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¡Salvad Maudes! o cómo la lucha vecinal conservó el 'castillo' de Antonio Palacios en los Cuatro Caminos

Hospital de Maudes

Luis de la Cruz

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Pasar por la calle Raimundo Fernández Villaverde, junto a los Cuatro Caminos, y levantar la mirada al cruzarse con el Hospital de Jornaleros de Maudes es todo una. La original arquitectura del complejo diseñado por los arquitectos Antonio Palacios y Joaquín Otamendi, que se asemeja a una suerte de castillo blanco, no pasa desapercibida la primera vez que uno la ve. Su presencia, sorprendente, no haría sospechar que la hoy Consejería de Obras Públicas, Urbanismo y Transportes estuvo a punto de desaparecer.

El edificio fue abandonado en los años sesenta, después de haber servido de hospital militar. Quedó al desamparo de las inclemencias, como refugio ocasional de gente sin hogar y presa del negocio de chatarreros. La naturaleza había crecido en sus patios sin control, la fundación que tenía su titularidad no lo mantenía y todo parecía indicar que sería presa de la piqueta.

Vista aérea en la que se aprecia la estructura panóptica del complejo

La campaña para salvar el complejo fue llevada a cabo por la Asociación Vecinal Cuatro Caminos-Tetuán y la chamberilana El Organillo. La primera, había nacido en mayo de 1976 y la segunda un poco antes, en septiembre del 75. Ambas, a los dos lados de la calle Raimundo Fernández de Villaverde, unieron fuerzas, convocando concentraciones vecinales, reuniéndose con distintas autoridades públicas y poniendo sobre la mesa, en definitiva, la importancia arquitectónica y el posible uso social de la infraestructura. Especialmente bonita fua una acción que tuvo lugar durante el verano de 1980. Se convocó a los niños de Cuatro Caminos y Chamberí para dibujarlo en plena calle con tizas de colores, llamando así la atención sobre el estado del edificio.

Alfonso vera, un personaje popular de Tetuán, escribió unos versos sobre la campaña que están recogidos en un libro sobre la historia de la asociación tetuanera que se publicó en 2006, con motivo de su treinta cumpleaños:

 “ El caso es que el Hospital / -torres de piedra hacia el cielo- / entre muralla y castillo, / la medicina hecha sueño / de arquitectura por fuera / y de eficacia por dentro, / obra de arte y de ciencia / está que da pena verlo”, decía en una de sus partes, pero se explayaba mucho más sobre la especulación y la desidia cerniéndose sobre las líneas de fantasía del Hospìtal de Jornaleros. Reproducimos el poema completo al final del artículo.

Las dudas sobre el destino del antiguo hospital comenzaron cuando en 1978 la Asociación para la Defensa del Patrimonio Histórico Artístico (Adelpha) señaló la necesidad de escrutar la permuta que la Diputación Provincial preveía hacer con la fundación de las Hermanas de San Vicente de Paul –que regían sus destinos–para convertir el edificio en su sede. Pretendían intercambiar el edificio por una residencia de ancianos de Navalcarnero y 190 millones de pesetas. Pero las circunstancia en las que se había concebido la operación parecían, cuanto menos, extrañas. En ese momento, todos los miembros del patronato que dirigían los destinos del hospital habían fallecidos excepto la madre superiora de las Hermanas de San Vicente de Paul. La operación tuvo enfrente a los grupos municipales de izquierda y al tejido vecinal y asociativo y, finalmente, no se llevó a cabo pese a que se había aprobado en 1974.

Un año después, Adelpha remitió un informe a la Dirección General del Patrimonio Artístico explicando dos vías para que la Administración recuperara gratuitamente el control del hospital. Lo que proponían era darle al edificio una función comunitaria, finalidad que también reclamaron las asociaciones vecinales e, incluso, el Ayuntamiento de Madrid de Tierno Galván. En 1979, el edificio fue declarado Monumento Histórico-Artístico, lo que facilitó –aunque nada lo aseguraba aún–su conservación.

