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Trump impone un nuevo alto el fuego en Líbano que permite a Israel seguir matando y ocupando como hace en Gaza

Vehículos militares israelíes maniobran en el lado libanés de la frontera, vistos desde la Alta Galilea, en el norte de Israel, el 25 de abril de 2026.

Francesca Cicardi

25 de abril de 2026 22:30 h

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Después de haber impuesto un primer alto el fuego de 10 días en Líbano, Donald Trump ha decidido extender el cese de las hostilidades otras tres semanas, a pesar de las continuas violaciones de Israel, que ha seguido asesinando impunemente a libaneses, incluida una reconocida periodista. El modus operandi es similar al de Gaza donde, después de la firma del alto el fuego, Israel sigue matando a civiles palestinos y ocupando buena parte del territorio pese a que el texto contemplaba su retirada. El resultado son acuerdos de alto el fuego que permiten a Israel seguir expandiéndose. También el grupo chií Hizbulá ha infringido la tregua en los pasados días lanzando cohetes al otro lado de la frontera, que no han causado víctimas israelíes.

En la noche del jueves (en España), el presidente estadounidense anunciaba en su red Truth Social lo siguiente: “El alto el fuego entre Israel y el Líbano se prorrogará TRES SEMANAS. Espero con interés recibir en un futuro próximo al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y al presidente de Líbano, Joseph Aoun”. No era la primera vez que Trump hacía referencia a un encuentro entre su amigo Netanyahu y Aoun, algo que el presidente libanés ha descartado mientras continúen los ataques israelíes y la ocupación del sur de Líbano por parte del Ejército hebreo.

Sin embargo, el republicano parece empeñado en que eso ocurra lo antes posible, incluso, en las próximas tres semanas, mientras esté en vigor el alto el fuego que él mismo ha impuesto, ignorando la delicada y complicada situación sobre el terreno y sin condenar en ningún momento las violaciones israelíes a la tregua que ponen el peligro su continuación.  

Trump dijo a la prensa el jueves que hay “una gran posibilidad” de que Israel y Líbano sellen un acuerdo de paz este año. Ese parece el objetivo último del presidente, que quiere hacer historia y lograr la normalización de las relaciones entre los dos países que han estado técnicamente en guerra desde la fundación del Estado de Israel en 1948 y, sobre todo, a raíz de la intervención militar de Israel en la guerra civil libanesa en 1982 y la ocupación israelí del sur del país hasta el año 2000. Desde ese año, Israel no ha dejado de realizar incursiones aéreas y terrestres en Líbano y ha lanzado tres ofensivas contra el país vecino: en 2006, en 2024 y la actual.  

Marco Rubio en el Despacho Oval, después de la reunión con los representantes de Israel y Líbano en Washington, el 23 de abril de 2026.

El secretario de Estado de Trump, Marco Rubio, se hizo eco de las aspiraciones del republicano en declaraciones después del anuncio de la extensión del alto el fuego: “El presidente quiso involucrarse personalmente y me alegro de que así fuera, porque eso hizo posible conseguir esta prórroga y da tiempo a todos para seguir trabajando en lo que será una paz permanente entre dos países que desean vivir en paz”.

Trump se ha involucrado directamente en las negociaciones entre Líbano e Israel, las primeras directas entre ambos países desde hace décadas, que dieron comienzo el 14 de abril y siguieron el jueves 23 en Washington. En medio de las dos rondas, el presidente de EEUU anunció el alto el fuego el día 16, asegurando que había prohibido a Israel bombardear Líbano, pero los ataques aéreos y de artillería no se han detenido, aunque sí han disminuido.

