<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Azahara Palomeque]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/azahara-palomeque/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Azahara Palomeque]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1056397/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La guerra que todos perdimos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/guerra-perdimos_129_13563049.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/652697a2-bfae-4f27-a7f1-fbec59b24364_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x763y566.jpg" width="1200" height="675" alt="La guerra que todos perdimos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El título de las jornadas cuenta con antecedentes teóricos dentro del caleidoscopio político de nuestra era constitucional y, si se ha procedido a recuperarlo, a través de un gesto definitivamente provocador, quizá sea el momento de diseccionar la complejidad diacrónica de la remembranza y añadir posicionamientos dialogantes en lugar de sustraerlos</p></div><p class="article-text">
        Por si queda alguna duda: no, la guerra no la perdimos todos: la perdi&oacute; el bando republicano, la democracia elegida en las urnas, y la gan&oacute; un ej&eacute;rcito sublevado que, con Franco a la cabeza, dar&iacute;a lugar despu&eacute;s a cuarenta a&ntilde;os de dictadura. Esto constituye una verdad irrebatible, tanto como un consenso hist&oacute;rico y cient&iacute;fico. Pero, a la luz de la pol&eacute;mica suscitada por las jornadas <a href="https://fundacioncajasol.com/xi-edicion-de-letras-en-sevilla/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Letras en Sevilla XI</em></a>, que se est&aacute;n celebrando esta semana y cuyo t&iacute;tulo he tomado prestado para este art&iacute;culo, me he visto obligada a explicar mi participaci&oacute;n en las mismas, as&iacute; como a argumentar por qu&eacute; creo que es necesario intervenir en espacios de di&aacute;logo de esta &iacute;ndole, tambi&eacute;n desde las izquierdas.
    </p><p class="article-text">
        Comencemos por el principio. El encuentro &ndash;que organizan Arturo P&eacute;rez Reverte y Jes&uacute;s Vigorra&ndash;estaba previsto para el pasado invierno, hasta que la renuncia a asistir de David Ucl&eacute;s desencaden&oacute; otra serie de ausencias que acab&oacute; forzando el aplazamiento hasta octubre. Los motivos que condujeron a Ucl&eacute;s a tomar esa decisi&oacute;n &ndash;un tema que he podido comentar en privado con el escritor ubetense, a quien admiro desde nuestra discrepancia&ndash;, y el revuelo posterior han sido <a href="https://www.eldiario.es/sevilla/cronica-dialogo-perdimos-ucles-perez-reverte-jornadas-guerra-civil-discutimos_1_12960790.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sobradamente desgranados</a> por este peri&oacute;dico. Sin embargo, cuando a m&iacute; me llam&oacute; Vigorra para acudir a la edici&oacute;n oto&ntilde;al, no dud&eacute; un segundo en decir que s&iacute;, movida por un deseo de impulsar la reflexi&oacute;n &ndash;entre el p&uacute;blico, otros ponentes y los lectores&ndash; sobre el acontecimiento m&aacute;s relevante de nuestro siglo XX, que tambi&eacute;n configura, en buena medida, la pol&iacute;tica contempor&aacute;nea nacional. Conversar respetuosamente y exponer ideas forma parte de mi trabajo; llevo a&ntilde;os ejerciendo esta labor, a veces desde el disenso. Pero hay algo m&aacute;s: mi experiencia me alerta de que, si solo se produce el di&aacute;logo entre personas afines, sufren el pensamiento cr&iacute;tico y la calidad democr&aacute;tica de las naciones.
    </p><p class="article-text">
        Cuando viv&iacute;a en Estados Unidos, al tipo de reuniones en las que &uacute;nicamente circulaban posturas equivalentes se les llamaba &ldquo;espacios seguros&rdquo;. En la universidad, siendo doctoranda primero, profesora y directora adjunta despu&eacute;s, cuestion&eacute; en numerosas ocasiones las divisiones que se efectuaban por g&eacute;nero, raza o alguna otra etiqueta a la hora de restringir la presencia de los sujetos en asambleas u otras actividades, precisamente en un pa&iacute;s que hab&iacute;a luchado contra la segregaci&oacute;n durante d&eacute;cadas (y donde, adem&aacute;s, la seguridad escasea, pues en cualquier momento se puede iniciar un tiroteo). Efectivamente, considero una pr&aacute;ctica segregacionista el confinamiento de la palabra, planificado de antemano, en el sitio donde solo hallar&aacute; aplausos y camarader&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Puede darse esa conexi&oacute;n, pero no como &uacute;nica condici&oacute;n de posibilidad. Pi&eacute;nsenlo bien: si el mundo se articulase seg&uacute;n esas din&aacute;micas, los parlamentos, fuentes inagotables de disputas, se habr&iacute;an extinguido hace tiempo. Sin superar barreras innegociables &ndash;como cargar armas, ejemplo: gas pimienta; o caer en el delito de odio&ndash;, la diversidad ideol&oacute;gica es un valor que debe ser defendido, aunque el t&iacute;tulo de alg&uacute;n acto, el enfoque o la compa&ntilde;&iacute;a de cierto individuo no nos agrade especialmente. Me consta que algunos galardonados con premios nacionales no son mon&aacute;rquicos y comparten escenario con los Reyes; y que hay autores enfrentados a los que no les importa aparecer en el mismo cat&aacute;logo editorial. Lo contrario, m&aacute;s bien, apuntar&iacute;a a ese puri(tani)smo norteamericano que, a las pruebas me remito, ha resultado bastante ineficaz.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, solo  hacen falta unas pocas nociones de historia de las ideas para identificar de d&oacute;nde nace el t&iacute;tulo de las jornadas, que la fundaci&oacute;n Cajasol &ndash;patrocinadora de las mismas&ndash; ha ido anunciando a trav&eacute;s de citas de personajes vinculados a distintas corrientes pol&iacute;ticas. Leo en su <a href="https://x.com/Cajasol" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuenta de X</a>: &ldquo;Aquella guerra fue una derrota para Espa&ntilde;a entera&rdquo;, Santiago Carrillo; o &ldquo;Fue una derrota completa que marc&oacute; a generaciones enteras&rdquo;, Almudena Grandes. En t&eacute;rminos similares se han expresado Soledad Gallego-D&iacute;az o el mismo P&eacute;rez Reverte. Casi todas estas figuras son hijos e hijas de la Transici&oacute;n, un per&iacute;odo durante el que se consolid&oacute; el paradigma de la <em>reconciliaci&oacute;n</em>, seg&uacute;n el cual la contienda representaba una tragedia colectiva que el pueblo deb&iacute;a rememorar para que no se repitiese, pero centr&aacute;ndose un&iacute;vocamente en la planificaci&oacute;n del futuro, prioritario sobre el peso del pasado. 
