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    <title><![CDATA[elDiario.es - Víctor Suárez Vega]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/victor-suarez-vega-2/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Víctor Suárez Vega]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Hay desahucios que se convierten en símbolo. Y otros que, sencillamente, ocurren]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hay-desahucios-convierten-simbolo-sencillamente-ocurren_132_13547904.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/83318392-8fa8-4e02-a920-113acd0747e2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hay desahucios que se convierten en símbolo. Y otros que, sencillamente, ocurren"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quizás sea porque Maricarmen es una persona mayor, blanca, europea, y las personas desahuciadas de la casa de Mr. Leacock eran migrantes y pobres. O quizás, la respuesta podamos encontrarla en nuestra realidad colonial. Porque en Canarias hemos aprendido demasiado a convivir con el sufrimiento</p></div><p class="article-text">
        Pocas im&aacute;genes como la del desahucio de Maricarmen, de 87 a&ntilde;os, resumen de una manera tan descarnada e inhumana la sociedad en la que vivimos. Maricarmen ya se ha convertido en un s&iacute;mbolo casi mundial. Despu&eacute;s de haber vivido 71 a&ntilde;os en la misma casa, pagando religiosamente todas sus rentas y con una discapacidad, fue desahuciada violentamente por un fondo buitre sin que ninguna persona del &aacute;mbito judicial o pol&iacute;tico pudiera/quisiera impedirlo. Cientos de personas valientes se movilizaron para intentar detenerlo. Pero no pudieron. Lo ocurrido es tr&aacute;gico y deber&iacute;a interpelarnos profundamente como sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Pero mientras estos d&iacute;as seguimos con atenci&oacute;n y conmovidas por la historia de Maricarmen, no puedo dejar de pensar en algo que ocurri&oacute; aqu&iacute;, en Canarias, hace apenas unos meses.
    </p><p class="article-text">
        El pasado 30 de junio, m&aacute;s de <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/desahucio-masivo-guia-50-personas-alternativa-habitacional-no-pasare-noche_1_13346199.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">medio centenar de personas fueron desalojadas de la finca de Mister Leacock</a>, en Santa Mar&iacute;a de Gu&iacute;a, propiedad del poderoso grupo platanero y de construcci&oacute;n F&eacute;lix Santiago Meli&aacute;n. Entre las personas desahuciadas hab&iacute;a familias con menores. Ninguna ten&iacute;a alternativa habitacional. Las informaciones previas hablaban de alrededor de un centenar de personas viviendo en el poblado. Muchas de ellas, ante la inminencia del desahucio, decidieron abandonar las viviendas.
    </p><p class="article-text">
        Lo ocurrido ese d&iacute;a en el norte de Gran Canaria me atrever&iacute;a a decir que es, quiz&aacute;s, el acontecimiento hist&oacute;rico m&aacute;s vergonzoso -en materia de desahucios- ocurrido nunca en nuestro peque&ntilde;o pa&iacute;s. El operativo policial cont&oacute; con m&aacute;s de 20 coches policiales, 53 agentes de la Guardia Civil y efectivos de la Polic&iacute;a Local, coches de Cruz Roja, ambulancias, bomberos, etc. La carretera general que une los pueblos de Santa Mar&iacute;a de Gu&iacute;a y de G&aacute;ldar fue cortada en ambos sentidos, no dejaban acercarse a nadie al lugar de los hechos, de manera que el grupo de periodistas no pudo realizar correctamente su trabajo. Seg&uacute;n &eacute;stos, lo vivido en aquel momento fue algo inaudito, pues muchos de ellos estaban acostumbrados a cubrir otros desahucios. De hecho, la Polic&iacute;a se encarg&oacute; estrat&eacute;gicamente de colocarlos en un lugar lo suficientemente alejado como para no poder tomar im&aacute;genes de los acontecimientos vergonzosos que sab&iacute;an all&iacute; iban a ocurrir. Por desgracia, ese d&iacute;a all&iacute; no hab&iacute;a nadie para impedir el desahucio.
    </p><p class="article-text">
        Mientras a&uacute;n quedaban menores dentro de sus casas, una retroexcavadora comenz&oacute; a derribar las construcciones. As&iacute;, sin ninguna piedad. Sin dejarles siquiera la m&aacute;s m&iacute;nima dignidad (si es que te puede quedar algo de ello en ese momento) para abandonar al menos tu casa con tus pertenencias. As&iacute;, como si tuvieran mucha prisa en derribarlo todo para comenzar cuanto antes el proyectito que sea que tienen ah&iacute; pensado. As&iacute;, como si quisieran hacerlo cuanto antes para que lo viese el menor n&uacute;mero posible de personas. Y as&iacute;, con la mayor de las connivencias pol&iacute;ticas, empresariales y judiciales. Como la de Maricarmen.
