<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Arturo Lezcano]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/arturo-lezcano/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Arturo Lezcano]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1056095/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La Argentina de Scaloni se queda sin regalo de fin de ciclo para Messi y su grupo de amigos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/argentina-scaloni-queda-regalo-ciclo-messi-grupo-amigos_1_13392194.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e481eaa-ecbb-46f6-b9b0-fd4304421659_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1004y308.jpg" width="1200" height="675" alt="La Argentina de Scaloni se queda sin regalo de fin de ciclo para Messi y su grupo de amigos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los "rebeldes ante la derrota", como lo definió Bielsa, se han rendido ante España en el final de la carrera inalcanzable de Lionel Messi</p><p class="subtitle">España gana su segundo mundial: el último baile fue colectivo</p></div><p class="article-text">
        El verbo perder es anatema en el f&uacute;tbol argentino, al menos hasta este domingo. Aquellos que alguna vez Marcelo Bielsa defini&oacute; como &ldquo;rebeldes ante la derrota&rdquo; se rindieron a Espa&ntilde;a en la final de un mundial sin que ello suponga un trauma nacional. Esta vez, en cambio, supone un reconocimiento a lo que se adivina como el final de la carrera inalcanzable de Lionel Messi con su selecci&oacute;n, que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os pareci&oacute; m&aacute;s bien un grupo de amigos a su alrededor, sin que eso sea algo que se pueda menospreciar. Al rev&eacute;s, result&oacute; una f&oacute;rmula ganadora que remat&oacute; en una imagen imperecedera, la de las l&aacute;grimas del 10 mientras esperaba que Espa&ntilde;a levantase la Copa del Mundo. 
    </p><p class="article-text">
        Llegaba la sensaci&oacute;n desde Argentina que cuatro d&iacute;as no hab&iacute;an sido suficientes para degustar y digerir del todo la victoria ante los ingleses. Dec&iacute;an en los medios que la final ya ven&iacute;a &ldquo;de yapa&rdquo;, algo as&iacute; como de regalo, o de propina despu&eacute;s de un banquete. Se dio as&iacute; por la circunstancia de esa semifinal, en una Copa del Mundo en la que todo era ya de regalo, porque Messi tiene 39 a&ntilde;os y se entend&iacute;a como &ldquo;la &uacute;ltima de Leo&rdquo;, y porque todo el camino hacia la final fue un penar en el que empezaban perdiendo y luego los remontaban. Si no llegaban, se podr&iacute;a entender por primera vez en Argentina, un pa&iacute;s hipercompetitivo y nunca satisfecho del todo a pesar de su vigencia hist&oacute;rica en el &uacute;ltimo medio siglo. Desde el inicio de los mundiales, en 1930 hasta 1978 hab&iacute;an jugado una final, y desde entonces hasta hoy, en el mismo per&iacute;odo de 48 a&ntilde;os, llegaron a seis finales: en este medio siglo hay por lo menos tres generaciones que han aprendido a alentar a una selecci&oacute;n campeona o subcampeona. Se entiende as&iacute; el peregrinar constante al Obelisco de Buenos Aires en este tiempo, independientemente del momento pol&iacute;tico, inmerso casi siempre en un carrusel de crisis econ&oacute;micas y con la olla a presi&oacute;n de la pol&iacute;tica siempre pitando. En Argentina, m&aacute;s que en ning&uacute;n otro lado, el f&uacute;tbol funciona como un espejo deformado de la realidad. Y como tal, se muestra exagerado en sus demostraciones populares.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima, la de esta semana tras la semifinal del mi&eacute;rcoles, cuando se col&oacute; como protagonista una s&aacute;bana de hotel pintada a brocha. &ldquo;Las Malvinas son argentinas&rdquo;, se ve&iacute;a en la grada. La colaron unos aficionados&mdash;estaba prohibida seg&uacute;n normativa Fifa al ser un mensaje pol&iacute;tico&mdash; y en pleno festejo tras el partido con los jugadores la tiraron y estos la hicieron flamear. A partir de ah&iacute; se multiplic&oacute; su exposici&oacute;n y todo se desbord&oacute; cuando salt&oacute; a los medios ingleses e incluso a discursos de pol&iacute;ticos, siempre con Milei y Trump de fondo. Los libertarios argentinos piensan que les puede favorecer la coyuntura para agitar algo m&aacute;s el frasco de las Malvinas, donde hay recursos energ&eacute;ticos en disputa. Pero al mismo tiempo todo suced&iacute;a en la misma semana en que se discutir&iacute;a en el Congreso la posiblidad de vender tierras a extranjeros, que no es m&aacute;s que la entrega de soberan&iacute;a a cambio de billetes seg&uacute;n la oposici&oacute;n. La sesi&oacute;n se suspendi&oacute;, pero se convocar&aacute; pronto de nuevo. Y ocurri&oacute; la misma semana en que Netanyahu apareci&oacute; jugando a la pelota en su despacho junto al embajador argentino en Israel para animar a la blanca y celeste en la final. Pero, se sabe, empresas israel&iacute;es participan en prospecciones de petr&oacute;leo en las Malvinas junto a otras empresas brit&aacute;nicas.
    </p><p class="article-text">
        En apariencia todo este tablero pol&iacute;tico le queda lejos a los hinchas, que bastante tienen con llegar a fin de mes. Por eso los ocho a&ntilde;os que les ha regalado este ciclo de la selecci&oacute;n les da algo imposible de traducir a letra porque forma parte de lo irracional, lo emocional y lo afectivo. Las palabras que m&aacute;s definen al arquitecto de esta selecci&oacute;n. Se llama Lionel Scaloni y es todo lo contrario a lo que se pueda pensar de un t&eacute;cnico futbol&iacute;stico. Cuando lleg&oacute;, tras el Mundial de 2018, sin haber entrenado a ning&uacute;n equipo, ex futbolistas y expertos dijeron que no durar&iacute;a ni dos partidos. Ha pasado mucho tiempo, pero convendr&iacute;a recordar que eran tiempos convulsos en la selecci&oacute;n. Durante largos a&ntilde;os se cuestion&oacute; a Messi por qu&eacute; no rend&iacute;a igual que en el Barcelona. El de Rosario lleg&oacute; a amagar con abandonar de hecho su carrera internacional. Nadie quer&iacute;a saber de un equipo perdedor. En un canal de televisi&oacute;n se guard&oacute; un minuto de silencio por la eliminaci&oacute;n de la selecci&oacute;n en Rusia. Y ah&iacute; cambi&oacute; todo. 
    </p><p class="article-text">
        Scaloni rompi&oacute; esquemas en el campo y los micr&oacute;fonos, donde habla m&aacute;s de sentimientos y amor que de f&uacute;tbol. &ldquo;Hemos recuperado algo muy valioso&rdquo;, dijo en la previa a la final. &ldquo;Que la gente se pare adelante de la televisi&oacute;n con la camiseta y se d&eacute; un abrazo un hincha de Newell's con uno de Central y uno de Boca con uno de River. Nosotros lo sentimos. Est&aacute; bueno acercar las emociones. Es parte de la vida. Y te hace m&aacute;s humano&rdquo;. En este mundial ha llorado casi tanto como en el momento en que termin&oacute; el de 2022, en el que, despu&eacute;s de aguantar apretando la boca durante todo el campeonato, al marcar el &uacute;ltimo penalti Montiel se derrumb&oacute; y empez&oacute; a llorar desconsolado. 
    </p><p class="article-text">
        Se dice que para armar un equipo ganador antes tienes que tener un grupo saludable y unido. Y eso es lo que consigui&oacute; desde el primer minuto Scaloni, siempre en derredor del astro Messi. Se llevaba viendo a&ntilde;os, pero en este mundial mantuvo la tripa en la garganta en cada partido, y sali&oacute; adelante en todos salvo en la final, donde claudic&oacute; ante la muy superior selecci&oacute;n espa&ntilde;ola. La hermandad se manten&iacute;a fuera de los partidos, con los asados rituales que van m&aacute;s all&aacute; de festejar el plato nacional, algo en lo que quiz&aacute; pensaba Scaloni cuando tom&oacute; posesi&oacute;n como seleccionador y dijo en sala de prensa: &ldquo;Argentina hoy no es potencia mundial, no estamos en disposici&oacute;n de competir con las grandes potencias, pero con nuestro trabajo y nuestra cultura podemos competir. No podemos garantizar ser campeones de Copa Am&eacute;rica ni del mundo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Ocho a&ntilde;os despu&eacute;s, ha ganado 2 copas de America y un Mundial. Y ha llegado a una segunda final. Seguramente su ciclo se termina hoy, pero ser&aacute; dif&iacute;cil de olvidar que lleg&oacute; al &eacute;xito desde una filosof&iacute;a ubicada en alg&uacute;n punto lejano a los tecnicismos: desde algo tan impensado como la amistad de un grupo de muchachos alrededor de Lionel Messi.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Arturo Lezcano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/argentina-scaloni-queda-regalo-ciclo-messi-grupo-amigos_1_13392194.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jul 2026 23:17:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8e481eaa-ecbb-46f6-b9b0-fd4304421659_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1004y308.jpg" length="1324606" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8e481eaa-ecbb-46f6-b9b0-fd4304421659_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1004y308.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1324606" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La Argentina de Scaloni se queda sin regalo de fin de ciclo para Messi y su grupo de amigos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8e481eaa-ecbb-46f6-b9b0-fd4304421659_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1004y308.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La periferia multicultural francesa persigue de nuevo el sueño mundialista frente al ascenso de la extrema derecha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/periferia-multicultural-francesa-persigue-nuevo-sueno-mundialista-frente-ascenso-extrema-derecha_1_13372518.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3c356a4d-f878-4630-a7b1-835e26a50b83_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1051y327.jpg" width="1200" height="675" alt="La periferia multicultural francesa persigue de nuevo el sueño mundialista frente al ascenso de la extrema derecha"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El triunfo en el 98 de la generación capitaneada por Zidane contendría el vendaval racista, se pensó. No fue así y ahora otra selección formada por chavales de la 'banlieue' sueña con repetir título y la extrema derecha con gobernar el país</p><p class="subtitle">Brasil, política y mundiales: en 2026 Lula vs Bolsonaro jr y Neymar, asunto nacional</p></div><p class="article-text">
        Mientras Mbapp&eacute; marcaba el en&eacute;simo golazo y Demb&eacute;l&eacute; sentenciaba a Marruecos en Boston durante la noche del jueves, a 6.000 kil&oacute;metros miles de polic&iacute;as se amarraban los chalecos antibalas y los cascos en el centro de Par&iacute;s. Ganaba su selecci&oacute;n, pero la orden de controlar las calles no difer&iacute;a en funci&oacute;n del resultado, porque se preve&iacute;an incidentes pasara lo que pasara. En el Mundial de 2022, tras imponerse Francia tambi&eacute;n por 2-0 a Marruecos, se registr&oacute; la muerte de un adolescente y hubo casi 300 detenidos. La noche del jueves, aun con incidentes, no fue tan grave porque la polic&iacute;a bloque&oacute; la movilidad desde los barrios al centro, cerrando el metro y restringiendo el tr&aacute;fico. Adem&aacute;s, impuso un toque de queda para menores de 16 a&ntilde;os: medidas de guerra. Con ello consigui&oacute; confinar el foco de tensi&oacute;n en la <em>banlieue</em>, los barrios perif&eacute;ricos de la capital. All&iacute; donde realmente todo empez&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El Stade de France, en Saint-Denis, una joya arquitect&oacute;nica de finales del siglo pasado, fue construido para el Mundial de 1998. Con la obra se alentaba adem&aacute;s otra motivaci&oacute;n, la de revitalizar un lugar donde ya se percib&iacute;an las enormes desigualdades derivadas de las migraciones desde las excolonias. El nombre ya le daba un sello patri&oacute;tico: Estadio de Francia. Los apenas diez kil&oacute;metros que separan el campo del Arco del Triunfo se multiplican en cuanto a nivel de vida e &iacute;ndice de desarrollo. El f&uacute;tbol pod&iacute;a acortar simb&oacute;licamente esos kil&oacute;metros y lo hizo con un logro representativo: Francia gan&oacute; su primera Copa del Mundo imponi&eacute;ndose a Brasil por 3- 0. Y adem&aacute;s lo hizo con una selecci&oacute;n multicultural, liderada por Zinedine Zidane y que pas&oacute; a la historia con el lema <em>Black-Blanc-Beur</em> (negro-blanco-&aacute;rabe). La victoria, resonante desde el canto atronador de La Marsellesa antes de la final, ahuyentaba en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos al fantasma de la extrema derecha de Jean-Marie Le Pen, que hab&iacute;a pasado de ser residual a conseguir tres a&ntilde;os antes un 15% en las presidenciales francesas. Ganando el campeonato se contendr&iacute;a la tormenta, se pensaba.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de un mill&oacute;n de personas se congregaron en los Campos El&iacute;seos aquella noche del 12 de julio. Se desparramaron los adjetivos sobre la integraci&oacute;n. El triunfo de la diversidad y la convivencia pac&iacute;fica, titul&oacute; la prensa. Hubo comparaciones incluso con la multitud congregada tras la liberaci&oacute;n de Par&iacute;s en agosto de 1944. Algo parecido ocurri&oacute; en la Marsella de Zizou, en el norte postindustrial, en el sur tur&iacute;stico. Hasta en la isla de Guadalupe, la Guayana y en el mismo Saint-Denis. Aquella postal id&iacute;lica mostraba a polic&iacute;as cantando abrazados a j&oacute;venes con la bandera pintada en la cara y alentando el retorno de la <em>grandeur</em>.