    </p><p class="article-text">
        Dicho paradigma proced&iacute;a de debates encarnizados &ndash;algunos, clandestinos&ndash; ocurridos a lo largo del tardofranquismo, simult&aacute;neamente en el seno de la oposici&oacute;n y del r&eacute;gimen, aunque con matices ligeramente distintos. De hecho, la reconciliaci&oacute;n fue abrazada por el Partido Comunista desde 1956, y reformulada en 1964 en la campa&ntilde;a propagand&iacute;stica de los &ldquo;25 a&ntilde;os de Paz&rdquo;, promovida por el dictador, tras lo cual continu&oacute; permeando los imaginarios colectivos hasta bien entrada la democracia.
    </p><p class="article-text">
        Hoy en d&iacute;a, este relato convive con las reclamaciones m&aacute;s reivindicativas de los Movimientos por la Memoria Democr&aacute;tica &ndash;&ldquo;justicia, verdad y reparaci&oacute;n&rdquo;&ndash;, a las cuales yo me siento cercana, pero lo que est&aacute; claro es que el t&iacute;tulo de las jornadas cuenta con antecedentes te&oacute;ricos dentro del caleidoscopio pol&iacute;tico de nuestra era constitucional y, si se ha procedido a recuperarlo, a trav&eacute;s de un gesto definitivamente provocador, quiz&aacute; sea el momento de diseccionar la complejidad diacr&oacute;nica de la remembranza y a&ntilde;adir posicionamientos dialogantes en lugar de sustraerlos, ya sea mediante la cancelaci&oacute;n o la huida voluntaria. 
    </p><p class="article-text">
        Es m&aacute;s, porque habitamos una &eacute;poca marcada por el ascenso global del autoritarismo, la desinformaci&oacute;n y el bulo viral, creo apremiante que quienes hemos trabajado las desgarradoras consecuencias de la conflagraci&oacute;n del 36, con rigor acad&eacute;mico, desde el archivo y la imaginaci&oacute;n, agarremos el micr&oacute;fono para desplegar, decorosamente, nuestro argumentario. Quedarnos en casa o recurrir a la construcci&oacute;n de guetos discursivos solo agravar&iacute;a el ya doloroso problema del debilitamiento de las democracias actuales, y yo, desde luego, jam&aacute;s querr&iacute;a ser parte de ese proceso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Azahara Palomeque]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/guerra-perdimos_129_13563049.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Oct 2026 21:09:50 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/652697a2-bfae-4f27-a7f1-fbec59b24364_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x763y566.jpg" length="7069916" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/652697a2-bfae-4f27-a7f1-fbec59b24364_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x763y566.jpg" type="image/jpeg" fileSize="7069916" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La guerra que todos perdimos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/652697a2-bfae-4f27-a7f1-fbec59b24364_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x763y566.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ni proletarios ni propietarios: el drama de la vivienda continúa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/proletarios-propietarios-drama-vivienda-continua_129_13556588.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/346504aa-8581-4af1-93e1-ef115d26158f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x787y534.jpg" width="1200" height="675" alt="Ni proletarios ni propietarios: el drama de la vivienda continúa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Junts no debería haber tumbado esos dos decretos, pero es que jamás deberíamos haber llegado a generar la herida. Tampoco fue buena idea querer casarse con el casero o, quién sabe –habría dicho Pasolini–, perder el alma de proletario</p></div><p class="article-text">
        En <em>El pisito</em>, esa novela de Rafael Azcona que luego fue llevada al cine, se cuentan las desventuras de Rodolfo y Petrita, una pareja de novios desesperados por casarse que no encuentra d&oacute;nde vivir, hasta que idean una soluci&oacute;n: que el hombre contraiga matrimonio con su casera, Martina, una anciana &ndash;en teor&iacute;a&ndash; cercana a la muerte, para poder heredar pronto su alquiler de renta antigua. Hoy en d&iacute;a, incluso esta rocambolesca situaci&oacute;n fruto de la imaginaci&oacute;n franquista nos parecer&iacute;a inviable, pues ya hemos comprobado qu&eacute; puede ocurrirles a esos contratos de anta&ntilde;o a ra&iacute;z del desahucio de Maricarmen &ndash;por m&aacute;s que su caso se haya saldado con la recuperaci&oacute;n del hogar&ndash;. 
    </p><p class="article-text">
        Las movilizaciones en las calles han conseguido convertir a esta mujer en la hero&iacute;na de una causa que interpela a muchas personas, y lograr la redacci&oacute;n r&aacute;pida de dos decretos con los que se habr&iacute;a aplicado un analg&eacute;sico a una de las grandes heridas de este pa&iacute;s. Sin embargo, la negativa de Junts a aprobar alguno de ellos &ndash;incluso el considerado <em>blando</em>&ndash; o ambos ha trastornado, una vez m&aacute;s, los objetivos de un gobierno al cual se culpa de la crisis, aunque comparta la responsabilidad con ayuntamientos y comunidades aut&oacute;nomas. Ni para casarnos con el casero hemos quedado, podr&iacute;a decirse, mucho menos para atenuar los horrores de la dolencia. Junts se ha plantado y, con ello, el drama contin&uacute;a, muy pr&oacute;ximo a desbordarse.
    </p><p class="article-text">
        Entender la l&oacute;gica del partido independentista pasa por revisar nuestra historia dictatorial, pero tambi&eacute;n la reciente. En el armario de olor al alcanfor habitan las aspiraciones de una clase media cada vez m&aacute;s depauperada, el &eacute;xodo rural y el hacinamiento en chabolas a lo largo y ancho de las periferias urbanas, as&iacute; como el viejo sue&ntilde;o de pasar a ser &ndash;una vez aniquilada o exiliada la oposici&oacute;n&ndash; un pa&iacute;s de propietarios y no de proletarios. 
