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Ucrania reivindica su patrimonio frente a Rusia: “La cultura es un objetivo de guerra”

Una estatua del filósofo Hryhorii Skovoroda en el museo bombardeado en su memoria en el pueblo de Skovorodynivka, cerca de Járkov, Ucrania

Laura García Higueras

14 de agosto de 2026 22:04 h

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141 museos, 906 bibliotecas, 56 teatros, 196 centros de educación artística y la sede del archivo cinematográfico son algunos de los cerca de dos mil lugares del patrimonio cultural ucranianos destruidos o dañados desde que comenzara la invasión rusa en febrero de 2022. Según los datos compartidos por su Ministerio de Cultura esta semana, más de 2.600 infraestructuras también han sido impactadas o derruidas.

Estas cifras podrían seguir ampliándose, ya que, según Tetyana Berezhna, viceprimera ministra del país, continúan “documentando las pérdidas al tiempo que refuerzan los esfuerzos de respuesta de emergencia y movilizando recursos para la restauración”.

Solo dos días después del inicio de los ataques, hubo uno directo con misiles contra uno de los pequeños museos locales de la región de Kiev, en el que se conservaban obras de la artista Maria Prymachenko. Gracias a la actuación de un vigilante, que entró para recuperarlas, se salvaron. “No eran muchas, unas doce o quince piezas, pero fue simbólico. Entendimos que el enemigo iba a atacar los museos y bibliotecas, y reescribir la historia”, explicó Anastasiia Bondar, viceministra de Desarrollo Digital, Transformaciones Digitales y Digitalización de Ucrania ante elDiario.es en el marco de Mondiacult, la Conferencia Mundial de la UNESCO sobre Políticas Culturales y Desarrollo Sostenible celebrada en Barcelona en septiembre.

Muestra de ello fue otro de los primeros bombardeos más dramáticos del inicio de la invasión, en marzo de 2022, sobre un teatro de Mariúpol en el que se refugiaban cientos de civiles, y en el que murieron 600 personas.

Imagen satelital del teatro de Mariúpol tomada el 29 de abril de 2022

La responsable explicó que es algo que se ha ido viendo especialmente en los territorios ocupados: “Cuando nuestra gente pudo ir regresando a algunos de ellos, encontraron libros en ucraniano separados de los de otros idiomas, preparados para ser quemados”.

A su vez, como contrapartida, defendió que han podido comprobar que el “ataque e intento de borrado de la cultura es tan evidente que se está convirtiendo en una fuerza que impulsa a la gente a profundizar, conocer mejor y sentirse más orgullosa de lo que pertenece a Ucrania”. “Está muy claro que la cultura interviene en cada uno de los pasos que da el agresor para, básicamente, borrar a la nación” porque “la cultura es objetivo de guerra”.

La pérdida inmaterial

Los ataques no solo se han llevado a cabo sobre monumentos, teatros y cines, también en otras instituciones como centros culturales. “Lugares en donde los niños aprenden música, pintura y otras disciplinas que también han sufrido”, indicó Anastasiia Bondar, que incidió en que la obligación de cerrar infraestructuras culturales ha tenido como consecuencia directa “la pérdida y salidas de profesionales”. De entre los casi 200 centros de educación artística impactados, 25 han sido destruidos y 171 dañados desde que empezó la guerra.

“Entendemos que no solo sufrimos pérdidas cuando las instituciones son destruidas. El hecho de que estén cerradas, que simplemente hayan dejado de funcionar, ya supone una pérdida porque la gente deja de recibir servicios culturales y no puede acceder a ellos”, apuntó antes de aportar algo de luz pese a la situación “devastadora” que llevan años sufriendo.

La obra 'Mariúpol Drama', durante una función en Kiev.

Consciente de que puede generar “sorpresa”, la responsable aplaudió que, “durante la invasión a gran escala hubo una interrupción en la actividad teatral durante unos meses, y después se produjo un auténtico boom en cuanto se permitió, a nivel nacional, retomar las obras, el cine, etcétera”. Esto les permitió entender que la gente “estaba ahí” y que las salas, los teatros, escuelas y museos “querían seguir funcionando y encontrar nuevas formas de hacerlo”.

Cultura para sanar traumas

En ese ímpetu por volver a disfrutar de las obras de arte, fuera cual fuera su forma, era señal del “deseo de aferrarse a algo que no te recuerde a la guerra y te sumerja completamente en otra cosa, como si la guerra no existiera. Como si fuera una vida normal, estás en un teatro y la guerra no está ahí. Eso ayuda a la gente a seguir adelante, a sentirse de otra manera, a sanar el trauma”. Todo ello ligado intrínsecamente a la cada mayor demanda por parte del público por “conocer sus elementos de su identidad”.

