Los ediles fieles a Ortega Smith en Madrid: de la polemista más radical al primer militante de Vox
La expulsión de Javier Ortega Smith, aprobada cautelarmente por el Comité Ejecutivo Nacional del partido ultra el pasado jueves, ha abierto en canal al grupo municipal de Vox en Madrid. La dirección le apartó por “desacatar” la orden de ceder la portavocía del Ayuntamiento a la edil Arantxa Cabello. Ortega Smith desautorizó la reunión y mantuvo sus atribuciones. Carné del partido en mano, se reafirmó este lunes como “portavoz” y aseguró que ni hay mayoría para relevarle dentro del grupo municipal ni tampoco división interna. Este martes, en un pleno donde el Gobierno de José Luis Martínez-Almeida ha confirmado que no tiene potestad para apartar a Ortega Smith de la portavocía sin esa mayoría, el diputado se reiteró en sus cuestionamientos a la cúpula de Vox, a la que acusa de “querer dividirles y entorpecer su labor”. Antes llegó a denunciar una “guerra sucia y difamación repugnante”.
Ortega Smith llegó a la cita flanqueado por los dos ediles que han frustrado los planes de la ejecutiva de Vox, Carla Toscano e Ignacio Ansaldo. El apoyo de ambos ha impedido apartarle y nombrar a Arantxa Cabello, ya que solo ella misma y el veterano Fernando Martínez Vidal (secretario general del grupo) decidieron acatar las órdenes de la formación que comanda Santiago Abascal. Cabello ha reconocido la “fractura” y avanza que “los que no han acatado la orden tendrán que pasar a no adscritos” cuando se confirme su suspensión de militancia, al tiempo que confía en asumir la portavocía “en un mes”.
Pero el proceso no será sencillo. Menos aún conociendo el combativo y agitado historial de los concejales díscolos, sobre todo dos de ellos. Tres perfiles con matices unidos por un denominador común: el progresivo distanciamiento respecto a la cúpula de Vox en general y de Abascal en particular.
Ortega Smith, el secretario general al que aisló Abascal
De padre español y madre argentina, con una familia ligada a las altas esferas de la abogacía española y primo de un alto cargo de la Fundación Francisco Franco, Francisco Javier Ortega Smith-Molina (Madrid, 1968) es uno de los hombres que siempre estuvo ahí. Así lo acreditó en la agitada rueda de prensa del pasado lunes, mientras mostraba a las cámaras su carné de afiliado con el número 006. Durante su juventud ensalzó al falangismo y su salto a la política se produjo después de ejercer de abogado de Santiago Abascal. En el registro del partido en 2013 figura como vicepresidente. Después de ejercer como cabeza de lista por Madrid en varios comicios, en unos tiempos en los que Vox no conocía el éxito electoral, asumió la secretaría general en 2016.
En junio de ese mismo año protagonizó uno de los actos más simbólicos (y esperpénticos) del partido de extrema derecha. Varios de sus miembros desplegaron una enorme bandera de España en una ladera de Gibraltar para reivindicar la soberanía española sobre el peñón. Ortega Smith fue un paso más allá: entró y salió a nado para esquivar la frontera del territorio británico de ultramar.
Diputado en el Congreso desde 2019, fue uno de los artífices de que Vox consumara por aquel entonces su ascenso, aupado por la tensión en Catalunya en pleno juicio al procés. Aquel mismo año fue cabeza de lista del partido en la candidatura al Ayuntamiento de Madrid, compaginando ambos cargos desde entonces. Resultó muy comentado su positivo por covid-19 el 10 de marzo de 2020, dos días después del congreso de Vox celebrado en el Palacio de Vistalegre, donde se dio un baño de masas rodeado de 9.000 simpatizantes. Ortega Smith publicó un vídeo en redes donde mostraba imágenes de su día a día mientras estaba recuperándose del coronavirus recluido en su domicilio, acompañándolo de un mensaje en el que afirmó que sus “anticuerpos españoles luchan contra los malditos virus chinos”.
Pese a hacer gala de patriotismo y defensa del Estado de Derecho, el todavía diputado fue una de las figuras políticas más críticas con la Policía durante las protestas en la sede del PSOE en Ferraz en 2023. Además de llamar “sinvergüenza” al delegado del Gobierno de Madrid, Francisco Martín, por disponer un “desproporcionado y humillante” despliegue policial, pidió que la próxima selección de antidisturbios sea un “poquito más exigente”. “Os vais a quedar con las ganas de hacer detenciones”, llegó a espetar a un grupo de agentes. Varios sindicatos policiales condenaron su actitud.
Respecto a su papel como portavoz en el Ayuntamiento, sin duda el mayor escándalo se produjo con la agresión que cometió en el último pleno de 2023. Al término de una de sus intervenciones, lanzó una botella al portavoz adjunto de Más Madrid, Eduardo Fernández Rubiño, después de acercarse a su asiento y dar un carpetazo, como mostraban las imágenes grabadas de la sesión.
