajo con un año de duración, que será prorrogable dado el caso. Es decir: les abrirá la puerta a regularizar su situación. Con esto, el Estado pretende favorecer la integración laboral y social de quienes ya viven aquí para contribuir a la economía nacional. Sin embargo, la inmigración irregular ha sido y es un importante caldo de cultivo para grupos ultraconservadores o de extremaderecha como Falange Española y Vox.
Estos últimos, sin ir más lejos, llegaron a abandonar todos los gobiernos autonómicos en los que entraron tras las elecciones de 2023 por un desacuerdo con el PP, su aliado y fuerza mayoritaria en todos ellos, por el reparto de menores extranjeros no acompañados entre las comunidades.
Una marcha en vilo hasta el último momento
“Lamentablemente hace buen tiempo”, ironizaba esta tarde el presidente de Falange Española, Norberto Pico, presente este viernes en la manifestación racista de Callao. “No hubiese estado que mal que les cayera un poco de agua a esos guarros”, añadía ante el júbilo de su público, eminentemente joven, para referirse a la Coordinadora Antifascista de Madrid, la entidad que esa tarde les había contraprogramado. Un representante de las Juventudes de Falange llegó a advertir que su generación estaba siendo laboralmente sustituida por “esclavos africanos” y que las ayudas sociales iban dirigidas principalmente a “delincuentes” extranjeros.
Sin embargo, el mensaje que corona la manifestación de Falange no se ajusta a la realidad. El diccionario de la Real Academia Española define invadir como irrumpir o entrar por la fuerza en un lugar. Otras acepciones válidas serían “ocupar anormal o irregularmente”, cuando el lema Frente a su invasión: Remigración surge poco después de una normativa que ha sido aprobada en las Cortes Generales y que, antes de eso, ya había sido motivada por una base sólida de apoyo ciudadano.
“Estamos aquí para defender la regularización”, detalla uno de los militantes de la Coordinadora Antifascista, en declaraciones a Somos Madrid. Cuando supieron de la manifestación organizada por Falange, que aún no había sido aprobada, decidieron concentrarse el mismo día y casi a la misma hora. No temían que eso diera un altavoz mayor a sus rivales, pues “lo normal es que sus actos resuenen mucho y nunca sean replicados”. “Preferimos no dejar más discursos racistas sin respuestas”, determinan los organizadores, que no solicitaron formalmente un permiso para manifestarse y llamaron a la “concentración espontánea” en redes.
Que sea Falange Española quien daba este paso también había levantado sus alarmas. Un día antes de la convocatoria, a sabiendas de ese día se había contraprogramado otra protesta antifascista y ambas podían coincidir, la Delegación del Gobierno en la Comunidad de Madrid accedió a permitir la marcha falangista, aunque obligando a limitar su recorrido original. Inicialmente iba a llegar hasta Tirso de Molina, pero es este lugar donde una hora antes tenía previsto comenzar la manifestación antifascista. Falange presentó un recurso contra la decisión del delegado, aunque poco antes de su cita terminó desestimándose y el recorrido se acotó hasta Sol.
Finalmente, Deleganción decidió que Falange se quedaría a las puertas de Lavapiés, sin llegar a entrar hasta la plaza de Tirso. La previsión inicial de los organizadores también era empezar la concentración en Callao, aunque cruzando luego parte del centro hasta la plaza de Tirso de Molina. El recorrido debía haber llegado parte alta de Lavapiés, y los convocantes llevaban días caldeando las redes con mensajes xenófobos, como el de un avión sobrevolando las cuatro torres de Madrid bajo una marca ficticia: Remigration Airlines. Finalmente no ha sido así. El recorrido quedó reducido desde Callao hasta la Puerta del Sol, pasando por la calle Preciados, y un cordón policial fue desplegado en la frontera entre ambas manifestaciones.
La convocatoria de este viernes se auspicia en un contexto de tensión política y social, después de episodios recientes en los que grupos falangistas arremetieron contra colectivos. El precedente más inmediato fue un ataque en la Universidad Complutense de Madrid, que tuvo lugar en marzo. Un grupo de militantes vinculados a Falange irrumpió en facultades del campus de Somosaguas durante actos previos al 8M para arrancar la cartelería feminista o desplegar pancartas con otros lemas. La Policía Nacional, que lo consideró una actuación “coordinada”, detuvo luego a 13 personas y puso a seis menores a disposición de la Fiscalía correspondiente.
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