    </p><p class="article-text">
        El presidente Jacques Chirac recibi&oacute; a los campeones en el Eliseo, la estampa perfecta. El discurso de la nueva Francia mundialista era de f&aacute;cil compra instant&aacute;nea, pero el laurel futbol&iacute;stico mut&oacute; en espejismo al no poder tapar el fracaso social ni el vendaval pol&iacute;tico que ven&iacute;a: en 2002 el patriarca de los Le Pen super&oacute; al Partido Socialista y consigui&oacute; meterse en segunda vuelta, mientras la calle explotaba. En 2005, el departamento de Seine-Saint-Denis volvi&oacute; a las portadas y no por la selecci&oacute;n. Durante casi tres semanas de oto&ntilde;o, una oleada de furia incendi&oacute; literalmente el lugar tras la muerte de dos adolescentes perseguidos por la polic&iacute;a y, como una mecha empapada en gasolina, se extendi&oacute; a las<em> banlieues</em> de otras ciudades.
    </p><p class="article-text">
        Aquello lo vivi&oacute;, sin tener que verlo por televisi&oacute;n, un chaval de casi siete a&ntilde;os, nacido en los meses siguientes al Mundial de 1998. Se llamaba Kylian Mbapp&eacute; y viv&iacute;a en Bondy, un barrio sat&eacute;lite del mismo departamento hiperpoblado de Saint-Denis, cuna de futbolistas de elite con ra&iacute;ces inmigrantes (Saliba o Kolo Muani son de all&iacute;) y con una de las medias de edad m&aacute;s j&oacute;venes del pa&iacute;s. Tambi&eacute;n es un lugar donde no son ajenos sustantivos como estigma o pobreza, como tampoco las pintadas en las paredes que hablan de gueto y apartheid. Aquella semana en llamas del oto&ntilde;o de 2005 j&oacute;venes de Bondy se enfrentaron a la polic&iacute;a frente a edificios como los que a&ntilde;os m&aacute;s tarde lucir&iacute;an murales de Mbapp&eacute;, o junto a los campos donde empez&oacute; a jugar Kylian, hijo de un entrenador camerun&eacute;s y una exjugadora de balonmano de ascendencia argelina.
    </p><p class="article-text">
        2002 no fue el campeonato esperado y 2006 result&oacute; diferente (subcampeones en la final de la expulsi&oacute;n de Zidane por el cabezazo a Materazzi). En el Mundial 2010 en Sud&aacute;frica, con el ciclo anterior terminado, estall&oacute; una guerra interna en la selecci&oacute;n rematada con un mot&iacute;n de los jugadores. El reciente documental <em>El autob&uacute;s: la huelga de la selecci&oacute;n francesa</em> (Netflix) lo retrata a la perfecci&oacute;n. El t&eacute;cnico, Raymond Domenech gestionaba a duras penas un vestuario roto, especialmente despu&eacute;s de perder contra M&eacute;xico 2-0 en el segundo partido. En el descanso se enfrent&oacute; con Nicolas Anelka, una de las estrellas de aquel equipo, y este lo insult&oacute;. El efecto domin&oacute; fue inmediato: filtraci&oacute;n a L'Equipe, palabras hirientes de la ministra de deportes (dijo que los futbolistas eran &ldquo;ni&ntilde;os mimados&rdquo;) y estallido final: expulsi&oacute;n de Anelka en pleno torneo &mdash;con el presidente Nicolas Sarkozy, seg&uacute;n los jugadores, en las sombras&mdash;, consiguiente huelga de la plantilla en pleno entrenamiento, sin bajar del autob&uacute;s, con el capit&aacute;n Patrice Evra a la cabeza, comunicado oficial y eliminaci&oacute;n en fase de grupos al perder contra Sud&aacute;frica. La campeona encumbrada solo doce a&ntilde;os antes se iba a casa con el esc&aacute;ndalo bajo el brazo.
    </p><p class="article-text">
        El documental sirve para recordar la traves&iacute;a del desierto de los primeros a&ntilde;os 2010. Aquellos en los que Mbapp&eacute;, un prodigio que combinaba t&eacute;cnica, f&iacute;sico y compromiso, crec&iacute;a cosechando halagos de entrenadores y compa&ntilde;eros, pero al que a&uacute;n le faltaban a&ntilde;os para llegar al primer equipo. Prensa y opini&oacute;n p&uacute;blica se entreten&iacute;an entonces con otra pol&eacute;mica centrada en otro hijo de la inmigraci&oacute;n argelina, igual que Zidane: Karim Benzema. Era su heredero, o eso dec&iacute;an, pero en la selecci&oacute;n parec&iacute;a estar como pez fuera del agua. Segu&iacute;a vinculado a su entorno original de su barrio en Lyon, no participaba de las ceremonias patri&oacute;ticas francesas y, cuando sonaba La Marsellesa antes de los partidos, no la cantaba. Jug&oacute; en Brasil 2014 (tres goles, Francia a casa en cuartos de final) pero al a&ntilde;o siguiente todo se torci&oacute; con el caso Valbuena, un esc&aacute;ndalo por el que fue apartado de la selecci&oacute;n y despu&eacute;s fue condenado a un a&ntilde;o de c&aacute;rcel con suspensi&oacute;n de pena por estar implicado en un chantaje a su compa&ntilde;ero de selecci&oacute;n por un v&iacute;deo sexual. No fue a Rusia 2018, reapareci&oacute; para la Eurocopa siguiente pero, aunque convocado, no lleg&oacute; a ir al de 2022 y se despidi&oacute; entre sombras y resentimientos. Todo se termin&oacute; de emponzo&ntilde;ar cuando el ministro del Interior lo acus&oacute; de islamista radical, cuando ya jugaba en la liga de Arabia Saud&iacute; tras una carrera sobresaliente en el Real Madrid (cinco Champions y un Bal&oacute;n de Oro), pero en cambio una pieza sin encaje en <em>Les Bleus</em>. Benzema, reverso de la sonrisa abierta de Zidane, dijo en una entrevista del pasado: &ldquo;Si marco goles soy franc&eacute;s. Si no, soy &aacute;rabe&rdquo;. Y as&iacute; traz&oacute; un retrato fiel de una brecha que no paraba de abrirse.
    </p><p class="article-text">
        En 2018 Mbapp&eacute;, ya con 19 a&ntilde;os, gan&oacute; su primer mundial, al tiempo que se acentuaba una tendencia perceptible de forma notoria en este mismo torneo: una inmensa cantidad de jugadores, aun habiendo nacido en Francia, eligen jugar con las selecciones de las que son originarias sus familias. La decisi&oacute;n habla de la superpoblaci&oacute;n de talento en los barrios franceses pero tambi&eacute;n del desarraigo hacia el lugar de destino migratorio familiar, en medio de un panorama pol&iacute;tico hostil. Le Pen &mdash;ahora su hija Marine&mdash; recog&iacute;a ping&uuml;es beneficios: en las presidenciales de 2017 daba el gran salto, al llegar a segunda vuelta y lograr un 33% de los votos, m&aacute;s de diez millones de franceses.
    </p><p class="article-text">
        La pandemia no trajo conciliaci&oacute;n social; al rev&eacute;s, volvi&oacute; a registrarse otra oleada de disturbios, y en las siguientes presidenciales, las de 2022, la extrema derecha ara&ntilde;&oacute; a&uacute;n m&aacute;s poder, con los partidos tradicionales (los herederos del <em>gaullismo </em>y el Partido Socialista) pulverizados. Macron gan&oacute; las presidenciales en segunda vuelta contra Marine Le Pen, que consigui&oacute; un 41% de los votos. Ese mismo a&ntilde;o Francia volvi&oacute; a llegar a la final. Solo Messi a hombros de su Argentina la priv&oacute; de un doblete al alcance por ahora solo de Pel&eacute; y Garrincha en otro siglo, en otro mundo.
