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La 'subasta' de palacetes no salva al British Council: primero vendió dos colegios de élite y ahora ofrece su sede en Madrid

Exterior del palacete donde se alberga la sede del British Council en Madrid

Lourdes Barragán

Madrid —
26 de mayo de 2026 21:36 h

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El histórico palacete de la calle Martínez Campos, en Chamberí, ha sido durante décadas una puerta de entrada a Madrid para la cultura británica. Por sus aulas han pasado generaciones de alumnos interesados en mejorar su inglés, tanto jóvenes como adultos, y estudiantes de familias adineradas que veían en la escuela un sello de prestigio. Sin embargo, ahora su imagen simboliza otras cosas: el repliegue del British Council. La institución británica, con proyectos culturales y educativos en todo el mundo, ha puesto en venta su icónica sede madrileña.

El edificio mezcla influencias clásicas y eclécticas. Tiene más de un siglo de historia y su diseño es del arquitecto Antonio Ferreras Posadillo, que lo inauguró a principios del siglo XX. En los años 50 pasó a manos del British Council, quedando grabado su nombre en el friso de la fachada; y ya en los 90 se sometió a una ambiciosa rehabilitación integral. Ahora su precio puede tasarse en millones de euros, lo que supone un gran filón en tiempos de vacas flacas. Recientemente, la cúpula de la institución anunció un plan de recortes que puso en venta sus propiedades y proyectaba una reducción considerable de la plantilla. Necesitaba reducir costes y obtener liquidez para saldar una deuda millonaria con el Gobierno de Reino Unido.

La paralización de su actividad durante la pandemia supuso importantes pérdidas y les abocó a un rescate de la administración británica, que ofreció al British Council un rescate de 250 millones de libras. La venta de esta y otras sedes por el mundo viene a sufragar el préstamo y recuperar fluidez en el negocio, cuyo director ejecutivo (Scott McDonald) ya sugirió en enero de 2025 que, de seguir así, no durarían una década más. McDonald anticipó entonces un plan de recortes, despidos y salidas de hasta 40 países. Los edificios que posean allí se venderán para ganar liquidez, y eso no solo engloba al palacete en Martínez Campos.

Antes de lanzar esta oferta, la entidad cerró otras ventas millonarias en la ciudad: primero la escuela infantil de El Viso y luego otro colegio privado en Somosaguas, una urbanización de lujo en Pozuelo. Claro que, mientras los edificios salen al mercado, la plantilla denuncia un deterioro exprés tanto en sus condiciones laborales como en el propio plan educativo. El viernes pasado, los trabajadores del British Council volvieron a concentrarse frente a la sede de Martínez Campos.

Protestas frente a su sede y poca información sólida

Era la tercera protesta convocada en apenas unas semanas, todas con el objetivo de paralizar los despidos y la entrega de sus edificios más representativos. También exigían “un cambio inmediato en la gestión”, al unísono de otras marchas paralelas convocadas esa misma semana en Italia: la reestructuración prevista estima unos 400 despidos en toda Europa. Los más sangrantes, al sur del continente. Para España se han anunciado unos 60 ceses, de los que el 75% tendrán lugar en centros de Madrid. Los docentes no entrarán en la ecuación: estos despidos solo incluyen al personal ajeno a la enseñanza.

El palacete del British Council en Chamberí

Uno de los departamentos más afectados es el de Customer Service (atención al cliente), además de otras áreas como la de marketing. “De repente desaparece tu puesto del organigrama y te dicen que, para mantener un empleo similar, debes competir con otros compañeros”, cuestiona uno de los trabajadores, amenazado por los despidos. Relata que la dirección del British Council en Chamberí se ha desvinculado de esta decisión, que marca una estrategia empresarial cocinada desde Londres. “A nosotros lo único que nos han recomendado es actualizar el currículum. ¿Qué quieren que ponga, que llevo años trabajando para ellos?”, se pregunta.

Si la venta del edificio en Martínez Campos llega a efectuarse, el BC perdería su última propiedad en la ciudad de Madrid. Este periódico se ha puesto en contacto con representantes de la institución en España, que “por razones de confidencialidad comercial” ha denegado ofrecer detalles sobre el precio de salida para el inmueble. Sin embargo, fuentes de la institución británica aseguran que de momento “no hay ningún comprador confirmado ni se han tomado decisiones definitivas sobre plazos, futuras instalaciones o posibles fórmulas de uso” para el futuro de estas instalaciones“. Aunque dan alguna pista: ”Se siguen considerando distintas opciones, incluidas aquellas que podrían permitir continuar utilizando el inmueble“.

