Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El ataque ilegal de Trump a Irán desata un caos de consecuencias imprevisibles
Irán no va a asistir a su propio funeral como un convidado de piedra tras el ataque
OPINIÓN | 'Faltamos nosotros', por Enric González

Lo peor de la historia del mono Punch no es el abandono de su madre ni el ‘bullying’ de otros macacos

El mono Punch en el zoo de Ichikawa (Japón)

África Gelardo Arrebola

28 de febrero de 2026 23:52 h

0

Abres el teléfono, entras en cualquier red social y no falla: una imagen o un nuevo vídeo de Punch. Punch despioja a su peluche. Punch corre con un palo. Punch es “agredido” por otros monos. “Soy yo cuando me hablan feo”, “daría mi vida por Punch”, son algunos de los comentarios que se pueden leer. Una vez más, una cría de animal que nos produce ternura se ha hecho viral. Esta vez se trata de un macaco que, tras ser abandonado por su madre, ha encontrado un sustituto: un orangután de peluche que arrastra por el recinto y al que se aferra cuando tiene miedo o quiere dormir. Es normal que nos dé pena, pero los expertos piden no dejarse llevar por la emocionalidad de las imágenes: lo más triste de su historia no es lo obvio.

Las actualizaciones de su estado funcionan como una perfecta campaña para el zoo Ichikawa de Japón, en el que vive junto a otros primates. También para la empresa que ha fabricado el peluche que arrastra desde hace semanas. Su madre lo rechazó y sus cuidadores decidieron introducir una figura que pudiese suplir su necesidad de apego. Primero fueron toallas enrolladas, luego optaron por su ya conocido amigo inanimado, que no suelta. Al principio, Punch estaba apartado y no se acercaba mucho a otros monos, pero poco a poco ha comenzado a interactuar más con el grupo. Su historia es triste, pero no es única en el mundo animal.

Sí, es monísimo —valga la redundancia—, pero los expertos piden no caer en lo que el algoritmo premia: la espectacularización y la humanización de animales salvajes. “Históricamente hemos visto a los primates como caricaturas nuestras y despiertan una gran empatía por el parecido a nosotros”, explica Laia Dotras, directora adjunta del Instituto Jane Goodall España, por lo que es normal que la historia de Punch nos enternezca.

Sin embargo, el abandono o rechazo de las madres no es raro en la fauna salvaje. “Más allá de la anécdota, este caso se ha explicado muy mal”, critica Miquel Llorente, presidente de la Asociación Primatológica Española. Para el experto, no se ha tenido en cuenta que este tipo de rechazos o incluso agresiones por parte de la madre o el grupo “es un comportamiento natural en los macacos”, especialmente en los japoneses, con sociedades muy jerarquizadas. “Tenemos todo el derecho a que nos parezca algo muy triste pero esto sucede. Forma parte de la naturaleza”.

Si bien, es cierto que hay que tener en cuenta que este mono y su grupo están en cautividad y otros factores pueden influir en su comportamiento: “El estrés, una temperatura no adecuada para esa especie, que la hembra no haya podido observar a otras madres y no haya tenido un aprendizaje social para cuidar a un bebé”, entre otros, enumera la investigadora Laia Dotras. Aunque, eso sí, lo más importante es el entorno social: “Hay que validar hasta qué punto el grupo funciona de una manera natural y los roles están bien desarrollados”, apunta Llorente.

Aunque hay otros aspectos muy importantes como las condiciones del zoo (falta de vegetación, el tipo de recinto en el que están, el tipo de suelo que no es apropiado para su especie, etc.), lo fundamental cuando se habla de primates es la socialización. Y el problema viene cuando en cautiverio esa socialización cambia debido a las condiciones por la falta de migraciones a otros grupos o los cambios en las dinámicas por el acceso a alimentos, por ejemplo. Todo esto puede influir en cómo se desarrollan la crianza de un nuevo mono: “En vida silvestre lo que suele ocurrir es que otra hembra proporcione cuidado a esa cría y así puede establecerse en el grupo y sobrevivir”, explica Víctor Beltrán, experto en macacos.

Aunque ver cómo Punch es arrastrado por otro mono por el recinto y después corre despavorido hacia su peluche pueda darnos pena, desde luego no es “bullying”, como se ha dicho en redes sociales. Y este es uno de los principales problemas que no solo se ve en este caso, también en otros como el caso de la pequeña cría de hipopótamo Moo Deng: el de la humanización de los animales exacerbada por las redes. Para que un grupo acepte a un macaco se requiere tiempo, explica Laia Dotras: “Es un proceso gradual y se observan conductas que pueden ser totalmente normales. Incluso puede que otras hembras defiendan a sus pequeños” ante un individuo que todavía no está integrado.

