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YouGov

El 41% de los españoles apoya un boicot al Mundial de EEUU como respuesta a las guerras y ataques de Trump

El porcentaje de apoyo al boicot aumenta entre los más jóvenes.

David Romero González / Yuly Jara

24 de abril de 2026 21:45 h

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La guerra ilegal contra Irán emprendida por la Administración de Donald Trump junto a Israel. El secuestro de Nicolás Maduro. Los intentos de expansionismo en Groenlandia. Las redadas racistas del ICE. Las amenazas a Cuba. Estos son los principales motivos por los que el 41,4% de la ciudadanía española apoya que su selección no participe en el Mundial de fútbol de este verano, que se disputará en Estados Unidos, Canadá y México.

Así lo recoge una encuesta elaborada por la empresa demoscópica YouGov para la organización internacional sin fines de lucro Ekō —que lucha contra el abuso de poder corporativo mediante campañas ciudadanas— y que publica en exclusiva elDiario.es. Según esta, el apoyo al boicot está cinco puntos por encima de la opción de participar en el torneo masculino, algo que quiere el 36,2% de encuestados. Si se descartan las respuestas de indecisos, el porcentaje a favor de la retirada asciende al 53%, frente al 47% que se opone.

YouGov France —utilizando el panel de su división en España— preguntó entre los días 17 y 18 de marzo, en la tercera semana de guerra, a 1.013 personas españolas mayores de edad acerca de esta cuestión. La franja de edad que se mostró más partidaria del veto fue la de 25 a 34 años: un 48,9% lo apoyaba y un 32,1% lo descartaba. Le sigue el grupo de mayores de 55 años, con un 42,2%.



Entre hombres y mujeres (la encuesta no planteó una opción no binaria), la diferencia se pone de manifiesto en la negativa al boicot: un 44,5% de varones descartaba esta medida de presión por parte de España, dieciséis puntos por encima que las mujeres, donde el porcentaje indeciso aumenta significativamente.

El apoyo al plante varía de forma más notable según el voto en las últimas elecciones generales: más del 65% de los votantes de Sumar (en los que se incluye a Podemos por su coalición de 2023) querrían que la selección española no viajara a EEUU, seguido por casi el 58% del PSOE. El PP es el partido con votantes menos proclives a la medida (22,2%), pero es Vox quien más se opone (63%). La encuesta contó con votantes de todos los socios de la investidura, pero la muestra es tan reducida que los datos pueden no ser significativos.





Para Alessio Petronelli, activista del equipo internacional de Ekō , “la disposición del público [español] a tolerar las payasadas de Trump está claramente disminuyendo” tras las constantes amenazas a España. El presidente republicano “está avivando una guerra de agresión en Irán y secuestrando a familias en su propio país. La gente de todo el mundo está marcando una línea clara: no se puede utilizar el deporte para blanquear un historial en materia de derechos humanos”, añade Petronelli. Más de 195.000 personas de todo el mundo han firmado la petición de la ONG en la que se insta a las selecciones nacionales de fútbol a no participar en el que será, junto a los Juegos Olímpicos de 2028, el evento insignia de Trump.

Preguntado por elDiario.es, el Gobierno asegura que “España no se plantea en ningún caso que nuestra selección no participe este verano en el Mundial de fútbol. Se trata de una competición organizada por la FIFA, que se disputará en otros dos países —México y Canadá— y en la que la selección española se ha ganado con creces el derecho a participar”. Asimismo, reiteran su postura “en favor de la paz y en contra de la guerra”, que “forma parte del compromiso de España con los valores democráticos, el derecho internacional y el entendimiento entre países”.

Las decisiones de calado suelen ser negociadas entre el Ejecutivo (a través del Consejo Superior de Deportes) y la federación correspondiente. Así ocurrió, por ejemplo, con el trato simbólico que se le dio a Kosovo en la fase de clasificación del Mundial 2022: se evitó la mención de Kosovo o República de Kosovo en pro de terminologías como territorio de Kosovo o Federación de Fútbol de Kosovo, siguiendo recomendaciones del Gobierno español, que no reconoce su independencia de Serbia.

Una retirada que sobrevuela, pero que no aterriza

Los ecos sobre un posible boicot han recibido apoyos significativos en los últimos meses. El que fuera expresidente de la FIFA durante 17 años, Joseph Blatter —periodo en que Rusia y Qatar fueron países organizadores del Mundial— cuestionó en enero la idoneidad de EEUU como una de las sedes del torneo. “Para los aficionados, solo tengo un consejo: ¡manténganse lejos de Estados Unidos!’, declara [el experto anticorrupción] Mark Pieth. Creo que tiene razón al cuestionar esta Copa del Mundo”, escribió Blatter en su perfil de redes sociales.

Donald Trump, durante el partido de fútbol entre el Ejército y la Marina en Baltimore, en diciembre de 2025.

