La renuncia de Yolanda Díaz blinda a los ministros de Sumar ante posibles crisis de Gobierno
Otro liderazgo efervescente. Otra estrella fugaz que se apaga. Otro adiós que habla de la volatilidad del panorama político español de la última década, de la efímera trayectoria de los nuevos partidos y del desgaste rápido de sus líderes. Albert Rivera, Inés Arrimadas, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y, ahora, Yolanda Díaz. Ciudadanos, Podemos, Sumar… De momento, la excepción es Vox con Santiago Abascal porque hoy cabalga a lomos de una tendencia global a favor de la ultraderecha y porque aglutina el mismo voto de impugnación al bipartidismo que en 2014 sumaron los herederos del 15M. Lo que dure, de momento, es un misterio.
El caso es que Yolanda Díaz, la enésima esperanza blanca de la izquierda a la izquierda del PSOE, a quien algún gurú vendedor de estrategias fallidas, llegó a pronosticar que sería la primera mujer presidenta del Gobierno de España, se marcha tras cinco años en el candelero. Una salida meditada y decidida hace meses, según versión oficial. O forzada por los partidos que integran el espacio que lideraba, según opinión de sus hasta ahora coaligados. Sea como fuere, la vicepresidenta segunda del Gobierno llevaba meses dedicada a una intensa agenda internacional que desde el pasado septiembre le ha llevado por México (para asistir a la feria de libro de Guadalajara), Bruselas, Ginebra y Nueva York, lejos del zumbido de la izquierda para que diera un paso al lado.
Tanto proceso de escucha y la todavía vicepresidenta del Gobierno era la única a la que no le llegaba el eco de quienes en su propio espacio la consideraban un problema, y no la solución para la tantas veces perseguida y frustrada unidad de la izquierda. Repudiada por sus compañeros de aventura, anuncia ahora que no volverá a presentarse como candidata, pero en realidad se marcha antes de que los suyos la desalojen del cartel electoral para abrir una nueva etapa, después de acusarla de defender más que un proyecto político el suyo personal. Todos, eso sí, le han despedido con grandes halagos, no a su liderazgo orgánico sino a su labor al frente del Ministerio de Trabajo.
Su retirada de hecho era una condición necesaria para que arrancase el proceso de reconfiguración de esa izquierda que aspira a reeditar el 12% del voto que obtuvo en las últimas generales con una única papeleta y a la que aún le faltan muchas incógnitas por despejar para convertirse en una propuesta sólida y, sobre todo, capaz de movilizar a un electorado desorientado. La primera es si Podemos está dispuesto a reintegrarse en el espacio: “Sin Díaz se quedan sin excusa”, asegura Gabriel Rufián, para quien Irene Montero es “un indiscutible activo electoral”. Precisamente Rufián ha sido el primero en agitar el avispero de la izquierda para insistir en un frente más allá del PSOE que frene el avance de la extrema derecha, una hipótesis que desde la coalición Sumar y las direcciones de los partidos independentistas en principio despreciaron y, ahora, están dispuestas a escuchar.
La segunda X a despejar es quién asumirá el liderato, tras el paso al lado de Díaz. El baile de nombres ya ha empezado (Unai Sordo, Ada Colau, Pablo Bustinduy, Mónica García, Maíllo). Y una tercera es si el elegido lo será en un proceso abierto de primarias o se acordará en torno a una mesa camilla entre las direcciones de los partidos.
Y mientras está todo por hacer y decidir, si hay una derivada dentro del Gobierno de coalición es que la renuncia de Yolanda Díaz blinda a los ministros de Sumar ante posibles cambios en el gabinete de Pedro Sánchez. Los cuatro (Sira Rigo, Pablo Bustinduy, Ernest Urtasun y Mónica García) lo fueron por un reparto de equilibrios entre los partidos que forman parte de un espacio cuyo liderato queda ahora descabezado. Y, aunque la vicepresidenta esté empeñada en seguir como interlocutora de Sánchez, a nadie se le escapa que poco o nada tiene, ya que decir o coordinar sobre el resto de miembros del gobierno adscritos a una ficción orgánica que desde hace meses solo existía en su cabeza.
Esta misma semana, el coordinador general de IU, Antonio Maíllo, fue preguntado sobre si habría que cambiar los nombres de los ministros cuando se produzca el relevo de Yolanda Díaz al frente de Sumar y la respuesta fue categórica: “Es un error utilizar de manera postiza el Gobierno para proyectos políticos particulares”. Las distintas fuerzas del espacio se han conjurado para desvincular su presencia del gabinete del futuro de la coalición, han acordado mantener a todos los ministros de Sumar y no hacer ningún cambio de nombres en posibles crisis de Gobierno.
Lo cierto es que cada vez que Sánchez ha afrontado remodelaciones en su gabinete, solo han afectado a la parte socialista del Gobierno, en buena medida por la imposibilidad de conciliar los intereses de la sopa de siglas que integra Sumar. En sucesivas ocasiones nos será distinto porque el presidente siempre se ha mantenido al margen de los contubernios de sus socios y respetará la decisión que hayan acordado.
Otra segunda consecuencia de la marcha de Díaz es que cortocircuita también cualquier amago de que Sumar abandone el gabinete, como suele ser habitual en los gobiernos de coalición a medida que se acercan las elecciones. IU lo ha llegado a insinuar en alguna ocasión, si bien en la Moncloa aseguran que ni en los momentos más críticos de la relación entre los socios de coalición, como fue la decisión de aumentar el gasto militar, se les trasladó semejante escenario.
La convocatoria de las elecciones andaluzas, que supondrá la automática salida de María Jesús Montero para ser candidata a la Junta, pero no su renuncia al acta de diputada en el Congreso, obligará, eso sí, a Sánchez a un nuevo reajuste en la estructura del gabinete. Fuentes del gabinete del presidente aseguran que el relevo de la vicepresidenta primera no será fácil, no solamente por el peso político de la también ministra de Hacienda sino también por la confianza que el presidente tiene en su número dos. A falta de apenas un mes para que Juanma Moreno convoque formalmente las autonómicas en Andalucía, el presidente ya trabaja en la nueva estructura del Consejo de Ministros aunque los nombres no están en absoluto definidos. Uno de los escenarios barajados es hacer un macro ministerio para unir Economía y Hacienda, pero no es el único.
De las pocas certezas que hoy están sobre la mesa es que quien releve a Montero al frente de la vicepresidencia primera será también mujer por expreso deseo del presidente, en lo que su equipo entiende como un nuevo guiño a las votantes socialistas decepcionadas con la marca PSOE tras los escándalos Koldo/Ábalos y Salazar. Lo que también se da por seguro es que la ministra de Hacienda mantendrá el escaño del Congreso hasta el momento que tenga que recoger el acta de parlamentaria autonómica, si es que decide quedarse en Andalucía como jefa de la oposición, ya que las encuestas no atisban ni remotamente un posible cambio de signo político en la Junta.
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