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El triste cierre de Casa Julio, centenaria taberna de croquetas en Madrid y famosa por U2, después de fallecer su dueño

Casa Julio, cerrada después de la defunción de su dueño, Luis Torres

Diego Casado

Madrid —

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Las puertas color vino más famosas de la calle Madera permanecen cerradas desde hace semanas. Son las de la centenaria Casa Julio, que no volvió a abrir después de las navidades debido al fallecimiento de su dueño, Luis Torres, tercero de la familia que regentaba el local después de su madre Maite y su abuelo, Julio Gil, el que puso nombre al negocio en 1921.

La muerte de Luis fue comunicada a través del propio Instagram de la taberna a mediados de enero. El anuncio se produjo, casualmente, muy cerca del Día de la Croqueta, ese plato típico de la gastronomía española que se había convertido en bandera de Casa Julio desde hacía décadas. Aunque su fama no llegó por estos bocados esféricos sino por una anécdota que tiene poca relación con la cocina.

Luis Torres, licenciado en Ciencias Políticas de formación, restaurador vocacional y hostelero de profesión por herencia familiar, tuvo el mérito de aprovechar una ilustre y accidental visita a su local para atraer a un publico que acabó convirtiéndose en clientela habitual. El chascarrillo tuvo lugar en el año 2000 y los protagonistas fueron los miembros del grupo U2, por entonces en la cima de la fama internacional. Habían acudido a Madrid para tocar en los Premios Amigo y buscaban localización para una sesión de fotos. Paeando por Malasaña encontraron las puertas de la calle Madera. Y entraron.

Alquilaron el local dos horas pero se acabaron quedando cinco, contaba Luis sobre este momento. Fueron amables con todo el mundo y Bono -en esa época en la que era referente internacional más allá de la música- probó tortilla, jamón, café y una copa de vino. Todo está muy bien narrado en este artículo de El País. El resultado de la sesión quedó plasmado en la imagen que se muestra bajo estas líneas y en las paredes del propio bar, donde Luis colocó un par de instantáneas enmarcadas.

Los miembros de U2, posando en el local de la calle Madera

Por aquel entonces las croquetas que hacía la madre de Luis, Maite Gil, no eran tan populares en Madrid. Pero el local empezó a hacerse conocido entre los jóvenes y no tanto porque había sido visitado por Bono y los suyos, en una época en la que pocas estrellas de este calibre pasaban por la capital de España.

Muchos fueron los famosos nacionales que acudieron allí para buscar lo que había encontrado el grupo irlandés antes que ellos. La lista va desde Javier Bardem hasta Guillermo del Toro, pasando por Santiago Segura o Elena Anaya, estos vecinos del barrio. El que escribe estas palabras tuvo la suerte de probar allí su famoso porrón de zurracapote y también las croquetas, que a mi parecer estaban buenas aunque a la crítica gastronómica de nuestro periódico no le parecieran nada del otro mundo.

El negocio que aparece en las fotos de U2 cambió notablemente. Porque Luis Torres pensó en aprovechar el potencial de la fama que iba cobrando para hacer una pequeña reforma, mudando el aspecto de tasca de pueblo que tenía hasta entonces por otro de mesas de mármol y sillas curvas de madera, más acorde con el aspecto de taberna clásica del centro de Madrid. A las instantáneas de los irlandeses se añadieron las de otros famosos que pasaban por allí: Manolo Tena, Paco Clavel, Irene Escolar, Martín Rivas...

Fue entonces cuando desaparecieron los porrones de zurracapote y las croquetas tomaron el protagonismo: contaban sus responsables que en los mejores tiempos sirvieron hasta 1.200 en un día (espectacular cifra, porque otro de los locales croqueteros del barrio, el Rocablanca, hace 600 cada jornada). Además de las clásicas de jamón había de morcilla con membrillo, de gorgonzola, de setas con puerros o de picadillo, entre otras delicias.

¿Podremos volver a probarlas recordando el legado de Luis? Él se ha marchado para siempre pero todavía está por ver si el cierre de Casa Julio es temporal o definitivo.

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