También avanzan su idea de trasladar su sede institucional en Madrid, pero “los detalles se comunicarán cuando estén confirmados”. Así que dan por cerrado el debate sobre si su desaparición de la capital está o no sobre la mesa. “Nuestra presencia en España nunca ha dependido exclusivamente de los edificios que se ocupan. Desarrollamos nuestra labor desde distintas sedes y en diferentes momentos de nuestra evolución institucional, así que la actividad ha ido adaptándose a nuevos contextos y necesidades”, argumentan desde la entidad educativa.

Miedo a la externalización e incertidumbre por los despidos

Aunque el British Council va a recortar en personal y ya ha puesto en venta su palacete de Chamberí, las matriculaciones para el próximo curso siguen abiertas. Pero esto añade otra arista al problema: las familias recibieron un aviso del centro advirtiendo de un posible traslado a mitad de curso, en el caso de que un comprador adquiera el edificio en los meses venideros. “El verano pasado contrataron a una empresa externa para gestionar matriculaciones y el servicio de atención telefónica”, sostiene el empleado, que ha preferido no revelar su nombre para no ser excluido del nuevo organigrama. Afirma haber estado presente en una reunión conjunta con el resto de la plantilla en la que ya se anunció un nuevo rumbo en el modelo de negocio: “Menos personal fijo y más subcontratación en épocas punta”.

Mientras tanto, las visitas de posibles compradores al palacete son ya frecuentes. “Se ve movimiento todos los días, con visitas y potenciales compradores que llegan para hacer fotos”, asegura el trabajador del centro en venta. El complejo combina el palacete histórico, visible desde la calle, con un edificio posterior de aulas modernas levantado hace pocos años. Allí trabajan más de 300 personas y estudian alrededor de 1.000 alumnos al año. “A los padres no les garantizan que el curso que viene vayan a seguir aquí”, denuncia Stuart Anderson, delegado sindical de CCOO y presidente del Comité de Empresa Europeo del organismo.

“El efecto de este giro ya se nota: las matrículas para octubre incluyeron cláusulas advirtiendo que las clases podrían trasladarse a otro edificio, dentro del término municipal”, explica, añadiendo que incluso “se han suprimido algunos grupos que había los sábados por la tarde”. Durante décadas, el British Council funcionó como academia de idiomas a la vez que ejercía de herramienta diplomática para Reino Unido, con una red internacional de enseñanza e intercambios para promocionarse en el exterior. Al ser centros privados o concertados, su arraigo en Madrid ha estado asociado a familias acomodadas o sectores profesionales que buscan acceder al mercado británico. Pero ese modelo está menguando.

Venta de inmuebles para saldar deudas financieras

“La empresa ha vendido muchísimo patrimonio en muy poco tiempo, y aun así nos dicen que no hay dinero”, resume Anderson. Parte de las ganancias han ido a disminuir la deuda millonaria contraída con Downing Street, pero el delegado sindical añade algunos matices: “El problema no es solo el préstamo, sino la manera en la que el Gobierno británico ha tratado al British Council. A muchas empresas las rescataron directamente, pero aquí hubo un préstamo al que siguieron todos estos recortes”. La dirección global del organismo ya anunció el pasado otoño en el Parlamento británico que todos los inmuebles de la institución, tanto en España como otras partes del mundo, estaban en revisión o venta.

La plantilla española observa con preocupación lo que ocurre en otros países europeos. En Italia, el British Council dejará de impartir clases de inglés después de más de 80 años y planea despedir al 80% de los trabajadores. Las protestas frente a la embajada británica en Roma y el consulado de Milán se han convertido en espejo de lo que temen en Madrid. “Llevamos años viendo cierres en otros países”, afirma Anderson. “Han cerrado en Letonia, Estonia, Austria o Croacia. Y el propio CEO llegó a decir que no sabía si el British Council existiría dentro de diez años”. La próxima movilización en Madrid previsiblemente coincidirá con una nueva jornada de huelga convocada por los trabajadores italianos el 4 de junio.

“No vemos ninguna necesidad de hacer tantos despidos”, insiste el delegado de CCOO. “Con menos plantilla empeora el servicio y se destruye una institución que llevaba casi un siglo fomentando relaciones culturales entre países”. Entre los trabajadores, el sentimiento dominante es otro: el de asistir al final de una etapa histórica. “Siempre pensamos que trabajar aquí era estable”, resume el empleado entrevistado: “Era una institución cultural enorme, con prestigio, con historia. Ahora da la sensación de que lo único importante es vender edificios y reducir personas”. Desde el British Council, en declaraciones a Somos Madrid, mantienen que se informará de cualquier decisión “primero a los trabajadores” y a través de sus canales internos. “Entendemos que este tipo de procesos pueden generar inquietud entre las personas afectadas y afrontamos esta etapa con responsabilidad y respeto hacia nuestros equipos”, han zanjado.

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