Ignacio Rodríguez, podólogo: “Cortar los bordes laterales demasiado profundos favorece que la uña se clave en la piel”

La prevención es clave para evitar las posibles complicaciones de las uñas encarnadas.

Marta Chavarrías

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Nos ponemos nuestros zapatos preferidos y sentimos un ligero pinchazo en el dedo gordo del pie. Miramos los dedos y vemos una zona roja e hinchada donde la uña se clava en la piel. Probablemente, se trate de una uña encarnada, o lo que se conoce en términos médicos como onicocriptosis, una de las afecciones más frecuentes en podología y una causa de habitual de dolor e inflamación en el pie, según el Consejo General de Colegios Oficiales de Podología (CGCOP).

Aunque pueda parecer una molestia menor, una uña encarnada puede convertirse en un verdadero problema, con un fuerte dolor de pie que se complica con una infección si no se trata de forma adecuada. 

Uñas encarnadas: cuando la uña crece mal

En una uña encarnada, “el borde de la uña se introduce en la piel que la rodea, provocando inflamación y dolor. Aunque puede aparecer en cualquier dedo, lo más habitual es que afecte al dedo gordo del pie”, explica Ignacio Rodríguez, podólogo y cofundador de Podólogos Amores y Rodríguez.

En lugar de que la uña crezca sobre la piel, lo hace hacia adentro. El cuerpo la trata como un agente extraño, como una especie de astilla que no podemos extraer. Esto desencadena una respuesta inflamatoria, el dedo del pie se enrojece, se calienta y se inflama.

“No siempre produce infección, sobre todo en las fases iniciales, pero si no se trata puede llegar a provocar una infección, una inflamación importante o incluso tejido inflamatorio conocido como granuloma”, advierte Rodríguez.

¿Cómo podemos saber si se trata de una leve irritación o de un problema más grave? Para saber si tenemos una uña encarnada nos ayudará prestar atención a la presencia de síntomas como “dolor, enrojecimiento, inflamación, sensibilidad al roce, dificultad para caminar y, en casos más graves, supuración o infección”, advierte Rodríguez.

Por tanto, lo primero que hará una uña encarnada será que notemos dolor y sensibilidad en la uña, especialmente al presionar el dedo. Nos dolerá al caminar, la piel de alrededor de la uña se tensará y será brillante y, en algunos casos, puede aparecer pus, lo que indica que el cuerpo está combatiendo una infección. 

¿Qué hacemos mal para que aparezca una uña encarnada?

Existen varias razones por las que nuestras uñas pueden estar comportándose de forma extraña. Una de las causas más comunes es un corte de uñas incorrecto. “Es uno de los orígenes más frecuente que vemos en consulta: muchas personas cortan los bordes laterales demasiado profundos, lo que favorece que la uña se clave en la piel al crecer”, afirma Rodríguez.

Se trata, por tanto, de un punto clave: si nos cortamos las uñas demasiado cortas o les damos una curvatura excesiva en las esquinas, la piel puede doblarse sobre la uña y, al crecer, no tiene más remedio que clavarse en la piel. 

Otra causa común son los “traumatismos y los microtraumatismos repetidos, especialmente por el uso de calzado estrecho o ajustado en la parte delantera del pie”, afirma Rodríguez. La presión constante que ejerce el calzado puede hacer que la uña se clave en la piel. 

A estas dos causas se les suma una más, que es “la limpieza excesiva de los bordes de la uña, es decir, intentar ‘vaciar’ los laterales, lo que puede irritar y favorecer que la uña termine encarnándose”, aclara Rodríguez.

Las tres claves de una buena prevención 

La prevención es clave para evitar las molestias y las posibles complicaciones de las uñas encarnadas. Para ello, es importante incorporar una serie de prácticas a nuestra rutina de cuidado de los pies si queremos reducir el riesgo. Y esto pasa, en primer lugar y por lógica pura, por “cortar las uñas rectas, sin profundizar en los laterales”, aconseja Rodríguez. Esto minimiza la posibilidad de que la uña crezca hacia la piel de alrededor. 

También nos ayudará a prevenir la onicocriptosis “usar un calzado con espacio suficiente en la zona del antepié”, afirma Rodríguez, para que los dedos puedan moverse libremente. El uso de un zapato ajustado puede ejercer presión sobre los dedos, lo que aumenta la probabilidad de que se encarnen las uñas. 

Y, por último, pese a que no se trata de una medida a la que solamos prestar mucha atención, es fundamental “mantener una buena higiene y cuidado de los pies”, reconoce Rodríguez. Esto nos ayudará a mantener los pies limpios y secos y prevenir infecciones bacterianas o fúngicas que pueden agravar las uñas encarnadas.

Errores que cometemos ante una uña encarnada

Cuando los síntomas de una uña encarnada son leves, es decir, el dedo del pie está irritado y rojo pero no infectado y no duele mucho, “conviene revisar el tipo de calzado y la forma de cortarse las uñas”, afirma Rodríguez. Pero nunca debemos “intentar arrancar trozos de uña, introducir objetos punzantes o manipular en exceso la zona porque puede empeorar la lesión y favorecer la infección”, advierte Rodríguez. 

Pero tendremos que acudir al podólogo en el caso de que “aparezca dolor intenso, inflamación importante, pus, sangrado, granuloma o dificultad para caminar”. Ante estas circunstancias, acudir a la consulta de un especialista cuanto antes nos ayudará a evitar posibles complicaciones y tratar el problema de forma adecuada. 

Y es que, como reconoce el especialista, “muchas uñas encarnadas se cronifican por intentar tratarlas en casa, de ahí que un diagnóstico precoz sea clave porque ayuda a evitar complicaciones y tratamientos más invasivos”. La consulta ante molestias repetidas también es determinante, concluye Rodríguez, ya que muchas “uñas encarnadas se vuelven crónicas por intentar solucionarlas en casa.

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