    </p><p class="article-text">
        En un v&iacute;deo viralizado estas semanas se ve a Mbapp&eacute; con 12 a&ntilde;os, con ese rostro caracter&iacute;stico que apenas ha cambiado en tres lustros, hablando a c&aacute;mara en un campo de tierra polvorienta, diciendo: &ldquo;Los mejores jugadores franceses son todos negros o &aacute;rabes, excepto Platini y Cantona&rdquo;. El vendaval de odio arrasa en los comentarios, se&ntilde;al de los tiempos, pero el mensaje queda. No tanto el qu&eacute;, sino el c&oacute;mo y el por qu&eacute; un preadolescente tiene que matizar esas diferencias en una entrevista de prensa.
    </p><p class="article-text">
        Como en una guerra sin nombre e incongruente, los choques se hacen presentes en cada festejo futbol&iacute;stico. El PSG ha ganado dos Champions League los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os y la liturgia de incidentes y destrozos se han repetido. En la de este a&ntilde;o, en mayo, los disturbios dejaron un muerto, m&aacute;s de 200 heridos y casi 900 detenidos en 70 ciudades de un pa&iacute;s en llamas. Ahora queda esperar si llega a la final el equipo de Mbapp&eacute;, l&iacute;der de un grupo de chicos con todos los or&iacute;genes posibles de las excolonias, mientras la m&aacute;quina electoral de cara al a&ntilde;o que viene echa humo y la pregunta flota en el aire: &iquest;qu&eacute; pasar&aacute; si llega a gobernar la ultraderecha?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Arturo Lezcano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/periferia-multicultural-francesa-persigue-nuevo-sueno-mundialista-frente-ascenso-extrema-derecha_1_13372518.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jul 2026 20:06:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3c356a4d-f878-4630-a7b1-835e26a50b83_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1051y327.jpg" length="727764" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3c356a4d-f878-4630-a7b1-835e26a50b83_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1051y327.jpg" type="image/jpeg" fileSize="727764" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La periferia multicultural francesa persigue de nuevo el sueño mundialista frente al ascenso de la extrema derecha]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3c356a4d-f878-4630-a7b1-835e26a50b83_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1051y327.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Francia,Extrema derecha,Marine Le Pen]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Brasil, política y mundiales: en 2026 Lula vs Bolsonaro jr y Neymar, asunto nacional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/brasil-politica-mundiales-2026-lula-vs-bolsonaro-jr-neymar-asunto-nacional_1_13356454.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a90bc75a-26a9-44e5-bb08-6ddb986a1752_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x958y254.jpg" width="1200" height="675" alt="Brasil, política y mundiales: en 2026 Lula vs Bolsonaro jr y Neymar, asunto nacional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pentacampeona se encomienda a Ancelotti, que trata de recuperar el estilo perdido que enamoró a generaciones enteras mientras gestiona la presencia de su estrella, alineada con el Bolsonarismo</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">El pasado 19 de mayo Hugo Souza, portero del Corinthians, reuni&oacute; a su familia y encendi&oacute; la televisi&oacute;n para ver una escena &uacute;nica en el f&uacute;tbol actual. En la era en la que las presentaciones de las convocatorias mundialistas son productos audiovisuales destinados a maravillar en las redes, Brasil va por libre: la lista la da, en directo, ley&eacute;ndola a c&aacute;mara, el seleccionador, a la vieja usanza. Souza estaba nervioso. Como ten&iacute;a bastantes papeletas para ser convocado al Mundial, hizo lo que todos los seleccionables (y tambi&eacute;n los otros 215 millones de brasile&ntilde;os): esper&oacute; a saber su suerte como quien ve un sorteo de loter&iacute;a. En esta ocasi&oacute;n la imagen fue doblemente curiosa, porque el nuevo t&eacute;cnico, Carlo Ancelotti, exentrenador del Real Madrid, del Bayern, del PSG, de su Milan y de media liga italiana, est&aacute; aprendiendo a manejarse con el portugu&eacute;s. La audiencia escuchaba su cadencia con atenci&oacute;n, pero sobre todo aguzaban vista y o&iacute;do para despejar la duda que manten&iacute;a en vilo a un pa&iacute;s de tama&ntilde;o continental: &iquest;ir&iacute;a o no Neymar convocado? Carletto empez&oacute; con los porteros. Cuando Souza no escuch&oacute; su nombre se derrumb&oacute;. Pero sigui&oacute; viendo la retransmisi&oacute;n de la lista. Y cuando unos segundos m&aacute;s tarde Ancelotti dijo la palabra m&aacute;gica, &ldquo;Neymar&rdquo;, al portero no convocado le cambi&oacute; la cara, se levant&oacute; y festej&oacute;. Y como &eacute;l, millones de personas. De ese d&iacute;a sali&oacute; una certeza sabida, que Neymar mueve monta&ntilde;as, y otra reci&eacute;n aprendida: el italiano meti&oacute; su primer gol antes de empezar el Mundial. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Carlo Ancelotti ha sido un entrenador de clubes con un palmar&eacute;s al alcance de muy pocos: treinta t&iacute;tulos, entre ellos cinco Champions, con varios de los equipos m&aacute;s grandes de Europa. Pero de entre todas las virtudes que lo adornan hay una intangible, aquella que no puede cuantificar el </span><a href="https://www.eldiario.es/mundial-2026/algoritmos-predicen-lesiones-analizan-fichajes-big-data-cambia-futbol-mueve-5-600-millones_1_13313468.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:transparent;">big data</span></a><span class="highlight" style="--color:transparent;">, pero que vale oro: la gesti&oacute;n de vestuarios y tambi&eacute;n de aficiones, sin que apenas se le levante una ceja, la misma que le sirve como rasgo m&aacute;s caracter&iacute;stico. A su liderazgo tranquilo se ha encomendado Brasil, cinco veces campe&oacute;n, para acabar con una sequ&iacute;a de un cuarto de siglo y lograr el Hexacampeonato &mdash;caza mayor&mdash; o, al menos, para encontrar el rumbo futbol&iacute;stico que perdi&oacute; en alg&uacute;n momento hace un cuarto de siglo. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Los a&ntilde;os de Copa del Mundo en Brasil coinciden con a&ntilde;os electorales. La cita de 2026, que se celebra dentro de cien d&iacute;as, tiene un aroma crepuscular. Se enfrentar&aacute;n una decena de candidatos &mdash;ninguna mujer&mdash; y alcanzar&aacute;n la segunda vuelta, muy probablemente, Lula da Silva, con 81 a&ntilde;os y la posibilidad de alcanzar su cuarto mandato, y Flavio Bolsonaro, el hijo mayor de Jair, ungido por su propio padre, con importantes problemas de salud. La pol&iacute;tica brasile&ntilde;a estira el chicle con dos propuestas contrarias pero sin proyecto a largo plazo. En cierto modo, como le ha venido ocurriendo a la </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>sele&ccedil;&atilde;o</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;"> en este siglo, al menos hasta este Mundial. Con el f&uacute;tbol y la pol&iacute;tica se puede jugar con facilidad porque se entrelazan en sus paralelismos. Pero en el caso de Brasil incluso se podr&iacute;a explicar su historia contempor&aacute;nea a trav&eacute;s de los Mundiales.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">En 1950, Brasil viv&iacute;a un a&ntilde;o de cambios que terminar&iacute;a con la victoria en las urnas de Get&uacute;lio Vargas. Las elecciones vinieron precedidas del mayor trauma de la historia de los mundiales al perder con Uruguay en su propia casa, el c&eacute;lebre Maracanazo. La deriva pol&iacute;tica fue acorde al desenlace de ese torneo: cuatro a&ntilde;os de olla a presi&oacute;n pol&iacute;tica que terminaron en 1954 con el suicidio del propio Vargas. En la previa al de 1958, el dramaturgo Nelson Rodrigues acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino complexo de </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>viralatas</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;"> (perro callejero) para referirse al complejo de inferioridad que Brasil ten&iacute;a como selecci&oacute;n y como pa&iacute;s. Dec&iacute;a en aquella cr&oacute;nica hist&oacute;rica: &ldquo;El problema del </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>Scratch </em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">[la selecci&oacute;n] no es de f&uacute;tbol ni de t&eacute;cnica ni de t&aacute;ctica. Es un problema de fe en s&iacute; mismo&rdquo;. Y dio en la tecla, porque Brasil cambi&oacute; su sino y gan&oacute; con un Pel&eacute; adolescente. Eran los tiempos de Juscelino Kubitchek en la presidencia, quien decidi&oacute; hacer real el sue&ntilde;o de fundar una nueva capital. Brasilia ya estaba terminada en 1962, cuando la selecci&oacute;n consigui&oacute; el doblete en Chile, el &uacute;nico hasta la fecha en los mundiales. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">La de los sesenta fue la d&eacute;cada del golpe de estado y la dictadura miliar. Semanas antes del Mundial de M&eacute;xico en 1970, el seleccionador, Jo&atilde;o Saldanha, fue despedido no por su desempe&ntilde;o, incuestionable, sino por pol&iacute;tica: era comunista. Pero aquellla selecci&oacute;n que hered&oacute; Mario Lobo Zagallo en el banco fue, para muchos, la mejor de la historia. Brasil ya era tricampe&oacute;n y, sobre todo, era el paradigma del f&uacute;tbol arte. Los setenta fueron tan grises en lo futbol&iacute;stico como en lo pol&iacute;tico, pero en el mundial de Espa&ntilde;a 1982 de nuevo se ti&ntilde;&oacute; todo de </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>verde amarelo</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">. Sucedi&oacute; poco despu&eacute;s de la irrupci&oacute;n de un sindicalista que agitaba masas en el cintur&oacute;n industrial de S&atilde;o Paulo, en los estertores de la dictadura. Se llamaba Lula da Silva y cre&oacute; el Partido dos Trabalhadores, que ser&iacute;a crucial en la pol&iacute;tica nacional hasta hoy. En el campo surgi&oacute; el mejor Brasil desde el 70, que reun&iacute;a a Zico, el Pel&eacute; blanco &mdash;el otro ya estaba retirado, tras sus a&ntilde;os en Estados Unidos poniendo en marcha la primera tentativa de liga en ese pa&iacute;s&mdash; y a una pl&eacute;yade de centrocampistas creativos, entre los que estaba S&oacute;crates, el hombre m&aacute;s carism&aacute;tico de la Democracia Corinthiana, aquel movimiento que ped&iacute;a en el campo elecciones directas. Un ejemplo de compromiso en el f&uacute;tbol. Y en el banquillo volv&iacute;a a haber un idealista, llamado Tel&eacute; Santana. Ten&iacute;a mucho a favor, pero Brasil no gan&oacute;. Y eso lo cambi&oacute; todo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">La derrota contra Italia en Sarri&agrave; supuso un trauma que provoc&oacute; un cambio de rumbo, primero paulatino y despu&eacute;s radical. En 1994 se proclam&oacute; campeona con una selecci&oacute;n fortificada, con adornos poco brasile&ntilde;os, con un medio campo que parec&iacute;a una ciudadela y una delantera de dinamita. Ese modelo, curiosamente, le labr&oacute; triunfos, pero sepult&oacute; el estilo de un pa&iacute;s que hab&iacute;a enamorado a generaciones. En 1998 lleg&oacute; a la final con esa premisa, y en 2002 sum&oacute; otra estrella con la eficacia de un oficinista brillante, con destellos de sus fueras de serie en sus filas pero sin modificar sus bases defensivas. Parec&iacute;a haber dado con la f&oacute;rmula, pero en realidad fue su condena, un parche que le granje&oacute; muchas alegr&iacute;as para sumirlo despu&eacute;s en depresi&oacute;n en los siguientes mundiales, incluido el suyo, en 2014, cuando vivi&oacute; la &uacute;ltima, hasta ahora, tragedia futbol&iacute;stica. De tanto mirar a Europa esta se lo comi&oacute; a Brasil con su propia medicina: Alemania le arras&oacute; 7-1 y provoc&oacute; otro volantazo. Aquello fue la demostraci&oacute;n de la desorientaci&oacute;n de Brasil convertido en una f&aacute;brica de centrocampistas destructores en vez de creadores de juego, que era su se&ntilde;a de identidad. Esa sequ&iacute;a de talento en el medio la sigue pagando hasta la fecha.