    </p><p class="article-text">
        La on&iacute;rica ambici&oacute;n que marca el siglo XX patrio fue asimilada, ya en democracia, por un amplio espectro pol&iacute;tico que entendi&oacute; la vivienda como derecho, pero no puso trabas a la especulaci&oacute;n ni supo imaginar alternativas factibles m&aacute;s all&aacute; del <em>pisito</em>, como las cooperativas, la implementaci&oacute;n generalizada del alquiler social o, simplemente, preservar el parque de vivienda p&uacute;blica en lugar de permitir su salida al mercado. Mucho menos se atrevieron a regular el turismo. Al fin y al cabo, los hijos de la Transici&oacute;n fueron tambi&eacute;n los del neoliberalismo. Y esto, si bien ahora nos eriza la piel, forma parte de un inconsciente colectivo cuyo arraigo es dif&iacute;cil de desmantelar; al contrario que en otras naciones, la casa <em>propia</em> ha constituido el eje vertebrador de la identidad espa&ntilde;ola, el principal activo de las familias, fuente de prestigio y orgullo &ndash;y luego, claro, la parcela, el campito o el chal&eacute; en la playa&ndash;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si aceleramos el reloj y lo situamos en la Catalu&ntilde;a posterior al <em>proc&eacute;s</em>, hallaremos la cristalizaci&oacute;n de ese proyecto en la defensa ac&eacute;rrima que efect&uacute;a Junts de los propietarios. El control de precios en las zonas tensionadas &ndash;que declara la comunidad aut&oacute;noma, no lo olvidemos&ndash;, la prolongaci&oacute;n de los contratos de alquiler durante dos a&ntilde;os, o la protecci&oacute;n del inquilino frente a los desahucios no parecen ser medidas que convenzan a la derecha que conforma su electorado y, en consecuencia, se han rechazado los dos textos legales de un plumazo. &iquest;A qui&eacute;n sorprende este posicionamiento? Sus votantes no se encuentran desga&ntilde;it&aacute;ndose en ninguna plaza; al mismo tiempo, esa decisi&oacute;n puede ayudarles a conquistar terreno frente a Alian&ccedil;a Catalana mediante el debilitamiento de una coalici&oacute;n progresista cada vez m&aacute;s asediada desde m&uacute;ltiples flancos &ndash;ya se lo agradecer&aacute;, tal vez, el gobierno que venga&ndash;. Para el PSOE, especialmente, el repudio de los de Puigdemont y Nogueras es devastador, y no solo porque les impide apuntarse un tanto legislativo: si contin&uacute;a ley&eacute;ndose esta herida en clave presidencial, no les servir&aacute; la estrategia de dejar que los otros &ldquo;se retraten&rdquo;, como han anunciado algunos de sus miembros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es complicado predecir qu&eacute; ocurrir&aacute; en la actual tesitura funambulista. El decreto <em>blando</em>, un primer paso para instigar la cicatrizaci&oacute;n, posiblemente sea rebajado a&uacute;n m&aacute;s; el descontento tiene visos de seguir aumentando y podr&iacute;a transformarse en una huelga general que se sumar&iacute;a a otras tensiones como la generada en Ceuta; y el mantra aspiracional del pisito comprado no se va a desvanecer en un pa&iacute;s cuya historia est&aacute; ligada al suelo desde tiempos inmemoriales. De hecho, seg&uacute;n <a href="https://www.dsca.gob.es/es/comunicacion/notas-prensa/espana-propietarios-mengua-cae-22-numero-hogares-que-posee-inmueble" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos</a> del Ministerio de Derechos Sociales, los hogares propietarios son casi el 64%. Aunque la cifra ha ca&iacute;do desde el 79% del a&ntilde;o 2008, en muchos de ellos, &iexcl;ah!, se vota a las izquierdas. Mientras tanto, los inquilinos son el 19%. No obstante, debajo de los n&uacute;meros late un malestar moldeado por las m&aacute;s diversas teselas: la angustia de los j&oacute;venes al no poder independizarse; la percepci&oacute;n de proyecto de vida fallido frente a las facilidades que les son otorgadas a los turistas para disfrutar de nuestras ciudades &ndash;tal vez, el verdadero <em>gran reemplazo</em>&ndash;; la inmoralidad socialmente atribuida al rentismo y la acci&oacute;n de los fondos de inversi&oacute;n; o, directamente, la extinci&oacute;n del barrio tal y como lo hemos conocido: con su tejido afectivo y su comercio local. En otras palabras: est&aacute; en juego la noci&oacute;n misma de <em>vivir</em>, en comunidad y sinton&iacute;a con un m&iacute;nimo de dignidad.
    </p><p class="article-text">
        Junts no deber&iacute;a haber tumbado esos dos decretos, pero es que jam&aacute;s deber&iacute;amos haber llegado a generar la herida. Tampoco fue buena idea querer casarse con el casero o, qui&eacute;n sabe &ndash;habr&iacute;a dicho Pasolini&ndash;, perder el alma de proletario.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Azahara Palomeque]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/proletarios-propietarios-drama-vivienda-continua_129_13556588.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Oct 2026 12:17:21 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/346504aa-8581-4af1-93e1-ef115d26158f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x787y534.jpg" length="4740488" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/346504aa-8581-4af1-93e1-ef115d26158f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x787y534.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4740488" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ni proletarios ni propietarios: el drama de la vivienda continúa]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/346504aa-8581-4af1-93e1-ef115d26158f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x787y534.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El estallido de una casa que nunca poseímos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/estallido-casa-poseimos_129_13543605.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d1884afb-de85-4b36-b1f9-313c873a0e5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1394y1097.jpg" width="1200" height="675" alt="El estallido de una casa que nunca poseímos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En un contexto de vulnerabilidad creciente, haber desdeñado o postergado el problema de la vivienda es imperdonable; con la responsabilidad compartida entre ayuntamientos, comunidades autónomas y el gobierno central, a menudo predispuestos a seguir convirtiendo nuestras ciudades en parques temáticos para el turismo </p></div><p class="article-text">
        Aquel 15M de 2011, yo ya hab&iacute;a emigrado. En la &uacute;ltima clase de espa&ntilde;ol que di en la Universidad de Texas &ndash;donde echaba horas a cambio de una beca de estudios&ndash; recuerdo haberles puesto a los muchachos unas diapositivas con las cifras de la crisis, y las t&iacute;midas respuestas que, por aquel entonces, emit&iacute;a Democracia Real Ya, grupo heredero <em>sui generis</em> del movimiento activista V de Vivienda. Dije algo as&iacute; como &ldquo;esto va a explotar&rdquo;, y lo hizo a los pocos d&iacute;as con las acampadas que todos conocemos. Tras mi vuelo de vuelta a Espa&ntilde;a, pas&eacute; unos d&iacute;as en Madrid que me permitieron renovar el visado de la emigraci&oacute;n y asistir a los &uacute;ltimos coletazos de aquella movilizaci&oacute;n masiva despu&eacute;s de que el PP hubiese arrasado en los comicios auton&oacute;micos y municipales. 
