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La cultura catalana se abre paso en Vallecas con 'castellers' y una calçotada: “Queremos que la Colla sea madrileña”

La Colla Castellera de Madrid en una de sus exhibiciones en la Plaza Mayor de la capital

Nerea Díaz Ochando

Madrid —

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Dos días a la semana, miércoles y viernes, un grupo de unas 50 personas se reúne en un local de Puente de Vallecas para levantar castells, las famosas torres humanas que representan uno de los símbolos más reconocibles de la cultura catalana. En el número 21 de la calle Teniente Muñoz Díaz, Marc y Lucía son de los primeros en llegar. Él es el presidente de la Colla Castellera de Madrid y ella la cap de colla, la máxima responsable técnica del grupo. Lucía es madrileña y Marc de Tarragona, pero ambos comparten la misma pasión por esta tradición de origen catalán.

Al llegar al local, comienzan a prepararse: pitillos ajustados, camisa bien metida dentro del pantalón y una faja roja negra o roja que enrollan alrededor de la cintura con la ayuda de sus compañeros. “La faja no es solo un adorno, sirve para sostener la espalda y poder levantar peso con seguridad”, explica Marc mientras ayuda a un compañero a ajustarla. Una vez listos, empiezan el calentamiento con el que se preparan para el ensayo. Antes de empezar consultan el pinyator, una aplicación que permite apuntarse a los ensayos y conocer cuántas personas acudirán, esencial para “tener construidas las pinyas” y organizar la base de las torres.

Los ensayos son abiertos y casi siempre aparece algún integrante nuevo. Es el caso de Andrea, de Barcelona. La joven vive en Madrid y su única toma de contacto con los castells había sido en el colegio, cuando se vistió de castellera alguna vez. Supo de la existencia de la colla y decidió aventurarse a probar. Como ella, muchos jóvenes han pasado por allí, aunque la temporalidad de Madrid hace que algunos se marchen después de unos años. Aun así, de manera estable, el grupo mantiene a medido centenar de personas, con excepciones como Marc Roselló, el actual presidente, que ha estado desde los inicios.

Una integrante de la Colla Castellera de Madrid enrollándose la faja antes del ensayo

La idea de crear la colla surgió en 2017 dentro del Círculo Catalán de Madrid, una entidad con una trayectoria de casi 75 años en la capital y sede en plaza de España. Marc recuerda que fue Josep Ramon Casas, actual presidente y entonces vicepresidente del Círculo, quien tuvo la idea de crear una colla castellera en la capital madrileña. Paralelamente, existía un grupo de catalanes en Facebook donde se hablaba de organizar talleres de castells. “A través de ese grupo contactamos con el Círculo y, a partir de ahí, se puso en marcha el proyecto”, explica Marc. Se reunieron para hacer el primer ensayo a inicios de 2017 y desde entonces no han parado, ensayan cada semana y actúan siempre que pueden.

Una vez reunida la gente suficiente, los primeros pasos fueron organizar el grupo: “Lo primero fue conocer quién tenía experiencia y quién no, para ver quién podía dirigir ensayos y asumir responsabilidades. Después hicimos una asamblea para aprobar un primer borrador del reglamento interno, elegir la junta directiva y el equipo técnico que coordina los ensayos. A partir de ahí fuimos construyendo poco a poco, votamos el color de la camisa, el diseño del escudo y así hemos ido creciendo”.

Fachada del local de ensayos de la colla, ubicado en el distrito de Puente de Vallecas

En todo momento el Círculo Catalán de Madrid ha sido la piedra angular del proyecto, facilitando no solo la creación del grupo casteller, sino también la comodidad de sus integrantes. Al principio, cuando todavía no sabían hasta dónde podía llegar la formación, el grupo ensayaba en espacios municipales cedidos por el Ayuntamiento, como las pistas del polideportivo Daoiz y Velarde. Posteriormente, el Círculo tomó la decisión de apostarlo todo por la colla y comprar el local de Puente de Vallecas en el que actualmente ensayan. “La idea es reformarlo y dividirlo en dos estancias, un teatro y una sala para la colla”, señala Marc.

