Primer trasplante de cara del mundo gracias a una donante que recibió la eutanasia: “He encontrado una luz”
La vida de Carme ha cambiado por completo. El Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona ha logrado un nuevo hito médico al llevar a cabo el primer trasplante parcial de cara del mundo procedente de una donante que recibió la eutanasia. La compleja intervención, en la que participaron cerca de un centenar de profesionales, tenía como objetivo devolver funciones vitales como masticar o gesticular a una paciente con una grave desfiguración facial.
La mujer necesitaba un trasplante en la parte central del rostro tras sufrir una necrosis de los tejidos faciales provocada por una infección bacteriana causada por la picada de un insecto. “Antes de la operación, no podia ni salir a tomar un café porque no podía tragar. Pero hoy estoy aquí para que la gente vea que hay cosas que se pueden solucionar. Yo he encontrado una luz”, ha señalado Carme este lunes en una rueda de prensa convocada en la sala de actos de Vall d'Hebron.
El éxito de la intervención se ha debido, en parte, a la meticulosa planificación del procedimiento, facilitada por el conocimiento previo de la fecha de la eutanasia de la donante. Así lo ha explicado Alberto Sandiumenge, coordinador de Programas de Donación y Trasplantes del Hospital Universitario Vall d’Hebron.
La donante, además de sus órganos, decidió ofrecer también su cara, lo que ha permitido hacer posible esta intervención inédita hasta ahora. “Es una clara muestra de amor y generosidad en su máxima expresión. Sin esperar nada a cambio, la donante nos expresó la felicidad que sentía al poder donar no solo sus órganos, sino también su rostro, y poder de salvar la vida de otra persona”, ha destacado el Dr. Joan-Pere Barret i Nerín, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del Hospital Universitario Vall d’Hebron.
Para llevar a cabo este tipo de operación, en todos los casos, donante y receptora deben compartir sexo y grupo sanguíneo, así como presentar medidas craneofaciales similares.
Más allá del impacto estético, la desfiguración facial afecta gravemente a funciones esenciales como hablar, comer o ver, lo que puede acabar generando profundas consecuencias psicológicas y sociales. Por ello, se tienen en cuenta también otros criterios como la capacidad de adaptación psicológica de la paciente, su entorno sociofamiliar, el estado cognitivo y la adherencia al tratamiento, además de una evaluación exhaustiva de los antecedentes psiquiátricos.
Una vez autorizada la operación, la Unidad de Impresión 3D del hospital elaboró un modelo tridimensional digital a partir de imágenes obtenidas mediante un TAC tanto de la donante como de la receptora, lo que permitió guiar con precisión a los equipos quirúrgicos antes y durante la intervención. “El hecho de saber la fecha de la eutanasia de la donante con tanta antelacion fue clave para realizar la planificación en 3D”, ha apostillado el Dr. Barret.
Después del trasplante, la paciente permaneció ingresada un mes y, actualmente, ya ha empezado el largo proceso de rehabilitación para recuperar funciones básicas. “Había profesionales que me decían que no habría solución, y ahora ya empiezo a comer y a hablar. Mi vida cada vez es un poco mejor”, ha apuntado Carme. Actualmente, se encuentra en fase de adaptación a su nueva vida y su evolución está siendo favorable, destacan desde Vall d'Hebron.
Este tipo de cirugía se considera de máxima complejidad. Se trata de un trasplante de tejidos compuestos donde se trasplantan piel, tejido adiposo, nervios periféricos, musculatura facial y hueso de la cara.
Todas estas pequeñas estructuras deben reconstruirse –teniendo en cuenta que tienen una disposición tridimensional compleja– para reconectar el nuevo rostro del receptor con las funciones vitales, según han explicado los diferentes médicos que participaron en la intervención.
Por ello, la operación puede durar entre 15 y 24 horas. “No se trata solo de poner una ”máscara“ y traspasar tejidos blandos, sino de dar funciones y sensibilidad”, ha remarcado el Dr. Barret i Nerín.
Cada trasplante facial requiere, además disponer de los servicios asistenciales necesarios, de la coordinación de profesionales de múltiples especialidades, entre ellas Cirugía Plástica y Microcirugía Reconstructiva, Trasplantes, Inmunología, Psiquiatría y Psicología Clínica, Rehabilitación, Cuidados Intensivos y Anatomía Patológica.
Dada la complejidad de la intervención, sólo una veintena de centros en todo el mundo están capacitados para llevarla a cabo y apenas se han llevado a cabo 54 trasplantes faciales.
En este caso, la operación supone el tercer trasplante de cara realizado en Vall d’Hebron y el sexto en todo el Estado. Con esta intervención, Vall d’Hebron se sitúa entre los siete hospitales del mundo que han efectuado tres o más trasplantes faciales.
El centro barcelonés ya había marcado un precedente en 2010 al convertirse en el primer hospital del mundo en realizar un trasplante total de cara, en una operación liderada por el doctor Joan Pere Barret, apenas cinco años después del primer trasplante parcial realizado en Amiens (Francia).
La Organización Nacional de Trasplantes ha felicitado al equipo de Vall d’Hebron por la excelencia técnica y el trabajo coordinado que ha hecho posible este hito médico.
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