    </p><p class="article-text">
        Hice muchas fotos, y cre&eacute; un &aacute;lbum para Facebook &ndash;todav&iacute;a, red de los j&oacute;venes&ndash; llamado &ldquo;Sol en desolaci&oacute;n, desde la tierra cian&oacute;tica&rdquo;, pues azul era el color que provocaba la cianosis en la piel y as&iacute; se nos hab&iacute;a quedado el mapa electoral. Los recortes de Zapatero, que nos hab&iacute;an conminado a marchar y, a su vez, a cuestionar el significado de la soberan&iacute;a nacional por las presiones de Europa a un gobierno democr&aacute;ticamente elegido, fueron el disparador de una indignaci&oacute;n leg&iacute;tima, aunque lo peor estar&iacute;a por llegar: a&ntilde;os de la mal llamada <em>austeridad</em> &ndash;de empobrecimiento generalizado&ndash; que hemos seguido arrastrando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ahora, cuando esa plaza matritense, tan inh&oacute;spita tras las obras, vuelve a abarrotarse con las carpas, talleres y reivindicaciones de una poblaci&oacute;n al l&iacute;mite, algunas sacudimos la memoria de aquel 15M que desat&oacute; tantas ilusiones como decepci&oacute;n aliment&oacute;, a largo plazo, su traducci&oacute;n institucional. Mi nostalgia, enti&eacute;ndase, es reflexiva &ndash;en la terminolog&iacute;a de Svetlana Boym&ndash; y agridulce, puesto que los sue&ntilde;os contenidos en aquellas pancartas nunca terminaron de materializarse y el mundo, as&iacute;, en general, ha ido bastante a peor.
    </p><p class="article-text">
        Pero hubo impulso en aquellas manos rebeldes, pronto organizadas. Antes de que el capitalismo de la vigilancia despegase en todo su esplendor y los tecno-oligarcas desplegasen sus ubicuos mecanismos de control, se consigui&oacute; subvertir la escena medi&aacute;tica a trav&eacute;s de las redes sociales, y crear una serie de canales informativos fieles a la verdad y orientados a lo social, como este peri&oacute;dico mismamente, fundado en 2012. La multitud callejera se acab&oacute; distribuyendo en &ldquo;mareas&rdquo; por sectores laborales &ndash;la blanca, la verde&hellip;&ndash;, que a&uacute;n mantienen su simbolog&iacute;a y regularmente se manifiestan. El feminismo brot&oacute; como la mayor fuerza antifascista de nuestro pa&iacute;s y, a nivel global, el neoliberalismo perdi&oacute; su p&aacute;tina de capital simb&oacute;lico, como ya se&ntilde;alase Mark Fisher. 
    </p><p class="article-text">
        Hay te&oacute;ricos que subrayan, asimismo, que el 15M retras&oacute; la aparici&oacute;n de Vox precisamente por su calado en el imaginario colectivo. Y, aunque los partidos de izquierda que de ah&iacute; nacieron o bajo su paraguas se reformularon hoy en d&iacute;a se hallan en horas bajas, debido a una mezcla infame de acoso exterior (judicial, medi&aacute;tico) y cainismo interior, su acci&oacute;n de gobierno logr&oacute; victorias importantes, solo hay que ver c&oacute;mo ha subido el salario m&iacute;nimo. Y, sin embargo, nada de esto parece haber sido suficiente frente a la trituradora de la historia que nos mantiene peque&ntilde;itos, jibarizados, a la intemperie.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Han estallado por los aires los cimientos de una casa que nunca pose&iacute;mos; sus vigas y pilastras se desplomaron; a trav&eacute;s de las ventanas difuminadas entre los escombros solo se contempla la codicia especulativa. Y esto ha ocurrido en mitad de la calcinaci&oacute;n de la casa com&uacute;n, nuestro planeta, de manera que andar al fresco tampoco es seguro. No son met&aacute;foras: la crisis habitacional se presenta a&uacute;n m&aacute;s da&ntilde;ina en mitad de la emergencia clim&aacute;tica, pues el hacinamiento, vivir en un bajo o en zonas inundables, en edificios ruinosos expone a la ciudadan&iacute;a a la pobreza energ&eacute;tica, las muertes por calor o las inundaciones; sin contar la desgracia del sinhogarismo. En un contexto de vulnerabilidad creciente, haber desde&ntilde;ado o postergado el problema de la vivienda es imperdonable; con la responsabilidad compartida entre ayuntamientos, comunidades aut&oacute;nomas y el gobierno central, a menudo predispuestos a seguir convirtiendo nuestras ciudades en parques tem&aacute;ticos para el turismo mientras la ciudadan&iacute;a se ve expulsada de sus lugares afectivos, la cercan&iacute;a a colegios o centros de trabajo. Pero voy a ir m&aacute;s all&aacute;, pues se han olvidado tambi&eacute;n las recomendaciones pand&eacute;micas de trabajar desde casa (&iquest;cu&aacute;l?), y hasta la gran fractura generacional que atraviesa los debates m&aacute;s perentorios de nuestro siglo. Sin el refugio de las cuatro paredes &ndash;as&iacute; como del ecosistema que las sostenga&ndash; ninguna sociedad puede considerarse a salvo.