A Trump le interesa presentarse como un pacificador, aunque no pacifica absolutamente nada. Vende que está resolviendo los problemas de Oriente Medio, cuando no los está resolviendo, sino que los está agravando

Ignacio Álvarez-Ossorio catedrático de la UCM

Un alto el fuego letal

Desde la entrada en vigor del alto el fuego hasta el anuncio de su extensión (una semana exacta), el Ministerio de Sanidad libanés ha contabilizado casi 200 muertos, entre aquellos que han fallecido y los cuerpos que han sido recuperados en las zonas más castigadas durante las seis semanas de bombardeos israelíes. En total, desde el comienzo de la ofensiva contra Líbano el 2 de marzo pasado, el Ministerio ha registrado 2.496 muertos y más de 7.700 heridos en todo el país. Más de 300 personas perdieron la vida en un lapso de 10 minutos el pasado día 8 a causa de una oleada de bombardeos simultáneos contra varios puntos de Líbano con la que Israel quiso demostrar que el alto el fuego acordado por EEUU en Irán no se aplicaba también al país árabe. 

El miércoles de esta semana, el Ejército israelí mató a varias personas, incluida la periodista libanesa Amal Khalil, en un ataque dirigido contra la prensa, en el que también resultó herida la periodista Zeinab Faraj y que Líbano calificó de “crimen de guerra” y “crimen de lesa humanidad”. El presidente Aoun —a quien Trump pretende reunir en la misma habitación con Netanyahu—, denunció que “los ataques deliberados y directos de Israel contra periodistas tienen como objetivo ocultar la verdad sobre sus actos de agresión contra Líbano”. Solo este sábado, al menos otras seis personas murieron en tres ataques diferentes contra ciudades del sur del país.

Las declaraciones del jefe de Estado libanés y del jefe de Gobierno, Nawaf Salam, indican que las prioridades de Líbano son diferentes a las que persigue Israel. Tanto Aoun como Salam han insistido en que las tropas israelíes deben retirarse por completo del territorio libanés; también han apuntado a la devolución de los presos libaneses en manos de Israel y a la delimitación de la frontera entre ambos países, un asunto sobre el que jamás han logrado llegar a un acuerdo porque Israel busca ampliar sus dominios hacia el norte y noreste (de hecho, desde 2024 ha ocupado más territorio en el trifinio entre Israel, Líbano y Siria, donde se encuentran los altos del Golán).

A Netanyahu le interesa sabotear un eventual acuerdo de paz entre EEUU e Irán, por lo que la carta del Líbano puede ser utilizada para torpedear ese acuerdo

Ignacio Álvarez-Ossorio catedrático de la UCM

Por su parte, los dirigentes políticos y militares israelíes han dejado claro que su prioridad es desmantelar el grupo chií Hezbolá y acabar con el lanzamiento de proyectiles desde el lado libanés de la frontera hacia Israel. Tel Aviv busca en las negociaciones con Beirut que las autoridades libanesas ayuden al desarme del poderoso partido-milicia, responsabilizándolas de un posible fracaso de esta misión casi imposible.

El embajador de Israel ante la ONU señaló el jueves que el alto el fuego anunciado por Trump no se aplica al “100%” porque Hezbolá sigue activo. Danny Danon dijo a la cadena de televisión CNN que “el Gobierno libanés no tiene control sobre Hezbolá y Hezbolá está lanzando cohetes intentando sabotear el alto el fuego. E Israel tiene que responder”. Danon deseó que “el Ejército libanés sea capaz de aplicar y hacer cumplir el alto el fuego”. Precisamente, las Fuerzas Armadas libanesas reciben financiación y apoyo de Washington, aunque sus capacidades son limitadas.

Netanyahu también ha dejado claro que el alto el fuego no es absoluto. El viernes, aseguró que Israel tenía “plena libertad de acción contra cualquier amenaza” y este sábado ha anunciado que ha ordenado al ejército israelí atacar “con contundencia” las posiciones de Hizbulá en el sur de Líbano. El primer ministro lo ha justificado por las violaciones del alto el fuego por parte de la milicia chií, que este sábado lanzó dos cohetes y varios drones hacia el norte de Israel.

El peligroso precedente de Gaza

Ignacio Álvarez-Ossorio, catedrático de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), señala a elDiario.es que el texto del acuerdo de alto el fuego recoge explícitamente que Israel puede intervenir si considera que su “seguridad nacional” está amenazada. “Ese es el pretexto que está utilizando para seguir atacando en la zona [incluida] en esa ‘línea amarilla’ que ha establecido a imagen y semejanza de la de la Franja de Gaza”, asegura el experto.

