CRÓNICA
Desahucio masivo de Guía con más de 50 personas sin alternativa habitacional: “No sé dónde pasaré la noche”

La Guardia Civil observa a uno de los desalojados abandonar el poblado de Mr. Leacock.

Christian Martínez / Gara Santana

Guía —
30 de junio de 2026 20:07 h

1

Ayoub perdió un ojo, pero hoy llora por los dos. Este martes también perdió su casa en El Becerril de Guía, su pasaporte y los papeles del médico que atestiguan, junto a las cicatrices de su cara, las cinco intervenciones quirúrgicas a las que se ha sometido. “Estábamos esperando a ver qué iba a decir el Juzgado, pero cuando llegaron me largaron sin dejarme coger mis papeles”, dice, entre lágrimas, señalando a la retroexcavadora que puede verse desde la calle Doctor Chil, donde la Guardia Civil expulsó a la prensa, lejos del desahucio, y donde se han ido reuniendo vecinos y curiosos, algunos con niños, que se encuentran de vacaciones, como los niños desalojados del poblado, que no pudieron evitar verlo. Entre los espectadores había opiniones encontradas: algunos se solidarizaban con las familias y otros justificaban el desalojo por tratarse de “okupas”.

Uno de los vecinos desalojados porta las banderas canaria y española.

El joven Ayoub es una de las más de 50 personas que han sido desalojadas del poblado de Mr. Leacock; un desahucio masivo para el que se desplegó un dispositivo de más de 50 guardias civiles, una veintena de policías locales, una unidad de bomberos, una ambulancia y dos psicólogas de Cruz Roja. Con este desahucio terminan historias de más de 20 años, como la de Larbi Njima, que llegó en patera por sus propios medios al cruce de Arinaga en 2003. “Todo el mundo sabe lo que pasa aquí. ¿A dónde nos vamos ahora?”.

Uno de los desalojados abandona el poblado Leacock cargando con sus pertenencias.

Los últimos momentos que los vecinos pasaron en sus casas no fueron ni siquiera privados, ya que la prensa, antes de ser también desalojada de la primera línea, entraba y salía de las residencias, grababa imágenes para la televisión o cortes para la radio; pero, a pocos minutos del desahucio, y a pesar de que se conocía la sentencia desde 2025 y de que el Ayuntamiento de Guía solicitó públicamente ayuda interinstitucional en el mes de abril, ya solo se podía certificar el rumor del desalojo. Un desalojo de casas con número y buzón, ya que algunos de esos residentes fueron empadronados en el poblado por la intermediación del grupo que hoy les desahucia, Félix Santiago Melián S.L., cuando trabajaron para ellos.

“No sé dónde pasaré la noche”

Abdel Albateui lleva viviendo en la finca desde 2014 y, desde hace más de cuatro años, está buscando una habitación para alquilar, “pero sólo son para estudiantes”, cuenta a este periódico. “Hay una universidad privada aquí y, entonces, no hay alquiler para nosotros”, explica. Asegura que, como él, la mayoría de sus vecinos gastaron mucho dinero en autoconstruirse las viviendas; en su caso gastó más de seis mil euros en bloques, cemento y material para construir su habitación, “con su ducha y su cocina”, donde ha vivido con su mujer y su hijo.

Corte de la carretera frente al poblado de Mr. Leacock, Guía.

Abdel tiene estudios y trabajo, pero no tiene dónde vivir. Estudió varias carreras: primero, educador social; después, ayudante de Enfermería; y en Canarias, Mecánica Industrial. “Desde que llegué aquí, siempre luchando, estudiando, trabajando, yo sólo. He conseguido todo lo mío solo. Nadie me ha ayudado en nada”, y concluye: “si nos tenemos que ir, dejamos todo esto aquí atrás y ya está”. Horas después, cuando volvemos a hablar con él, nos confiesa que está “totalmente derrotado”. No sabe qué hacer, dónde ir ni dónde pasará esta noche.

Multado en su propio desahucio y con orden de expulsión

“Hay gente que no tiene a dónde ir”, se lamenta Miriam Bani, una joven que ha vivido en el poblado durante seis años, hasta que se fue hace un par de semanas. Su marido, que estaba dentro intentando negociar con la policía para poder quedarse algunos días más, ha sido desalojado y multado con más de 500 euros y con una orden de expulsión, ya que es de origen marroquí y está en proceso de regularización. Ambos siguen empadronados en la vivienda de la que han sido desahuciados. Miriam critica que a la gente no le están dejando entrar por sus cosas, ni por su documentación, como a sus vecinos, que no les han dejado ir “ni por su ropa, ni por comida, ni por pasaporte, ni por nada; con la misma ropa que llevaban puesta, les han echado”, asegura.

Desahucio de la finca Leacock en Guía.

Cuenta que algunos de los que tenían niños “se han atrincherado, porque ni el Gobierno canario, ni el Cabildo, ni el Ayuntamiento les han ayudado”. Lo último que les han dicho es que, si ellos entran y les sacan y se quedan con los niños en la calle, directamente se los quitan y se los llevan a un centro“, sostiene la joven.

Ausencia institucional

Durante el lanzamiento no se personó en la finca ningún representante de las tres instituciones con competencias en materia de vivienda. Desde este periódico hemos preguntado al Ayuntamiento y al Gobierno de Canarias por el desalojo, las consecuencias o las alternativas habitacionales, sin obtener respuesta. Tampoco se supo nada acerca de la colaboración interinstitucional que solicitó en el mes de abril el alcalde socialista de Guía, Alfredo Gonçalvez, cuyo objetivo era amortiguar el impacto que el desahucio de este martes tendría sobre las vidas de más de 50 personas. Canarias Ahora nunca pudo conocer el número de informes de vulnerabilidad tramitados desde Servicios Sociales del Ayuntamiento, ni cómo fue la colaboración que, aseguran, mantuvieron en todo momento con el Juzgado.

“Racismo inmobiliario”

Por su parte, Víctor Suárez, de la asociación ecologista Tamaranae, se refiere al lanzamiento como “la imagen total de la vergüenza de nuestra sociedad. Un lugar donde recibimos a 18 millones de turistas, donde supuestamente tenemos bonanza económica, y un sistema de bienestar y un estado de derecho”, declara. “Pues aquí vemos nuestro estado de derecho: personas vulnerables sin ninguna alternativa habitacional, con menores, que van a ser puestos en la calle”.

Marifé Navarro y Tito Martín sostienen frente al desahucio de Mr. Leacock una pancarta de Derecho al Techo.

Presente con una pancarta, el colectivo Derecho al Techo denunció el caso y se refirió a lo que han sufrido los afectados como “racismo inmobiliario”. “Estas personas no son malas madres ni malos padres; son personas que no pueden acceder a un mercado inmobiliario desbocado”, expresó Tito Martín, portavoz del colectivo.

Fueron precisamente miembros de Derecho al Techo quienes ayudaron a Ayoub, que seguía llorando, a encontrar su pasaporte; el resto de sus pertenencias, materiales e inmateriales, ya están bajo los escombros de lo que un día fue -tantos días- su casa.

Etiquetas
stats