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Las causas y tratamiento para el síndrome de piernas inquietas: “Es una enfermedad muy prevalente pero muy poco valorada”

La principal consecuencia y la más devastadora es que el síndrome de piernas inquietas no permite dormir.

Darío Pescador

18 de febrero de 2026 22:24 h

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Es difícil de explicar para quien no lo ha experimentado. Te acuestas en la cama después de un largo día, dispuesto a dormir, pero, tras apenas unos minutos, es imposible estar quieto. Es una sensación profunda, molesta, como un hormigueo interno o una corriente eléctrica, que solo se alivia moviendo las piernas. Das la vuelta, intentas no moverte, pero la sensación es insoportable, y se hace aún más intensa al reprimir el movimiento. 

El síndrome de piernas inquietas (SPI), también conocido como enfermedad de Willis-Ekbom, es un trastorno neurológico sensoriomotor crónico. Es decir, afecta a los nervios, tanto a los que transmiten sensaciones como a los que hacen que se muevan los músculos. Se caracteriza por una urgencia irresistible de mover las extremidades, generalmente las piernas, acompañada o causada por sensaciones desagradables y profundas, pero difíciles de explicar que se describen a veces como pesadez, irritación o incluso dolor. 

“Es una enfermedad muy prevalente pero muy poco valorada. Incluso el nombre parece que es algo banal, como un chiste”, dice la neuróloga Laura Lillo. “Pero hay muchas personas que lo pasan muy, muy mal. Y no solo es que no duermen, sino que no pueden ir al cine, al teatro o a cenar fuera porque tienen que estar de pie o levantarse. No pueden hacer un viaje en avión, y necesitan a veces un informe que les permitan sentarse en el pasillo para levantarse si lo necesitan”, explica.

Los síntomas “suelen aparecer por la tarde o durante la noche, por lo que frecuentemente generan dificultad para conciliar el sueño, mantenerlo o volver a dormirse”, explica la doctora Anna Sansalvador Millet, médico especialista en sueño de AdSalutem. “Además, muchos pacientes con SPI presentan movimientos periódicos de las piernas durante el sueño, lo que contribuye a la interrupción del sueño y a síntomas de insomnio”.

Es una enfermedad muy prevalente pero muy poco valorada. Incluso el nombre parece que es algo banal

Laura Lillo neuróloga

El síndrome de piernas inquietas en el cerebro

Los síntomas siguen un patrón circadiano: son inexistentes o leves por la mañana, pero aumentan al final del día y durante la noche, especialmente en periodos de reposo como estar sentado o acostado. Las personas que lo padecen solo encuentran alivio si se mueven; al caminar, estirar o frotarse. Levantarse de la cama, ponerse de pie e incluso hacer flexiones también son formas de encontrar alivio, pero este suele ser temporal y la sensación desagradable vuelve.

La causa última del esta dolencia no se comprende completamente, pero los datos apuntan al cerebro. En concreto el sistema dopaminérgico del sistema nervioso central. La dopamina es un neurotransmisor con muchas funciones, entre ellas la motora. Los temblores de las personas que sufren Parkinson se deben, precisamente, a que les falta dopamina.

Detrás puede haber una mala absorción del hierro en las neuronas. El hierro actúa como cofactor para la producción de dopamina. Si hay niveles bajos de hierro en el cerebro, incluso cuando los análisis de sangre dan niveles normales, falla el circuito y se desencadenan los síntomas. “El traspaso de la sangre al cerebro a través de la barrera hematoencefálica está alterado y el hierro no alcanza bien al sistema nervioso central”, añade la doctora Lillo.

Muchos paciente con SPI presentan movimientos periódicos de las piernas durante el sueño, lo que contribuye a la interrupción del sueño y a síntomas de insomnio

Anna Sansalvador Millet médico especialista en sueño

El tratamiento habitual eran agonistas dopaminérgicos, es decir, fármacos que aumentaran los niveles de dopamina. “Han sido la base del tratamiento para esta enfermedad durante décadas, era lo único que se conocía”, confirma la doctora Lillo. “Pero hoy sabemos que el tratamiento con estos fármacos empeora la enfermedad y hace que los síntomas aparezcan antes y se difundan a otras partes del cuerpo, no solo a las piernas sino al tronco o a los brazos”, aclara.

El tratamiento actual es muy diferente. “Actualmente, el tratamiento son gabapentinoides, como gabapentina o pregabalina, que son antiepilépticos, que inicialmente fueron diseñados para epilepsias y después utilizados para el dolor, pero son eficaces y seguros en el síndrome de piernas inquietas”, explica la doctora Lillo. 

Qué hacer frente al síndrome de piernas inquietas

El diagnóstico del SPI no es sencillo. Hay que descartar que haya otras enfermedades o dolencias, como calambres, artritis o neuropatías. No existe una prueba única para diagnosticar el SPI. El diagnóstico se basa en una entrevista clínica muy minuciosa donde el paciente describe los síntomas y se comparan con su historia médica y familiar, además de un examen físico para descartar otras causas.

