Republicanos, perseguidos por homosexuales y escritores bohemios: historias secretas en himnos futboleros de Madrid
Un himno es una composición musical pensada para celebrar —normalmente, de forma solemne— algo. Para cantarlo junto con otras personas. Como sucede con los textos legales o las coplas populares, sus autores a menudo se pierden en el olvido. Hoy nos hemos propuesto rescatar varias historias sustanciosas detrás de los libretos de algunos de los himnos de los equipos madrileños o de la vida de sus autores. Lo que pasaba detrás de la música.
Compuso la letra del primer himno del Atleti y también de un himno a la República
Empezaremos —por estricto orden cronológico— por mencionar la curiosa historia del primer himno conocido del Atlético de Madrid, que de aquellas aún era Athletic Club. En 2018, la asociación rojiblanca Los 50 sacó un libro CD llamado Los himnos del Atleti, que recogía la historia musical del club. Algunos se recuperaron tal cual de los discos de pizarra o bobinas originales, otros fueron interpretados fielmente con la voz de aficionados tan profesionales como Pancho Varona, Patxi Andión, Juan Luis Cano, Fernando de Diego o el tenor Israel Lozano.
El primero de los himnos documentados es ¡Adelante, campeones!, compuesto el mismo año que se iniciaba el Campeonato Nacional de Liga, en 1929. Los compositores fueron Salvador Mauri Martínez y Luis García Almozara y fue grabado por la banda del regimiento Badajoz número 73 de Barcelona. El estreno se retrasó por la pérdida de categoría del club después de quedar último clasificado. Pero todo llega. Según se podía leer en Los Himnos del Atleti:
“La tarde del ocho de marzo de 1931, un joven repartía octavillas con la letra del himno en la entrada del campo de Vallecas, antes del comienzo del encuentro de Segunda División que enfrentó al Athletic Club de Madrid contra el Real Murcia, donde se escuchó por primera vez el himno Adelante, campeones. El Athletic consiguió una clamorosa victoria sobre el Murcia por seis goles a uno. Santiago Losada anotó cuatro goles, Buiría y Del Coso los otros dos”.
El país dio un vuelco político al mes siguiente, con la proclamación de la Segunda República el 14 de abril. El autor de comedias, pasodobles y chotis Mauri también abrazó con algarabía el cambio político, o eso se desprende de la composición del Himno republicano español, que compuso junto con el músico Ramón Torralba y cuya grabación se anunciaba en El Heraldo de Madrid al lado de otros himnos afines, como La Marsellesa, La Internacional o el Himno de Riego.
La exitosa historia con comienzo trágico del hombre que cantó los himnos del Madrid y del Atleti
Quién iba a decir que la voz de los que seguramente sean los dos himnos más conocidos del Real Madrid y de su vecino del Manzanares fuera la misma. La de José Jesús Apolinar de Aguilar Granados, popularmente conocido como José de Aguilar, que grabó en 1952 ¡Hala Madrid! —la que le viene a la cabeza al lector— y en 1972 Yo me voy al Manzanares, que él mismo compuso junto a Ángel Currás García.
La de José de Aguilar fue una carrera exitosa en la radio y en los escenarios. Entre los temas que grabó cuentan María Cristina me quiere gobernar o Torito bravo. Asiduo de las salas de moda en Madrid, como el Morocco o Pasapoga, sus comienzos, sin embargo, fueron difíciles.
Aunque era oriundo de Tomelloso, su familia se mudó siendo pequeño a Albacete, donde residían al terminar la guerra y empezó a despuntar en orquestas locales. El cantante murió en el año 2000 y no fue hasta 2013 cuando su amigo Enrique Fernández habló acerca de lo que Aguilar tuvo que pasar en su primera juventud. Escribía entonces su amigo bajo el título A la caza del homosexual:
“Yo recuerdo que en mis años de niño, allá por la mitad de los cuarenta del siglo pasado, en Albacete se organizaban, sistemáticamente, cazas de ”maricones“, como les llamaban entonces, de las que unas veces eran ejecutores los jóvenes camisas azules y otras los soldados del cercano Cuartel de Aviación de los Llanos. Pero unas y otras se limitaban a propinar al desgraciado que caía en sus manos una soberbia paliza y, en algunos casos, a conminarles a abandonar la ciudad, como así hicieron con un gran cantante de la época, José de Aguilar, que más tarde sería buen amigo mío. Junto con él hubieron de salir, también, sus hermanos y la familia al completo”.
