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“Gane quien gane tenemos que seguir trabajando”: el 8F en el pueblo de Huesca donde gobiernan las mujeres

La alcaldesa, Herminia Ballestín, en el salón de plenos del Ayuntamiento de Angüés.

Miguel Barluenga

Angüés —
2 de febrero de 2026 21:27 h

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En Angüés, un municipio de poco más de 400 habitantes de la provincia de Huesca, no gobierna ninguno de los partidos que se presentan a las elecciones autonómicas. Desde 2019 lo hace una agrupación electoral formada por mujeres del propio pueblo, Mujeres Por el Municipio de Angüés (MPMA), que revalidó su mayoría absoluta en 2023 con cinco de los siete concejales. Todas ellas son mujeres. La alcaldesa, Herminia Ballestín, no se presenta -ni podría hacerlo- al 8F. Su proyecto político empieza y acaba en el término municipal, pero se mantiene a la expectativa de lo que ocurrirá este fin de semana.

“Nosotros somos un grupo de mujeres que pensábamos que podíamos coger la gestión del pueblo como principio y final de nuestra aventura política”, explica. Esa idea de política como gestión, y no como carrera, atraviesa todo su discurso. En Angüés no hay proyección autonómica, ni aspiraciones de escalar institucionalmente. “Lo nuestro es la gestión, es el segundo mandato y estamos en las tareas propias del pueblo”. Una declaración que, en un contexto preelectoral marcado por los bloques, las siglas y la pugna por el poder, suena casi a anomalía.

En este contexto, Angüés vive las elecciones autonómicas desde una cierta periferia. “Somos pocos. Tenemos poco poder. No me extraña que no nos vengan a ver o a contar nada porque no somos relevantes”. Sin embargo, en la pared del centro social alguien ha colgado un gran póster electoral del candidato popular, Jorge Azcón, sin que mediara aviso al consistorio. Pero no hay mítines ni visitas de cabezas de lista. “El domingo 8 de febrero gane un partido u otro, con lo que salga es con lo que tenemos que seguir trabajando”.

Cartel electoral de Jorge Azcón pegado en la fachada del club social de Angüés.

En las municipales de 2019, Mujeres Por el Municipio de Angüés obtuvo 125 votos de los 236 que se emitieron, más de la mitad. Logró cuatro concejalas por los tres del PSOE con 103 sufragios. El mapa político viró cuatro años después. Se incrementaron los apoyos a la MPMA, con 148 votos para sumar una concejala más, y el PP rascó los otros dos frente a un desplome socialista.

Esa mayoría les ha dado, dice la alcaldesa, “un confort, una tranquilidad de poder hacer lo que veo más adecuado para todos”. La oposición existe, pero no condiciona la gobernabilidad. “No tengo gran preocupación de vida de pactos. La oposición está ahí con sus aportes, pero el pueblo me ha dado una base muy clara”. En el salón de plenos no hay confrontación permanente. “Se suele decir que en los pueblos no hay siglas políticas. Aquí no hay mucha confrontación”.

Si se toma la referencia de las anteriores elecciones autonómicas y generales de 2023, en ambas venció el PP con una diferencia de 16 votos respecto al PSOE: 77 a 61 en las autonómicas y 79 a 63 en las generales, lo que dibuja un panorama a priori favorable a Azcón. Como tercera fuerza se ha asentado Vox. Aunque parece complicado un ‘sorpasso’ al PSOE, mejoró mínimamente sus resultados entre las autonómicas de mayo de 2023 (37 votos) y las generales de julio de aquel año (42), por delante de Sumar y Podemos.

Angüés ha abierto sus brazos a los migrantes. En el único bar del pueblo trabaja como camarero Tigran, un joven ucraniano que huyó de la guerra hace cuatro años. Su familia se instaló en la cercana localidad de Barbastro y es muy apreciado por una clientela entre la que también se incluyen nicaragüenses asentados en esta población. “Me siento muy cómodo, la gente es muy cercana y estoy feliz con la decisión que tomé”, indica.

