¿Por qué esta alga invade la costa de Cádiz y cómo ha acabado en planes para generar biogás?

El exceso de sargazo destruye corales, mata peces y libera gases de efecto invernadero

Héctor Farrés

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Las montoneras de algas que se acumulan en muchas playas desprenden un olor intenso porque su materia orgánica entra en descomposición en cuanto queda fuera del agua y empieza a degradarse bajo el sol. Ese olor se vuelve más fuerte cuando la masa es grande y queda húmeda, ya que los microorganismos generan gases como el sulfuro de hidrógeno, que recuerda al huevo podrido.

Las playas cada vez se llenan más de algas porque algunas especies invasoras crecen con rapidez y no tienen depredadores que limiten su expansión, lo que permite que grandes cantidades lleguen a la costa en poco tiempo. Además, el viento y las corrientes arrastran estos restos hacia la arena, donde se acumulan durante días si no se retiran.

Esa acumulación masiva, con olor persistente y difícil de eliminar, se ha convertido en un problema real en distintos puntos del litoral. No obstante, se les puede dar una nueva vida.

Un equipo plantea transformar residuos en recursos aprovechables

La Universidad de Sevilla y Red Eléctrica presentaron un estudio que propone convertir el alga invasora Rugulopteryx okamurae en biogás, fertilizantes y otros productos dentro de la economía circular, según informa la sala de prensa de Red Eléctrica.

El trabajo, iniciado en 2019, analiza el impacto de esta especie en la costa de Cádiz y plantea soluciones para su biomasa. El proyecto, liderado por el Laboratorio de Biología Marina, busca dar salida a los restos que se acumulan cada año en las playas. Esta propuesta abre la puerta a transformar un residuo problemático en un recurso útil.

El grupo trabaja con especies como cucarachas y moscas que consumen estos restos

El efecto más claro aparece en la arena, donde las acumulaciones de esta alga cambian el uso habitual de las playas y afectan al turismo. Sin embargo, el daño más serio ocurre bajo el agua, donde la especie ocupa espacio y reduce la luz disponible para otras plantas marinas.

El catedrático Juan José Vergara explicó que “el problema no es lo que aparece en la playa, es lo que está bajo el agua”. Esa presión reduce la presencia de especies locales y altera el equilibrio del fondo marino.

Los científicos prueban insectos para reducir toxicidad del material

Una de las vías que plantea el estudio consiste en procesar esa biomasa mediante invertebrados que consumen el alga y reducen su toxicidad. En colaboración con la Universidad de Extremadura, el equipo trabaja con cucarachas del género Eublaberus y con la mosca soldado negra, que transforman el material en un biocompost utilizable. Este proceso permite obtener fertilizantes orgánicos con menor coste y con una calidad aceptable, aunque todavía presenta cierta salinidad que requiere ajustes.

Las especies foráneas se extienden sin freno en la costa

La magnitud del problema se entiende al observar las cifras de retirada en distintos puntos del litoral. En La Línea de la Concepción se retiraron 10 toneladas en apenas 48 horas, mientras en Cádiz las recogidas alcanzan cifras que superan las 60 toneladas en algunos momentos. Esta cantidad obliga a movilizar recursos de forma constante y genera un gasto elevado para los municipios.

La digestión sin oxígeno permite obtener biogás y fertilizantes

Otra línea de trabajo se centra en la producción de energía a partir del alga mediante digestión anaeróbica. En este proceso, los microorganismos descomponen la materia sin oxígeno y generan biogás que puede utilizarse como fuente energética.

El equipo ha colaborado con un proyecto liderado por Rafael Borja, del CSIC, para mejorar este rendimiento. El pretratamiento mecánico y térmico del alga aumenta la producción de metano y permite obtener también biofertilizantes, aunque el control de metales pesados resulta necesario cuando se emplean organismos como Porcellio laevis.

Las autoridades detectan focos en otras regiones y aplican protocolos

El desarrollo del proyecto se organiza en fases que responden a problemas distintos. Primero se estudió la ecología de la especie y su efecto sobre la comunidad bentónica, y después se abordó la gestión del residuo acumulado en las playas. Este trabajo se presentó en diciembre de 2025 en La Línea de la Concepción bajo la dirección de José Carlos García-Gómez, que encabeza el laboratorio de la Universidad de Sevilla.

La expansión llega a nuevas zonas y activa medidas de control

El avance de esta alga no se limita al sur, ya que se han detectado nuevos focos en Galicia y en áreas como las Islas Cíes, lo que obliga a reforzar la vigilancia. El MITECO señala que la especie se detectó en 2015 en Ceuta y que su expansión afecta a la pesca y a la gestión del litoral. Las medidas incluyen protocolos de retirada y transporte para evitar que fragmentos del alga colonicen nuevas zonas.

El estudio impulsado por la Universidad de Sevilla muestra que esta biomasa puede generar productos útiles dentro de un sistema de aprovechamiento controlado. Además de fertilizantes y biogás, también se investigan compuestos con aplicaciones en la industria alimentaria, cosmética y farmacéutica junto al CSIC y la Facultad de Farmacia.

Iniciativas como Bosque Marino, promovida por Redeia y Ecomar, buscan reforzar la investigación y la recuperación de los ecosistemas marinos mientras el problema sigue creciendo en la costa.

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