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Sobre este blog

Stories Matritenses es un blog del grupo de periódicos hiperlocales Somos Madrid escrito por Pedro Bravo.

Pedro Bravo escribe ensayo y ficción. Su último libro es Cabo Norte (Menguantes, 2020). Además, ha publicado Exceso de equipaje (Debate, 2018), Biciosos (Debate, 2014) y La opción B (Temas de Hoy, 2012)Es socio de Soulandia, una empresa que aplica la narrativa a estrategias de comunicación, y del coworking malasañero Espíritu23. Habita en la linde occidental del barrio.

www.pedrobravo.es

El trabajo nos hará pobres, en el campo y en la ciudad

Pedro Bravo

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Sobre este blog

Stories Matritenses es un blog del grupo de periódicos hiperlocales Somos Madrid escrito por Pedro Bravo.

Pedro Bravo escribe ensayo y ficción. Su último libro es Cabo Norte (Menguantes, 2020). Además, ha publicado Exceso de equipaje (Debate, 2018), Biciosos (Debate, 2014) y La opción B (Temas de Hoy, 2012)Es socio de Soulandia, una empresa que aplica la narrativa a estrategias de comunicación, y del coworking malasañero Espíritu23. Habita en la linde occidental del barrio.

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Miles de conductores de Uber, Lyft, Stuart, Deliveroo, Just Eat y otras empresas de la denominada gig economy celebraron el pasado San Valentín con huelgas y manifestaciones para reclamar mejoras en sus ingresos y condiciones de trabajo. Las protestas sucedieron en Estados Unidos y Gran Bretaña y fueron en parte coordinadas por una organización llamada Justice for App Workers, que aglutina a multitud de pequeñas asociaciones locales. Una mirada superficial a la noticia sugiere problemas en la nueva economía, pero en realidad es un retrato de la voladura de la economía a secas.

Nos han vendido el negocio de estas empresas como un asunto tecnológico y, por tanto, fascinante y necesario. Una bondad de la ciencia y el progreso que nos facilita la movilidad y el acceso a caprichos, al tiempo que da ingresos extra a un montón de gente. En realidad, la tecnología es sólo una herramienta, una excusa, un relato.

Hace tiempo que la economía dejó de ser lo que era. Eso de fabricar y ofrecer productos y servicios a cambio de pagos para tener una cuenta de resultados aseada y satisfacer así las pretensiones (de riqueza) de los empresarios y accionistas y (de supervivencia) de los trabajadores, ya es, en casi todos los casos, pasado. Lo de ahora es la economía financiera, una suerte de capitalismo-ficción en el que la realidad de los ingresos y gastos importa muy poco y lo que mandan son los informes de las consultoras y bancos de inversión y el brillo que dan a las marcas para que puedan tener acceso a los millones que van cayendo en cada ronda de financiación. Es un modelo controlado por la ingeniería de datos en el que los trabajadores son un decimal escondido en una pequeña celda de un Excel.