El consistorio pidió al Ministerio de Sanidad que cesara en sus planes de permitir subastarlo y lo dedicara a actividades culturales y comunitarias, e incluso solicitó derecho de tanteo para adquirirlo.

El edificio fue adquirido en 1984 por la recién constituida Comunidad de Madrid para instalar allí la Consejería de Urbanismo. Fue la única entidad que se presentó a la subasta y se lo llevó por 238 millones de pesetas. La Fundación Hospital de San Francisco de Paula para Jornaleros había hecho ya para entonces dos subastas que habían quedado desiertas, bajando notablemente los 400 millones iniciales que pretendía embolsarse la fundación inicialmente.

El edificio, ya rehabilitado, fue inaugurado el 23 de septiembre de 1986 como Consejería de Política Territorial de la Comunidad de Madrid. El coste final de las obras duplicó las estimaciones iniciales.

El proyecto fue coordinado por el arquitecto Andrés Perea Ortega, basándose en un minucioso levantamiento del estado del edificio realizado por Fernando de Castro López-Villarino. La profunda rehabilitación, y conversión del edificio en un complejo funcional, incluyó acabar partes que Palacios no había podido finalizar en su día, restaurar las magníficas cerámicas de Daniel Zuloaga, sus vidrieras o la creación de la Sala de Exposiciones Antonio Palacios.

El peligro de extinción del edificio hay que entenderlo históricamente en un proceso de transición a la democracia en el que los resortes de protección del patrimonio permanecían subdesarrollados. La zona estaba entonces inmersa en un momento de cambio que, por ejemplo, hizo que la piqueta se llevara por delante la colonia de hotelitos de los años treinta –conocida también como Maudes– que rodeaban el edificio, en las calles de Raimundo Fernández Villaverde, Ponzano, Maudes y Alenza.

Un hospital con historia: de la rica benefactora al ejército pasando por La Pasionaria

Hospital de Jornaleros San Francisco de Paula durante la guerra

El Hospital de Jornaleros de San Francisco de Paula –o solo de Maudes– se comenzó a construir en 1906 en el entonces incipiente barrio obrero de Cuatro Caminos. La iniciativa partió de Dolores Romero y Arano, viuda del empresario ferretero Curiel y Blasi, que para llevar a cabo su empresa solidaria creó una sociedad benéfica dedicada a San Francisco de Paula.

Se encargó el proyecto del hospital para obrero a los entonces jóvenes Antonio Palacios y a Joaquín Otamendi, que dejarían huella en la barriada también por su relación con la Compañía Madrileña Urbanizadora. Creada por los hermanos Otamendi, compró los terrenos de la zona de Reina Victoria y los construyó en paralelo con la primera estación de metro en Cuatro Caminos. En la ciudad de Madrid también dejarían una importante obra, que durante esos mismos años se concretaría en la construcción del Palacio de Comunicaciones en Cibeles –actual ayuntamiento– cuyas líneas pétreas guardan evidentes similitudes con las de Maudes. En en 1916, concluyeron las obras del hospital, que comenzó a funcionar bajo la dirección de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

Durante la guerra el Hospital Obrero de Maudes, como se lo conocía, fue incautado por el Socorro Rojo Internacional y dirigido por el doctor Rafaél Argüelles López. A su órdenes, cuidaron enfermos mujeres conocidas como Tina Modotti, Matilde Landa, la enfermera inglesa Mary Bingham Urquidi o la cubana María Luisa Lafita, que asistió allí a La pasionaria.

En la posguerra fue acondicionado como hospital militar y entra en decadencia poco a poco, siendo abandonado, como explicamos más arriba a finales de los años sesenta.

En 2016 se celebró el centenario del Hospital de Jornaleros de Maudes y durante los años 2024 y 2025 (150 aniversario de su nacimiento y 80 de su muerte) se han celebrado distintos fastos alrededor de Antonio Palacios como gran arquitecto de la ciudad de Madrid. Hoy, el original edificio de Maudes sigue en pie gracias al esfuerzo de asociaciones vecinales y por la protección del patrimonio, que la salvaron del abandono y la posible venta privada.

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