    </p><p class="article-text">
        Y, ahora, &iquest;qu&eacute; va a pasar? Un decreto guarda poco de varita m&aacute;gica y, lo que es m&aacute;s grave, ning&uacute;n partido de los denominados progresistas parece contar con las herramientas como para capitalizar el descontento popular, por lo que este corre el riesgo de vaciarse en el abstencionismo. Con Ceuta a&uacute;n por resolver, y el escenario internacional en contra, la vivienda viene a a&ntilde;adir m&aacute;s combustible al incendio ya latente, mientras la oposici&oacute;n se frota las manos al contemplar, en directo y viralizada, la ruta de las llamas. Pensando en clave electoral, es tarde para construir vivienda social en cantidades significativas, y mucho me temo que la cianosis ha regresado con sus cuerpos azulados. Aquel 15M actu&oacute; como denuncia de un fracaso civilizacional y catalizador de una energ&iacute;a social, barrial, hoy a medio gas y rodeada por la gimn&aacute;stica de distintos sectores de (ultra)derecha, tan en forma que da miedo. Algunas seguimos creyendo que el destino no est&aacute; escrito y, en cualquier momento, puede regalarnos profundos cambios hacia el bienestar, la alegr&iacute;a, el buen vivir&hellip; Pero los antecedentes son tan sombr&iacute;os; la memoria, tan sabia&hellip; y el futuro, &iexcl;ay!, ojal&aacute; no rime con la demolici&oacute;n.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Azahara Palomeque]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/estallido-casa-poseimos_129_13543605.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Sep 2026 20:50:29 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d1884afb-de85-4b36-b1f9-313c873a0e5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1394y1097.jpg" length="5660381" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d1884afb-de85-4b36-b1f9-313c873a0e5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1394y1097.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5660381" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El estallido de una casa que nunca poseímos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d1884afb-de85-4b36-b1f9-313c873a0e5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1394y1097.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Desahucios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un Brasil para contarlo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/brasil-contarlo_129_13526450.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a4f07532-2450-485b-8773-d292821122bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x513y163.jpg" width="1200" height="675" alt="Un Brasil para contarlo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El ataque a las instituciones, que muchos contemplamos como el 'déjà vu' del Asalto al Capitolio estadounidense dos años antes, en enero de 2021, se ha borrado parcialmente del imaginario popular brasileño para dar paso a innumerables teorías de la conspiración</p></div><p class="article-text">
        La gran nube se parti&oacute; en dos y dej&oacute; ver, claramente, el cristo de Corcovado iluminado sobre la cima del cerro hom&oacute;nimo, como una aparici&oacute;n. Me sobrecogi&oacute; aquella imagen de la escultura religiosa que ya hab&iacute;a visitado hac&iacute;a casi veinte a&ntilde;os, porque la gran nube &ndash;un cumulonimbo&ndash; no se hab&iacute;a esfumado, simplemente se hab&iacute;a resquebrajado en torno a la enorme silueta, pero segu&iacute;a espumosa sobre la base de la colina, de manera que el Redentor parec&iacute;a estar flotando. A su lado, la Ladera de los Tabajaras &ndash;una favela imponente&ndash; custodiaba la figura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aterric&eacute; en R&iacute;o de Janeiro hace unos d&iacute;as, proveniente de S&atilde;o Paulo, donde hab&iacute;a participado en la 28&ordm; Bienal del Libro, que ten&iacute;a a Espa&ntilde;a como pa&iacute;s &ldquo;invitado de honor&rdquo;. Una colaboraci&oacute;n entre los Ministerios de Cultura de ambos pa&iacute;ses permiti&oacute; a un grupo de escritores viajar a la mastod&oacute;ntica capital paulista que alberga, con su zona metropolitana, a unos 21 millones de personas. &ldquo;Muchos deben de estar aqu&iacute;&rdquo; &ndash;pens&eacute;&ndash;, dentro de una feria que agot&oacute; las entradas, por cuyos pasillos se volv&iacute;a casi imposible caminar, de tanta afluencia, sobre todo adolescente. Gent&iacute;o con maletas llenas de ejemplares, muchachas disfrazadas de sus personajes favoritos, <em>influencers</em>, autores superventas y, en mitad de toda aquella algazara, el pabell&oacute;n patrio como una suerte de Numancia donde departir de nuestras cosas e intentar trazar puentes culturales. Los esfuerzos de ambos gobiernos fueron posiblemente ingentes, aunque yo encontr&eacute; m&aacute;s productivas las visitas a los Institutos Cervantes de R&iacute;o y Curitiba, adonde acud&iacute; sola, esta vez, para <em>hablar de mis libros</em>, y tambi&eacute;n de otros asuntos m&aacute;s pedestres, esos que determinan el curso de un mundo dislocado. &ldquo;No para de llover, <em>n&eacute;</em>?&rdquo; &ndash;le dije a un taxista&ndash;, quien me respondi&oacute; que aquellas aguas tempestuosas se deb&iacute;an a los aviones que constantemente nos fumigaban como esp&iacute;ritus malignos dibujando estr&iacute;as en la superficie del cielo. Creo que el hombre acert&oacute; a observar mi mueca extra&ntilde;ada por el espejo central del coche.
