El gol de Dani Fernández deja al Tenerife a un paso del ascenso
Los pulsos del Tenerife volvieron a pararse con esta indigesta visita a El Toralín, resuelta con el empate por el gol de Dani Fernández, a tiempo para rescatar un punto que con el previo del Celta Fortuna en Pontevedra permitirá al equipo de Cervera elegir qué día quiere ascender. Como se vio, el aparente triunfo liberador frente al Arenas no fue tal en una tarde accidentada que dejan dos lesionados más y un deseo entre los birrias: que este equipo suba ya.
Otra vez desde que en febrero desaparecieron las victorias solventes y comenzó este peregrinaje interminable por un objetivo casi más obligado que deseado, el Tenerife anduvo entre achicado y errático. Lastrado por la lesión temprana de Agüero y la de César muriendo el primer acto, incapaz de encontrar a los delanteros para un remate limpio, y los extremos de más a menos, debió esperar a los últimos cambios de Cervera para dar con dos jugadores distintos que hicieron algo suficiente para comprometer a la Ponferradina.
Con Dani Fernández y Baldé como últimas balas —seis minutos y el descuento por delante—, el Tenerife se fue por fin al rescate de un punto que al menos igualara el resultado y lo hecho por el Celta Fortuna. Y que, de paso, compensara el viaje de los 700 desplazados a Ponferrada para acabar, también, con el punto de fatalismo al que apuntaba el sábado después del gol de Undabarrena en la segunda llegada de la Ponfe al área del otro Dani.
Andando un tercio de faena, el 1-0 descubrió la brillantez de los locales para sacar rédito de la estrategia tras avisar con una primera finalización de Esquerdo. En la siguiente, un córner sacado a la corta para preparar la entrada al palo corto —desenfrenados— de Keita y Undabarrena. Se coló el segundo entre León y Gallego, se anticipó lo justo y le salió un cabezazo imposible de discutir.
A cambio, el Tenerife vivió solo de lo que pudo generarle un Noel y su constancia arrancándose a pierna cambiada. Le sacó una tarjeta a Calderón y hasta le puso un caramelo al palo largo a Chapela, librado de marca ante el portero, resuelto de aquella manera con una especie de remate que cruzó la meta y acabó desnortado.
Chapela retrató —como el insípido Vallés— la respuesta del Tenerife al reto de puntuar en El Toralín, antes y después de lo de Undabarrena. Camina con esa pinta de buen futbolista, pero no se va de una marca que le encime. Y cuando el talento de Ulloa lo citó liberado ante Andrés Prieto —con un pase venenoso que salvó dos líneas—, a Chapela le pudo la indecisión. Era fuera de juego (fue fuera de juego), pero antes de la bandera arriba había llegado su remate blando y la comprobación que su auténtica dimensión está por llegar.
Ulloa se vio —como Cris Montes— con medio partido para él por el tobillo golpeado de César. De la caseta tras la pausa salió un once circunstancial porque Cervera se vio definitivamente sin laterales. Había remendado la sanción a David con León como única solución y lo de César lo arregló —mal que bien salvo un enredo en el área con Andoni López en el que se pidió penalti y la revisión de Var confirmó como no punible—este Juanjo versátil. La brillantez viene y va, pero compite donde lo pongan, aquí o allá, como Fabricio, hoy cerca de marcar con un tiro lejano que se le complicó a Prieto y generó un rechace que Cris Montes cazó mal.
A falta de remates de valor, el Tenerife también reclamó dos penaltis, uno en cada área, antes de las apariciones en el ocaso. Muriendo la primera parte por unas manos imposibles de adivinar con Var o sin él. Y en la segunda, por otras de Andoni López que sí lo parecieron, en vivo y en vídeo.
Total, que el Tenerife iba camino del cadalso entre lo del once remendado, la nada de Chapela y la esterilidad de Montes tirado a una banda, una zona y un papel que no le cunden. Decían que era lo más parecido del elenco a Nacho Gil. Dijeron.
Poco que perder y todo por ganar, tarde, Cervera tiró de la única lógica que le quedaba en el banquillo. Un futbolista imprevisible y otro, académico, con un catálogo de virtudes conocidas. Subidos al escenario Baldé y Dani Fernández, el partido cambió de humores. Montes dio un paso adelante haciendo de Fabricio, Baldé se tiró a la espalda de Gallego como segunda punta y el juvenil se quedó liberado —invente usted— antes para un adorno de tacón inservible y luego —decisivo— recibiendo de espalda por el prado del 10, un control, un giro y un tiro desde veinte metros que tocó en Undabarrena, perdió el rumbo al portero y acabó entrando.
El empate liberó al Tenerife en lo que Juanjo se liaba en el penalti que no fue. Se fue un partido de ida y vuelta con el chinijo de protagonista. Y aunque se tragó el último pase a Baldé en una contra que finalizó con una mano enorme del portero, provocó la expulsión de Andoni López con uno de sus regates y con otro le sacó los colores a Frimpong. Un año menos que aquel genial Jorge Fernández que con 19 fue decisivo en el ascenso del Tenerife de 1971, este otro Fernández hoy, al menos, también lo fue.
(1) SD Ponferradina: Andrés Prieto; Jorrín (Koke, 66’), Germán Novoa, Undabarrena, Andoni López; Calderón (Mfulu, 77’), Frimpong, Esquerdo (Boris, 77’), Keita (Cortés, 66’); Borja Valle y Borja Vázquez (Slavy, 88’).
(1) CD Tenerife: Dani; César (Cris Montes, 46’), Landázuri, Agüero (Antal, 17’), José León; Iván Chapela (Baldé, 81’), Juanjo, Fabricio (Dani Fernández, 81’), Noel López; Gastón Vallés (Ulloa, 46’) y Enric Gallego.
Goles: 1-0 (25’): Undabarrena. 1-1 (84’): Dani Fernández.
Árbitro: Manuel García Gómez (comité extremeño). Expulsó por doble amonestación a Andoni López (68’ y 90+3’). Amonestó a Calderón (38’), Cortés (90+1) y Borja Valle (90+2); y a los visitantes Gastón Vallés (23’), Antal (40’) y Baldé (90+5), además de Maikel Mesa (86’, desde el banquillo).
Incidencias: Partido de la 34.ª jornada del Grupo I de la Primera Federación 25-26. Estadio de El Toralín, ante 6.327 espectadores, de los que unos 700 eran seguidores del CD Tenerife.
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