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El público de Rufián y Delgado pide a la izquierda que se una: “Me ilusiona que se junten para frenar al PP y a Vox”

José Enrique Monrosi / Lourdes Jiménez

18 de febrero de 2026 22:11 h

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El acto de Gabriel Rufián y Emilio Delgado no solo ambientó este miércoles la discusión política de la izquierda, también la rutina de un miércoles por la tarde en el céntrico barrio madrileño de Arapiles, en Chamberí. La salida del colegio y del trabajo se mezcló con la cola para entrar al evento, que sobre las 18.30 horas ya iba más allá de la calle Galileo y se perdía a lo lejos, tras torcer la esquina de la calle Cea Bermúdez. Había gente joven, pero la mayor parte de asistentes era de profesión jubilada. Algunos vinieron de fuera de Madrid. Muchos ni siquiera tenían entrada.

“Vengo a ver qué nos presenta el señor Rufián. A mí me encantaría que las izquierdas nos uniéramos de una vez, porque pienso que vamos a ser más que los otros”, contaba María Luisa, de 76 años, jubilada y votante de Izquierda Unida. “Si se presentase Rufián, yo lo votaría aunque sea catalán”. Unos metros más adelante de la cola, el llamamiento era el mismo: la unidad de la izquierda que creen que subyace en el trasfondo de este acto. “A mí me ilusiona que se junten todos. No es que esté desmovilizada, pero como veo que vienen fuerte los ultras, pues a mí lo que me gustaría es que las izquierdas hablaran entre ellas”, explicaba Conchi, de 79 años, también jubilada.

Un par de metros detrás de Conchi, también en la fila, estaba Lucía. Tiene 23 años, estudia psicología y lo que quiere son respuestas sobre el problema que tiene para pagar una habitación en el piso que comparte. “Me preocupa mucho el auge de la extrema derecha. Soy estudiante, estoy compartiendo piso, la vivienda está imposible, la sanidad también, el trabajo igual. Creo que se retrata sola la situación”.

Al acto acudió gente que votó siempre a Izquierda Unida, Podemos o Sumar. Y había desencantados de todos los colores y partidos. “Yo lo que quiero ahora es que vayan todos juntos, todos juntos. Que hagan todos una piña y no que cada uno vaya por su lado. Y yo creo que eso puede ocurrir”, exponía Francisco, de 72 años y también jubilado.

Aunque mucha gente se quedó en la puerta esperando que Rufián y Delgado saliesen a saludar a los que no habían conseguido entrar, el acto arrancó dentro con una sala con capacidad para 500 personas completamente abarrotada. Afuera se quedaba también uno de los agitadores ultraderechistas dedicados a acosar a políticos y comunicadores de izquierda, que esta vez ni siquiera se atrevió a acercarse a la puerta de la sala y fue abucheado e invitado por los asistentes a abandonar el lugar.

El discurso y la estrategia

Durante la charla, el diputado de Más Madrid y el portavoz de ERC parecieron tener bien repartidos los papeles. El madrileño habló de cambiar el discurso de la izquierda para llegar a más gente, para “interpelar a los de fuera”. Una tesis que recuerda al Podemos primigenio y que en los últimos días le costó algún tropezón al trazar nuevas estrategias sobre temas como el feminismo, los derechos LGTBIQ+ o la inmigración. El político independentista, en cambio, puso todo el foco en la unidad.

“O nos ponemos de acuerdo o nos vamos al carajo. Porque lo que viene no es lo de siempre, no viene la alternancia sana. Vienen los salvajes”. Ese discurso, el de la unidad de la izquierda que demanda la calle, fue el más aplaudido de los que pronunció Rufián, que no esquivó que su aspiración política continúa siendo la autodeterminación y la independencia de Catalunya. “El derecho a la autodeterminación y a las condiciones materiales dignas son sagrados”. Esta última frase apenas la aplaudieron dos de los quinientos asistentes.

Durante algún momento del acto se produjo algo parecido a una discusión política entre Rufián y Delgado en la que los protagonistas no estaban de acuerdo con las aseveraciones de su compañero de charla. “Yo no aspiro a gobernar este país, aspiro a que se gobierne bien mientras conseguimos lo que todo el mundo sabe, la independencia de Catalunya”, dijo Rufián. “Pues yo no renunciaría a hacerlo. Creo que la izquierda tiene que ser capaz de salir ahí fuera y aglutinar la fuerza suficiente como para aspirar a ello. Una vez estuvimos a punto”, replicó Delgado en referencia al impulso inicial de Podemos. También hubo discrepancias en la unidad de la izquierda como tótem político, la bandera que enarbola el portavoz de Esquerra y de la que en realidad recela un poco el diputado de Más Madrid.

Antes de que se cumplieran las dos horas de acto, Sarah Santaolalla, presentadora del evento, anunció que debía abandonarse la sala Galileo Galilei, un mítico local madrileño, porque tenía programado a las nueve en punto de la noche un concierto de jazz. De camino a la salida, una de las asistentes, con pañuelo palestino al cuello y una chapa de la bandera republicana sobre su chaqueta, empezaba a organizar la agenda política que se avecina con la asistencia de su grupo de amigas al otro acto de la izquierda, el del sábado de Sumar en el Círculo de Bellas Artes. “A ese tenemos que ir muy tempranito porque aquella sala es más pequeña”. Y entre aplausos y selfies Rufián y Delgado se marcharon con su música a otra parte y con la sensación, a la vista de la reacción de sus propios partidos, de ser por ahora algo más parecido a unos solistas que a los integrantes o directores de un coro.

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