Máximo Pradera: “No hace falta ser ignorante para ser retrógrado, pero ayuda mucho”
Nieto de uno de los fundadores de la Falange, hijo de uno de sus grandes adversarios, sobrino de uno de los cantautores más contrarios al franquismo, y también de Carmen Martín Gaite y Rafael Sánchez Ferlosio; Máximo Pradera creció rodeado de intelectuales que forman parte de la historia de España, a quienes ha reunido en Memorias de un nieto confuso (Navona).
Un libro en el que el escritor, periodista y musicólogo defiende que “cada familia es un campo de batalla ideológico disfrazado de álbum fotográfico”. El autor indica que la única diferencia de la suya con la del resto, es que esta batalla la libraron en público. Ahora bien, igual que al resto, a los sucesores les ha tocado heredar un pasado incómodo y tener que decidir qué hacer con él. Su elección: “Convertir el plomo de la herencia franquista en el oro de la provocación democrática”.
¿Cómo ha llevado ser nieto de Rafael Sánchez Mazas, fundador de la Falange y uno de los autores del Cara al sol? Una canción que ahora no se usa tanto, pero a veces sí.
Y puede llegar a sonar más si las cosas se tuercen. A mi madre no le gustó nada [la novela de Javier Cercas] Soldados de Salamina, a mí más. Viene a decir que Sánchez Mazas fue el gran ideólogo de la Guerra Civil, que sin él no la habría habido porque no habrían tenido soporte ideológico para alzarse. Mi padre me dijo cuando le pregunté que era una licencia literaria de Cercas. El peso ideológico de mi abuelo fue más bien accesorio, en detallitos, en el grito de “arriba España”, el yugo y la flecha; pero tanto como ser el gran ideólogo de la sublevación militar como dice el libro, no.
¿Por qué decidió escribir este libro sobre su familia en este momento?
En mi anterior hablé sobre mi experiencia con el cáncer, El cáncer y la madre que lo parió, que fue muy gorda porque es enfrentarte con la muerte, aunque ya estoy bien. Te cambia la mentalidad respecto a todo, la vida, tu familia. Probablemente, sin haber atravesado la enfermedad no lo habría escrito, pero ahora sí. Entre que me ha cambiado mi forma de pensar y me lo ha pedido mucha gente, llegó el momento.

Usted utiliza la provocación. Figuras como Trump, Ayuso o Milei son ahora mismo los maestros de la misma, ¿qué lugar ocupa en la actualidad?
Hay provocación buena y mala. El otro día comenté un tuit de Elisa Beni que era provocación chunga, porque es de esos opinólogos que lo que pretenden es tener razón a toda costa. Sacó uno absolutamente infumable sobre el derecho al odio, por la frase que había dicho Carlos Baute de la mona [el cantante alentó a los gritos de “fuera la mona” referidos a Delcy Rodríguez en un evento]. Hacía una cosa que me pone muy nervioso que es asociar lo humano con lo visceral y lo chungo. Lo humano también es la compasión, la inteligencia, la quietud, el análisis. Ese “es que somos humanos” se utiliza cuando nos equivocamos o excedemos, y no. Una de las grandes virtudes del ser humano es la compasión por el otro.
Lo que yo intento es practicar una provocación que va a al subtexto. Ahora podría provocar mucho, y creo que lo voy a hacer, a Baute, porque ha salido como si fuera un angelito diciendo: “Ay, me he equivocado, no soy racista”, porque ha visto que incluso le puede afectar comercialmente en la venta de sus discos. Se nota cuando la petición de disculpas no es sincera, sino que obedece a intereses comerciales.
Antes el libro era un objeto más respetado, ahora saca libros hasta Paz Padilla
Vivimos entre mucho ruido y parece que muchas veces la burrada de turno es lo que queda y no tanto cómo podemos contrarrestarla e incluso qué hay detrás de ese mensaje.
Sí. En España se ha producido un fenómeno, cada vez más creciente, que pertenece a intereses empresariales. Una tertulia es muy barata en relación al precio tiempo que ocupas en antena en televisión. Se lleva a gente que a lo mejor es fuerte en un campo, pero se le obliga a opinar de cosas que a lo mejor no tiene ni puta idea. Gente que antes de ayer no sabía que existía el estrecho de Ormuz, se lo ha leído en Wikipedia el día anterior y lo suelta simplemente porque la empresa le está pagando. Y la empresa está encantada, porque está rellenando tiempo. No hay contenido, hay relleno.
Hay muchísimo tertuliano bocachancla que traen porque es director de algún medio, por quedar bien en cámara, porque anima el debate, pero hay mucho deterioro de lo que es el periodismo. Siempre digo que si a todos los que dan opiniones en tertulias les obligaras a buscar una noticia al mes, se acabarían en una hora, porque buscar noticias es mucho más difícil que soltar cualquier parida.
Por ejemplo, he oído a Pablo Iglesias, al que no tengo ningún tipo de problema en llamarle 'el colectas', porque hago ese tipo de provocación, meterse mucho con elDiario.es. Como que es el periodismo de pijoprogres, pero el tío lo que hace es opinar sobre muchos temas que son exclusivas de elDiario.es. Por lo menos, reconoce el trabajo de los periodistas.
