Todos conocemos bien desde la escuela la importancia del corazón (y de que no se pare). Este músculo bombea sangre de forma incansable, todos los días, minutos y segundos de nuestra vida, para que nutra y oxigene hasta la última célula del cuerpo. Pero a veces nos olvidamos de otra realidad que nos acompaña: la fuerza de la gravedad. Si todo tiende a caer hacia abajo, ¿cómo es que la sangre no se nos acumula en los pies? Afortunadamente, el cuerpo tiene una solución: un 'segundo corazón'.
El retorno venoso y el viaje cuesta arriba de la sangre
En realidad el segundo corazón no es un órgano extra, sino una función que ejercen los músculos de nuestras pantorrillas, sobre todo los gemelos y sóleos. Cuando la sangre arterial llega a los capilares de los dedos de los pies, ya ha cumplido su misión de entregar oxígeno y nutrientes a las células. Entonces llega el momento de que las venas envíen esa sangre de vuelta al corazón. Pero este viaje de más de un metro, debido a la fuerza de gravedad, es cuesta arriba.
Afortunadamente, el sistema venoso de las piernas no está compuesto de simples tubos. Hay dos elementos que hacen este trabajo de retorno más sencillo para el corazón. Por un lado, las venas tienen válvulas de un solo sentido a lo largo de su recorrido, que solo se abren en dirección al corazón. Es decir, permiten que la sangre suba, pero impiden que retroceda.
Además, está la bomba muscular, el 'segundo corazón'. Las venas profundas de las piernas se encuentran incrustadas entre los músculos de la pantorrilla. “Tenemos un músculo muy potente en la pierna en la parte posterior, que es el gemelo”, explica la doctora Samar Elgeadi, especializada en hipertensión y responsable de medicina interna en Clínica Elgeadi. “Cuanto más caminamos, más fortalecemos ese músculo, y esa presión que hace el músculo cuando se contrae ayuda a empujar la sangre que se pueda quedar estancada o ralentizada en las piernas, sobre todo cuando estamos de pie o nos sentamos con las piernas cruzadas”, añade.
Combinado con las válvulas, este mecanismo de bombeo mecánico es muy eficiente para vencer a la gravedad. Al menos, hasta que falla.
El sedentarismo y el riesgo para la circulación
Cuando no nos movemos, el sistema de bombeo de las piernas se paraliza. Las válvulas tienen que soportar la presión de una columna continua de sangre (presión hidrostática), que, a la larga, termina debilitando las paredes venosas y haciendo que las válvulas se 'aflojen' y fallen. Es el inicio de un círculo vicioso.
Cuanto más caminamos, más fortalecemos ese músculo [el gemelo], y esa presión que hace el músculo cuando se contrae ayuda a empujar la sangre que se pueda quedar estancada o ralentizada en las piernas
Un retorno venoso deficiente es un problema médico que empeora progresivamente y dificulta caminar, precisamente la actividad que podría prevenirlo. La primera señal de alarma suelen ser las llamadas arañas vasculares, finas líneas rojas o moradas. Si el problema avanza, aparecen las venas varicosas: venas dilatadas y abultadas que suelen causar pesadez, dolor, picor y calambres.
“La gente suele empezar con varices, con pesadez de piernas, con edema, con dolor”, explica el investigador del Servicio de Salud de Madrid Borja Herraiz Ahijado. “El estadio final es la úlcera venosa crónica. Son heridas que pueden tardar años en curarse. Estas úlceras suelen ser muy dolorosas. También está la lipodermatoesclerosis, que es un cambio de pigmentación en la piel que se vuelve oscura. Son heridas que exudan, y todo eso afecta a la calidad de vida de los pacientes”, añade.
Herraiz es el autor principal de un estudio controlado en pacientes hospitalarios, que son quienes sufren estas ulceraciones con mayor frecuencia. El tratamiento de las dolencias venosas suele empezar con medias de compresión, que ayuden con el retorno. “Sobre todo para pacientes que están mucho tiempo sentados o mucho tiempo de pie estáticos, que es mortal para para este tipo de patología”, explica el investigador.