Después de pasar por otras ciudades con su familia, recayó en Madrid, donde alcanzó el éxito por su participación en el célebre programa Cabalgata fin de semana, de Bobby Deglané,
En 1952 grabó el primer himno del club merengue, que había sido compuesto por el maestro Merino (letra) y Antonio Villena Sánchez (música). Dos décadas después compondría junto con Ángel Currás aquello tan coreado por el equipo rival de ¡Atleti, Atleti, Atlético de Madrid! Curiosamente, no fue un encargo, sino iniciativa suya, aunque el equipo lo hizo oficial en 1974.
El himno del Rayo cuya letra ¿fue escrita en una servilleta de tertulia bohemia?
El himno del equipo vallecano fue grabado en los estudios Musivox durante la temporada 1952/1953. Sus autores oficiales son el periodista y criminólogo Francisco Hernández Castanedo (autor, por ejemplo, de El Madrid tremebundo) y el músico Rafael Guillén Sánchez. Juntos, compusieron distintas canciones dedicadas a fiestas populares y barrios de Madrid, incluidas un par a Vallecas. Hasta aquí, todo normal.
La nota saltarina de la historia tiene que ver con una presunta bastardía del himno. Según explica la periodista Maite Martín en As, Miguel Rodríguez Alzola, que era por entonces el presidente de la entidad vallecana, dijo que la letra la había escrito en realidad el poeta bohemio Manuel Fernández Sanz.
El escritor era conocido como Manolito El Pollero porque regentaba una pollería familiar en la calle Tetuán. Dicen que gustaba de hacer risas a propósito de ello diciendo que era el único escritor que vivía de la pluma. La leyenda cuenta que solía escribir poemas en servilleta de papel, que luego leía en recitales del café Pombo o el Varela. Solo tiene una obra publicada, que le editó póstumamente su amigo Camilo José Cela, pero comparte lugar en distintas antologías con muchos de los mejores escritores de su tiempo. ¿Cabe pensar que el himno del Rayo se esbozara en una servilleta de los ambientes literarios de Madrid? Quién sabe.
Guillén, que asumimos que sí es a todas luces el autor de la música, tiene también un cruce atlético. En 1953 participó junto con Leonardo García Bastante en la composición de un himno dedicado al Atlético de Madrid por el cincuenta aniversario del club. Se llamó Bodas de oro y fue interpretado en la edición de Los himnos del Atleti por el cantautor Patxi Andión, reconocido aficionado colchonero. Este contaba que su afición al fútbol no estaba bien vista en los tiempos de lucha antifranquista, pero que la mayoría de los compañeros de la clandestinidad eran tan atléticos como él. Andión, por cierto, grabó en los ochenta Vallecas, que no es himno del equipo, pero sí de todo un barrio.
Himnos oficiosos o no natos tiene más el Rayo, desde el que iba a hacer Mago de Oz hace una década –se quedó por el camino– hasta los adoptados por la afición, como el clásico de Ska-P o El Rayo fui yo, de Duro Galván, que caló en las gradas del estadio y terminó de consagrarse en la garganta del queridísimo capitán Óscar Trejo.
Estas son solo las historias que esconden algunos de los himnos del Atlético de Madrid, el Real Madrid y el Rayo Vallecano. Seguramente, podríamos tirar del hilo y encontrar muchas más vidas detrás de las notas y las letras que se cantan en los estadios, de los apellidos que, silenciosos, rubrican sus partituras. Podríamos, pero ¿no son estas ya como para quedarse un buen rato a vivir en ellas?
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