    </p><p class="article-text">
        Brasil, ese pa&iacute;s que me abri&oacute; las puertas en 2007, donde me enamor&eacute; de la literatura de Carlos Drummond de Andrade y Clarice Lispector, ha mantenido algunos rasgos que recordaba &ndash;la amabilidad extrema, la violencia armada&ndash;, pero ha mutado en su opini&oacute;n p&uacute;blica a favor del desvar&iacute;o, al igual que otros lugares. &ldquo;Pero, &iquest;y Ceuta?, &iquest;no van a encarcelar a los invasores?&rdquo;: fueron preguntas que surgieron una y otra vez entre aut&oacute;ctonos (des)informados a trav&eacute;s de las redes sociales. Los v&iacute;deos de la llegada de inmigrantes a la ciudad aut&oacute;noma circulan en los tel&eacute;fonos de la gente a escasas semanas de unas elecciones en las que Lula se juega la presidencia frente a Fl&aacute;vio Bolsonaro, el hijo del anterior mandatario, hoy en prisi&oacute;n por la tentativa de golpe en Brasilia. El ataque a las instituciones, que muchos contemplamos como el <em>d&eacute;j&agrave; vu</em> del Asalto al Capitolio estadounidense dos a&ntilde;os antes, en enero de 2021, se ha borrado parcialmente del imaginario popular brasile&ntilde;o para dar paso a innumerables teor&iacute;as de la conspiraci&oacute;n: los <em>chemtrails</em>, el migrante delincuente, o el ataque a la familia. Yo iba anotando mentalmente estas peroratas, respondiendo con la neutralidad que corresponde a la for&aacute;nea currante, hasta que un d&iacute;a &ndash;ya en el vuelo de vuelta&ndash; me atrev&iacute; a mencionar la palabra <em>fascismo</em> ante la se&ntilde;ora que ocupaba el asiento aleda&ntilde;o. &ldquo;El fascismo es solo una narrativa y, adem&aacute;s, Bolsonaro (padre) no dio ning&uacute;n golpe: estaba en Miami&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con cada turbulencia, la mujer rezaba profundamente y, cuando la nave se estabilizaba, le agradec&iacute;a a su Dios el habernos salvado de un temible accidente. Entre pel&iacute;culas y bocados a la comida ins&iacute;pida servida en pl&aacute;stico, me cont&oacute; que acud&iacute;a a Espa&ntilde;a como parte de una peregrinaci&oacute;n colectiva: 45 personas m&aacute;s de su congregaci&oacute;n cat&oacute;lica aterrizar&iacute;an en Madrid para transitar por varias iglesias antes de poner rumbo a Lourdes, en Francia. Las virtudes soteriol&oacute;gicas de su deidad podr&iacute;an librarnos de caer a las aguas del Atl&aacute;ntico, pero serv&iacute;an para alentar un autoritarismo normalizado hasta en el &uacute;ltimo interrogante que me lanz&oacute;: &ldquo;&iquest;Ser&eacute; asaltada por los inmigrantes?&rdquo;. Se&ntilde;ora, est&aacute; usted llegando a uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s seguros del planeta &ndash;me limit&eacute; a contestar&ndash;, puede incluso sacar el m&oacute;vil en la calle. Y respir&oacute; tranquila, otra vez, d&aacute;ndole gracias al Se&ntilde;or. Me acord&eacute; de la Enc&iacute;clica; de c&oacute;mo el papa Le&oacute;n XIV hab&iacute;a adelantado el pavoroso conflicto civilizacional que representa la IA mucho antes de que algunos empleados del sector tecnol&oacute;gico comenzasen a dimitir; imagin&eacute; al Jes&uacute;s de Nazaret bondadoso y austero que tanto defiende el te&oacute;logo Juan Jos&eacute; Tamayo; y regres&eacute; mentalmente al Corcovado que hab&iacute;a admirado desde la azotea del hotel carioca mientras diluviaba sobre la piscina. En aquel enclave trabajaba Jo&atilde;o (nombre ficticio), el camarero que me hab&iacute;a servido una <em>caipirinha</em> de cortes&iacute;a antes de relatarme su vida entera.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo voto a la izquierda, pero a mi nieta no le hablo de pol&iacute;tica, vaya a ser que la izquierda nos decepcione y luego ella piense, cuando crezca, que el abuelo la enga&ntilde;&oacute;&rdquo;. As&iacute;, como quien no quiere pillarse los dedos con la puerta, soltaba chispas de sensatez que explicaban el descubrimiento de un yacimiento de petr&oacute;leo en el Amazonas, la desigualdad diacr&oacute;nica, o la mala gesti&oacute;n del candidato ultraderechista, Fl&aacute;vio, a lo largo de una carrera como diputado y senador en el estado donde nos encontr&aacute;bamos, R&iacute;o. Entre otras acciones lamentables, Jo&atilde;o citaba el presunto apoyo a las bandas criminales que operaban en las favelas y cobraban mordidas a los residentes a cambio de una supuesta seguridad. La mirada calma, encajada en aquella piel negra y desgastada por el tiempo, me transmit&iacute;a confianza y cierto alivio, el que necesitaba para reciprocar aquel di&aacute;logo con detalles del <em>impeachment</em> fallido a Trump. No arreglamos el mundo, pero debo confesar que, sin sus palabras a la luz de la borrasca que solo desafiaba el cristo en pie, mi estancia en el hemisferio sur habr&iacute;a sido mucho m&aacute;s desoladora. Por fin, anochecida la ciudad frente a nosotros, quiso saber a qu&eacute; me dedicaba. &ldquo;Escribo libros&rdquo; &ndash;musit&eacute;&ndash;, y sonri&oacute; complacido. &ldquo;Yo leo mucho, sobre todo peri&oacute;dicos&rdquo;. Minutos m&aacute;s tarde, lo vi marcharse en direcci&oacute;n al metro, le dije <em>adi&oacute;s</em> con un gesto que emanaba gratitud.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Azahara Palomeque]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/brasil-contarlo_129_13526450.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 21 Sep 2026 20:03:45 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a4f07532-2450-485b-8773-d292821122bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x513y163.jpg" length="187699" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a4f07532-2450-485b-8773-d292821122bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x513y163.jpg" type="image/jpeg" fileSize="187699" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Un Brasil para contarlo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a4f07532-2450-485b-8773-d292821122bb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x513y163.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esos hombres buenos fascistas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hombres-buenos-fascistas_129_13508436.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ab79066-6f15-4ca7-85b4-33f9571fa41f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1647y857.jpg" width="1200" height="675" alt="Esos hombres buenos fascistas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 87% de sus votantes creen que “si bien hay algunos políticos de extrema derecha, en general AfD ocupa el centro del espectro político”. Es decir, son los hombres buenos votando el término medio en una ventana de Overton escorada hacia el abismo</p></div><p class="article-text">
        Hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o, se sent&oacute; a mi lado en el tren un se&ntilde;or mayor que iba leyendo un art&iacute;culo cient&iacute;fico en ingl&eacute;s. Yo acababa de salir de una gripe y a&uacute;n tos&iacute;a como si guardase un perro aferrado al pecho, ante lo cual el hombre reaccionaba con inquietud: se meneaba en la butaca, me miraba de soslayo&hellip; Ya no pude m&aacute;s y le dije: &ldquo;usted es m&eacute;dico&rdquo;; cuando me pregunt&oacute; c&oacute;mo lo hab&iacute;a adivinado le respond&iacute; que el contenido del art&iacute;culo y su preocupaci&oacute;n mal disimulada por mi salud lo delataban. Fue ese el comienzo de una larga conversaci&oacute;n tan agradable que no he olvidado los detalles: estaba a punto de jubilarse, y hab&iacute;a desarrollado una carrera acad&eacute;mica deslumbrante, en varios pa&iacute;ses, sin abandonar la consulta; yo le cont&eacute; que viajaba para dar una charla sobre mi libro <em>Vivir peor que nuestros padres</em>, por el cual se mostr&oacute; muy interesado. Todo iba bien hasta que, en relaci&oacute;n al deterioro social que estamos sufriendo, &eacute;l culp&oacute; al temido <em>sanchismo</em> y yo argument&eacute; que nuestra sanidad p&uacute;blica destrozada era competencia del gobierno andaluz, del PP. De repente, se acabaron las risas y los gestos amables: &ldquo;no puede haber sanidad para todos&rdquo;, afirm&oacute;. Y yo: &ldquo;&iquest;de verdad quiere desmantelar el sistema al que ha dedicado toda su vida?&rdquo;. El silencio se volvi&oacute; hielo para mi garganta a&uacute;n inflamada, y el trayecto concluy&oacute; como si jam&aacute;s nos hubi&eacute;semos cruzado.