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Pas&oacute; 2018, tambi&eacute;n 2022, hasta que al fin encontraron una f&oacute;rmula diferente: llamar a un entrenador extranjero. Pudo ser, dicen, Guardiola. Tambi&eacute;n alguno de los entrenadores portugueses que van de equipo en equipo en el Brasileir&atilde;o. Pero finalmente optaron una tercera v&iacute;a llamada Carlo Ancelotti. </span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/812cb351-a08d-4e77-bf24-ed10a18312b8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/812cb351-a08d-4e77-bf24-ed10a18312b8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/812cb351-a08d-4e77-bf24-ed10a18312b8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/812cb351-a08d-4e77-bf24-ed10a18312b8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/812cb351-a08d-4e77-bf24-ed10a18312b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/812cb351-a08d-4e77-bf24-ed10a18312b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/812cb351-a08d-4e77-bf24-ed10a18312b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Carlo Ancelotti durante el partido entre Brasil y Japón, este lunes en el estadio NRG de Houston."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Carlo Ancelotti durante el partido entre Brasil y Japón, este lunes en el estadio NRG de Houston.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Aunque la nueva etapa es una inc&oacute;gnita, Brasil ya ha vivido su primera dosis de <em>ancelottismo</em>, una remontada ante Jap&oacute;n que ha dejado al pa&iacute;s con la boca abierta, no solo por el resultado: primero por su tranquilidad tras ir perdiendo 0-1 durante muchos minutos. Luego, por su charla motivacional en el descanso. Y finalmente por la gesti&oacute;n de los cambios, y ah&iacute; entra Neymar: la selecci&oacute;n empat&oacute;, pasaban los minutos, pero &eacute;l no sal&iacute;a. Miraba el exbarcelonista con cara de entre resignaci&oacute;n y compungimiento cuando ya agonizaba el partido. No hab&iacute;a tenido minutos despu&eacute;s de calentar durante medio partido. La realizaci&oacute;n se recreaba en el plano corto de Neymar m&aacute;s que en el juego. Pero casi en el minuto 90 Martinelli meti&oacute; el gol de la victoria. Brasil era el Real Madrid de Carletto vestido de amarillo. El <em>diez</em> sali&oacute; del banquillo a celebrar el gol como un hincha. Cuando lleg&oacute; el turno de entrevistas Ancelotti sald&oacute; con una frase tranquila las preguntas sobre Neymar: &ldquo;Mi plan era ponerlo en la pr&oacute;rroga, pero ganamos&rdquo;. Un partido menos, un problema menos. 
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Todo lo que hace Neymar trasciende lo que sucede en el campo y resuena a lo largo del pa&iacute;s. A veces, domina la actualidad sin hacer nada. Ocurri&oacute; al poco de comenzar el Mundial. En un acto de Lula da Silva en Belo Horizonte, un ni&ntilde;o dijo que admiraba a Neymar, a lo que el presidente le contest&oacute;: &ldquo;Neymar es el primer convocado </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>home office</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;"> (que teletrabaja) en el mundo&rdquo;, en alusi&oacute;n a su lesi&oacute;n, que solo le ha permitido jugar veinte minutos en el tercer partido, contra Escocia, tras m&aacute;s de mil d&iacute;as sin jugar con la selecci&oacute;n. Pero el recado no iba por lo futbol&iacute;stico, sino m&aacute;s bien por lo pol&iacute;tico: Neymar apoy&oacute; expl&iacute;citamente a Bolsonaro en la campa&ntilde;a de las elecciones de 2022. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;"> En aquel momento f&uacute;tbol y pol&iacute;tica estaban presentes otra vez en la calle, esta vez envueltos en una batalla cultural inesperada alrededor del elemento m&aacute;s simb&oacute;lico, la camiseta de selecci&oacute;n. Desde las protestas que tumbaron a Dilma Rousseff en 2016, los cr&iacute;ticos con el PT &mdash;que luego derivaron en el bolsonarismo&mdash;, empezaron a identificarse vistiendo la equipaci&oacute;n titular de la selecci&oacute;n. Las manifestaciones eran manchas amarillas gigantes y las contrapon&iacute;an, en su relato, a las camisetas rojas del lulismo. El grito era siempre el mismo: &ldquo;</span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>A nossa bandeira jamais ser&aacute; vermelha</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">&rdquo; (nuestra bandera nunca ser&aacute; roja). Y as&iacute; culminaron una apropiaci&oacute;n de s&iacute;mbolos deportivos y nacionales. Los seguidores de Lula optaron por desviarse de la batalla y alentaron la moda de vestir la camiseta alternativa azul, pero despu&eacute;s fue el propio Lula el que alent&oacute; que se readoptaran los colores del pa&iacute;s y se resignificase el s&iacute;mbolo del pentacampe&oacute;n mundial. &Eacute;l mismo apareci&oacute;, hace un par de semanas, dando un mensaje a los seleccionados vestido de amarillo. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">No est&aacute;n los futbolistas entre los m&aacute;s inclinados a la izquierda, y en Brasil es a&uacute;n m&aacute;s notorio. En el auge de Bolsonaro se repet&iacute;an las fotos de apoyo de jugadores al que llegar&iacute;a a presidente, casi todos envueltos en la camiseta y la bandera. Neymar era uno de ellos. Cuando Lula gan&oacute; las elecciones de 2022 (un par de meses antes del mundial de Qatar) le preguntaron por el futbolista: &ldquo;No estoy enfadado. Neymar tiene derecho a elegir a quien quiera&rdquo;. Pero en cuanto encuentra oportunidad, le recuerda sus preferencias, como el d&iacute;a del </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>home office</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;">.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Lo que queda de Mundial, sea solamente el partido contra Noruega o lo que venga despu&eacute;s si avanza, ser&aacute; un reto para todos. Para Neymar, porque el pa&iacute;s a&uacute;n espera algo del &iacute;dolo que pudo ser mucho m&aacute;s y no lo fue, pero que sigue ocupando el lugar que tuvieron Pel&eacute;, Zico, Rom&aacute;rio o Ronaldo en su d&iacute;a. Para las elecciones, porque lo que pasa en el Mundial, como se ha visto, se mezcla de manera natural con la lucha por el poder. Y para Ancelotti, por supuesto, porque &eacute;l es en parte juez de todo lo anterior. Si gana y se mete en instancias finales, podr&aacute; decir que ayud&oacute; a eliminar de nuevo el complejo de </span><span class="highlight" style="--color:transparent;"><em>viralatas.</em></span><span class="highlight" style="--color:transparent;"> Si cae eliminado, levantar&aacute; la ceja y seguir&aacute; el camino sin inmutarse: ya renov&oacute; y pase lo que pase seguir&aacute; hasta despu&eacute;s del mundial de 2030. Otra victoria de Carletto.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Arturo Lezcano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/brasil-politica-mundiales-2026-lula-vs-bolsonaro-jr-neymar-asunto-nacional_1_13356454.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jul 2026 20:10:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a90bc75a-26a9-44e5-bb08-6ddb986a1752_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x958y254.jpg" length="482198" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a90bc75a-26a9-44e5-bb08-6ddb986a1752_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x958y254.jpg" type="image/jpeg" fileSize="482198" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Brasil, política y mundiales: en 2026 Lula vs Bolsonaro jr y Neymar, asunto nacional]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a90bc75a-26a9-44e5-bb08-6ddb986a1752_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x958y254.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Jair Bolsonaro,Lula da Silva,Brasil,Neymar]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las gradas intentan resistir a la gentrificación del viejo fútbol]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/gradas-resistir-frente-gentrificacion-viejo-futbol_1_13336790.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ed8bc8d4-e02d-42c2-9fc6-79be7f0d2280_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las gradas intentan resistir a la gentrificación del viejo fútbol"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hinchadas de todo el planeta hacen resonar las gradas con mensajes que plantan cara a la FIFA en su deriva hacia la americanización del 'soccer', el deporte más global (salvo en Estados Unidos)</p></div><p class="article-text">
        Una tropa de escoceses caminan al son de las gaitas por las calles de Boston. Al llegar al estadio cantan el Flower of Scotland, alzando los brazos y las latas de cerveza. Tambi&eacute;n lo hacen en las estaciones de tren, en un barco y hasta en un estadio de b&eacute;isbol, para incredulidad y regocijo de aficionados y medios estadounidenses, poco o nada acostumbrados a las escenas que compone el f&uacute;tbol. Por los cuatro puntos del pa&iacute;s se repiten postales inusitadas: los argentinos y brasile&ntilde;os tomando Miami Beach. Los noruegos, remando en un <em>drakkar</em> imaginario en Times Square. Los ingleses, invadiendo los centros comerciales de Dallas y cantando en los rodeos. Los holandeses botando en Kansas City. Y los australianos repartiendo pol&iacute;tica cantada con iron&iacute;a en cada estadio que visitan. Pero como los escoceses, nadie. Lo reconoci&oacute; The Boston Globe al dedicarle una p&aacute;gina de agradecimiento a la llamada Tartan Army. &ldquo;Nunca olvidaremos la alegr&iacute;a que trajisteis a nuestra ciudad&rdquo;. Pero detr&aacute;s de la simpat&iacute;a que genera en Estados Unidos la invasi&oacute;n pintoresca de las hinchadas internacionales tambi&eacute;n se aloja un mecanismo de resistencia frente a un modelo impuesto por la FIFA para cambiar el deporte m&aacute;s global &mdash;y menos norteamericano&mdash;. El f&uacute;tbol conforma uno de los pocos fen&oacute;menos de masas reactivas a una colonizaci&oacute;n cultural omnipresente en los &uacute;ltimos cien a&ntilde;os, con un muro de contenci&oacute;n, representado por los aficionados, que tratan de resistir al margen de los marcos importados por las autoridades del deporte.