Pero para los pacientes hospitalarios el equipo de Herraiz preparó una intervención diferente: caminar. Los pacientes tenían que seguir un programa de ejercicio y caminar a diario, algo que denominaron “piernas activas”. A los tres meses, tres cuartas partes de los pacientes que caminaban se habían curado por completo, por delante de quienes no caminaron.
Caminar para activar el 'segundo corazón'
“Para la gente que está empezando a tener descontrol de la tensión arterial, el pasear de forma habitual puede hacer bajar la tensión entre cinco y diez milímetros de mercurio, que no es una tontería, porque muchas veces hay que dar medicación para llegar a estos ajustes de tensión”, explica la doctora Elgeadi.
La receta es sencilla, y los ensayos corroboran su eficacia. Un estudio aleatorio y controlado de 2021 encontró que un programa de ejercicio aeróbico, de fuerza y estiramientos mejoraba los resultados en los pacientes insuficiencia venosa crónica, comparado con usar solo terapia de compresión. Al revisar los distintos tipos de ejercicio y su frecuencia se vio que caminar o caminar en una cinta dos o tres veces por semana entre 20 y 40 minutos era una dosis eficaz para producir efectos beneficiosos.
Para la gente que está empezando a tener descontrol de la tensión arterial, el pasear de forma habitual puede hacer bajar la tensión entre cinco y diez milímetros de mercurio
Aunque el sedentarismo es el gran problema, otras dolencias cardiovasculares están muy relacionadas con la insuficiencia venosa. “Sobre todo la obesidad y la hipertensión”, aclara Herraiz. “Si ya hay una hipertensión de base, hay mayor dificultad para que la sangre suba. La gente con obesidad tiene un mayor diámetro abdominal y eso produce una presión que evita el retorno de la sangre, como también ocurre en los embarazos”, añade.
A su vez, un mal retorno venoso puede traer otros problemas. La trombosis venosa profunda es la formación de un coágulo de sangre en una vena profunda, generalmente en la pierna, asociado al síndrome de la clase turista. Un coágulo que se desprenda puede viajar hasta los pulmones y causar una embolia pulmonar, una emergencia médica potencialmente mortal.
“Se recomienda que por lo menos por cada hora de estar sentado, hay que levantarse y dar una pequeña caminata antes de volverse a sentar”, aconseja Herraiz. “Estar más de dos horas sentado es malo para las piernas”, afirma.
Por cada hora de estar sentado, hay que levantarse y dar una pequeña caminata antes de volverse a sentar. Estar más de dos horas sentado es malo para las piernas
“No sirve el paseo para ver escaparates”, advierte la doctora Elgeadi. “Tiene que ser un paseo a paso ligero y continuo, que tú lo notes, e incluso que sudes un poco. A las personas que tienen varices y que no quieren o no tienen aún que operarse, les recomendamos caminar. Incluso las personas jóvenes que están en cifras límite de azúcar, colesterol o hipertensión, caminar bien entre media hora y una hora diaria podría mejorar esas cifras y ahorrarles las pastillas, que al final tienen efectos secundarios”, aclara la especialista.
Caminar es, pues, la medicina preventiva más accesible y barata para activar el 'segundo corazón' y evitar los problemas venosos. Además de evitar pasar demasiado tiempo sentados, podemos incluir caminatas, por ejemplo, para volver a casa, o pequeños trucos para activar los gemelos, poniéndonos de puntillas en casa o mientras esperamos de pie.
“Nuestro sistema venoso es casi perfecto, pero no está hecho para esta vida tan sedentaria”, sentencia Herraiz. “Queremos que nos traigan la compra a casa, tener el coche en la puerta. Yo creo que dentro de diez años esto va a ser mucho peor, porque la gente cada vez se mueve menos”, lamenta el investigador.
Darío Pescador es editor y director de la Revista Quo y autor del libro Tu mejor yo.
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