El alcalde José Luis Martínez-Almeida y toda la oposición exigieron su dimisión inmediata, que nunca se materializó. El presidente del pleno, Borja Fanjul, no interrumpió la sesión ni expulsó al edil de Vox y se limitó a darle la palabra para ofrecerle la posibilidad de disculparse. Ortega Smith no solo no lo hizo, sino que negó agresión alguna. “Que se recupere de sus graves lesiones el agredido”, ironizó en la despedida de su comparecencia de prensa, deseando “feliz Navidad”.
Por aquel entonces ya había comenzado la progresiva pero imparable pérdida de poder del otrora hombre fuerte de Vox. El 6 de octubre de 2022, el Comité Ejecutivo Nacional le destituyó como secretario general e Ignacio Garriga asumió su puesto. Poco después, en enero de 2024, fue defenestrado de la vicepresidencia. Entre ambos hechos se produjo el evento que más ha sacudido la orgánica del partido desde su auge, la salida de Iván Espinosa de los Monteros en agosto de 2023. Una marcha que destapó la lucha interna que había por su control entre dos facciones: la más liberal, encarnada por el propio Espinosa de los Monteros, y la ultraconservadora y opusiana dirigida por el eurodiputado Jorge Buxadé.
En 2023, en una entrevista concedida a Europa Press, Ortega Smith advirtió de que Vox “no puede convertirse en una agencia de colocación”. La relación con la dirección terminó de romperse cuando trascendieron informaciones de que se planteaba disputar el liderazgo a Santiago Abascal con una lista alternativa en la Asamblea de 2024, una cita que el líder del partido terminó por adelantar. Abascal lo relegó de la vicepresidencia después de esa cita, pero no lo sacó de la dirección de Vox, que es el paso que la Ejecutiva aprobó en diciembre. Ortega Smith compartía vicepresidencia con Jorge Buxadé y Reyes Romero, y los tres pasaron a ser vocales. Antes, en noviembre, se quedó sin la portavocía adjunta del Congreso. El joven diputado Carlos Hernández Quero le sustituyó y se unió a José María Figaredo y María Ruiz.
Más recientemente, Ortega Smith ha protagonizado episodios que han sido interpretados como provocaciones por la dirección de Vox. Asistió a la presentación del think tank de Espinosa de los Monteros y alegó que “nadie podía molestarse porque fuera a abrazar a un amigo”. Defendió el proyecto y aconsejó a la ejecutiva de Vox “dar ejemplo de ser el partido más abierto”. Además, se dejó ver en la tribuna de autoridades en el desfile militar del 12 de octubre, después de que Abascal rechazara acudir por no coincidir con el Gobierno en actos donde no pueda confrontarlo. Todo ello llevó a su suspensión cautelar de militancia el pasado jueves, un intento de aislamiento final que esta vez se ha visto frustrado. “Las decisiones de la ejecutiva las cumplen el afiliado número seis y el 68.000”, justificó Garriga ante las preguntas de la prensa sobre el arrinconamiento de Ortega Smith.
Carla Toscano, el azote del feminismo y el colectivo LGTBI
Visitar el perfil en X de Carla Toscano (Madrid, 1977) es confrontar las dos realidades en las que Vox se mueve durante los últimos días. De un lado, un exitoso discurso ultra en el que el desprecio al feminismo se da la mano con el ataque a la migración. “Agreden a una mujer con piedras, pero es de Vox. Las feministas callan. Agreden a una mujer y a su hija con sosa cáustica, pero el autor es un marroquí. Las feministas callan. Feministas, dais asco”, expone en el post fijado en su cuenta, con más de 26.000 likes desde su publicación en 2020. Por otro lado, una tensión orgánica que vive en las últimas horas uno de sus episodios más evidentes. Así lo desgrana la propia Toscano en un mensaje más extenso, donde reprocha a la dirección de su partido la “situación absurda e imposible” en la que han dejado al grupo municipal en el Ayuntamiento de Madrid y dice que se siente “mejor sin cargo que sin integridad”.
Toscano, protagonista de algunas de las intervenciones más radicales del partido ultraderechista primero en el Congreso y luego en el pleno de Cibeles, fue expulsada cautelarmente de Vox este lunes después de posicionarse con Ortega Smith. Su distanciamiento con la cúpula del partido viene de lejos. En enero de 2024, después de las renuncias de Iván Espinosa de los Monteros y de Juan Luis Steegmann, decidió dejar su escaño, al que había llegado en mayo de 2019 (con la primera gran irrupción de Vox en unas elecciones generales). Aunque por entonces no explicó los motivos de su renuncia al acta, algunos dirigentes críticos lo vincularon a la decisión de Santiago Abascal de adelantar la Asamblea General de Vox para frenar esa candidatura alternativa a la del líder.