    </p><p class="article-text">
        Todo es contraintuitivo en este combate: lo tradicional, el f&uacute;tbol de antes, representa, en los c&oacute;digos de las hinchadas, ciertos valores progresistas frente al hipercapitalismo del f&uacute;tbol moderno. En la subcultura futbol&iacute;stica la nostalgia es un valor, porque se interpreta que el viejo f&uacute;tbol representa algo popular &mdash;o menos enfocado al negocio&mdash; y supone un pie a tierra, un arraigo identitario y colectivo.
    </p><p class="article-text">
        El aceler&oacute;n actual de la FIFA y los clubes, la mayor&iacute;a empresas agrupadas en patronales, se inici&oacute; con la paulatina adopci&oacute;n del modelo de negocio deportivo norteamericano. Este proceso abarca desde el traspaso de la propiedad de los grandes equipos a manos de due&ntilde;os de franquicias &mdash;cuatro de los gigantes de la Premier League ya son propiedad estadounidense&mdash; hasta las din&aacute;micas de marketing y monetizaci&oacute;n, como el <em>naming</em> de los estadios, a la espera de la cacareada Superliga europea, modelo de competici&oacute;n cerrada a la americana. En la tribuna este Mundial est&aacute; sirviendo para rubricar lo que ya se ha ido anticipando en otros grandes eventos: los aficionados ya son consumidores; m&aacute;s que ir a un partido, pagan por una experiencia. Con ello se consuma la gentrificaci&oacute;n del f&uacute;tbol, un camino labrado paso a paso hasta la victoria final. Al menos en apariencia.
    </p><p class="article-text">
        Las gradas han sido siempre un mosaico social. Se dice en Brasil, potencia futbolera por antonomasia, que el estadio era el &uacute;nico lugar democr&aacute;tico del pa&iacute;s aparte de la playa. Y su mejor representaci&oacute;n era Maracan&aacute;. All&iacute; entraron en la final de 1950 200.000 espectadores, apretujados y mezclados en condici&oacute;n y clase. Eran tantos miles los que poblaban el anillo inferior de aquel platillo volante que se ganaron hasta un nombre para las siguientes d&eacute;cadas: Geraldinos (por Geral, la grada general). <a href="https://www.youtube.com/watch?v=95YndskxXH8" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Un documental los lleg&oacute; a retratar</a>  porque representaban la imagen m&aacute;s definida del Brasil popular. Aquel crisol se lo carg&oacute;, precisamente, la FIFA, en 2014, al tirar el viejo Maracan&aacute; para el Mundial. Le qued&oacute; solo el nombre como elemento de marketing. Pero de aquella paleta colorida, convertida en una coreograf&iacute;a popular, se pas&oacute; a una &oacute;pera selectiva de blancuras.
    </p><p class="article-text">
        Llegados a este Mundial, convengamos que se necesita algo m&aacute;s que pertenencia, pasi&oacute;n y sentido de tribu. Para ver cualquier partido se requieren las dos variables &mdash;tiempo libre y dinero&mdash; que dividen a la humanidad y, por tanto, la vuelven desigual en la geograf&iacute;a de clases. Vuelve lo parad&oacute;jico: aquellos que llegan a pagar la factura de varios ceros para ver el torneo in situ son lo que plantan esa bandera, incluidos los propios futboleros estadounidenses, que abrazan los c&oacute;digos del resto del globo.
    </p><p class="article-text">
        Resulta una tarea compleja en un pa&iacute;s donde todav&iacute;a coloca r&oacute;tulos en televisi&oacute;n antes de un partido de Argentina advirtiendo por qu&eacute; Messi no juega en la selecci&oacute;n de Estados Unidos. Pero a&uacute;n resulta m&aacute;s chocante ver a la hinchada oficial de Estados Unidos autodenominarse &ldquo;Barra Brava&rdquo;. Llevan las mismas pancartas y cantan las mismas canciones que los argentinos (eso pasa en todo el mundo), con el detalle de que aqu&iacute; lo hacen en espa&ntilde;ol directamente, incluso con problemas de m&eacute;trica solventadas por la pasi&oacute;n: &ldquo;<a href="https://www.instagram.com/reel/DZyDB47S2zd/?igsh=MWR2Y2h1YnFnZnI1Mw" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Vamos Estados Unidos, que esta noche tenemos que ganar&rdquo;</a>.
    </p><p class="article-text">
        De alg&uacute;n modo, el f&uacute;tbol resulta un elemento de integraci&oacute;n para los latinoamericanos en una suerte de colonizaci&oacute;n inversa, con las segundas generaciones reinando con sus c&oacute;digos &ldquo;en el tabl&oacute;n&rdquo;, como le llaman a la grada, aunque en Estados Unidos sean c&oacute;modos asientos abatibles con reposavasos y bandeja para un hot dog XXL bajo un penetrante olor a palomitas.
    </p><h2 class="article-text">Un partido imaginario en la grada</h2><p class="article-text">
        La mejor manera de ilustrar el fen&oacute;meno de este Mundial es transportarse a un partido, o a una mezcla de varios para hacerlo m&aacute;s representativo, en el que se repiten secuencias semejantes. Para empezar, en las previas, en las que no hay calles libres de coches invadidos por aficionados, sino parkings fuera de escala, diez veces m&aacute;s grandes que el propio campo. Los estadios son de f&uacute;tbol americano, majestuosos y con comodidades como pocos del f&uacute;tbol de siempre, con escaleras mec&aacute;nicas y pantallas del tama&ntilde;o de una cancha de tenis. Cuando ya se ubica el aficionado toca escuchar los himnos. No ha cambiado mucho esa parafernalia, aunque Argentina ya ha vivido alg&uacute;n imprevisto este mes que a&uacute;n colea. En un amistoso previo al torneo le colocaron, en vez de su s&iacute;mbolo nacional, el Bomb&oacute;n Asesino de Los Palmeras, una cumbia que curiosamente es un himno futbolero, pues su actuaci&oacute;n en la final de la Copa Sudamericana de 2019 sigue siendo sensaci&oacute;n en las redes, reivindicada como un verdadero n&uacute;mero popular, por su cercan&iacute;a a los hinchas y su distancia frente a las superproducciones de la FIFA.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-GMbn2yVTak4-1751', 'youtube', 'GMbn2yVTak4', document.getElementById('yt-GMbn2yVTak4-1751'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-GMbn2yVTak4-1751 src="https://www.youtube.com/embed/GMbn2yVTak4?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Va a comenzar el partido Congo-Colombia, pero la pantalla del estadio de Guadalajara, M&eacute;xico, se fija en algo imprevisto. Un hincha congol&eacute;s acaba de trepar a un pedestal en la primera fila del estadio de Guadalajara y se acaba de colocar, hier&aacute;tico, <a href="https://www.eldiario.es/mundial-2026/lumumba-vea-hincha-rd-congo-ve-partidos-estatua_1_13325747.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como una estatua viviente</a>. Va caracterizado con un traje con los colores de la bandera y el brazo en alto como Patrice Lumumba, el primer l&iacute;der postcolonial de Congo, ejecutado y cuyo cuerpo fue descuartizado y disuelto en &aacute;cido a manos de militares respaldados por B&eacute;lgica. El aficionado replic&oacute; durante 90 minutos la efigie que el pol&iacute;tico hom&oacute;nimo tiene en Kinshasa como una misi&oacute;n patri&oacute;tica, y en cualquier caso anticolonial. Hab&iacute;a intentado hacer lo mismo en el debut contra Portugal, pero se jugaba en Houston y no le permitieron la entrada a Estados Unidos: m&aacute;s simb&oacute;lico, imposible. S&iacute; lo hizo en M&eacute;xico y dej&oacute; claro que ni siquiera hay que gritar para reivindicar un mensaje desde las gradas.
    </p><p class="article-text">
        Inglaterra-Ghana. Minuto 22. Aunque estamos a 19 grados y el cielo amenaza lluvia, el &aacute;rbitro manda parar. Es el &uacute;ltimo hallazgo destinado a facturar m&aacute;s aunque se muera el f&uacute;tbol tal como lo entend&iacute;amos, en el intento: las pausas de hidrataci&oacute;n, rebautizadas en este diario como pausas de recaudaci&oacute;n, y que amenazan con convertir el f&uacute;tbol en otro deporte. Los ingleses lo reprueban con silbidos y abucheos, que luego ser&aacute;n refrendados por el seleccionador alem&aacute;n de los <em>Three Lions</em>, como ya lo hizo tambi&eacute;n Marcelo Bielsa, seleccionador argentino de Uruguay, con palabras parecidas pero m&aacute;s po&eacute;ticas: &ldquo;Cuando dividieron el partido en cuatro tiempos no se pens&oacute; en el efecto que puede tener sobre lo que hizo que el f&uacute;tbol sea un deporte que enamora&rdquo;. Hablarle de amor a la FIFA no parece muy eficaz, pero ah&iacute; queda el mensaje compartido desde los banquillos.
    </p><p class="article-text">
        Llega el descanso y la gente va a comer a los ambig&uacute;s. Aparte de los precios, materia aparte, se da otro choque cultural respecto a las propinas. Los restaurantes est&aacute;n sorprendidos (para mal) de que a pesar de las aglomeraciones de hinchas extranjeros hay menos propinas de las esperadas, por parte de gente poco acostumbrada a la cultura que deja en manos del consumidor un buen porcentaje de los ingresos del camarero de turno. Durante el Mundial muchos negocios han contraatacado a&ntilde;adiendo al precio un 20% extra en concepto de servicio. La respuesta de los aficionados no ha tardado. Los australianos, de hecho, han compuesto una canci&oacute;n convertida en repentino reclamo laboral: &ldquo;Pay your staff, we won't be tipping for beers at the half&rdquo; (&ldquo;Paga a tus empleados, no vamos a dejar propina en las cervezas del descanso&rdquo;). Son los mismos que entraron a voz en grito a su partido contra Estados Unidos cant&aacute;ndole <a href="https://www.instagram.com/reel/DZxupErOHBg/?igsh=MWU2NG93d2V3OWUxcA%3D%3D" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">directamente al inquilino de la Casa Blanca: &ldquo;Los australianos est&aacute;n de juerga, Donald Trump es un agresor sexual&rdquo;</a>.
