Los humedales de Aragón, entre la riqueza ecológica y el abandono institucional
Todos los meses de febrero se celebra el Día Internacional de los Humedales, una fecha marcada en el calendario ambiental para recordar la importancia de estos ecosistemas y alertar sobre su acelerada degradación. Los humedales, pese a ocupar una proporción relativamente pequeña del territorio, desempeñan un papel clave en la regulación del ciclo del agua, la mitigación del cambio climático y la conservación de la biodiversidad. Sin embargo, son considerados hoy los ecosistemas más degradados del planeta: su ritmo de pérdida es tres veces superior al de los bosques.
En Aragón, una comunidad con una notable diversidad de ambientes húmedos, desde saladas esteparias a ibones pirenaicos o turberas de montaña, la situación refleja esa paradoja global: un patrimonio natural de gran valor, pero escasamente protegido y con un desarrollo normativo que, según denuncian los colectivos ecologistas, lleva años bloqueado.
Las zonas húmedas de agua dulce albergan en torno al 10% de todas las especies animales del planeta, y una cuarta parte de ellas se encuentra en alto riesgo de extinción según la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN). En un contexto de emergencia climática, estos espacios funcionan además como auténticos sumideros de carbono, amortiguan las crecidas y actúan como reservas estratégicas de agua en territorios cada vez más secos.
Con motivo de esta conmemoración, Ecologistas en Acción ha vuelto a poner el foco en lo que considera una “pasividad preocupante” del Gobierno de Aragón en el cumplimiento de la normativa vigente sobre conservación de humedales. Aragón tiene unos 270 humedales inventariados. En el centro de la crítica se encuentra la ausencia del Plan Estratégico de Humedales de Aragón, un documento que debería marcar las líneas maestras de protección y gestión de estos espacios.
El consejero de Medio Ambiente y Turismo, Manuel Blasco, anunció que el plan estaría listo antes de finalizar 2025, y lo presentó como una de las grandes actuaciones de su departamento. Sin embargo, a día de hoy el documento sigue sin ver la luz. Para Ecologistas en Acción, este retraso no es una excepción, sino la norma en la política autonómica sobre biodiversidad.
La organización recuerda que el propio Decreto 204/2010, por el que se creó el Inventario de Humedales Singulares de Aragón, establecía la obligación de elaborar un Plan de Acción Plurianual. Ese plan debía servir como documento marco para la planificación, ordenación y gestión de los humedales aragoneses y contribuir al desarrollo del Plan Estratégico Español. Quince años después, ese instrumento sigue pendiente.
“El marco legal existe, pero no se aplica. Sin planificación ni inversión, la protección es solo sobre el papel”, señalan desde Ecologistas en Acción, que advierten de que muchos humedales incluidos en el inventario carecen de medidas efectivas frente a amenazas como la sobreexplotación hídrica, la contaminación difusa o la expansión de regadíos.
Especies amenazadas sin planes de recuperación
El diagnóstico se agrava cuando se analizan los datos sobre fauna asociada a ambientes acuáticos. En la última revisión del Catálogo de Especies Amenazadas de Aragón, recogida en el Decreto 129/2022, se identifican 12 especies ligadas a humedales catalogadas “en peligro de extinción”. Sin embargo, solo dos de ellas, la margaritona (un molusco de agua dulce) y el cangrejo de río común, cuentan con un plan de recuperación aprobado.
Ninguna de las especies consideradas “vulnerables” dispone de su correspondiente plan de conservación, a pesar de que la normativa autonómica obliga a elaborarlos. Para los ecologistas, esta carencia refleja una falta de prioridades políticas en materia de biodiversidad y una desconexión entre los compromisos formales y las actuaciones reales.
Otro de los reproches apunta a la falta de integración de los humedales aragoneses en los instrumentos estatales. Han pasado más de 22 años desde la creación del Inventario Nacional de Zonas Húmedas y, en ese tiempo, el Gobierno de Aragón no ha propuesto la inclusión de ningún nuevo espacio.
Este inventario es clave porque obliga a que los planes hidrológicos de las demarcaciones hidrográficas recojan medidas específicas de protección. La ausencia de humedales aragoneses en este registro estatal implica, según Ecologistas en Acción, una debilidad estructural en la defensa de estos ecosistemas frente a proyectos de alto impacto. “En la planificación de nuevos regadíos, por ejemplo, pueden primar criterios productivos sobre la conservación de saladas esteparias de enorme valor ecológico, porque no están suficientemente reconocidas en los instrumentos oficiales”, advierten.
Ramsar: reconocimiento internacional, gestión mínima
Desde 2011, Aragón no ha solicitado la declaración de ningún nuevo humedal dentro del Convenio Ramsar, el principal tratado internacional para la protección de zonas húmedas. En la actualidad, solo cuatro espacios aragoneses cuentan con este reconocimiento: la Salada de Chiprana, la Laguna de Gallocanta, las Saladas de Bujaraloz-Sástago y los Tremedales de Orihuela.
