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'AI washing': la profecía autocumplida del desempleo tecnológico

Símbolo de ChatGPT.
11 de marzo de 2026 22:08 h

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Apenas habían transcurrido tres meses desde el lanzamiento de ChatGPT, pero en marzo de 2023 en Wall Street ya sabían cuál sería el efecto de la llamada “Inteligencia artificial” sobre el empleo. Esta nueva y flamante tecnología haría desaparecer 300 millones de puestos de trabajo; dos de cada tres empleos en todo el mundo se verían afectados. 

Hoy, cuando se cumplen tres años, los datos no apuntan en esa dirección. Al contrario, “apenas hay evidencia que apunte a que la tecnología de última generación, como los chatbots, estén dejando sin trabajo a la gente”.  

Por el camino, sus promotores se han tenido que comer en varias ocasiones sus palabras. Ya nadie espera que haya una superinteligencia. Tampoco que la IA sea útil en todos los sectores. En aquellos en los que parecía más arrolladora, como en el análisis de radiografías, no ha terminado de producir los efectos que se anunciaban. Los hospitales siguen necesitando radiólogos, las empresas siguen contratando programadores y los despachos de abogados continúan llenos de abogados. La inteligencia artificial, por ahora, no ha sustituido a los trabajadores. Como mucho los ha equipado con herramientas nuevas. Y como ha ocurrido tantas veces antes en la historia de la tecnología, esas herramientas parecen estar cambiando la manera de trabajar mucho más que eliminando el trabajo mismo.

Pero da igual. Aunque ya nadie se atreve a dar aquellos datos disparatados, cada semana vuelve a repetirse el runrun de que, esta vez sí, ahora seguro, la IA ha dado un salto y va a por tu nómina. ¡Más te vale ponerte a cubierto!

En el último episodio de esta telenovela, desde hace unas semanas corre por las redes sociales un nuevo hype. Algunas compañías han conseguido crear un tipo de programas (Claude Code, OpenClaw, en menor medida Copilot) que funcionan mejor que todo lo existente para escribir software. Lo llaman “IA agéntica” –no sé si para el software, pero para lo que desde luego esta gente tiene una habilidad muy especial es para los nombres– y consiste en que varios large language models se organicen para corregirse unos a otros y evitar la tendencia tan catastrófica que tienen a divagar, cometer errores o, directamente, inventarse la información.

Y antes de conocer cuál es el impacto real de esta iteración de los LLMs ha vuelto, puntual como un reloj, el relato de los despidos en masa. 

Solo que esta vez con una diferencia: varias firmas tecnológicas han justificado grandes olas de despidos con el argumento de que la IA está eliminando la necesidad de contratar personas. 

De acuerdo con un estudio de Challenger, Gray & Christmas, en 2025, la inteligencia artificial fue citada como motivo de más de 54.000 despidos. Solo en enero, Amazon despidió a 16.000 trabajadores, que se sumaban a otros 14.000 recortes en octubre. Beth Galetti, vicepresidenta senior de la compañía, explicaba que la multinacional está reduciendo plantilla porque “la IA es la tecnología más transformadora que hemos visto desde internet, y está permitiendo a las empresas innovar mucho más rápido que nunca”.

Hace unos días Jack Dorsey, que fue creador de Twitter y CEO de Block, la empresa detrás del método de pagos Square, ha anunciado que despedirá 4.000 trabajadores —casi la mitad de su plantilla— con el mismo argumento: “Las herramientas de inteligencia que estamos creando y utilizando, combinadas con equipos más pequeños y ágiles, están haciendo posible una nueva forma de trabajar”.

Sería una muy buena idea no llamarse a engaño. No existe a día de hoy evidencia alguna de la capacidad de influencia de la IA generativa, ni tampoco de la IA agéntica, sobre el empleo. Si lo tiene, en uno u otro sentido, lo empezaremos a encontrar dentro de años, quizá décadas. 

Mientras tanto, lo que estamos observando es algo que cada vez más voces identifican como “AI washing”, esto es, el uso interesado del inmenso mito que se ha creado en torno a esta tecnología para justificar despidos.

Como explica un ex-jefe de recursos humanos de Block, la misma empresa que ha protagonizado los recortes, hace unos días en The New York Times: “La IA puede proporcionar una nueva justificación para los despidos, pero el manual de juego es familiar. Los ejecutivos de Silicon Valley creen que las empresas tecnológicas tienen exceso de personal porque se expandieron demasiado durante la pandemia. La propia Block había pasado por rondas de despidos en 2024, 2025 y nuevamente en febrero para corregir las consecuencias previsibles de disputas internas anteriores entre ejecutivos, que llevaron a que los equipos se duplicaran en toda la organización. (Esto, en mi opinión, es lo que llevó a Block a triplicar su plantilla en cuatro años).”

Mientras tanto, la burbuja de la bolsa ha llevado a las empresas que están invirtiendo masivamente en esta tecnología, los llamados “hyperscalers” a una carrera por controlar el mercado de los centros de datos en el que calculan gastar, solo en este año, 600.000 millones de dólares. 

Y todo ese dinero tiene que salir de alguna parte. No es la mal llamada “inteligencia artificial” lo que está destruyendo puestos de trabajo. Es un cambio muy profundo en la cultura empresarial. Es la consolidación de un sentimiento que se viene larvando desde hace un par de décadas y que, ahora sí, ha encontrado un relato perfecto en la mal llamada “IA”: la percepción de que el valor de las empresas ya no emana de la fuerza de trabajo, sino del capital que sean capaces de controlar. 

Si algo debería preocuparnos, es este sentimiento, este cambio cultural. No la tecnología.

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