A la hora de retomar la actividad habitual de los centros culturales, la viceministra explicó que las particularidades de cada uno conlleva a que las estrategias de reconstrucción y reapertura de cada uno sean muy diferentes. “Los teatros son flexibles en cuanto a que un día puedes representar algo contemporáneo, mañana algo clásico, etc. Están acostumbrados a ello, pero los museos no funcionan así. Están hechos a trabajar con una misma colección. Y cuando se encontraron con las colecciones evacuadas, no sabían realmente cómo trabajar. ¿Cómo podían funcionar en esta nueva realidad?”, planteó.

Retirada de la estatua del filósofo ucraniano Hryhoriy Skovoroda del dañado museo que lleva su nombre tras un bombardeo

Los museos “tuvieron que buscar nuevas formas de funcionar y, en realidad, empezaron una página completamente nueva de la historia de los museos en Ucrania”. El hecho que las pinacotecas estén siendo “capaces de adaptarse y de revisar completamente sus estrategias y sus formas de trabajar para continuar funcionando al comprobar que la sociedad demanda que estén abiertos y que la gente pueda entrar, es estupendo”.

El papel de la ayuda internacional

Anastasiia Bondar agradeció el apoyo recibido por parte de la comunidad internacional desde el inicio de la invasión. En especial, señala el papel de las organizaciones de la sociedad civil, porque “podían reaccionar y ser mucho más flexibles que los Gobiernos”. Al no tener que llevar a cabo tantas operaciones burocráticas, la capacidad de reacción es mucho más inmediata: “A nivel operativo y a través de los vínculos horizontales entre museos y organizaciones de la sociedad civil, la ayuda llegó inmediatamente en cuestión de días o semanas”.

En el inicio de la guerra fueron especialmente importantes los materiales de embalaje y los medios de transporte para transportar todas las piezas. A su vez, no todo es trasladable. Los edificios no pueden moverse, por lo que por desgracia, como señaló la viceministra, “están bajo un riesgo enorme”. Sí han podido trasladar compañías de teatro, coros, músicos e incluso algunas escuelas de música.

Sin embargo, cada casuística tiene sus particularidades, empezando porque “no todo el mundo quiere abandonar el país. La gente quiere permanecer en su territorio, hablar el mismo idioma y seguir viviendo allí. Así que, aunque no puedan seguir viviendo con su comunidad, quieren permanecer en el país”. Y a ellos hay que protegerles también. Y no solo a ellos, están igualmente las “tradiciones y patrimonio inmaterial”: “Debemos mantener vivas las tradiciones incluso cuando las personas se trasladan: continuar transmitiéndolas, difundiendo la tradición y haciendo que la gente sienta que sigue perteneciendo a esa tierra”.

'Tiovivo' (Davyd Burliuk, 1921), una de las obras ucranianas que se expuso en Madrid

La responsable reivindicó en su visita a Barcelona que una de las primeras exposiciones de artistas ucranianos que se programaron fuera del país fue en España, en concreto en el Museo Thyssen, en noviembre de 2022, con el título En el ojo del huracán. Vanguardia en Ucrania. La muestra exhibió 70 obras trasladadas entre bombardeos a Madrid, aglutinando una visión de las tendencias artísticas de la nación.

Plantear exposiciones como esta supuso un importante aprendizaje sobre lo que ha cambiado con la guerra. “La manera en la que estamos replanteándonos nuestros valores y aquello que hemos ido enseñando y destacando más, y el cómo se puede representar específicamente la identidad ucraniana”.

Conocer los hechos para dimensionar las consecuencias

Para Anastasiia Bondar, el registro de las pérdidas, destrucciones y daños, como el que acaba de hacer su Ministerio o el que realizar la Unesco, es fundamental, tanto para la “monitorización local e internacional, como para garantizar la rendición de cuentas en etapas posteriores”: “No se trata solo de demostrar que algo ha sido destruido, que está claro, también de contabilizar los daños y calcularlos en términos económicos y de recursos”.

“Como nación siento que estamos viviendo un renacimiento interior de la autoestima, del respeto por nosotros mismos, de la comprensión de quiénes somos y cómo debemos relacionarnos con nuestra historia”, dijo la viceministra cultural.

En esta línea, siendo consciente de que la historia siempre es “difícil de analizar”, insistió en que conocer claramente los hechos es fundamental, “porque cuando se ocultan, lo que tienes es propaganda en lugar de historia. Y cuando los hechos salen a la luz, de repente revisas por completo la manera en la que estabas pensando sobre esas cosas”.

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