    </p><p class="article-text">
        Porque al igual que en Madrid, aqu&iacute; hab&iacute;a personas vulnerables. Aqu&iacute; el due&ntilde;o del inmueble tambi&eacute;n era un poderoso grupo empresarial. Aqu&iacute; tambi&eacute;n hubo ausencia total de presencia e incluso de pronunciamiento pol&iacute;tico, ni siquiera de aquellos que hablan de &ldquo;primero nuestra gente&rdquo;. Y aqu&iacute; tambi&eacute;n hubo much&iacute;simo dolor y rabia ante una injusticia que ahora mismo es uno de los mayores dramas que nos toc&oacute; vivir en este pedacito de la historia.
    </p><p class="article-text">
        No quiero comparar dolores. Ni establecer qui&eacute;n sufri&oacute; m&aacute;s. Ni much&iacute;simo menos restarle un solo gramo de importancia a lo sucedido con Maricarmen.
    </p><p class="article-text">
        Todo lo contrario.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente porque su historia nos conmueve, deber&iacute;a servirnos tambi&eacute;n para mirar hacia aqu&iacute;. Precisamente porque el caso de Maricarmen y el de las decenas de familias de la casa de Mr. Leacock forman parte de un mismo s&iacute;ntoma capitalista enfermo que pone por encima los derechos de unos pocos sobre los de la gran mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La reflexi&oacute;n que me surge, y por lo que escribo estas l&iacute;neas, es por qu&eacute; nos conmueve una historia que ocurre a miles de kil&oacute;metros de nuestro pa&iacute;s y por qu&eacute; cuando le ocurre lo mismo a nuestra gente y en nuestro propio barrio no somos capaces de conmovernos y movilizarnos de igual manera. Se me ocurren varias explicaciones posibles, aunque la realidad es que no tengo las respuestas. Una de ellas quiz&aacute;s sea porque, lamentablemente, en Canarias no tenemos la misma fuerza que tiene el Sindicato de Inquilinas de Madrid. Quiz&aacute;s sea porque los medios de comunicaci&oacute;n son los que dominan el debate p&uacute;blico y sin una buena y oportuna cobertura medi&aacute;tica, simplemente algunas luchas, aunque igual de justas, no cuajan igual que otras. Quiz&aacute;s sea porque Maricarmen es una persona mayor, blanca, europea, y las personas desahuciadas de la casa de Mr. Leacock eran migrantes y pobres. O quiz&aacute;s, la respuesta podamos encontrarla en nuestra realidad colonial. Porque en Canarias hemos aprendido demasiado a convivir con el sufrimiento. Hemos aprendido a normalizar la pobreza y la injusticia como parte natural de nuestra realidad. Sin ni siquiera cuestionarla, sino asumi&eacute;ndola como propia. Sin pensar que somos el territorio con mayor exclusi&oacute;n social, con los salarios m&aacute;s bajos de todo el estado, con la mayor tasa de pobreza extrema, con la vivienda m&aacute;s cara. Y sin pensar que todo ello est&aacute; directamente relacionado con una resiliencia aprehendida que tenemos grabado a fuego como derrota en nuestro ADN.
    </p><p class="article-text">
        O quiz&aacute;s todo sea m&aacute;s complejo y profundo detr&aacute;s de la forma de pensar de este que escribe.
    </p><p class="article-text">
        Un territorio que durante siglos ha sido construido desde fuera, termina aprendiendo a conceder m&aacute;s relevancia y hasta m&aacute;s capacidad de conmovernos a aquello que sucede lejos que a aquello que tenemos delante.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; hasta qu&eacute; punto nuestra realidad colonial tiene que ver con ese sentimiento que atraviesa nuestra identidad. No s&eacute; hasta qu&eacute; punto tiene que ver con nuestra propia historia, con nuestros medios de comunicaci&oacute;n, con nuestras estructuras de poder o con la dificultad que tenemos para convertir el malestar cotidiano en una respuesta colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Pero s&iacute; s&eacute; que deber&iacute;amos pregunt&aacute;rnoslo.
    </p><p class="article-text">
        Porque mientras miramos a Madrid y nos estremecemos con Maricarmen, en Gu&iacute;a hubo familias con menores expulsadas de sus casas sin una alternativa habitacional.
    </p><p class="article-text">
        Y no deber&iacute;a hacer falta que aquello que ocurre en Canarias llegue primero a Madrid para que nosotros mismos seamos capaces de mirarlo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la pregunta no sea por qu&eacute; nos conmueve tanto Maricarmen.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la pregunta sea por qu&eacute; todav&iacute;a no hemos conseguido conmovernos de la misma manera cuando la tragedia ocurre aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        No para mirar menos hacia fuera.
    </p><p class="article-text">
        Sino para empezar, tambi&eacute;n, a mirarnos hacia dentro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Víctor Suárez Vega]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hay-desahucios-convierten-simbolo-sencillamente-ocurren_132_13547904.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Sep 2026 15:45:27 +0000]]></pubDate>
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