Noa Élie, directora y activista propalestina en Alemania: “Usar la palabra genocidio es suficiente para perder el trabajo”
Protest under Pressure (Protesta bajo presión) no existe en los medios de comunicación alemanes. No es casualidad: esta película documental de guerrilla, hecha por tres estudiantes de la Universidad Libre de Berlín con 2.000 euros de presupuesto, muestra como ninguna otra la crudeza de la represión aplicada contra la protesta propalestina en Alemania desde los ataques de Hamás del 7 de octubre y el inicio de la política de tierra quemada de Israel en Gaza. La película incomoda incluso a los medios de izquierda.
Noa Élie forma parte de ese movimiento. La joven activista francesa ha sufrido de primera mano la violencia policial y la persecución aplicada por las instituciones alemanas en un país en el que la frontera entre el antisemitismo y la crítica al Estado de Israel ha sido disuelta por la llamada “razón de Estado” en defensa del sionismo.
¿Cómo nace este documental?
Yo ya estaba involucrada en el movimiento propalestino antes; había participado en muchas manifestaciones, en las sentadas frente la Estación Central de trenes de Berlín y también en las primeras manifestaciones que fueron prohibidas en octubre y noviembre de 2023. También estuve en la ocupación de la Universidad Libre de Berlín, donde me detuvieron. Así que ya sabía que quería abordar la forma en que nuestra universidad está tratando la cuestión.
El caso es que teníamos que cursar un seminario obligatorio. Consistía en hacer un cortometraje documental. Se unieron las otras dos directoras de la película [Elena Avolio y Nora Weise]. Todo empezó con una charla de cinco minutos, algo muy breve. Presentamos la idea en clase y nos dimos cuenta de que teníamos mucho material y mucho que contar. Decidimos ampliarlo y hacer una película.
No tenían experiencia alguna en producción audiovisual. ¿Cómo han conseguido un documental tan logrado, de más de una hora?
Fue un proyecto colectivo. Grabamos las entrevistas con cámaras de fotos. Se nos paraban cada quince minutos porque se agotaban las baterías y las tarjetas de memoria. Fuimos a manifestaciones a grabar y algunos de los periodistas o gente que conocíamos nos echaron una mano y nos cedieron su material. Así que no todas las imágenes que tenemos son nuestras. Y creo que eso es también lo que hace que esta película sea realmente un proyecto colectivo.
Al principio no teníamos ningún sitio donde editar. No teníamos un estudio. Así que editamos en casa tras encontrar un ordenador para ello. Básicamente lo hicimos todo nosotras mismas y recibimos consejos de otras personas. Un par de meses antes del estreno hicimos una especie de pase privado con un borrador para personas que habían colaborado y escuchar sus opiniones.
Acusar a Hamás de orquestar el movimiento propalestino no es más que una herramienta para silenciar a la gente y ponerla a la defensiva, así como una distracción del hecho de que sigue produciéndose un genocidio con el apoyo de Alemania
En algunas secuencias se ven las calles abarrotadas en manifestaciones en apoyo a Palestina y luego se ven esas mismas calles, en otro momento del año, vacías. ¿Qué pretenden con ello?
Era para mostrar el silencio, una forma de decir: hay protestas, no queremos negarlo, y tienen su poder. Pero debería manifestarse todo el mundo y la mayoría del tiempo las calles están vacías. ¿Por qué? Creo que esta era la reflexión que teníamos que hacer. No solo mostrar ese silencio, sino también hacer que la gente lo sintiera. Es como dar sentido a una realidad en la que un día te dan una paliza en la calle y al día siguiente tienes que ir a trabajar como si nada hubiera pasado.
¿Ha experimentado de primera mano la represión que muestra la película?
Sí, yo y las otras personas que participaron en la producción. Cubrimos muchas protestas con cámaras, así que la consecuencia de eso suele ser que la policía te ataca porque odian ver a gente grabando.
¿Cuáles son las consecuencias personales, en su día a día, de participar en el movimiento propalestino en Alemania?
No tan duras como para otras personas que se enfrentan a la deportación o que podrían perder su estatus de asilo. Pero sí, es bastante estresante estar esperando, por ejemplo, cartas de la policía y no saber cuántas llegarán ni qué gravedad tendrán los cargos. Y si en algún momento te condenan, entonces tienes antecedentes penales. Como trabajo con niños, tener antecedentes me impediría seguir haciéndolo. Doy clases particulares y organizo talleres creativos. Así que puede que ya no pueda trabajar en ese sector.
Desde el punto de vista psicológico, el pasado verano fue un momento un poco loco: iba a manifestaciones, me daban palizas, me arrestaban allí, volvía a casa y me veía en Instagram recibiendo una paliza. Y al día siguiente iba a montar la película y veía a gente que conozco en la pantalla recibiendo palos. En algún momento, empecé a soñar con la policía todo el tiempo. Y pensé: “Vale, esto tiene que acabar”. Pero sigo pensando que estoy en mejor situación que otra mucha gente.
¿Cómo explicaría a alguien que no vive en Alemania el significado de la “razón de Estado” alemana respecto a Israel?