El Ejército israelí ha trazado la que denomina ‘línea de defensa avanzada’, situada a unos diez kilómetros de profundidad en territorio libanés, que delimita una amplia área vetada a los residentes locales (un total de más de 50 aldeas y pueblos) y en la que las tropas están destruyendo viviendas e infraestructura civil y atacando supuestos objetivos de Hezbolá. 

Álvarez-Ossorio lamenta que “Israel tiene las manos libres para atacar los objetivos que considere oportunos, que no solo sean militares sino también civiles” en Líbano y eso es así porque “existe el precedente de la Franja de Gaza: no hay ningún mecanismo que vigile las violaciones sistemáticas del alto el fuego y que garantice su cumplimiento”.

Desde el cierre en falso del conflicto en Gaza con el plan de 20 puntos de Trump, Israel viola prácticamente a diario el alto el fuego que entró en vigor el 10 de octubre de 2025, después de dos años de genocidio contra la población gazatí. En los últimos seis meses, Israel ha matado a casi 1.000 palestinos y causado heridas a otros 2.200, según los datos del Ministerio de Sanidad local. Además, sus tropas no se han retirado del enclave palestino, tal y como estaba previsto en una segunda fase del acuerdo, y siguen ocupando más del 50% de la Franja –una zona delimitada por la Línea Amarilla, trazada en el plan estadounidense, que se ha convertido en la nueva frontera de facto, reduciendo aún más el espacio en el que están hacinados unos dos millones de gazatíes, la gran mayoría de ellos, en campos de desplazados–.  

Muchos de los palestinos que han sido asesinados en Gaza desde el pasado octubre han sido tiroteados cerca de la Línea Amarilla que, además, el ejército ha ido moviendo y expandiendo, provocando confusión y malentendidos letales. El área al este de esa demarcación está totalmente arrasada y despoblada y el Ejército israelí ha levantado puestos militares permanentes.

Existe el precedente de la Franja de Gaza: no hay ningún mecanismo que vigile las violaciones sistemáticas del alto el fuego y que garantice su cumplimiento

Ignacio Álvarez-Ossorio catedrático de la UCM

“A Trump le interesa presentarse como un pacificador, aunque no pacifica absolutamente nada. Vende de cara al público y, sobre todo, de su electorado, que está resolviendo los problemas de Oriente Medio, cuando no los está resolviendo, sino que los está agravando”, afirma Álvarez-Ossorio. El experto en esa región del mundo agrega que “dejar manos libres a Israel es peligroso por los precedentes” en Gaza y también porque “a Netanyahu le interesa sabotear un eventual acuerdo de paz entre EEUU e Irán, por lo que la carta del Líbano puede ser utilizada para torpedear ese acuerdo”.

Mientras Trump lograba un entendimiento para extender el alto el fuego en Líbano, el presidente no consigue avanzar en las negociaciones con Irán para poner fin al conflicto que inició el propio Trump, junto a Netanyahu, el pasado 28 de febrero y que desencadenó la escalada en todo Oriente Medio. Teherán ha vinculado en todo momento el frente libanés con un acuerdo más amplio con EEUU, algo que Israel ha intentado separar y que el Gobierno de Beirut ha rechazado, buscando distanciarse del eje iraní chií al que pertenece Hezbolá.

El catedrático explica que “la idea de Netanyahu es aprovechar el apoyo incondicional de EEUU y el silencio cómplice de Occidente y de Europa para redibujar las fronteras de Oriente Medio”. Detalla que, de momento, Israel ha ocupado cerca del 60% de la Franja de Gaza y “no tiene ninguna intención de retirarse de la Línea Amarilla”.

“Israel intenta hacer algo similar en Líbano, aplicando la que ahora se ha bautizado como ‘doctrina Gaza’: destruir por completo las infraestructuras, hacer que [la zona] sea inhabitable, golpear objetivos civiles, no solo militares, y quedarse finalmente con esa porción del territorio”, agrega Álvarez-Ossorio. Y concluye que “la impunidad absoluta” de la que ha gozado Israel por sus acciones en Gaza ha llevado a repetir ese modus operandi en Líbano, “sin que nadie tome ninguna medida”.

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