    </p><p class="article-text">
        Con cervezas (otra rareza que se repite en cada evento FIFA, gracias al jugoso patrocinio de una multinacional de bebidas alcoh&oacute;licas) pero sin propinas, vuelven a su asiento y empieza la segunda parte. Muchos asientos vac&iacute;os de los que a&uacute;n est&aacute;n comiendo, o subiendo <em>stories</em> a sus redes. Se&ntilde;al de los tiempos, con tanta gente con el m&oacute;vil en la mano, el ambiente de grandes citas se difumina. Lo dec&iacute;a un hincha argentino veterano al salir del campo en el partido contra Austria: &ldquo;Que dejen de venir tiktokers, porque no canta nadie. No me perd&iacute; un partido de Argentina en los &uacute;ltimos cuatro mundiales y es definitivamente otro f&uacute;tbol&rdquo;. Termina el partido y ahora toca ver los cruces en eliminatorias con el sue&ntilde;o de la final. La FIFA tambi&eacute;n se prepara: ya ha anunciado que el tiempo de descanso de ese partido durar&aacute; cerca de media hora para ofrecer un show al estilo Superbowl. Van a calz&oacute;n quitado. Las gradas a&uacute;n no se han rebelado, quiz&aacute;s porque nadie sabe si va a llegar hasta all&aacute;, pero s&iacute; hay alguien que ya ha anunciado que planea no retransmitir el show. Es la televisi&oacute;n p&uacute;blica del pa&iacute;s que invent&oacute; el f&uacute;tbol, la BBC. No ser&aacute; la toma de la Bastilla, pero tal como est&aacute; el panorama parece que bajo los adoquines de las gradas se puede intuir la playa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Arturo Lezcano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/gradas-resistir-frente-gentrificacion-viejo-futbol_1_13336790.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2026 20:28:07 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ed8bc8d4-e02d-42c2-9fc6-79be7f0d2280_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1097584" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ed8bc8d4-e02d-42c2-9fc6-79be7f0d2280_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1097584" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las gradas intentan resistir a la gentrificación del viejo fútbol]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ed8bc8d4-e02d-42c2-9fc6-79be7f0d2280_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Mundial de fútbol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Messi empieza a cumplir el último encargo del Indio Solari]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/messi-empieza-cumplir-ultimo-encargo-indio-solari_1_13312433.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/88d26f12-4cc2-4cb7-a4fd-a45412621159_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Messi empieza a cumplir el último encargo del Indio Solari"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Argentina que acaba de perder a un referente musical se aferra al diez de la selección para llevar una alegría a un país golpeado por la crisis y los recortes de Milei</p></div><p class="article-text">
        El f&uacute;tbol, un deporte indestructible<a href="https://www.eldiario.es/mundial-2026/venderte-mundial-necesitaba-seleccion-mayonesa-oficial_1_13296282.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> por m&aacute;s que se empe&ntilde;en en transformarlo en un programa de entretenimiento </a>o reducirlo a contenido de internet, tiene la capacidad de alterar emociones a nivel colectivo desde esos lugares apartados de la l&oacute;gica. En los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os casi siempre ha sucedido cuando interviene Lionel Messi, un jugador de casi 39 a&ntilde;os que este martes entr&oacute; al estadio de Kansas City escoltado por sus compa&ntilde;eros como si fuera el Grupo Salvaje de Sam Peckinpah y sali&oacute; como si hubiera conquistado su segundo mundial consecutivo. Ser&aacute; complicad&iacute;simo que suceda (solo lo consigui&oacute; Italia hace casi un siglo y el Brasil de Pel&eacute; y Garrincha), pero ya ha logrado lo m&aacute;s dif&iacute;cil: hacer creer a los suyos que es posible. Empez&oacute; ganando divirti&eacute;ndose y meti&oacute; a Argentina (el pa&iacute;s y la selecci&oacute;n) en el clima que buscaba y no encontraba, ese lugar et&eacute;reo donde se sienten capaces de todo y a veces lo consiguen.
    </p><p class="article-text">
        En la era de los n&uacute;meros no hay discusi&oacute;n: ante Argelia, Messi se convirti&oacute; en el primer futbolista en jugar seis mundiales (un d&iacute;a antes que Cristiano Ronaldo); en la jornada en que Mbapp&eacute; y Haaland, las dos estrellas que aspiran a heredar su trono, marcaron dos tantos, &eacute;l hizo tres e igual&oacute; a Klose como m&aacute;ximo goleador de los mundiales masculinos. Su triplete elev&oacute; su cuenta particular con la selecci&oacute;n: 120 en 200 partidos. Todo redondo, como la noche: del himno cantando a voz en cuello (seg&uacute;n pasan los a&ntilde;os ha pasado de estar en silencio a gritarlo a c&aacute;mara) a sus tres goles al hijo de Zidane, cuadrando el c&iacute;rculo. Argelia no era el rival m&aacute;s dif&iacute;cil, pero Messi repiti&oacute;, como dicen sus compatriotas, la rutina de lo extraordinario. El asunto es que lleva veinte a&ntilde;os haciendo exactamente lo mismo y, despu&eacute;s de lo visto, parece dif&iacute;cil pensar que est&aacute; cerca del final.
    </p><p class="article-text">
        En la dimensi&oacute;n emocional tampoco hay discusi&oacute;n en Argentina. Se sab&iacute;a antes de empezar el Mundial, pero ahora, tras el triplete, multiplica las esperanzas de algo &mdash;sea lo que sea ese algo&mdash; y de estirar as&iacute; un poco m&aacute;s el crep&uacute;sculo luminoso de un futbolista que cambi&oacute; la perspectiva de un pa&iacute;s atribulado, con una situaci&oacute;n siempre compleja. 
    </p><p class="article-text">
        En medio de un clima agobiante de ajustes y reajustes econ&oacute;micos, que ahondan en la ya de por s&iacute; enorme desigualdad palpable en las calles, el estridente Javier Milei celebra datos macroecon&oacute;micos al tiempo que intenta despejar esc&aacute;ndalos de corrupci&oacute;n. No es una novedad la inestabilidad en Argentina, por eso extra&ntilde;aba la frialdad con la que se esperaba este Mundial, habitual v&aacute;lvula de descompresi&oacute;n. Hasta las publicidades previas, siempre f&eacute;rtiles en generar ilusi&oacute;n, se afanan en encontrar la tecla de &ldquo;volver a ganar&rdquo;, que aunque parezca redundancia es el doble de dif&iacute;cil que ganar. La entrada del invierno austral tampoco invitaba a la euforia, por m&aacute;s que las caras sonrientes de los campeones de 2022 aparezcan en cada valla publicitaria comiendo hamburguesas, probando electrodom&eacute;sticos o, tambi&eacute;n, animando a apostar.
    </p><p class="article-text">
        Que la golpeada Argentina de Milei se aferre a &iacute;dolos futbol&iacute;sticos es lo habitual, pero esta vez no parec&iacute;a suficiente. Hasta que el 5 de junio algo contradictorio cambi&oacute; el rumbo del premundial: la muerte de otro &iacute;dolo, esta vez musical, Carlos Alberto Solari, el Indio.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a ni se le conoce, pero su figura es tot&eacute;mica en Argentina y su muerte deja sin otro mito popular al pa&iacute;s. Miles de personas salieron a las calles a despedir a un artista que dialog&oacute; a trav&eacute;s del rock con la generaci&oacute;n posterior a la arrasada por la dictadura militar. El Indio fue &ldquo;el dios de los rotos&rdquo;, dijo una asistente a su &ldquo;&uacute;ltima misa&rdquo;. M&aacute;s mesi&aacute;nico, imposible. Solari siempre cultiv&oacute; una imagen misteriosa y solitaria. Por eso el impacto en el pa&iacute;s fue enorme cuando, al poco de fallecer, un periodista revel&oacute; un audio que el Indio hab&iacute;a preparado en las &uacute;ltimas semanas para mandarle a Lionel Messi de cara al Mundial y que no se anim&oacute; a difundir &ldquo;por verg&uuml;enza&rdquo;. En &eacute;l le glosaba sus excelencias &mdash;&ldquo;Dios y el diablo te dieron una destreza inimaginable&rdquo;&mdash; y cerraba con una postdata: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; tal si gan&aacute;s un campeonato del mundo m&aacute;s? Est&aacute;s para eso, viejo. Est&aacute;s para eso&rdquo;.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/2067081536961143002?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Bast&oacute; esa chispa para encender al pa&iacute;s. Del an&aacute;lisis de un audio de 40 segundos salieron tesis sobre la idolatr&iacute;a, el f&uacute;tbol, Milei y hasta el peronismo. Argentina ya s&iacute; estaba oficialmente en clima mundialista. Messi lo aviv&oacute; d&iacute;as despu&eacute;s, al publicar un video de homenaje al m&uacute;sico con im&aacute;genes de la selecci&oacute;n. El clavo ardiendo se hizo enorme, en un retrato de pa&iacute;s enfrascado en la mitoman&iacute;a, que ha encadenado &iacute;dolos y ahora se asoma al v&eacute;rtigo de quedarse sin referentes populares. Por eso se abraza la comuni&oacute;n entre el Indio y Messi y los argentinos se ilusionan con hacer del Mundial un mes interminable.