Un revés en un meteórico ascenso con un protagonismo mediático cada vez mayor debido a sus descalificaciones y ataques de corte machista en la tribuna de oradores. El episodio más polémico tuvo lugar en noviembre de 2022, cuando a raíz de la Ley del 'solo sí es sí' se dirigió a la por entonces ministra de Igualdad, Irene Montero, en estos términos: “Hay que tenerla de cemento armado para insultar a profesionales que se han pasado años de su vida estudiando Derecho cuando el único mérito que tiene usted es haber estudiado en profundidad a Pablo Iglesias”. Toscano tachó a Montero de “lo peor que le ha pasado a España” y llegó a decir que actuaba con el fin de “criminalizar a los hombres y violar su presunción de inocencia y abandonar a los niños agredidos, abusados y secuestrados cuando la delincuente es una mujer”.
Fue su controversia más sonada, pero ya en julio de 2019 (apenas dos meses después de estrenarse como parlamentaria) despertó una oleada de críticas por cuestionar en su muy activa cuenta de X que el Ministerio de Sanidad gastase 14.900 euros en una campaña para repartir preservativos en el Orgullo LGBTI de Madrid. “Esto es lo que se hace con nuestro dinero”, lamentó. Sanidad contestó con cifras que daban cuenta del ahorro económico que puede suponer el fomento de la concienciación: el coste medio del tratamiento farmacéutico para hacer frente al VIH es de 6.000 euros al año por paciente. El del ingreso en hospital por enfermedades infecciosas (incluyendo el VIH) que requiera de procedimiento (por ejemplo, diagnóstico) es de 18.532 euros. “Esta cifra por paciente es superior al coste total de empaquetado y compra de lubricante de los 60.000 kits donados”, valoraron desde el ministerio.
Como portavoz adjunta de Vox en Cibeles, donde ejerce de concejala desde el 17 de junio de 2023, no bajó un ápice su tono y volvió a atacar al colectivo LGTBI. Nueve organizaciones presentaron el pasado verano una denuncia ante la Fiscalía contra Toscano por unas declaraciones públicas “cargadas de mensajes de odio, estigmatización y criminalización hacia el colectivo LGTBI+” durante el pleno del pasado 24 de junio. Frases como “la bandera LGTBI representa una ideología destructiva, el totalitarismo, el adoctrinamiento, la corrupción de menores”; “la ideología de género lleva a la pederastia”; “la fiesta del Orgullo va de sexo y de dinero” o “Arcópoli [una de las asociaciones denunciantes] se dedica a hablar de sexo a los niños”.
No es la única ocasión en la que Toscano, licenciada en Derecho, ha visto cómo sus durísimas intervenciones le acarreaban procesos legales. El delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Francisco Martín, presentó una denuncia por daños a su honor en 2024, después de que le llamara “filoetarra” en un pleno. La concejala del partido de ultraderecha reiteró sus palabras ante las quejas de Reyes Maroto, portavoz municipal socialista y compañera de partido de Martín en el PSOE. “Su afinidad con Bildu la expresó el propio delegado del Gobierno en Madrid”, aseguró Toscano.
La portavoz adjunta también ha arremetido contra la Memoria Histórica con aseveraciones sin fundamento histórico. En otro pleno, el de abril del pasado año, afirmó que el Valle de los Caídos [hoy Valle de Cuelgamuros] fue construido por “voluntarios” que cobraban “el mismo salario que los obreros libres”. Negó que se trate de “un monumento franquista”, acusó a la izquierda de “inventarse la historia” y reprochó al PP su “proverbial cobardía” por no apoyar que sea declarado Bien de Interés Cultural.
Toscano se convirtió así en exponente de la traslación de las formas más salvajes de la política nacional a la local, que normalmente tiene un cariz algo más cordial. Pero al pleno ha llevado hasta cuestiones de índole internacional, con ideas cuanto menos inesperadas. Así, en el del pasado octubre propuso que el Ayuntamiento de Madrid dedique una calle o espacio público a Charlie Kirk, el líder ultraderechista que había sido asesinado en EEUU, “preferentemente uno que tenga relación con los jóvenes”. La edil expuso que Kirk y sus virtudes “deberían ser una inspiración para todos” por el “respeto al que no pensaba como él, su pensamiento crítico y la defensa con sus palabras y sus acciones de la libertad de expresión”. “Se caracterizó especialmente por su capacidad de debatir siempre desde el respeto, fue también muy atacado por su defensa del valor sagrado de la vida de la familia y por querer poner a su patria primero, por encima de intereses extranjeros”, glosó al presentar una medida que rechazaron PP, PSOE y Más Madrid. Los populares recordaron que Kirk “ni siquiera pisó Madrid”.
