Sandra Delaporte: “No me voy a poner bótox. Voy a tener canas y arrugas aunque no le guste a la industria musical”
“Se dice que la cancelación destroza la vida de hombres, pero todos siguen trabajando, siendo famosos e impunes”. La violencia sexual y su respuesta social es uno de los temas que Sandra Delaporte ha volcado en su durísimo, realista y honesto primer libro Del barro al poema (Lunwerg). Y lo ha hecho a través de versos y canciones en los que reflexiona y arroja luz sobre la soledad, el suicidio, lo que ha acuñado como famositis y la vulnerabilidad.
La cantante, productora y vocalista de Delaporte —que el pasado mes de noviembre denunció la agresión sexual que sufrió durante un concierto— ha agarrado sus heridas, las ha abierto, ha dejado salir su pus y las ha limpiado sin dejar de retorcerse. También las ha permitido desgarrarse incluso un poco más, para acabar sanando, renovando su piel, abrazándolas y cuidándolas en un ejercicio de honestidad que sobrecoge por la crudeza y a la vez delicadeza con la que ha suturado sus llagas.
Su libro entronca con la idea de felicidad que abunda hoy en día, reducida muchas veces al imperio de Mr. Wonderful.
La felicidad como marca es mentira. A nivel social estamos en una deriva de hiperdisociación, de vanidad, que se ha colado a través de la marca de felicidad social y de solucionar todos nuestros problemas de abandono y heridas a través de conseguir fans, de que nos vean, de sentir que existimos y somos importantes a través de las demás personas. Desde un yo que no es real y que genera más vacío, porque al final te quieren desde una marca que has generado, no desde quien tú eres realmente. Se ensalza la marca de que la vida es maravillosa, de que todo es genial, viaja y que se te pase, consume y que se te pase, ve a 800 festivales, consume más alcohol...
Yo he tenido ideas suicidas y hay que hablar de que es un fracaso social, no individual, porque no encajamos en el sistema que se nos ha vendido de producción capitalista. Un modelo de existir en torno al consumo, que ya es fracaso, pero no nuestro. Quien se atreve a mirarlo de frente y ver esas heridas, es quien hace la revolución, quien ve la vulnerabilidad, quien de pronto conecta con la ternura y con lo más radical de todo, que es ser buena persona, incluso aunque tengas que renunciar a ser famoso o todos estos vacíos que estamos llenando con esta moto a toda velocidad. Somos más listas de lo que parece, nos la intentan colar pero no funciona. Hay más precariedad que nunca, el problema de la vivienda es brutal, el nivel de depresión, los problemas de salud y salud mental, es abismal.

¿Qué es la 'famositis'?
La famositis es una inflamación aguda del ego que viene de la enfermedad de la idolatría. Tener referentes e inspiración es superimportante, pero de ahí a la locura que se ha generado... El backstage de muchos festivales es a ver quién está con la abeja reina. Imagina que aparecen aquí Rosalía, Nathy Peluso o Beyoncé, ¿qué va a pasar? Es que hasta deshumaniza a la persona. Se convierte en la masa masiva que se supone que es el éxito al que aspirar y al que idolatrar, como si esa persona tuviera algo fundamentalmente maravilloso; y es una persona igual que tú.
¿Con millones detrás para precisamente convertirlo en algo que inflame el ego y la enfermedad de la idolatría? Sí, pero a mí no me gusta que me idolatren. Me parece una falta de respeto. Me parece bien que te inspire, que te guste lo que hago, que te ayude; pero yo quiero hablar con un humano, no con un niño de doce años que ve a un superhéroe porque canta y lleva cosas de marca. Lo siento pero no.
No me gusta que me idolatren. Me parece una falta de respeto. Me parece bien que te inspire, que te guste lo que hago, que te ayude; pero yo quiero hablar con un humano, no con un niño de doce años que ve a un superhéroe porque canta y lleva cosas de marca
Reflexiona sobre las veces que se perdió a sí misma por agradar, ¿la industria musical permite que se den cuenta?
Cuanto más agradas más te abandonas a ti misma, y cuanto más lo haces, más difícil es que te quieran por quien eres y más gordo se hace el abismo. Es un sistema de supervivencia que me ha mantenido, pero admito que he sido 'agradadora' máxima de amigas, amigos, público, pareja. Me he puesto ropa que no quería. No me gusta el modelo sexual femenino que impera hoy en día.
No me identifico nada con el canon, no me gusta maquillarme, no me gusta pintarme las uñas, no me gusta enseñar cosas y lo he tenido que hacer para agradar a un público, conseguir fans, que me idolatren, siendo alguien que no soy. Y vender una marca de que el sueño de todo artista es ser Dua Lipa. Pero es que me parece arte vacío, que no es real y nace de la supervivencia del agradar.
Muchas artistas mujeres parecen cortadas por el mismo patrón, ¿hay margen de cambio en una industria que lo perpetúa?
Yo he tenido que revisar mucho qué es el éxito para mí. Yo no sé si voy a tenerlo o no, pero lo que no voy a hacer es perderme otra vez porque me marchito, me muero, no soy yo. Yo creo que en realidad nadie está bien. Luego es verdad que hay gente que utiliza su altavoz para hablar de violencia de género, de todas las formas de intransigencia y antihumanidad que existen, lo cual es muy valiente; pero es que yo no quiero ser Aitana ni Dua Lipa.