    </p><p class="article-text">
        He pensado mucho en aquella an&eacute;cdota, y en otras que me han hecho descubrir a funcionarios p&uacute;blicos que arremeten contra su medio de subsistencia &ndash;el estado&ndash;; a familias que apenas llegan a fin de mes pero desean eliminar los servicios asistenciales; a migrantes que detestan a otros migrantes y piden deportaciones masivas, y un largo etc. La psicolog&iacute;a de la persona de (ultra)derecha me interesa desde la convivencia vecinal al devenir del mundo, como objeto de estudio de lo ignoto, lo incomprensible, como si me jugase en esa b&uacute;squeda de l&oacute;gica mi propio valor como ciudadana. En mi indagaci&oacute;n, me he ayudado de un concepto clave que aparece en una novela del escritor portugu&eacute;s Valter Hugo M&atilde;e: &ldquo;el fascismo de los hombres buenos&rdquo;; ciudadanos que trabajan diligentemente, cuidan a sus hijos, pero albergan en las entra&ntilde;as una suerte de gen destructivo, de pulsi&oacute;n de muerte freudiana, que brota ocasionalmente. Leo <a href="https://www.eldiario.es/internacional/ultraderecha-cosechado-resultado-historico-sajonia-anhalt-significa-alemania_129_13493527.html?utm_source=adelanto&amp;utm_medium=email&amp;utm_content=Socio&amp;utm_campaign=07/09/2026-adelanto&amp;utm_source=elDiario.es&amp;utm_campaign=1e40922a69-ADELANTO_07-09-2026&amp;utm_medium=email&amp;utm_term=0_10e11ebad6-1e40922a69-614193971&amp;goal=0_10e11ebad6-1e40922a69-614193971&amp;mc_cid=1e40922a69&amp;mc_eid=033857f011" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en este peri&oacute;dico</a>, a prop&oacute;sito de las elecciones alemanas de Sajonia-Anhalt, donde arras&oacute; el partido ultra AfD, que el 87% de sus votantes creen que &ldquo;si bien hay algunos pol&iacute;ticos de extrema derecha, en general AfD ocupa el centro del espectro pol&iacute;tico&rdquo;. Es decir, son los <em>hombres buenos</em> votando el t&eacute;rmino medio en una ventana de Overton escorada hacia el abismo; en sus cabezas, representantes de la moderaci&oacute;n, aunque desprecien los derechos humanos y practiquen un odio visible.
    </p><p class="article-text">
        El dato arroja muchas lecciones. La primera es que el miedo a la ultraderecha &ndash;estrategia adoptada, entre otros l&iacute;deres europeos, por Pedro S&aacute;nchez&ndash; no funciona. Si su electorado no se percibe como tal, y sus pol&iacute;ticas van calando cual lluvia fina en un edificio semiderruido, siendo emuladas, adem&aacute;s, por la derecha tradicional y hasta sectores socialdem&oacute;cratas, hay que aceptar una normalizaci&oacute;n que puede provocar p&aacute;nico en algunas personas, pero no en las mayor&iacute;as. Las izquierdas &ndash;el escaso remanente vivo que llegue a las pr&oacute;ximas elecciones espa&ntilde;olas, francesas, italianas&hellip;&ndash; deber&iacute;an actuar entonces con una innovaci&oacute;n y energ&iacute;a inusitadas, sabi&eacute;ndose el margen del horror vigente, la excepci&oacute;n y no la norma. Un aviso claro lo ejemplifica el surgimiento de nuevas formaciones extremistas hacia el lado oscuro de la historia, como en nuestro pa&iacute;s demuestra SALF o N&uacute;cleo Nacional. El renacer progresista no se est&aacute; produciendo; m&aacute;s bien, se perpet&uacute;a una par&aacute;lisis que obedece a la incapacidad de leer el mundo, mientras su oposici&oacute;n <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/millones-libros-desguazados-alimentar-ia_129_13461727.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hace papilla las palabras</a> para alimentar a la IA. Al fin y al cabo, solo necesitan cuatro consignas y, eso s&iacute;, mucha tecnolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; quiero llegar, porque el fracaso de la socialdemocracia &ndash;el nacimiento de los <em>hombres buenos</em> cuyas tripas y voto apuntan al precipicio, enti&eacute;ndaseme la iron&iacute;a prestada&ndash; se encuentra estrechamente vinculado al despliegue de la manipulaci&oacute;n digital, desde la m&aacute;s profunda intimidad hasta los despachos de Washington o Mosc&uacute;. En este sentido, el catedr&aacute;tico estadounidense Timothy Snyder, exiliado en Canad&aacute; desde que Trump ganara los &uacute;ltimos comicios presidenciales, describe la instauraci&oacute;n de lo que &eacute;l denomina &ldquo;pol&iacute;tica de la eternidad&rdquo;, la cual consistir&iacute;a en el abandono de las reformas sociales para abrazar un marco temporal desdibujado, siempre cuajado de &ldquo;enemigos definidos y crisis artificiales&rdquo;. Terreno f&eacute;rtil para las emociones, no ser&iacute;an precisas ya medidas concretas a favor de la vivienda, ni bajar la ratio en las aulas, ni subir las pensiones, pero s&iacute; mantener bien inflado &ndash;ojo, y esto requiere planificaci&oacute;n&ndash; el imaginario teratol&oacute;gico de los malvados rivales y las debacles. &iquest;C&oacute;mo? Seg&uacute;n Snyder, desde el Brexit y la primera victoria de Trump, esto se hace mediante la intervenci&oacute;n en la opini&oacute;n p&uacute;blica a trav&eacute;s de las redes sociales, proceso que explica exhaustivamente en su libro <em>El camino hacia la no libertad</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando he intentado compartir estos argumentos en foros, me han reprochado una cierta condescendencia para con la gente. Nada m&aacute;s lejos de la realidad; sin embargo, es imperativo reconocer que los niveles de control y dominaci&oacute;n por internet han alcanzado cotas estratosf&eacute;ricas nunca antes vistas en el mundo conocido. Es cierto que la democracia liberal ha incumplido un sinn&uacute;mero de promesas y apuntalado un descontento sin par desde la implantaci&oacute;n del neoliberalismo, pero ese factor, por s&iacute; solo, no esclarece el porqu&eacute; del ascenso de quien no promete nada m&aacute;s que el confort de una ficticia raza superior, violencia o el derrame de los derechos humanos en una fosa com&uacute;n. De lo que s&iacute; tenemos constancia es de la opacidad del algoritmo, del oligopolio tecnol&oacute;gico en manos sospechosas, de la circulaci&oacute;n vertiginosa de <em>fake news</em>, de la financiaci&oacute;n expl&iacute;cita de entramados cibern&eacute;ticos ultras, y hasta de c&oacute;mo el candidato vencedor de AfD <a href="https://thehill.com/policy/international/6074993-afd-wins-german-election-elon-musk/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">le ha dado las gracias</a> a Elon Musk. &iquest;Casualidad?