La “razón de Estado” se puede definir fácilmente como el apoyo incondicional de Alemania al Estado de Israel, lo que también implica el respaldo al apartheid y al genocidio que Israel está cometiendo contra la población de Palestina. Pero esa “razón de Estado” también tiene consecuencias dentro de Alemania, porque este apoyo incondicional implica silenciar a todo el que se oponga a él. Debe imponerse por todos los medios posibles. Esa “razón de Estado” ya no puede legitimarse adecuadamente mediante el discurso, porque la gente se da cuenta de lo que está pasando, así que la legitiman por la fuerza.
Y hay personas que sufren las consecuencias, como los palestinos que viven en Alemania. Berlín tiene la mayor diáspora palestina de toda Europa, y ellos están sufriendo deportaciones, registros domiciliarios, pérdida del trabajo, detenciones, golpes y discriminación racial. Así que creo que las consecuencias son enormes y la represión se está extendiendo a todo el que apoya a los palestinos en Alemania. El uso de la palabra “genocidio” es suficiente para perder el trabajo o tener problemas con la justicia. Esa “razón de Estado” lo abarca todo y quizá también sea una excusa para aplicar políticas fascistas.
Dentro de esa “razón de Estado” está la llamada “resolución contra el antisemitismo” aprobada por el Bundestag en 2024. ¿Qué es y qué consecuencias tiene?
No es un texto jurídico propiamente dicho. Eso es precisamente lo que lo hace complicado. Esto también se menciona en la película. Se trata básicamente de una resolución aprobada por el Parlamento alemán y se formuló como una norma prescriptiva, así que no es jurídicamente vinculante. Ello también significa que, por ejemplo, el Tribunal Constitucional no puede derogarla ni impugnarla porque no es un texto legal. Pero se utiliza como una norma para elaborar políticas, lo que significa que las personas que están en el poder y que toman decisiones, lo harán de acuerdo con esa resolución.
El problema con esta resolución es que afirma proteger la vida judía en Alemania pero, de hecho, solo protege la vida judía que está en línea con la “razón de Estado” respecto a Israel. Por ejemplo, los judíos antisionistas están muy criminalizados en Alemania. Esa es una de las consecuencias de una resolución contra un antisemitismo cuya definición es muy controvertida porque equipara, básicamente, la crítica a Israel con el antisemitismo.
Berlín tiene la mayor diáspora palestina de toda Europa, y ellos están sufriendo deportaciones, registros domiciliarios, pérdida del trabajo, detenciones, golpes y discriminación racial. Así que creo que las consecuencias son enormes y la represión se está extendiendo a todo el que apoya a los palestinos en Alemania
¿Me puede dar algún ejemplo de represión que sufren los judíos antisionistas?
Un grupo de diputados alemanes está presionando para prohibir la organización Voces Judías Por la Paz. El Gobierno también congeló sus cuentas bancarias. El comisionado contra el antisemitismo está presionando para prohibir una organización judía que se opone al genocidio. Todo esto está ocurriendo en Alemania. Y son solo algunos de los muchos ejemplos de cómo funciona la represión.
Una de las principales críticas que se hacen a los movimientos propalestinos en Alemania son sus presuntos vínculos con Hamás. ¿Qué responde a eso?
Creo que toda esta cuestión y sus supuestos sirven para desviar la atención —y carece de base histórica, ya que presentan el 7 de octubre como punto de partida, ocultando 78 años de ocupación, violencia colonialista y resistencia a la misma—. En otras palabras: acusar a Hamás de orquestar el movimiento propalestino no es más que una herramienta para silenciar a la gente y ponerla a la defensiva, y una distracción del hecho de que sigue produciéndose un genocidio con el apoyo de Alemania.
En la película, las personas activistas entrevistadas advierten de la deriva autocrática del Estado alemán. ¿Cree que existe el riesgo de que la represión contra el movimiento propalestino se extienda a otros ámbitos de la sociedad alemana?
Creo que sí. Por ejemplo, las armas que se utilizan en Gaza ahora se venden en todas partes, por ejemplo, a Estados Unidos. Y se prueban en combate. Creo que lo mismo ocurre, por ejemplo, con la política de vigilancia. La tecnología que Israel está utilizando en Palestina también está siendo utilizada contra la población civil en otros países, aunque a menor escala. Y eso también ocurre en Alemania. Todos los medios técnicos que se utilizan para reprimir el movimiento propalestino ya se han empezado a utilizar contra otros sectores de la sociedad alemana, especialmente contra la izquierda. Ya lo hemos visto, por ejemplo, en algunos sectores del movimiento climático.
La ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD), un partido que raya con el neonazismo históricamente antisemita, apoya la “razón de Estado” alemana respecto a Israel. ¿Cree que es paradójico?
No creo que sea tan paradójico, la verdad. La extrema derecha apoya a la extrema derecha dondequiera que esté, e Israel es un régimen de extrema derecha, así que ya existen conexiones. También creo que la cuestión de Palestina es una cuestión colonial y hay que interpretarla como tal. Tiene sentido que AfD apoye un proyecto colonial que, desde el principio, ha servido para apropiarse de tierras. No hay necesariamente una contradicción entre ser antisemita y apoyar a Israel.
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