La opción sobrevoló Alemania ese mismo mes, tras las declaraciones del diputado democristiano Jürgen Hardt, cercano al canciller Friedrich Merz, en las que planteaba el boicot como medida de presión para que Trump cejara en sus ansias expansionistas en Groenlandia. Apenas unos días más tarde el propio Gobierno alemán descartó esta opción y pidió no “instrumentalizar el deporte”.

Para el politólogo y analista geopolítico Narcís Pallarès-Domènech, autor del libro El gran juego, la Copa del Mundo es “un evento fundamentalmente geopolítico y solo secundariamente deportivo, aunque pueda parecer lo contrario”. “Este verano, la FIFA y Estados Unidos harán, en esencia, lo que siempre han hecho: organizar una competición deportiva que, detrás de la fachada futbolística, persigue fines geopolíticos claros. Se trata de consolidar, proyectar y reafirmar identidades, naciones y territorios”, asegura a elDiario.es.

Ejemplo de ello es la situación deportiva derivada de la guerra en Oriente Medio. La selección de Irán mantiene en vilo su participación y ha reiterado su preferencia por disputar sus partidos fuera de Estados Unidos (los tres de fase de grupos, por lo pronto, serán en Los Ángeles y Seattle), algo que la FIFA descarta. “Si cualquier otro país estuviera en el lugar de EEUU, le retirarían la organización del Mundial y de los Juegos Olímpicos”, afirmó el pasado martes el ministro de Deportes iraní, Ahmad Donyamali. Se trata de un planteamiento que, de hecho, ya se aplica en el caso de equipos israelíes y de su propia selección en competiciones europeas de fútbol y baloncesto, que juegan sus partidos como locales en Serbia, Hungría o Bulgaria.

Si la FIFA consigue que Irán dispute sus encuentros en EEUU, podrá sumarse el clásico tanto de que el fútbol une lo que la política y la guerra separa

Carlos Pulleiro Investigador

El jueves, el Financial Times informó de que un enviado del presidente Trump había pedido a la FIFA sustituir a la selección iraní por la de Italia con el fin de mejorar las relaciones entre ambos países tras el distanciamiento de Giorgia Meloni. El presidente del Comité Olímpico italiano y el propio Ejecutivo han rechazado la propuesta: “Me sentiría ofendido si ocurriera, debe ganarse por mérito”. Y la FIFA lo ve inviable, informa El País. Más tarde, el secretario de Estado, Marco Rubio, advirtió de que, si bien Irán será bienvenido, “no puede traer terroristas de la Guardia Revolucionaria y pretender que son periodistas o preparadores físicos”, según Reuters.

“Si la FIFA consigue que Irán dispute sus encuentros en EEUU, podrá sumarse el clásico tanto de que el fútbol une lo que la política y la guerra separa”, asegura a elDiario.es Carlos Pulleiro, investigador en el International College of Football de la Tongji University en Shanghái, que prevé un acto orquestado por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, así como reacciones simbólicas por parte de Irán, que en los últimos partidos han salido al campo con mochilas, en recuerdo de las 168 niñas asesinadas por el bombardeo estadounidense a una escuela de Minab. “Supongo que [Infantino] intentaría justificar de alguna forma, ya de paso, el chiste de terrible gusto que fue el Premio FIFA de la Paz. Pero esto solo reflejaría la hipocresía del deporte internacional en relación con las sanciones deportivas a Rusia”, añade Pulleiro.

Además de los efectos derivados de la guerra en Irán, EEUU sufre un “aumento del autoritarismo de la Administración Trump y de violencia creciente”, advierten más de 120 destacados grupos de derechos civiles en el país norteamericano. El jueves, el periódico The Athletic —división deportiva del New York Times— publicó una carta de estas organizaciones en la que instan a aficionados, periodistas o jugadores, entre otros, a “tener precaución” y en la que alertan de la “vulnerabilidad” que sufren las comunidades inmigrantes, grupos minoritarios raciales y étnicos y la comunidad LGBTQ+. Son 48 las personas que han fallecido desde 2025 en custodia del ICE, que lleva semanas desplegado en grandes aeropuertos.

Qué implicaría para España

Tanto Pulleiro como Pallarès-Domènech, los expertos consultados por este diario, ven “prácticamente imposible” que España se retire del torneo de selecciones más importante del fútbol. “La presión social a nivel nacional es muy escasa y no está organizada. Hace cuatro años existía una mayor presión social internacional en realizar un boicot a Qatar, pero ni siquiera con eso la RFEF o los jugadores se adhirieron a la campaña ‘OneLove’ de los brazaletes (que al final quedó en nada ante presiones FIFA)”, sostiene Pulleiro.