Los profesionales distinguen entre dos tipos principales: el SPI primario o idiopático, que suele tener un fuerte componente genético, ya que entre el 50% y el 60% de los pacientes tienen un familiar de primer grado que también lo padece, y el SPI secundario, que aparece como consecuencia de otra enfermedad o tratamiento.

Los profesionales distinguen entre dos tipos principales: el SPI primario o idiopático, que suele tener un fuerte componente genético, ya que entre el 50% y el 60% de los pacientes tienen un familiar de primer grado que también lo padece

Entre estas posibles asociaciones puede estar una deficiencia de hierro (con o sin anemia), algo muy común en embarazadas a partir del tercer trimestre, que precisamente tienen mayor riesgo de padecer el síndrome de piernas inquietas. Las enfermedades renales, sobre todo en pacientes con diálisis, las neuropatías y los medicamentos como antidepresivos, antihistamínicos y fármacos antipsicóticos también pueden dispararlo.

La suplementación con hierro es un punto de partida, pero hay que establecer los niveles en sangre y a veces se requieren intervenciones clínicas como el hierro intravenoso. Un gran problema es la interacción de otros medicamentos habituales que también afectan al circuito de la dopamina: “Casi todos los antidepresivos, los neurolépticos, algunos betabloqueantes antihipertensivos, tratamientos contra las náuseas y vómitos, como el Primperán, y algunos compuestos comunes, como los antigripales, que contienen antihistamínicos sedantes que pueden empeorar el síndrome”, advierte la doctora Lillo.

Las piernas inquietas y el sueño

El síndrome de piernas inquietas es mucho más común de lo que se piensa. Un metaanálisis global reciente estima que afecta a aproximadamente 356 millones de adultos entre 20 y 79 años, el 8% de la población mundial, aunque solo el 2 o 3% son casos severos. Es más frecuente en mujeres y su prevalencia aumenta con la edad.

La principal consecuencia y la más devastadora es que el síndrome de piernas inquietas no permite dormir. La necesidad de mover las piernas retrasa constantemente impide conciliar el sueño, y además, hasta el 80% de los pacientes con SPI experimentan movimientos periódicos de las piernas durante el sueño en forma de sacudidas involuntarias y rítmicas que fragmentan el sueño, aunque el paciente no sea consciente de ellas. 

“El SPI es una causa frecuente pero infradiagnosticada de alteraciones del sueño. Los pacientes suelen presentar síntomas como dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos y sueño no reparador, atribuyéndolos fácilmente a ansiedad o estrés, lo que complica el diagnóstico y retrasa el tratamiento”, aclara la doctora Sansalvador. “A menudo estos pacientes consultan por insomnio sin asociarlo con las sensaciones en las piernas, lo que puede llevar a iniciar medicaciones para la ansiedad o el insomnio a pesar del riesgo de tolerancia y dependencia de estos fármacos”, añade.

A menudo estos pacientes consultan por insomnio sin asociarlo con las sensaciones en las piernas, lo que puede llevar a iniciar medicaciones para la ansiedad o el insomnio a pesar del riesgo de tolerancia y dependencia de estos fármacos

Anna Sansalvador Millet médico especialista en sueño

Esta relación es tan estrecha que en entornos donde los trastornos del sueño son frecuentes, como las clínicas psiquiátricas, los casos de SPI se disparan. Un estudio de 2024 encontró que el 41,2% de los pacientes psiquiátricos padecía SPI, y estos presentaban una latencia de sueño (tiempo en dormirse) mucho mayor y una eficiencia del sueño mucho peor que los pacientes sin SPI. 

El síndrome de piernas inquietas lleva habitualmente al insomnio, y también a un aumento de los síntomas de depresión y ansiedad. Pero esto no quiere decir que el insomnio o los trastornos psiquiátricos sean causa del SPI: “Los mecanismos implicados son diferentes”, corrobora la doctora Lillo.

Además del tratamiento farmacológico, los especialistas recomiendan abordar también los factores del estilo de vida que pueden agravarlo. “Las medidas no farmacológicas para disminuir los síntomas de SPI incluyen una buena higiene de sueño, evitar estimulantes o hábitos tóxicos como el tabaco o el alcohol, realizar ejercicio regular (entrenamiento de resistencia o caminatas), evitar la inmovilidad prolongada, baños tibios o estiramientos antes de dormir. Además, optimizar comorbilidades como insuficiencia renal o apnea obstructiva del sueño también puede reducir los síntomas”, recomienda la doctora Sansalvador.

La dificultad para explicar los síntomas del síndrome de piernas inquietas hace más difícil considerar este problema como una verdadera enfermedad en lugar de una molestia anecdótica. La buena noticia es que hay tratamientos eficaces. Un análisis de sangre y la entrevista clínica permitirán al especialista dar un diagnóstico y recetar los fármacos que permitan recuperar la calidad de vida y mejorar la calidad del sueño.

Darío Pescador es editor y director de la Revista Quo y autor del libro Tu mejor yo.

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