El agujero olímpico de 100 millones de euros públicos que Almeida olvidó al presentar el megaproyecto del Atlético
Esta semana ha tenido lugar un episodio en Madrid de esos que merece la pena recordar, porque tiene que ver con la memoria. O, más bien, con la desmemoria. El alcalde presentó el nuevo proyecto para el Centro Acuático inacabado de San Blas, que se convertirá en un pabellón para macroconciertos, un polideportivo y un campus para una universidad privada. Junto a él estaban representantes del Atlético de Madrid (gran beneficiado de esta recalificación), OVG y Live Nation, que gestionarán una concesión privada a 75 años de terrenos municipales para construir el complejo.
Nadie habló en el acto del dispendio que supuso el Centro Acuático para las arcas del Ayuntamiento de Madrid. Este proyecto del consistorio que dirigía Alberto Ruiz-Gallardón supuso un gasto de al menos 99,6 millones de euros en un armazón inútil, al que todavía le quedaban otros 91 millones de inversión por pagar cuando se abandonaron sus obras, en el 2010. Nadie pidió perdón tampoco en la presentación por haber malgastado el dinero público, ni durante el acto de esta semana ni antes. Lo podría haber hecho el alcalde, como sucesor y compañero de partido del que metió a la ciudad en este camino a ninguna parte. Hubiera sido lo mínimo ante un acto que socializaba las pérdidas del fracaso olímpico y entregaba el armazón a las empresas privadas para que hagan caja hasta el año 2101, que se dice pronto.
Hoy el Centro Acuático es un lugar que recuerda el vergonzoso periodo en el que Madrid apostaba por construir infraestructuras olímpicas sin tener los Juegos adjudicados, siguiendo el modelo del pelotazo que persiguen este tipo de eventos, siempre con mucho gasto público y beneficios privados, como los de las constructoras (Ortiz y Dragados, en este caso) que fueron las únicas que cobraron por la obra inacabada y que presenta el aspecto de la foto.
El proyecto ha sido cuestionado por la justicia con una sentencia en contra, que veremos dónde acaba y que, de momento, ha hecho desaparecer el hotel de lujo también planificado allí.
Las ciudades se construyen a veces sobre las ruinas de sus anteriores fracasos. La mejor forma de hacerlo es proponiendo proyectos que alcancen y beneficien a todos los ciudadanos, convirtiendo los errores del pasado en oportunidades para el futuro. Pero esto que se levantará junto a la Ciudad del Deporte (otra cesión a 75 años muy cuestionable) es justo lo contrario: contiene una universidad para los que no necesitan pasar por la enseñanza pública y un pabellón de conciertos a precios desorbitados, como la mayoría de las grandes actuaciones musicales que atrae ahora Madrid.
¿He dicho ya que el alcalde es del Atlético? Por si quedaba alguien que no haya unido los puntos de este caso.
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