No es el mercado el que me quiere expulsar de mi casa, es mi casero
Sobre este blog
Stories Matritenses es un blog del grupo de periódicos hiperlocales Somos Madrid escrito por Pedro Bravo.
Pedro Bravo escribe ensayo y ficción. Su último libro es ¡Silencio! (Debate, 2024). Además, ha publicado Cabo Norte (Menguantes, 2020), Exceso de equipaje (Debate, 2018), Biciosos (Debate, 2014) y La opción B (Temas de Hoy, 2012). Habita en la linde occidental del barrio.
“Aprovecho para decirte que el contrato acaba en abril. El precio va a subir bastante porque el mercado ha cambiado mucho”. Hace unos días recibí por WhatsApp el mensaje que cualquier arrendatario espera tanto como teme. Los que habitamos casas de alquiler tenemos aseguradas dos cosas: moriremos en cualquier momento y, quizá con suerte, será antes de que nuestro casero decida expulsarnos de nuestra vida porque “el mercado ha cambiado mucho”.
Por más que tendamos a hablar de él como un sujeto impersonal, el mercado —en este caso inmobiliario— no es tal cosa. El mercado son los grandes capitales internacionales que llevan años metiendo dinero en suelo, oficinas y viviendas para obtener rentabilidades altas y seguras que no se encuentran tan fácilmente en otros ámbitos. El mercado son esos rentistas de familia bien que viven del trabajo de los que habitan sus casas. El mercado son, conviene recordarlo, las administraciones de todo el mundo que, a lo largo de los años, han ido fomentando que la vivienda sea un negocio para unos pocos y una crisis para cada vez más a través de las Socimi, las golden visa y muchas otras actuaciones, pero también a partir de la inacción. Y el mercado son también los propietarios que eligen ponerse del lado de la avaricia y obviar las consecuencias de sus actos sobre las familias que habitan en sus casas.
A estas alturas, todos tenemos claro que el problema de la vivienda es uno de los más graves y urgentes del presente. Un asunto que, por cierto, provoca trastornos y costes evidentes de los que no se habla demasiado, como la imposibilidad de gestión del transporte público, la inutilidad efectiva de las subidas de salarios o la frustración y la ira que derivan en posiciones extremistas. Es obvio también que las soluciones no pueden ser individuales, sino colectivas, políticas. Pero conviene manifestar alto y claro que las decisiones individuales son muy importantes en todo esto y que quienes las toman son también responsables de lo que pasa.
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