Al banquillo por un chascarrillo
Un chascarrillo es, según la RAE, una anécdota ligera y picante. Una frase aguda que tiene un tono gracioso, picaresco o ingenioso y cuyo objetivo principal es hacer reír o entretener. Salvo que el aludido en la chanza se llame David Sánchez Pérez-Castejón y sea hermano del presidente del Gobierno. En ese caso, la gracia puede arrastrarlo al banquillo de los acusados, afrontar un juicio por “enchufismo” y enfrentarse hasta tres años de cárcel. No es broma. Ni bulo. Ni desinformación. Es la España que delira: al banquillo por un chascarrillo. Alguien dijo que escuchó a alguien decir que alguien había dicho…
David Sánchez está siendo juzgado, con otras 10 personas, en la Audiencia Provincial de Badajoz por supuestas irregularidades en la creación de un puesto de la Diputación de Badajoz en 2017, cuando su hermano no era presidente del Gobierno ni secretario general del PSOE porque había dimitido en el traumático Comité Federal de octubre de 2016 que abrió en canal su partido. Y, aunque el presidente de la Sala ha decidido retirar uno de los delitos por los que se sienta en el banquillo -el de nombramiento ilegal- se le juzga por tráfico de influencias en concurso medial y prevaricación administrativa.
Sin embargo, Evaristo Valentí, uno de los testigos clave para incriminar a Sánchez y director del Conservatorio Superior Bonifacio Gil en 2017, ha negado que supiese que el puesto creado fuera para él y ha reconocido que el calificativo de “hermanísimo” que usó en un mail era un chascarrillo. Esto, además de afirmar que el contratado tiene la formación adecuada para el cargo y rechazar las acusaciones de absentismo.
Tras admitir que el juzgado tenía la formación adecuada para el puesto y que había un rumor de que se iba a presentar a la plaza de coordinador de actividades de los conservatorios, negó categóricamente que se supiera de antemano que David Sánchez fuera a recibir el puesto y que no fuera a trabajar habitualmente. Y en la misma línea han declarado Rosario Mayoral, directora del conservatorio 2020-2025, que jamás escuchó la expresión de «hermanísimo» antes de que David Sánchez ocupara el cargo y Yolanda Sánchez Baltasar, directora del Conservatorio Profesional Juan Vázquez desde 2010, a quien no le constan anomalías en el proceso de selección y además pone en valor el currículo del contratado. Incluso Nerses Avakimyam Gasparov, candidato a la misma plaza y profesor de violín del conservatorio, no ve “ninguna irregularidad” en el proceso de selección.
Conviene recordar que la plaza en cuestión ni era una oposición ni era un concurso, sino una convocatoria de libre designación y que son los miembros de la comisión contratadora los que deben decidir quién se acomoda mejor al perfil. Pero aun así fue aprobada en el Pleno de la Diputación del 4 de noviembre de 2017 con la participación de todos los grupos políticos, también el PP, previo informe de la Intervención y sin que el secretario general emitiera objeción alguna. De hecho, en ninguna de las sesiones de la Diputación consta alegación o crítica por parte de ningún portavoz sobre la creación de ningún puesto de trabajo de la Relación de Puestos de Trabajo (RPT) y, en concreto, de personal de alta dirección.
El procedimiento pasó por una Comisión Técnica, por una mesa de negociación, por Recursos Humanos, por la secretaría general, por la intervención y por el pleno provincial. Y el PP no dijo nada. Conocía la modificación, tuvo acceso a la documentación presupuestaria, pudo formular alegaciones, pero no dejó constancia de su oposición a la creación de esa plaza.
Todo ello pone de manifiesto que el caso que sienta en el banquillo al hermano del presidente no es ajeno al contexto político y mediático porque la causa nace de una denuncia presentada por el pseudo sindicato ultraderechista Manos Limpias, a la que posteriormente se sumaron como acusación popular Vox, Hazte Oir, Liberum o Iustita Europa, por una plaza creada hace 9 años. Todas son entidades muy activas en la confrontación política y la generación de ruido, al servicio de las derechas. Más claro: el objeto no era David, sino Pedro Sánchez Pérez-Castejón.
La instrucción se construyó sobre conjeturas, hipótesis y deducciones tan exóticas como que el hecho de que David Sánchez se interesara en Airbnb por un alquiler de larga estancia en Badajoz unas semanas antes de la adjudicación de la plaza ya era un indicio suficiente para colegir que el puesto estaba adjudicado de antemano. Y sin una sola prueba concluyente, ya que no existe correo u orden explícita de amaño o instrucción directa para beneficiar ilícitamente al hermano del presidente.
No existe acusación particular, no hay víctima identificada, la acusación descansa exclusivamente en organizaciones ultraderechistas perfectamente sincronizadas y las declaraciones de los testigos clave niegan que hubiera órdenes de amaño. David Sánchez es, además, un músico formado en el Conservatorio Estatal de San Petersburgo, miembro de la Asociación Española de Directores de Orquesta, dirigió el proyecto Ópera Joven, accedió a un puesto para el que estaba cualificado, pero cometió un delito imperdonable: tener los apellidos Sánchez Pérez-Castejón. Y otro más: buscar un alquiler de larga duración.
¡Acabáramos!
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