Una colla diversa con acento madrileño

El local es una parte muy importante de esta agrupación, pero sus verdaderos protagonistas son las personas que la integran. Aunque muchos son catalanes, el grupo es diverso. Aproximadamente la mitad de los miembros tiene algún vínculo con Cataluña y la otra mitad procede de Madrid u otras regiones, con participantes también de otros países como Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Venezuela, Rumanía o Ucrania. “La mayoría de niños y niñas son de aquí, de Madrid, y sobre todo del barrio”, apunta Marc.

Precisamente esa diversidad es la que define una de las partes esenciales de este grupo. Los castells no tienen únicamente una función lúdica o deportiva. Lucía, la cap de colla, explica que “el castell es la parte visible, pero el objetivo real del grupo es mantener una tradición cultural y, al mismo tiempo, estar presentes en el barrio, ofrecer actividades y crear un espacio acogedor donde la gente --especialmente niños y niñas-- pueda reunirse y disfrutar”. Se trata de una actividad que favorece compartir entre personas de distintas edades y procedencias en la que la confianza es la clave. “Más que la fuerza, lo importante es confiar en el grupo”, incide Lucía.

En la Colla Castellera de Madrid hay personas de todas las edades y procedencias

De hecho, no es necesario tener preparación previa para participar. Este año la colla ha impulsado la escoleta, una parte formativa y personalizada para enseñar a cada persona qué papel puede tener dentro de un castell, cómo colocarse y cómo actuar con seguridad. “Cada posición requiere características diferentes, pero todas son igual de importantes. Lo que más se ve es el tronco, la parte superior, pero sin la base y la piña no sería posible. Y lo mismo con los niños que suben arriba: todo funciona como una unidad”, añade la cap de colla.

El presidente asegura que integrar esta tradición catalana en Madrid no ha supuesto grandes dificultades: “El Círculo Catalán lleva muchos años difundiendo cultura aquí. Al principio costó entrar en algunas fiestas, pero ahora incluso son las propias juntas municipales las que nos llaman para actuar. Por ejemplo, en las fiestas del Carmen de Vallecas la gente ya sabe que, además de otros actos tradicionales, también hay castells”. Han participado en las fiestas de diferentes municipios madrileños e incluso han desplegado sus torres humanas en la plaza Mayor y el paseo de Recoletos.

Una exhibición del grupo de 'castellers' en la Plaza Mayor de Madrid

La Colla Castellera de Madrid es una de las 19 collas internacionales, grupo que comparten con la Colla Castellera Mataresos de l'Alguer, los Castellers de Berlín, los Castellers of Boston, los Xiquets de Copenhagen o los Castellers de Sydney. Esta tradición catalana, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco desde 2010, se ha hecho hueco por todo el mundo, ahora también en Puente de Vallecas. Donde no solo tiene sede, sino que trabajan por mejorar el barrio.

La torre se construye desde abajo

Vicent Fabregat, miembro de la Colla Castellera de Madrid desde sus inicios, es el encargado de explicar a Andrea, la nueva integrante, cómo funcionan los castells. “La lengua vehicular del grupo es el castellano, aunque muchos hablamos catalán entre nosotros”, cuenta Vicent. Para algunos, poder conversar en catalán con otras personas es también un motivo para formar parte de la colla. Aun así, procuran hablar en castellano cuando hay personas que no lo entienden. Incluso hay madrileños que lo están aprendiendo y les piden que hablarlo para practicar. “Lo importante es que el idioma nunca sea un motivo de conflicto”, aclara Vicent.

Los ensayos se organizan por zonas y edades. “Con la canalla, el grupo de niños y niñas, entrenamos la parte superior del castell, el pom de dalt, donde están los dosos, el aixecador y el enxaneta, quienes coronan la estructura. Mientras tanto, los adultos practicamos en la zona de barras haciendo columnas, entrenando cómo sostener el peso”, indica Vicent a la nueva integrante. Esta es la primera parte del ensayo.

