La denuncia contra el jefe de la Policía evidencia la doble vara de medir del PP frente al abuso sexual
El 'número dos' de la Policía Nacional dimitió este martes minutos después de hacerse pública una querella contra él de una subordinada que le acusa de agresión sexual, entre otros delitos. El Ministerio del Interior reclamó la renuncia de José Ángel González casi a la vez que el vicesecretario de Igualdad del PP, Jaime de los Santos, exigía su cese. Unas horas después, durante la sesión de control al Gobierno, el partido de Alberto Núñez Feijóo elevó el tiro y pidió la destitución del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, como supuesto encubridor.
La reacción del PP fue la habitual ante un escándalo sexual de un rival político. Feijóo y su partido no muestran nunca compasión cuando pueden dar a la izquierda en uno de sus puntos débiles: el machismo dentro de sus partidos o las instituciones que dirigen. Así ocurrió con Francisco Salazar, Íñigo Errejón o Juan Carlos Monedero, por poner tres ejemplos muy mediáticos.
Pero el PP usa una vara de medir muy distinta para los suyos. Y uno de los ejemplos más claros y recientes es el del alcalde de Móstoles, Manuel Bautista, acusado por quien fuera su 'número dos' en el Ayuntamiento hasta que una supuesta negativa a una relación sentimental derivó en un acoso laboral que fue tapado tanto por el partido de Isabel Díaz Ayuso como por la dirección nacional.
Cuando elDiario.es desveló las denuncias por acoso sexual contra Salazar, la reacción del PSOE fue inmediata. El asesor de Pedro Sánchez en la Moncloa iba a ser designado como adjunto a la secretaria de Organización, Rebeca Torró, tras la salida de Santos Cerdán, señalado por la investigación judicial sobre la supuesta corrupción del Gobierno. Salazar renunció a sus cargos orgánicos y públicos y se marchó a su casa, pese a defender su inocencia y a la ausencia de una denuncia judicial firme. Algo que el PP no consideró necesario. “Es un guarro, y un guarro no puede ser asesor de cabecera del presidente”, dijo Feijóo del ya exdirigente del PSOE. En la comisión de investigación del Senado que investiga el llamado 'caso Koldo', el PP interrogó a Salazar no solo para averiguar su posible implicación en la trama, sino también para atacarle a él y al partido por las denuncias contra él. De hecho, Salazar fue uno de los elementos de la reciente campaña electoral en Aragón.
Ocurrió lo mismo cuando una serie de denuncias anónimas llevaron a dimitir al que era portavoz parlamentario de Sumar, Íñigo Errejón. Su partido aseguró que había reconocido los hechos y abandonó la vida pública. También ha sido denunciado por la actriz Elisa Mouliá por una supuesta agresión que está a punto de ser juzgada. Pero ni la dimisión ni el abandono de la vida pública fueron suficientes para el PP, que arroja de forma habitual contra la izquierda en su conjunto la figura de Errejón, como lo hacen con Salazar o con Juan Carlos Monedero, también señalado por acoso sexual y que ha dado un paso atrás en su presencia mediática o política.
Son solo tres casos, quizá los más mediáticos, que han golpeado a la izquierda en los últimos meses y que han sido utilizados por la derecha para intentar desactivar una de sus principales banderas: el feminismo. En las elecciones del 23 de julio fue precisamente el voto de las mujeres el que decantó el Gobierno del lado progresista.
De perfil ante sus propias denuncias
La actitud del PP es muy diferente ante las denuncias sobre sus dirigentes. No es una novedad, ni tampoco ha sido algo exclusivo en el pasado. Pero sí ha protagonizado alguno de los casos más sonados y con más relevancia tras la restauración de la democracia.
Fue precisamente una concejala de Ponferrada (León), Nevenka Fernández, una de las primeras mujeres que rompió el miedo a denunciar a un hombre poderoso dentro de su partido, el entonces alcalde, Ismael Álvarez. El 'caso Nevenka', del que se han escrito libros y filmado muchos documentales, fue la historia de una mujer contra un sistema y un pueblo que prefirió defenderle a él. También su partido optó por darle la espalda. Ella aguantó, llegó a los tribunales. Y ganó.