También se ha llegado a sugerir que este primate podría tener algún tipo de trastorno o “depresión”. “No es nada patológico lo que está sucediendo”, afirma Miquel Llorente. Aunque en cautiverio no es extraño que los primates muestren otro tipo de comportamientos que sí lo son como “automutilarse o acicalarse en exceso”, precisa Beltrán. “Compartimos muchas cosas con los primates, pero eso no quiere decir que las explicaciones de su comportamiento las demos como si fuera un pequeño humano con pelo, eso sería incorrecto”.

Resulta inevitable hacer una comparativa con otras imágenes que hemos visto en otras ocasiones: cuando una cría de primate muere y su madre lo arrastra durante semanas en un proceso de duelo. Pero ¿por qué Punch no se separa de su peluche, aunque sea un objeto inanimado?

La importancia del apego para la supervivencia tanto de los primates pero también de los humanos se viene estudiando desde hace años. Ya en la década de 1950 el investigador Harry Harlow lo demostró en un estudio, que ha sido criticado por falta de ética al separar a crías de mono separadas de sus madres a las que se les daba dos opciones como figura de apego: una de ellas era un aparato que proporcionaba alimento. Otra, un aparato que, sin proporcionar este alimento, estaba recubierto de felpa y simulaba un mono. Las crías preferían pasar más tiempo con el que estaba cubierto de felpa, aunque no pudiesen comer de él: “El apego es muy importante, en macacos hay muchos estudios que demuestran que el hecho de que un individuo se críe con otro de su misma especie cambia totalmente sus condiciones comportamentales y sus capacidades”, explica Víctor Beltrán.

Es decir, el peluche de Punch no es un simple peluche. Cumple una función muy importante al aportarle ese contacto físico que le falta de su madre.

Los tres expertos coinciden en que ahora, el siguiente paso realmente importante es conseguir que el resto del grupo lo acepte y ese peluche que cumple esa necesidad pueda ser sustituido por otro individuo porque una madre no solo proporciona calor y alimento, también brinda conocimiento, fundamental para que la cría pueda desarrollarse plenamente.

La conexión con su madre, al igual que ocurre con los humanos, es un básico. Tanto que incluso, explica Laia Dotras, cuando las crías de primate son arrancadas de sus progenitoras para venderlos en el mercado ilegal, las madres en muchas ocasiones son quemadas y sus crías acaban llegando a los centros de rescate con esas quemaduras: “Se tiran al cuerpo quemado para estar con su madre”.

Y ese es precisamente el problema mayor que subyace de la historia de Punch. Los tres especialistas confirman que la evidencia científica indica que si tiene una consecuencia la viralización de este tipo de historias ese es el aumento de la caza furtiva. “Hay mucha gente que ve a una cría de primate con esos rasgos tan infantiles como los de un niño y dice 'yo me lo llevaría a mi casa, a un bebé así yo lo podría cuidar'. Eso puede generar mucho daño a las poblaciones de primates, es nefasto para ellos”, critica Laia Dotras, que recuerda que el proceso por el que alguien puede tener a un mono en su casa es porque ese mono ha sido separado de su madre, a la que suelen matar. “Estas crías los primeros meses pueden ser manipulables pero luego son inmanejables, tienen una dentición bestial y pasan la vida condenados”, añade.

Hay tanto consenso entre la comunidad científica sobre esto que ya incluso las propias investigadoras que trabajan en centros con primates tienen interiorizado el no subir selfies con ellos a las redes sociales, precisamente para que no se genere esta falsa idea de que pueden ser inofensivos, explica Víctor Beltrán. Diferentes asociaciones trabajan en campañas para concienciar sobre esto, como la Asia for Animals Coalition.

"El tráfico ilegal es devastador para muchas especies de primates y los condena a la extinción. Los esfuerzos se tienen que poner en conservar los hábitats naturales de estos animales y en no cazarlos. El foco tiene que estar ahí"

Laia Dotras Directora Adjunta del Instituto Jane Goodall España

Aunque todo parece indicar que finalmente Punch será aceptado por su grupo (ya hay imágenes de él siendo desparasitado por otros monos, una buena señal), su caso no solo habla de que vincularnos con otros no es solo propio de nuestra especie. También debe servir para reflexionar sobre cómo la humanización de estos animales que puede parecer inofensiva, en realidad hace muchísimo daño. Y así lo piden los expertos: “Que su historia sirva para visibilizar a los primates que viven en libertad y a cuidar sus hábitats naturales”.

Etiquetas
stats