No quiero aparecer bailando. Yo o hago punk, o hago techno o hago este libro; no quiero un público masivo, quiero público consciente. Ese es el éxito para mí, poder vivir dignamente, poder pagar el alquiler, comer, hacerme algún viaje de vez en cuando, pagarme mi terapia, y ya está. Y si no, puedo dedicarme a mil cosas más. Yo voy a crear hasta el día en que me muera, pero si lo que creo no late o no forma parte de, me da igual. El dinero ya no es un monstruo al que tengo que agradar.
En su experiencia, ¿cómo se ha sentido al hablar del suicidio? ¿Falta conversación sobre ello?
Sí. Creo que lo oscuro no se ve y muchas personas no se sienten vistas. Los consejos de la marca de la felicidad, de “ay bueno, pero la vida es maravillosa, céntrate en eso”, no ayudan a superar el suicidio, promueven el aislamiento. Si la gente no se expresa y pide ayuda, se mata, porque precisamente te quieres matar porque te sientes sola y abandonada. Sin las otras personas no vivimos. Nos han intentado hacer pensar que somos independientes, que podemos con todo, todo esto de los cripto, que qué pereza y coñazo de seres humanos. Todo ese tipo de mensajes no van con la humanidad.
El aislamiento es lo peor que hay y paradójicamente ahora estar aislado es lo cool y lo guay. Así que ver a gente hablando del suicidio a mí me ha salvado, y hablar de la muerte con total naturalidad. Todas vamos a morir. También hay un rollo de “somos superheroínas inmortales” y eso es mentira. Nos da tanto miedo darnos cuenta de la vulnerabilidad que tenemos que vamos corriendo a idolatrar a personas que nos hacen creer que somos inmortales, maravillosas y que podemos con todo, y es todo mentira. Las personas que hablan de su humanidad sí salvan vidas, y son gente valiente.
¿Qué lugar ocupa la vulnerabilidad en la actualidad?
A mí me enseñaron de pequeña que la vida es dura y que tú tienes que ser más fuerte que la vida. Y hay que ser fuerte, poder con todo, y ser demasiado sensible es un problema; y ser demasiado intensa, también. Venimos de una deriva, que siguen gobernando hombres, que nos dice que tenemos que producir, autoexplotarnos, morir en el intento, y que vivan el honor, el orden, la ley y el rey. Hay una voz constante que dice “sé fuerte y no llores” y que la vulnerabilidad es de débiles. Y si eres débil, mueres.
Para mí, en estos últimos años mi vulnerabilidad ha sido mi única fortaleza, porque es lo que realmente me dice quien soy, me permite poner límites y decir “yo no me autoexploto” y “no me voy a suicidar porque tú me grites”. Te voy a decir que no. A la industria musical, con todo el cariño del mundo y lo que me has dado, gracias, pero por aquí no paso. No me voy a poner bótox. Voy a tener canas, arrugas; y si a ti no te gusta, es que no tengo que estar ahí.
Otro tema que aborda es su experiencia como víctima de violencia de género, ¿hace falta también poner más el foco, o incluso replantear la manera de hacerlo?
Al principio se suele poner mucho el foco en victimizar, en la carnaza. Me pasó cuando anuncié en mis redes sociales, que es mi comunidad, la agresión sexual que sufrí durante un concierto. Lo hice porque lo sentí como una traición porque de mi público espero que haya un mínimo de conciencia y de responsabilidad. La libertad no es lo que dice Ayuso, requiere de mucha responsabilidad, y si no la tienes, es tiranía. Es mucho del neoliberalismo del “todo vale” y no, no todo vale. Me cabreé mucho porque cuando bajo del escenario hay un pacto de confianza y seguridad. Y si eso se rompe no está bien, y lo comuniqué. ¿Qué pasó? Me llamaron de programas de televisión que no me habían llamado en la vida. Y no, si quieres carnaza ve a buscarla a otra parte. Esto es muy sensible.
Al principio se pone el foco en la denuncia, y en poner en duda a la que denuncia, como pasó con Julio Iglesias. Lo más difícil es tener la valentía de denunciar y rehabilitar a esa persona para que pueda volver a confiar en un hombre, en la vida y para que no se quite la vida, que es lo que más me está costando a mí. Llevo diez años de terapia intensiva trabajando el abuso narcisista, el abuso sexual y el maltrato psicológico. Y nadie pone el foco ahí, nadie habla del pánico a que te toquen, del ser humano que hay detrás de todo lo que está pasando.
Y peor aún, se dice que a los hombres les destrozas la vida por la cancelación, pero es que todos esos hombres siguen trabajando, siguen siendo famosos, siguen haciendo de su vida lo que les da la gana y pasan impunes. Da la sensación de que todavía socialmente se protege más al agresor que a la víctima, se pone en duda antes a la víctima que al agresor y al que abusa. Y el único responsable del abuso es el que abusa. Si tú decides poner en duda a la víctima o, como en el bullying, decides poner en duda al niño que están pegando, eres parte del bullying. Y si no lo quieres ver, es porque no te importa una mierda la humanidad. Te importas tú, tu ego y tu narcisismo.
Vídeo completo de la entrevista
Vídeo: Adrián Torrano
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