25 años después, otra concejala ha vuelto a denunciar a un alcalde. En este caso, al regidor de Móstoles, Manuel Bautista. El PP dio carpetazo a una breve investigación interna y ha mantenido en su cargo a Bautista, y la mujer ha acudido a los juzgados, donde ha presentado una querella. Ella dimitió cuando se produjeron los hechos. Ahora una trabajadora municipal ha dimitido por la “veracidad” de los hechos denunciados, pendientes todavía de ser admitidos a trámite por un juzgado.
El PP aplica a sus militantes todas las cautelas judiciales. El propio Feijóo aseguró sobre la denunciante de Bautista que tenía “el derecho y el deber” de denunciarlo formalmente, como ha hecho. Algo que el líder de la oposición no ha reclamado en los casos que señalan a otros partidos.
Tanto Ayuso como Feijóo se han echado uno a otro la responsabilidad sobre Bautista. La realidad es que el PP de Madrid no hizo una investigación formal y conminó en privado a la concejala a no denunciar ante los tribunales, mientras en público hizo todo lo contrario. Fue por boca del secretario general, Alfonso Serrano, quien en una rueda de prensa le espetó a un periodista que le preguntó por el alcalde de Móstoles: “Y tú, ¿cómo ligas?”.
El Comité de Garantías estatal del PP sí hizo una breve pesquisa. Con la denunciante solo se comunicó por correo electrónico, mientras con Bautista se produjo una entrevista personal. La decisión fue darle carpetazo al asunto. Bautista sigue en su cargo. En el PP defienden que no hay comparación posible entre los casos del dimitido DAO de la policía y de Bautista, y aseguran que la equiparación de ambos casos tiene como objetivo “empatar” en el relato de culpas.
Feijóo acusó este miércoles a Marlaska de tapar la presunta agresión y por eso reclamó su dimisión. “El gran argumento del Gobierno para justificar que un presunto violador estuviera al frente de la Policía Nacional es que se enteraron ayer”, escribió a primera hora de la mañana en Twitter. “Ayer, con una querella presentada el 9 de enero, hace más de un mes, y sobre una agresión del 23 de abril del año pasado”, aseguró. “Más allá de que no hay quien se lo crea, ¿de verdad pretende que aceptemos que todo un ministro de Interior no tiene ni idea de que su cúpula policial comete y encubre delitos?”, concluyó.
En el PP se preguntan cómo es posible que Marlaska no supiera nada y que Asuntos Internos no investigara la supuesta relación que ambos mantenían. Pero este mismo martes ha trascendido la denuncia por violencia machista contra el jefe de la Policía Local de Alcalá de Henares, donde gobierna el PP, quien sigue en su cargo.
De Julio Iglesias a Plácido Domingo
El PP extiende su particular ley del embudo más allá de sus propias siglas. Si alguna persona famosa o reconocida es denunciada, dependerá de su 'pedigrí' ideológico que reciba el apoyo o no de la derecha. El caso de Julio Iglesias, desvelado en exclusiva por elDiario.es, es paradigmático. Isabel Díaz Ayuso salió inmediatamente en su defensa. También Alberto Núñez Feijóo, quien se declaró en el pasado amigo del cantante.
“No nos prestamos al linchamiento”, dijo la presidenta autonómica, quien no ha aplicado esta vara de medir a Salazar o Errejón, entre otros. Sobre el exdirigente socialista, espetó en la Asamblea de Madrid: “¿Cómo puede ser tan dócil ante los episodios de acoso sexual en la Moncloa?”.
En un primer momento, Feijóo vio “necesario” esperar a que la “investigación de la Fiscalía de la Audiencia Nacional se haga” para saber “exactamente qué es lo que hay, si es que hay algo”.
No se ha vuelto a pronunciar. De hecho, es un caso que el PP no quiere tocar mucho ante la contundencia de los testimonios aportados por este medio.
En otras ocasiones no fueron tan precavidos. Por ejemplo, en el caso de Plácido Domingo. O cuando Feijóo se refirió como un “divorcio duro” a la condena al que iba a ser vicepresidente de la Generalitat valenciana por parte de Vox y acabó de diputado en el Congreso, Carlos Flores Juberías.
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