    </p><h2 class="article-text">Pol&iacute;tica, f&uacute;tbol y m&uacute;sica, triada favorita del pa&iacute;s</h2><p class="article-text">
        En Argentina las canciones de cancha funcionan como cantares de ciego que cuentan la actualidad a tiempo real. En ellas se apela con varias f&oacute;rmulas conocidas &mdash;y copiadas en todo el mundo&mdash; a la identidad, la &eacute;pica y la nostalgia. Una de las que est&aacute; ganando espacio (y se escuch&oacute; ante Argelia) y que tuvo su debate en redes, el nuevo ring (tambi&eacute;n) para este combate, dice: &ldquo;Por Diego y el Indio la vamos a ganar&rdquo;. Algunos comentaristas airados censuraron que apareciera el m&uacute;sico en la letra. &ldquo;El Indio es pueblo, &iexcl;libertario!&rdquo;, le contestaron interpretando que era un seguidor de Milei, en una frase que encierra pol&iacute;tica, f&uacute;tbol y m&uacute;sica, tr&iacute;ada favorita del pa&iacute;s. El debate se cerr&oacute; con un b&aacute;sico: &ldquo;Aguante el Diego, el Indio y Lionel&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El pa&iacute;s explica su historia contempor&aacute;nea a trav&eacute;s de dictaduras, crisis y mundiales, a veces a caballo, otras veces entrelazados en bucles imposibles. El Mundial de 1978, celebrado en la Argentina de los militares y los miles de desaparecidos, constituy&oacute; el nudo m&aacute;s doloroso, el que oblig&oacute; a lidiar con las contradicciones al argentino futbolero y antidictadura: eran millones de personas. Lo resumi&oacute; en Salvados el periodista Mart&iacute;n Caparr&oacute;s, por entonces exiliado. &ldquo;Intent&eacute; hacer algo para que se boicoteara, porque era exageradamente grosero&rdquo;, dijo su parte militante. &ldquo;De alg&uacute;n modo quer&iacute;a que Argentina la ganara, lo que me daba verg&uuml;enza y culpa&rdquo;, reafirm&oacute; antes de dar paso al futbolero. &ldquo;Desde que nac&iacute; me entrenaron para querer que la Argentina sea campeona del mundo. Si sale campeona del mundo con estos hijos de puta en el poder... y bueno, mala suerte, qu&eacute; le voy a hacer&rdquo;. En 1986 gan&oacute; de nuevo mientras Alfons&iacute;n conten&iacute;a la econom&iacute;a ante la hiperinflaci&oacute;n y escuchaba el ruido de sables en los cuarteles. En 2002, con el pa&iacute;s hecho un solar tras el <em>crash </em>de 2001. En 2022, en el que la selecci&oacute;n bord&oacute; la tercera estrella, se jug&oacute; por una vez durante el verano austral, previo a la victoria de Milei, hoy en el poder y una vez m&aacute;s con el pa&iacute;s partido, al menos hasta que empez&oacute; este Mundial. &ldquo;Una receta infalible de uni&oacute;n&rdquo;, resumi&oacute; en P&aacute;gina 12 Ariel Scher, uno de los m&aacute;s lucidos analistas del f&uacute;tbol m&aacute;s all&aacute; del campo.
    </p><p class="article-text">
        Llega el partido inaugural y todos se ponen la camiseta del 10, por m&aacute;s que en los &uacute;ltimos tiempos se hayan empezado a escuchar murmullos en sectores progresistas en torno a su figura fuera del campo y su relaci&oacute;n con el poder, que se le arrima sin recato. El binomio Trump-Milei tiene sinton&iacute;a en lo econ&oacute;mico y lo pol&iacute;tico, como han demostrado en cada encuentro y en cada decisi&oacute;n, y ambos coinciden en su devoci&oacute;n por Messi.
    </p><p class="article-text">
        En marzo de este a&ntilde;o el presidente de Estados Unidos recibi&oacute; con honores en la Casa Blanca al Inter de Miami y elogi&oacute; a Messi ante la sonrisa t&iacute;mida habitual de la estrella argentina. Unos meses antes, en noviembre de 2025, se celebr&oacute; en Miami el America Business Forum, que reuni&oacute; a CEOs de grandes empresas, pol&iacute;ticos y deportistas. Por all&iacute; pasaron Rafael Nadal o Serena Williams. Y tambi&eacute;n el rosarino. Entre los pol&iacute;ticos estuvieron el presidente estadounidense, Mar&iacute;a Corina Machado y tambi&eacute;n Javier Milei. Este se explay&oacute; en el estrado con un chiste dedicado al diez: &ldquo;Un hombre que llev&oacute; el talento argentino a lo m&aacute;s alto del mundo&rdquo;, dijo, &ldquo;y tambi&eacute;n la prueba de que a veces yo tambi&eacute;n puedo felicitar a un zurdo&rdquo;. Silencio, risas y carcajada final. No hubo respuesta de Messi, como tampoco la hubo ante un post de Milei con la foto del 10 y el t&iacute;tulo: &ldquo;El &iacute;dolo que no pudieron domesticar&rdquo;. Se refer&iacute;a a los gobiernos kirchneristas. O cuando hace unas semanas comparti&oacute; un v&iacute;deo hecho con IA en el que su equipo, del que era portero, simulaba medirse a l&iacute;deres hist&oacute;ricos del socialismo. A su lado, como capit&aacute;n, estaba Messi.
    </p><p class="article-text">
        A veces la omisi&oacute;n provoca m&aacute;s incomodidad que mantenerse al margen. Unos dicen que el &iacute;dolo del pa&iacute;s lo hace por indiferencia, una palabra que lo ha definido en muchas ocasiones. Otros, porque dicen que ha empezado a cambiar su perfil en v&iacute;speras de su retiro. Pero visto el partido ante Argelia, a&uacute;n falta algo m&aacute;s. O &ldquo;est&aacute; para eso&rdquo;, como dej&oacute; dicho el Indio Solari.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Arturo Lezcano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/messi-empieza-cumplir-ultimo-encargo-indio-solari_1_13312433.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jun 2026 21:08:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/88d26f12-4cc2-4cb7-a4fd-a45412621159_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="649951" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/88d26f12-4cc2-4cb7-a4fd-a45412621159_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="649951" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Messi empieza a cumplir el último encargo del Indio Solari]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/88d26f12-4cc2-4cb7-a4fd-a45412621159_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Lionel Messi,Argentina,Javier Milei,Fútbol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De los cordones desatados de Pelé y Maradona al logo amputado de Cruyff: Puma, Nike, Adidas y otras guerras del marketing de los mundiales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/adidas-vs-nike-puma-carrera-frenos-marketing-medio-siglo-mundiales_1_13294199.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/140525dc-668f-4674-8af0-400f409b2d6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adidas vs Nike y antes Puma: la carrera sin frenos del marketing en medio siglo de mundiales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pelé retrasó un partido para anudarse sus botas Puma después de que un ciudadano canario lo reclutase para la marca, Maradona entraba al campo con los cordones sin atar para atraer a las cámaras y Cruyff arrancó el logo de Adidas en la camiseta de Holanda porque él tenía otro patrocinador</p><p class="subtitle">Todo lo que van a venderte con el Mundial: ¿Necesitaba la selección una mayonesa oficial?
</p></div><p class="article-text">
        Una televisi&oacute;n cuadrada y antigua dispara una imagen de colores saturados, en la que el futbolista m&aacute;s famoso de la &eacute;poca, Pel&eacute;, embutido en el traje de Brasil, se ata los cordones de sus botas, en negro y amarillo chill&oacute;n a juego con su camiseta. En otra pantalla apaisada y moderna, de textura cinematogr&aacute;fica y plagada de efectos visuales, los mejores jugadores de este Mundial saltan y corren delante de c&aacute;mara como actores de una producci&oacute;n millonaria. Entre ambas postales ha pasado casi medio siglo y mucha agua bajo el puente de un elemento desconocido entonces y que hoy resulta clave en el mundo del f&uacute;tbol... Y tambi&eacute;n para el lavado de cara de ciertas multinacionales: el marketing deportivo.
    </p><p class="article-text">
        El 14 de junio de 1970, en Guadalajara (M&eacute;xico), una de las sedes de este a&ntilde;o, Pel&eacute; se agach&oacute; en el centro del campo para atarse las botas. Era un gesto inocente, al menos en apariencia, que retrasaba el comienzo del partido de cuartos de final entre Brasil y Per&uacute;. Sus compa&ntilde;eros completaban los &uacute;ltimos estiramientos y el &aacute;rbitro solo miraba, mientras Pel&eacute; se desataba la otra bota para atarla mejor, con parsimonia. El plano general que ofrec&iacute;a la televisi&oacute;n cambi&oacute; cuando el realizador le pidi&oacute; al camar&oacute;grafo un plano corto del diez brasile&ntilde;o. Por primera vez, una audiencia planetaria ve&iacute;a el Mundial en directo y en color, un impacto visual desconocido, una nueva dimensi&oacute;n, reproducida en esa escena que se met&iacute;a por los ojos del espectador: <em>o rei </em>del f&uacute;tbol amasaba con delicadeza sus nuevas botas, con el logo amarillo de la marca Puma. Sin saberlo, la audiencia estaba asistiendo al <em>product placement</em> inaugural del f&uacute;tbol. El emplazamiento publicitario es una t&eacute;cnica de marketing que consiste en introducir una marca en pantalla como un elemento org&aacute;nico dentro de un contenido, como sucede en series y pel&iacute;culas. En este caso la marca ni siquiera hab&iacute;a pagado por ello. Podr&iacute;a parecer una acci&oacute;n inconsciente del futbolista. No lo fue. Aunque el protagonista era Pel&eacute;, detr&aacute;s de ese hallazgo estaba Hans Henningsen, un ciudadano canario de ascendencia alemana cuya inusitada vida se cuenta en el documental <em>El rey puma</em>, que se estrena en Movistar Plus el pr&oacute;ximo d&iacute;a 22 de junio.