Todos ellos se enfrentan a amenazas vinculadas al cambio climático, la gestión del agua y la presión humana, pero carecen -según denuncian los ecologistas- de planes de gestión ambiciosos y de inversiones económicas suficientes. La paradoja es que se trata de espacios con un enorme valor científico, paisajístico y turístico, pero con una protección real muy limitada.
La Laguna de Gallocanta, por ejemplo, es uno de los principales enclaves de invernada de grullas en Europa occidental, mientras que la Salada de Chiprana es la única laguna salina natural profunda de la península ibérica. Los Tremedales de Orihuela, en la Sierra de Albarracín, albergan turberas de montaña de gran rareza en el contexto mediterráneo.
Desde el Gobierno de Aragón, la respuesta a estas críticas se centra en destacar el marco normativo existente. El Inventario de Humedales Singulares de Aragón, creado en 2010, recoge actualmente 238 humedales y complejos de humedales distribuidos en nueve tipologías distintas: desde lagunas de agua dulce y salada hasta turberas, ibones, estanques artificiales de interés ecológico o sistemas kársticos subterráneos.
La inclusión en este inventario implica que los terrenos se clasifican como suelo no urbanizable de especial protección y se establece un régimen de usos permitidos, prohibidos y autorizables. Además, muchos de estos humedales ya se encuentran dentro de espacios de la Red Natural de Aragón, como LIC o ZEPA.
El ejecutivo autonómico subraya también que el inventario es un registro abierto y dinámico. Desde su creación se han incorporado dos nuevos espacios: la Laguna del Cañizar, en Teruel, y el humedal de Las Fuentes, en Utebo. En el primer caso, se trata de un ejemplo de recuperación ambiental tras siglos de drenaje, con presencia de especies tan sensibles como el avetoro o la garcilla cangrejera. En el segundo, un pequeño humedal periurbano que funciona como refugio de biodiversidad en un entorno muy antropizado. Para el Departamento de Medio Ambiente, estos ejemplos demuestran que existe voluntad de ampliar y actualizar el inventario, siempre que haya iniciativas locales y consenso técnico.
Mientras el Gobierno defiende que existe una estructura legal suficiente y que el nuevo Plan Estratégico llegará en los próximos años, Ecologistas en Acción considera que los retrasos acumulados son incompatibles con la urgencia de la crisis ecológica.
“La conservación no puede basarse solo en declaraciones y catálogos. Sin recursos, sin planificación y sin seguimiento, los humedales seguirán deteriorándose”, señalan desde Ecologistas, que reclama una inversión sostenida, mayor coordinación con la Confederación Hidrográfica del Ebro y una integración real de estos ecosistemas en las políticas agrarias y territoriales.
El Ejecutivo autonómico, por su parte, insiste en que la gestión del agua es una competencia compartida y que muchas decisiones dependen de organismos estatales. También recuerda que la presión presupuestaria y la complejidad administrativa dificultan la puesta en marcha de planes integrales en plazos cortos.
Más allá del debate político, los datos son contundentes: en los últimos 60 años ha desaparecido aproximadamente el 60% de la superficie encharcable original en España. Aragón no es una excepción. Muchos humedales han sido desecados, transformados en campos de cultivo o degradados por la contaminación.
En un territorio especialmente expuesto a la desertificación y al estrés hídrico, la pérdida de estos ecosistemas supone no solo un daño ambiental, sino también una amenaza para la resiliencia del propio territorio. Los humedales almacenan agua en épocas húmedas y la liberan lentamente en periodos secos, amortiguan inundaciones y actúan como filtros naturales frente a contaminantes.
Financiación europea para cuatro humedales
SEO/BirdLife, la Sociedad Española de Ornitología, tendrá un papel destacado en el proyecto europeo LIFE HumedalES, el mayor financiado hasta la fecha por los fondos LIFE, con actuaciones específicas en cuatro humedales de Aragón a partir del próximo mes de abril. Durante los próximos diez años se desarrollarán medidas de restauración ecológica orientadas a mejorar la vegetación de ribera, controlar especies exóticas invasoras, retirar residuos y favorecer hábitats clave para la fauna, con el objetivo de reforzar la resiliencia climática y recuperar la biodiversidad asociada a los ecosistemas acuáticos.
En Aragón, las actuaciones se centrarán en la Laguna de Sariñena, los Humedales de las Cinco Villas, las Saladas de Sástago y la Laguna de Gallocanta, todos ellos afectados por la presión de las prácticas agrarias, la degradación de la calidad del agua y la presencia de especies invasoras. Los trabajos incluirán fórmulas de abandono de usos mediante pagos por servicios ambientales, seguimiento de la avifauna y mejora del uso público, con el fin de recuperar estos espacios como enclaves estratégicos para la conservación de la biodiversidad y el disfrute social en el territorio aragonés.
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