La Colla Castellera de Madrid durante un ensayo en su local de Puente de Vallecas

Después se pasa a un espacio donde se ensayan estructuras más altas. En esta parte, han lo que llaman “pruebas limpias”, sin la pinya, y luego con ella. Un castell tiene tres partes: la pinya, que es la base, el tronc, la parte central, y el pom de dalt, la parte superior formada por la canalla que siempre sigue la misma disposición: dos dosos, un aixecador y el enxaneta.

La Colla Castellera de Madrid construye “colla de seis”, es decir, castells de seis pisos, aunque aspiran a subir de altura. “Cuando los castells son más altos, se añaden refuerzos: folre, manilles y hasta puntals. Por ahora hacemos pruebas parciales. También existen los pilars, donde una sola persona sostiene cada piso, y castells compuestos que combinan varias estructuras”, relata Vicent.

El 'castell' se sostiene desde la base, es un trabajo en equipo

Cada línea de un castell necesita un equipo de base. El bajo tiene un equipo de cinco personas que lo estabilizan desde todos los lados. Además, están las manos y los laterales. Cada vuelta de personas se llama cordón. La pinya da estabilidad y amortigua posibles caídas. “Como cualquier actividad física, hay riesgos, pero no es especialmente peligrosa”, asegura Vicent a Andrea, que duda si podrá subir algún día tan alto como sus compañeros.

Vicent explica cómo se mide la dificultad de los castells: “Depende de la altura, el número de pisos, y la anchura, el número de castellers por piso. Por ejemplo, un quatre de vuit tiene ocho pisos de altura con cuatro castellers por piso hasta el quinto, y el pom de dalt completa la torre. Los castells más habituales van de dos a cuatro personas por piso. Los pilars se ejecutan al inicio o final de la actuación como saludo. También existen castells complejos con varias estructuras combinadas o pilares internos”.

Todos los pisos son importantes en la formación del 'castell', desde la base hasta el 'pom de dalt'

Ante las dudas de la nueva integrante, Vicent le asegura que no es tan difícil como parece e insiste en que “lo fundamental de los castells no es solo la fuerza, sino la confianza”. Cada persona, desde la base hasta el enxaneta, tiene un papel clave. “La torre se construye desde abajo y solo funciona si todos confiamos los unos en los otros”, insiste.

Su primer gran evento en Madrid: una calçotada para 250 personas

Hay muchos objetivos a corto y largo plazo para la Colla Castellera de Madrid, y uno de ellos se cumplirá este mismo sábado 21 de febrero. El grupo de castellers celebrará la primera calçotada popular de Vallecas. Se trata de un evento que combina gastronomía, tradición y encuentro comunitario, abierto a todo el barrio, y que tendrá lugar frente a su local de ensayos en la calle Teniente Muñoz Díaz, 21.

La jornada comenzará a las 12.00 horas con una actuación de castells y música en directo. Más tarde, a las 14.00, los asistentes podrán disfrutar de los calçots, cebollas tiernas típicas de Cataluña, asadas hasta quedar carbonizadas por fuera y jugosas por dentro, acompañadas de salsa romesco y carne a la brasa. Comer calçots con babero forma parte de un ritual gastronómico que, este año, se abre a toda la comunidad.

“Normalmente el Círculo Catalán organiza calçotadas internas para socios, pero este año quisimos hacerla abierta al barrio, para asociaciones vecinales y a precios populares. Ya hay unas 250 personas apuntadas y hemos tenido que parar la venta de entradas”, explica el presidente de la colla.

Más allá de la calçotada, la colla persigue un objetivo más amplio: “Queremos consolidarnos en el barrio y que la colla sea realmente madrileña. Que la gente de aquí la sienta como algo propio. Ya participamos en muchas actividades locales y queremos seguir creciendo en esa línea”, apunta Marc. En “la capital de todos los acentos”, este grupo de castellers aspira a que algún día en Madrid se entienda que, “igual que en San Isidro se baila chotis, también se pueden hacer castells”.

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