    </p><p class="article-text">
        La jugada marc&oacute; un nuevo rumbo en la historia del f&uacute;tbol, un primer jal&oacute;n de la mercantilizaci&oacute;n de la pasi&oacute;n por unos colores, un negocio multimillonario sin techo a la vista, como lo demuestra el evento que ahora comienza de nuevo en M&eacute;xico y en el que se multiplican las expectativas de ventas de las principales marcas deportivas <a href="https://www.laizquierdadiario.com/La-fabricante-de-Adidas-y-Nike-despide-y-aumenta-los-ritmos-de-trabajo" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">con sus controvertidas pr&aacute;cticas</a>. La de 2026 es la Copa del Mundo de los r&eacute;cords: en n&uacute;mero de participantes y partido, en pa&iacute;ses anfitriones, en horas de televisi&oacute;n y su consiguiente monetizaci&oacute;n. Todo ello eleva las cifras del negocio a otro nivel. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en su ret&oacute;rica cada vez m&aacute;s cercana a su adulado Donald Trump, a quien galardon&oacute; en diciembre con un ins&oacute;lito premio de la paz, dijo que el Mundial ser&iacute;a &ldquo;el evento m&aacute;s grande que la humanidad haya visto&rdquo;. Seg&uacute;n el presupuesto revisado por el ente futbol&iacute;stico, la FIFA prev&eacute; ingresar este a&ntilde;o unos 8.300 millones de euros, casi la mitad provenientes de la televisi&oacute;n, un tercio en entradas y <em>hospitality </em>y el resto en marketing, que no incluye la ropa que viste cada selecci&oacute;n. Ah&iacute; se abre otro caj&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El negocio de las camisetas que esas multinacionales fabrican en condiciones mil veces denunciadas a miles de kil&oacute;metros de sus sedes corporativas se reparte mayoritariamente entre tres marcas, que a su vez dominan el mercado global. De las 48 selecciones, 14 visten Adidas, 12, Nike y 11 Puma. En total, tres de cada cuatro camisetas de este Mundial son de estos gigantes que superan registros cada a&ntilde;o y ven en el evento una oportunidad para disparar la facturaci&oacute;n: diferentes informes financieros proyectan en torno a mil millones en ingresos para Nike y Adidas. Para estimular el consumo no han escatimado en inversi&oacute;n publicitaria, siguiendo la f&oacute;rmula que inici&oacute; Henningsen hace medio siglo y se fue ahondando a lo largo del tiempo: asociar las caras de las estrellas a las marcas. En las &uacute;ltimas ediciones, m&aacute;s que anuncios ofrecen cortometrajes de cine, artefactos narrativos de cinco minutos, de diferente estilo y par&aacute;metros paralelos. El de Adidas (que tambi&eacute;n es la marca oficial de FIFA) re&uacute;ne en un guion de f&uacute;tbol callejero a Lamine Yamal, Messi, Bellingham y Trinity Rodman, junto a leyendas pasadas por el filtro digital de rejuvenecimiento (Beckham, Zidane, Del Piero), una estrella de Hollywood, Thimoth&eacute;e Chalamet y hasta Bad Bunny, y en &eacute;l se cuenta una historia que nos lleva a 1995.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-mJJY53qhJe0-5423', 'youtube', 'mJJY53qhJe0', document.getElementById('yt-mJJY53qhJe0-5423'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-mJJY53qhJe0-5423 src="https://www.youtube.com/embed/mJJY53qhJe0?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        El de Nike, como el de su rival, apela a un f&uacute;tbol alejado del paradigma VIP de hoy, con bengalas y animaci&oacute;n pirot&eacute;cnica en las gradas. Pero claro, esto es publicidad y se rueda en un estudio de Hollywood. En ella est&aacute;n Mbapp&eacute;, Vin&iacute;cius, Cristiano Ronaldo, Nico Williams y Haaland, pero tambi&eacute;n Kim Kardashian. Y de nuevo el storytelling nos lleva a 1995, donde aparece Cantona, adem&aacute;s de Ibrahimovic y hasta Lebron James y Ronaldinho.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-IyZ1WIua_1s-6302', 'youtube', 'IyZ1WIua_1s', document.getElementById('yt-IyZ1WIua_1s-6302'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-IyZ1WIua_1s-6302 src="https://www.youtube.com/embed/IyZ1WIua_1s?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Los creativos utilizan dos grandes vectores de atracci&oacute;n del p&uacute;blico: la uni&oacute;n de la cultura pop al f&uacute;tbol y la nostalgia, con el mismo prop&oacute;sito: aportar millones para las marcas. Cada multinacional recluta a un icono de este siglo, aunque ya en declive, a la espera de que se acomode el panorama de las estrellas emergentes. Adidas tiene a Messi, Nike a Cristiano Ronaldo y Neymar a Puma. En el ultranegocio que es el f&uacute;tbol se mueven cifras escandalosas: ninguno baja de 20 millones al a&ntilde;o por el patrocinio, cantidades de ciencia ficci&oacute;n si echamos la vista hacia aquel minuto de oro televisivo de Pel&eacute; y Henningsen en el Mundial de 1970, que tambi&eacute;n tiene su historia.
    </p><h2 class="article-text">La guerra de los Dassler</h2><p class="article-text">
        En Herzogenaurach, un pueblo alem&aacute;n de tradici&oacute;n zapatera, dos hermanos fundaron en la d&eacute;cada de 1920 una firma de calzado deportivo, a&uacute;n muy rudimentario. En 1948, tras una disputa familiar, se separaron y abrieron cada uno su marca por separado. Uno se llamaba Adolf (o Adi) Dassler, y decidi&oacute; usar su nombre y apellido apocopados, y as&iacute; naci&oacute; Adidas. El otro se llamaba Rudolf (o Rudi) Dassler, y apost&oacute; por otro nombre de fantas&iacute;a: Puma. Y empezaron a competir. Casi en paralelo, Hans Henningsen emigr&oacute; desde Tenerife a R&iacute;o de Janeiro y all&iacute; trabaj&oacute; como periodista deportivo. Su magnetismo y sus dotes como relaciones p&uacute;blicas le facilitaron la entrada en los c&iacute;rculos futbol&iacute;sticos. Al mismo tiempo, su dominio del alem&aacute;n atrajo el inter&eacute;s del hijo de Rudi Dassler, Armin, ya al frente de Puma, y lo fich&oacute; como agente comercial para Sudam&eacute;rica. Contra la norma no escrita que ten&iacute;an los Dassler, Henningsen le hizo una oferta a Pel&eacute; para asociar la marca a su herramienta de trabajo, la bota, y as&iacute; comenz&oacute; una carrera sin frenos hasta la fecha.
    </p><p class="article-text">
        Cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1974, Johan Cruyff cometi&oacute; otra jugada impensable hoy: como Holanda vest&iacute;a Adidas, arranc&oacute; una tira de las que adornaban la camiseta naranja porque a &eacute;l lo patrocinaba Puma. En el 78 Hans volvi&oacute; a la carga en el Mundial de Argentina, al reclutar a C&eacute;sar Luis Menotti aunque el combinado vistiese de Adidas. Esa fue la llave para hacerse, meses despu&eacute;s, con la joya m&aacute;s preciada del planeta f&uacute;tbol, un juvenil llamado Diego Armando Maradona: de nuevo Puma, de nuevo Henningsen. El primer contrato entre la marca y el Pelusa aparece en exclusiva en el documental con todos sus n&uacute;meros: a cambio de vestir botas y equipaci&oacute;n Puma, recib&iacute;a 100 d&oacute;lares al mes. En M&eacute;xico 86 (de nuevo M&eacute;xico), Maradona maravill&oacute; al mundo con sus botas, que aire&oacute; con el mismo m&eacute;todo que Pel&eacute;, pero a su manera. Sal&iacute;a al campo con los cordones desatados y, cuando empezaba el calentamiento, se aseguraba de que la nube de fot&oacute;grafos lo rodeaba y as&iacute; pod&iacute;a atarse las botas durante unos segundos eternos, con Henningsen escolt&aacute;ndolo en las sombras.
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os noventa el marketing futbol&iacute;stico sufri&oacute; una transformaci&oacute;n, cuando Nike, estadounidense que multiplic&oacute; sus ingresos al lado de Michael Jordan, se meti&oacute; en el deporte que reinaba en el resto del mundo salvo en sus fronteras y de paso romp&iacute;a la baraja que se disputaban Adidas y Puma. Lo hizo apadrinando a una nueva estrella, Ronaldo Nazario. Para el Mundial de 1998 Nike se frotaba las manos: Ronaldo reinaba en el mundo y en la selecci&oacute;n brasile&ntilde;a, que parec&iacute;a ser un grupo de amigos que jugaban a la pelota en la calle o en los aeropuertos como si fuera en una playa carioca. As&iacute; lucieron <a href="https://www.youtube.com/watch?v=nOrzq4vyS8o" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">en un anuncio televisivo</a> que tambi&eacute;n marc&oacute; a una generaci&oacute;n con su m&uacute;sica y sus malabarismos. Sin embargo, la selecci&oacute;n francesa, basti&oacute;n de Adidas por entonces, gan&oacute; por goleada en una final extra&ntilde;a, en la que Ronaldo amag&oacute; con no jugar despu&eacute;s de haber sufrido convulsiones en las horas previas, en un episodio nunca aclarado del todo. No fue un buen augurio para el partido, en el que Francia aplast&oacute; en una prolongaci&oacute;n de la nueva guerra que parec&iacute;a librarse entre las dos marcas m&aacute;s grandes.
    </p><p class="article-text">
        Para colmo, al d&iacute;a siguiente las paredes parisinas y las p&aacute;ginas impares de los peri&oacute;dicos aparecieron con un anuncio de Adidas, sin fotos ni alusiones al f&uacute;tbol, sino apenas una frase: &ldquo;Los mundiales se ganan en el campo, no en los aeropuertos&rdquo;. Un mensaje directo a Nike. Por aquella &eacute;poca Henningsen, con sus t&eacute;cnicas artesanales de marketing, ya hab&iacute;a desaparecido de un mundo revolucionado. Puma y Adidas pasaron de ser marcas familiares a convertirse en monstruos multinacionales participados por inversores, fondos globales y un reguero de pr&aacute;cticas muy dudosas en la trastienda.
    </p><p class="article-text">
        Lleg&oacute; el siglo XXI y la carrera ciega por el dinero remat&oacute; en desastre con el FIFA Gate, el esc&aacute;ndalo de corrupci&oacute;n destapado en 2015 precisamente por la justicia de Estados Unidos. El caso termin&oacute; con el reinado del presidente Joseph Blatter y llev&oacute; a grandes jerarcas del f&uacute;tbol a las c&aacute;rceles del pa&iacute;s ahora gobernado por Trump, al que Infantino, habitual del despacho Oval, abraza como un man&aacute;. Una borrachera de millones va en ello, para el ente futbol&iacute;stico y de forma indirecta para las marcas, que se reparten el pastel de selecciones y estrellas: Puma se ha especializado en selecciones africanas y mantiene alguna favorita &mdash;Portugal y Marruecos&mdash;, mientras Adidas y Nike se reparten al resto de posibles ganadores. Si el Mundial fuera de marcas en vez de selecciones, Adidas arrasar&iacute;a al resto, con siete t&iacute;tulos conseguidos, por solo dos de Nike y ninguno de Puma. Pero en cifras todo se iguala, para las multinacionales y tambi&eacute;n para las estrellas, que cobran casi tanto por los patrocinios como por su desempe&ntilde;o en el campo.
    </p><p class="article-text">
        Por algo en <em>El rey puma</em> el periodista uruguayo-argentino Cherquis Bialo, de reciente desaparici&oacute;n, sentenciaba: &ldquo;Si yo fuese Neymar, Mbapp&eacute; o Messi preguntar&iacute;a d&oacute;nde est&aacute; la tumba de Hans y le dejar&iacute;a una flor&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Arturo Lezcano]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/adidas-vs-nike-puma-carrera-frenos-marketing-medio-siglo-mundiales_1_13294199.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Jun 2026 19:41:21 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/140525dc-668f-4674-8af0-400f409b2d6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="560586" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/140525dc-668f-4674-8af0-400f409b2d6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="560586" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[De los cordones desatados de Pelé y Maradona al logo amputado de Cruyff: Puma, Nike, Adidas y otras guerras del marketing de los mundiales]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/140525dc-668f-4674-8af0-400f409b2d6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Multinacional,FIFA,Marketing,Fútbol,Lamine Yamal,Futbolistas]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
