El nuevo Espacio Bellas Vistas funciona a toda máquina tras marcharse del anterior local por la compra de un fondo
El número 8 de la calle de Adrián Pulido es un ciempiés desperezándose. Sus extremidades son las de las decenas de personas que dan vida al Espacio Bellas Vistas, el centro vecinal autogestionado del barrio cuyas patitas echan a andar de nuevo.
Tuvieron que marcharse de la ubicación en la que nacieron, en el 22 de la calle de Almansa, después de que un fondo inmobiliario comprara el edificio y los presionara para que se fueran antes de espirara el contrato (el próximo mes de mayo).
No fue sencillo encontrar un espacio adecuado en el barrio. La subida de precios y la escasez ocasionada por la conversión de locales comerciales en viviendas turísticas fueron un auténtico quebradero de cabeza para la comisión encargada de encontrar acomodo para el proyecto.
El nuevo Espacio Bellas Vistas está en una calle pequeña, a medio camino de las áreas más populosas de la Plaza del Poeta Leopoldo de Luis y la calle de Jerónima Llorente. En un pequeño edificio de un piso cuyo bajo es una nave en la que, en una de sus últimas encarnaciones, hubo un espacio artístico.
Arribaron allí a finales del año pasado en procesión –laica– y actitud festiva, escenificando la mudanza, la despedida del local de Almansa y la bienvenida a la nueva etapa –mismas vecinas, nuevos muros– del Espacio Bellas Vistas.
Aún falta un letrero que se convierta en banderín de enganche sobre el gran portón de formas geométricas del nuevo local. Como lo fueron desde 2020 las puertas amarillas de su anterior casa. Están en ello.
Su espacio diáfano, rectangular, se antoja idóneo para actos con público. En la parte de detrás, una estancia más pequeña servirá para reuniones más íntimas, labores de cocina y el Biblioespacio (la biblioteca y espacio para los más pequeños). Una antigua cámara acorazada es, actualmente, el lugar de almacenamiento de la Despena Solidaria. Hay menos espacio que antes, son conscientes; han perdido visibilidad. Lo saben. Y pagan más. Sin embargo, poder continuar es ya una victoria y el local tiene muchas posibilidades, suficientes para seguir siendo lo que eran.
El pasado 24 de enero hicieron una fiesta de presentación y el domingo pasado, mientras los fieles de la iglesia evangélica contigua atendían al culto, tuvo lugar un evento organizado por la Asamblea de la Juventud Trabajadora de Tetuán. Versaba sobre las amenazas que se ciernen sobre los espacios comunitarios del distrito. Se escuchó la voz del propio Espacio Bellas Vistas y de la Huerta de Tetuán, cuya supervivencia marcó diferentes luchas vecinales el año pasado. Se vio un fragmento de la obra Ya no quea nada de todo esto (inspirada en Tetuán) y se hizo barrio, como de costumbre.
Además, ya están todos: el grupo de apoyo escolar, Invisibles de Tetuán, Tejiendo Bellas Vistas, Baile urbano, la Despensa solidaria, Danza del vientre, el asesoramiento del Sindicato de Vivienda de Tetuán, o el de Derecho a morir dignamente, entre otros grupos que pertenecen a la comunidad del Espacio Bellas Vistas. El próximo fin de semana estrenan una nueva actividad: truque vecinal.
Quedan flecos pendientes, y no pequeños, como el huerto de la calle de Tenerife, que regaban echando una manga desde el local, al que ahora tienen que buscar solución de cara a los días secos. Pero están en marcha y abiertos al barrio.
0