Para el analista geopolítico, por su parte, una decisión de tal calado sería “un auténtico terremoto, tanto deportivo como político”. “Solo se podría justificar y amparar con que España y su Gobierno se presente como el ‘jefe de la oposición geopolítica’ de EEUU y de la Administración Trump”, defiende Pallarès-Domenech, que lo vería como un gesto de “enorme potencia internacional”. Sin embargo, un boicot al Mundial podría tener muchas implicaciones: económicas, deportivas, sociales y políticas.

En el terreno económico se encuentran los espacios publicitarios ya vendidos para los partidos que dispute la Roja —que parte como una de las grandes favoritas, con Lamine Yamal a la cabeza, por lo que se pronostica que alcance al menos los cuartos de final—. A ello se suman las pérdidas para la Federación de los ingresos procedentes de la FIFA por la simple clasificación, que ascienden a unos nueve millones de euros, según Pallarès-Domènech, así como las primas deportivas vinculadas al avance en la competición. Según el experto, el coste de la no clasificación de Italia (por tercera vez consecutiva) se estima en torno a los 100 millones de euros.

La FIFA estaría a tiempo de hacer un reajuste de sedes sin contar con España. Aunque esto sería una medida extrema y muy poco probable

Carlos Pulleiro Investigador

España, además, será país organizador del próximo Mundial de 2030, junto con Portugal y Marruecos y, en menor medida, Argentina, Paraguay y Uruguay. Una retirada de la competición de este año “tendría un efecto tremendamente negativo para sus intereses: desde no organizar la final del evento (aún por decidir) hasta, como medida extrema, aunque muy improbable, que le retiren la organización”, según Carlos Pulleiro. “A diferencia de lo que ocurre con EEUU y el Mundial 2026, quedan aún cuatro años por delante y, con la implicación de hasta cinco países más en la organización, la FIFA estaría a tiempo de hacer un reajuste de sedes sin contar con España. Aunque esto sería una medida extrema y muy poco probable”, recalca el investigador español.

A ello habría que sumar el coste social y, por consiguiente, político. Pese a la predisposición de la ciudadanía española a apoyar un boicot, podría tener un fuerte rechazo, como refleja la encuesta de YouGov. “El Mundial no es Eurovisión”, sentencia Pallarès-Domènech: “Ese precio político lo pagaría el Gobierno. Si se puede decir que políticamente la Eurocopa la ganó la España de Pedro Sánchez y la perdió la España de Abascal, un boicot de España al Mundial organizado bajo la presidencia de Trump, además de la derrota deportiva, sería un gesto que podría costarle la Moncloa al PSOE”.

Puede resultar más eficaz participar y utilizar el evento como plataforma para proyectar una postura política que optar por el boicot

Narcís Pallarès-Domènech Politólogo y analista geopolítico

Pulleiro cree que, en caso de que España boicoteara el Mundial, sería de forma similar a los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980 —un veto liderado, precisamente, por EEUU por la invasión soviética de Afganistán—, “donde a diferencia de otros países, el Comité Olímpico Español sí envió a atletas, pero sin la simbología del Estado español, dado que no querían perjudicar la candidatura de Juan Antonio Samaranch a la presidencia del COI, o una futura candidatura de una ciudad española para organizar los Juegos, como ocurriría con Barcelona años después”, en 1992.

“La sociedad de la comunicación contemporánea, marcada por la inmediatez y la exposición constante, hace que la ausencia tenga menos impacto que la presencia con mensaje. En este sentido, puede resultar más eficaz participar y utilizar el evento como plataforma para proyectar una postura política que optar por el boicot. Parafraseando a Alfonso Guerra [exvicepresidente socialista], ‘el que se mueve no sale en la foto’. Y hoy, no salir en la foto de un evento como un Mundial implica quedar fuera de la conversación global: primero nadie hablará de ti, y después, ni siquiera se recordará el motivo de tu ausencia”, considera Narcís Pallarès-Domènech.

El deporte, la pieza ‘blanda’ del engranaje de la geopolítica

Ambos expertos coinciden en la importancia del deporte como reflejo de las relaciones de poder: un instrumento clásico de ‘soft power’ o poder blando que respalda el ‘hard power’ o poder duro que los Estados aplican en su política exterior. En el caso estadounidense, en Venezuela e Irán, principalmente, pero también en Groenlandia y Cuba. “El deporte, en este contexto, no es un adorno, sino una pieza más del engranaje estratégico”; una especie de ‘Doctrina Monroe futbolística’, como se recoge en El gran juego.

Más concretamente, al tratarse de una figura tan personalista como la del presidente norteamericano, Pallarès-Domènech ve “fácil imaginar la escena final: levantando la Copa junto al campeón como si fuera un jugador más. Lo realmente interesante será ver al lado de quién. No olvidemos, además, que este Mundial coincide con el 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos, un detalle simbólico que refuerza aún más su carga política y geopolítica”.

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