Su bisabuelo Víctor Pradera, que sentó las bases de lo que posteriormente sería el franquismo, era una persona muy bien formada. ¿Pecamos al pensar que un votante de Vox tiene que ser una persona iletrada o menos formada? Entender que haber estudiado mucho no te hace necesariamente una persona más progresista.
Mi bisabuelo era un intelectual. No hace falta ser ignorante para ser retrógrado, pero ayuda mucho, sobre todo lo peligroso es que haya muchos retrógrados. El autoritarismo, el falangismo, el fascismo ha encontrado una forma muy eficaz de sabotear la democracia, que es el principio de que yo tengo derecho no solamente a mis propias opiniones, sino a mis propios hechos, que es la realidad alternativa. Y que eso se considere normal, como el terraplanismo o la homeopatía.
En el libro ahonda en la relación que su abuelo Rafael Sánchez Mazas tuvo con Franco.
Una de las historias que cuento es que Rafael Sánchez Mazas, además de falangista, fue ministro sin cartera durante el primer año de posguerra. Como era una persona intelectualmente muy dotada, con formación, y Franco era un zote, un general chusquero que no tenía ni puta idea de nada; le aburría muchísimo. Sus consejos de ministros podían durar cuatro o cinco horas, era eterno. A Franco le empezó a tocar las narices que mi abuelo llegara tarde. Un día preguntó por él y dijo que no le pusieran silla.
En su último Consejo, mi abuelo entró una o dos horas tarde y se encontró que no tenía donde sentarse. Tuvo que ponerse de pie en un discreto segundo plano como un alumno díscolo castigado. Cuando acabó, se acercó a Franco y este le dijo que ya no hacía falta que viniera más.
Mi capacidad para tocar las narices la he heredado en parte de mi abuelo porque las tocaba muy bien. En ese sentido es admirable, y no se le reconoce esa capacidad en Soldados de Salamina. Tenía un amigo falangista, Mourlane Michelena, que era muy pedante. Una vez le dio un zasca delante de todo el mundo, por postureo: “Mourlane, con el tiempo y esfuerzo que dedica usted a aparentar una cultura que no tiene, bien podría haberse construido una de verdad”. Yo estaría diciendo esa frase todo el día a todo el mundo, ese “qué estás diciendo si no sabes de qué estás hablando”. Estás en puro postureo. Ese era mi abuelo.
También ayudó a salvar la vida a Miguel Hernández. Finalmente, murió de tisis en la prisión de Alicante, pero estuvieron a punto de fusilarle bastante antes en Madrid. Mi abuelo, que tenía el privilegio de sentarse en el Consejo de ministros dijo “le pido la gracia para un poeta”. Consiguió salvarle la vida. Aunque solo sea por eso ya merece un lugar en la historia.
Hablábamos del Cara al sol porque su abuelo estuvo involucrado en su composición, pero también tiene a su tío, Chicho Sánchez Ferlosio, que fue todo lo contrario, creando canciones protesta en el franquismo. ¿Qué papel tuvieron entonces? ¿Siente que ahora hay canción protesta?
No hay canción protesta. Cuando me llevaba bien con Pablo Iglesias, cuando Podemos era la Patrulla-X, que estaba Bescansa, Errejón, Monedero, antes de que este se los fuera puliendo uno a uno; adapté una canción de Munárriz que se llamaba Vamos a decir que no, para uno de los mítines que iba a hacer en plena efervescencia del 15M. Estuve a punto de irla a cantar.
La música es un cohesionador de la gente. Funcionó de maravilla en los años sesenta, y ahora, los movimientos sobre todo de izquierdas, no tienen himnos. No se canta. Qué habría sido del movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos sin Joan Baez y We Shall Overcome, las canciones que cantaban. Los echo mucho de menos. En el tardofranquismo hubo muchísima canción protesta, no solamente de Chicho Sánchez Ferlosio, sino de Aute, Rosa León, Paco Ibáñez, muchísima gente con talento que te daba ánimos con lo que cantaba, las letras y las músicas. La gente necesita cantar.
Cuando habla en el libro de su tía Carmen Martín Gaite señala que le enseñaron que la literatura puede construir en vez de destruir, ¿sigue pensando igual?
Se ha deteriorado bastante. El otro día salió una noticia diciendo que el 50% de libros de España no vende ni un solo ejemplar. Hay una sobrepublicación. Antes el libro era un objeto más de lujo en el sentido no de dinero, que también supongo que comprar libros nunca ha sido agradable para el bolsillo; pero era un objeto más respetado. Ahora saca libros hasta… me acuerdo de Paz Padilla yendo a una recepción del Cervantes como escritora y la reina saludándola. No sé, están ocurriendo cosas muy insólitas. El concepto de autor se ha abaratado.
Mi padre abarató el libro, en el sentido bueno de la palabra. Siempre que se habla de Javier Pradera se hace de su parte política, militante y periodística. Pero él fue muy importante a la hora de abaratar el libro en el sentido económico, porque Alianza, la editorial que ayudó a cofundar, puso al alcance de generaciones españoles libros importantísimos, a los que no teníamos acceso en los sesenta y setenta porque eran de tapa dura y valían una pasta. Desde Kafka, Hermann Hesse, Freud. Con el libro de bolsillo de Alianza Editorial. Me gusta reivindicar su papel en la historia de España porque pienso que el libro de bolsillo de Alianza Editorial también lo es.
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Vídeo: Adrián Torrano
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