Tigran, camarero ucraniano en el único bar del pueblo.

Ballestín no oculta cierta simpatía por ese ‘declive’ del bipartidismo. En los pueblos, eso se traduce en un voto más libre. “El domingo se va a votar aquí a partidos que en las municipales no se votan nunca”. El mismo elector puede apoyar a una agrupación local sin siglas y, unos meses después, votar a un partido estatal. “Eso demuestra que dentro del núcleo de votantes hay muchas tendencias”. Y también, cree, un malestar de fondo. “Hay opciones que las veo muy locas, pero luego llegan las elecciones y tienen un montón de votos. Existe un descontento subyacente sobre la manera de actuar”.

Un descontento que explica también el crecimiento de formaciones como Vox o Se Acabó la Fiesta, que también concurre a las autonómicas. Para Ballestín no es tanto una cuestión ideológica como una reacción. “Si tú das opción a la gente a que opine, pues opina”. No lo interpreta como una amenaza directa, sino como un síntoma. “Hay un cansancio, una decepción. La gente ve que se dicen cosas y luego no se cumplen”. En ese contexto, votar opciones extremas o antisistema es una forma de protesta. “Eso también demuestra que el bipartidismo ya no es un fijo”.

En Angüés la política no es un trampolín, sino una carga cotidiana. Una forma de cuidar un lugar pequeño que, en campaña, casi nadie visita, pero que depende como pocos de lo que se decida en Zaragoza. Ese cuidado, en los pueblos, se concreta en problemas muy materiales: agricultura, vivienda, servicios. “Hay problemas en la agricultura muy fuertes que se van soterrando, pero están”. Y aunque se hable de España vaciada, Ballestín no percibe beneficios reales por ser pocos. El ejemplo más claro es la vivienda.

“Nosotros hemos hecho cinco viviendas desde que estamos en el ayuntamiento, ahora estamos haciendo dos y tenemos otra en proyecto. Para nosotros es un esfuerzo grande”. Siempre con ayudas externas. “Fuera del presupuesto tienes que buscar ayudas”. Aun así, hay pequeños indicios de recuperación demográfica. “La semana pasada vino una pareja y han comprado una casa. Eso para mí son noticias buenísimas”.

En agosto de 2022 cerró la última tienda de ultramarinos del pueblo y ahora el ayuntamiento ha adquirido un local que está reformando para que los vecinos puedan adquirir allí productos de primera necesidad. Próximo a este se encuentra una sucursal bancaria que solo se abre al público los lunes y jueves, con un cajero de uso permanente. En la obra trabaja Alberto Puyol, que desearía que gobierne un partido “que nos diera seguridad a los que damos todo para sacar adelante nuestros negocios”, más allá de las siglas políticas.

Vista general de Angüés.

La alcaldesa observa con distancia la fragmentación del sistema de partidos y el auge de nuevas formaciones. “Cada vez hay partidos que van ganando votos de una vez para otra. Hemos pasado del bipartidismo a otras posibilidades”. Ella misma es producto de ese cambio. “Yo estoy aquí y no soy de ningún partido, pero tengo toda mi capacidad como alcaldesa”.

Frente a la lógica de bloques que domina la política autonómica y estatal, reivindica la conversación y el tono bajo. Un planteamiento que choca con la dinámica electoral. Ese cansancio se traduce en desafección. Para Ballestín, la política debería ser lo contrario: “Tomar el rumbo, cuidar, asumir responsabilidades. No estar montando un cirio a dos por tres”. Por eso cree que la escalada verbal y el enfrentamiento permanente son especialmente dañinos en el medio rural. “Necesitamos bajar la tensión y buscar soluciones. Admitir que la gente es libre para votar lo que le parezca, y una vez ha votado, tú te apañas con lo que hay”.

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