Ignacio Ansaldo, el militante número 1 que devuelve el favor a Ortega Smith
Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, Ignacio Ansaldo cambió en 2019 el verde de su empresa, Jardinería Prado Verde SL, por el de Vox. Ese año asumió el cargo de director nacional Interparlamentario en el partido, aunque su vinculación venía de largo. De hecho, fue uno de los fundadores allá por 2013. Así lo recordaba Ortega Smith el pasado lunes mientras mostraba su propio carné de afiliado con el número 006 y desgranaba los nombres de los primeros afiliados: el número 1, Ignacio Ansaldo; el 2, Julio Utrilla, miembro del comité ejecutivo; el 3, Gonzalo Padrón; el 4, Santiago Abascal y el 5, Ortega Lara.
Claro que ese número 1 tiene truco. Los verdaderos impulsores de Vox se valieron de los empresarios Ansaldo, Utrilla y Padrón para inscribir al partido en el Registro del Partidos del Ministerio del Interior sin que el Gobierno de Mariano Rajoy lo vinculase a figuras próximas al Partido Popular que se habían desligado de la formación. “Fue un movimiento estratégico”, admitió el propio Ansaldo a Vozpópuli. La decisión de prestar su nombre y la dirección de su empresa de jardinería en Alcobendas como primera sede formal de Vox la tomó a instancias de uno de los verdaderos impulsores de este partido, el propio Ortega Smith, al que definió como el “cerebro jurídico” del nuevo partido. “Me lo pidió a principios de noviembre [de 2013] y no lo dudé”, afirma.
El 11 de noviembre de 2013, Ansaldo, Utrilla y Padrón plasmaron su firma en el documento fundacional del partido y en sus primeros estatutos. Dos días después, el primero acudía a las dependencias del Registro de Partidos a presentar la solicitud para legalizar la formación. Abascal, por entonces uno de los rostros más visibles de la nueva formación política, aún no había anunciado su intención de causar baja en el PP. No lo haría hasta el 25 de noviembre con una carta que provocó un pequeño terremoto en Génova 13. Para entonces, el partido aún no estaba inscrito formalmente, ya que el Ministerio del Interior había rechazado la solicitud al considerar que cuatro de los artículos de los estatutos de Vox no cumplían la Ley de Partidos. Ello obligó a los tres empresarios a mantenerse al frente de la formación varias semanas más. De hecho, todos figuran como los máximos responsables de la formación en el segundo documento notarial que Vox presentó el 29 de noviembre para subsanar los errores.
Vox fue inscrito el 17 de diciembre, aunque su existencia no trascendió hasta una rueda de prensa con Abascal y Ortega Lara a la cabeza una semana después. Ese mismo día, a primera hora, Ignacio Anseldo y sus dos amigos habían dejado de ser los dirigentes de la formación. Ellos mismos habían acudido al Ministerio del Interior a entregar un nuevo documento notarial, en este caso para comunicar que cesaban en sus cargos de la Comisión Organizadora Provisional y que eran sustituidos por José Luis González Quirós como presidente, Javier Ortega Smith como vicepresidente e Iván Espinosa de los Monteros como secretario general.
En la carrera profesional de Ansaldo destaca su vinculación con Aymerich Golf Management, club de golf del que ejerció de gerente en los campos de Lisboa y Castellón, antes de convertirse en su director de operaciones en 2007. En 2011 trabajó para su propia compañía de jardinería, hasta que en 2019 (coincidiendo con los primeros avances electorales de Vox) comenzó a dedicarse en exclusiva al partido, que le recompensó por los servicios prestados en los tiempos más austeros de la ultraderecha. Como curiosidad, antes de ese “movimiento estratégico” que le ligó a Vox su única experiencia política había sido aparecer como número cuatro en las listas que el PP presentó en las elecciones municipales de 2011 en la localidad guipuzcoana de Arrasate.
Ansaldo fue Director Nacional Interparlamentario de Vox 2019 a 2020 y Director Nacional Territorial entre 2021 y 2023, cuando concurrió a las elecciones municipales de la capital como número 5 de la formación ultra, siendo el último de los concejales de Vox en conseguir su puesto. En Cibeles ha mantenido un perfil mucho más bajo que el de sus compañeros díscolos, más cercano a las formas poco llamativas de Martínez Vidal y Cabello. Sin embargo, su vínculo con Ortega Smith desde esos primeros tiempos en los cuales le reclutó le ha llevado a cerrar filas a su lado. Una etapa “en la que no había cargos institucionales”, en la que recorrían España “con los coches particulares” y “no había sueldo ni beneficio”, según el portavoz de la ultraderecha en el Ayuntamiento. Unos tiempos austeros a los que está por ver si se verán abocados a regresar ahora que no cuentan con el respaldo orgánico ni económico de la dirección de Vox.
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