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, vale la pena notar un imperdonable descuido de Snyder, pero no de Naomi Klein: en plena emergencia clim&aacute;tica, las &ldquo;crisis&rdquo; ya no necesitan fabricaci&oacute;n expresa; vendr&aacute;n rodadas cada vez con m&aacute;s frecuencia, incluso nos desbordar&aacute;n cuando ocurran de manera simult&aacute;nea, torn&aacute;ndose pr&aacute;cticamente imposible su resoluci&oacute;n no solo por la falta de medios o previsi&oacute;n, sino por la insistencia entorpecedora de quien &uacute;nicamente persigue su <em>eternidad </em>particular. Aqu&iacute; podr&iacute;amos preguntar: &iquest;se habr&iacute;a ido Pedro S&aacute;nchez de vacaciones si no hubiese estado posiblemente agotado tras hacerse cargo de la primera emergencia nacional por incendios de nuestro pa&iacute;s? No es una excusa; al contrario, la constataci&oacute;n de cu&aacute;nto temblor inabarcable nos va dejando el planeta hecho trizas, &iexcl;ay!, con los partidos negacionistas al alza y sus fans izando antorchas. As&iacute; que a la <em>Doctrina del shock</em> se le podr&aacute; aplicar su choque mediante la guerra o el <em>lawfare</em>, aunque tambi&eacute;n cabe simplemente esperar a que llueva de manera torrencial o caiga un rayo sobre el campo seco. Pero qu&eacute; sabr&eacute; yo, que apenas quiero a los hombres buenos de verdad, a los bomberos&hellip; al m&eacute;dico de cabecera a tiempo para curarme de una vez la tos&hellip; A las mujeres, por supuesto.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Azahara Palomeque]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hombres-buenos-fascistas_129_13508436.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 14 Sep 2026 20:09:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0ab79066-6f15-4ca7-85b4-33f9571fa41f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1647y857.jpg" length="8206750" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0ab79066-6f15-4ca7-85b4-33f9571fa41f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1647y857.jpg" type="image/jpeg" fileSize="8206750" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Esos hombres buenos fascistas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0ab79066-6f15-4ca7-85b4-33f9571fa41f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1647y857.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un clima moral como antesala del terror]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/clima-moral-antesala-terror_129_13492568.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/52970d2e-2eba-4797-8a38-b3ccdf61d61b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x661y233.jpg" width="1200" height="675" alt="Un clima moral como antesala del terror"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Entre los carteles electorales iniciales y la mañana en que desperté y, con el café recién servido, descubrí que habían asaltado el Capitolio, pasaron apenas cinco años, los suficientes como para que ese país y buena parte del tablero internacional diese un vuelco que, contemplado desde el presente, explica muchas cosas</p></div><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo cambia el clima moral de un pa&iacute;s? &iquest;Cu&aacute;nto tiempo tarda? &iquest;Qu&eacute; eventos tienen que suceder para que las costumbres &ndash;lo socialmente aceptado o no; la frontera del decoro&ndash; se modifiquen hasta volverse diametralmente opuestas a las de anta&ntilde;o? &Uacute;ltimamente, en determinados espacios, se habla sobre c&oacute;mo va rimando el mundo con la atm&oacute;sfera de violencia que precedi&oacute; en Europa a la II Guerra Mundial, pero, yo que cuento con un antecedente m&aacute;s cercano, percibo algunas tendencias que me condenan a vivir en un perpetuo <em>d&eacute;j&agrave; vu</em>. Me refiero a la primera legislatura de la ya hegem&oacute;nica Era Trump, la cual me pill&oacute; residiendo en Estados Unidos. Entre los carteles electorales iniciales y la ma&ntilde;ana en que despert&eacute; y, con el caf&eacute; reci&eacute;n servido, descubr&iacute; que hab&iacute;an asaltado el Capitolio, pasaron apenas cinco a&ntilde;os, los suficientes como para que ese pa&iacute;s y buena parte del tablero internacional diese un vuelco que, contemplado desde el presente, explica muchas cosas. 
    </p><p class="article-text">
        En 2016, era yo voluntaria en una ONG con ni&ntilde;os migrantes, en su mayor&iacute;a procedentes de familias mexicanas, aunque algunos fuesen ciudadanos de pleno derecho por haber nacido en terreno estadounidense. A comienzos del movimiento MAGA, los chiquillos escup&iacute;an sobre im&aacute;genes impresas del Innombrable; meses m&aacute;s tarde, algunos confesaban serias dificultades econ&oacute;micas en casa porque sus padres hab&iacute;an abandonado sus respectivos empleos movidos por el miedo a ser deportados o sufrir agresiones. No se me olvidar&aacute; la tarde en que, mientras colore&aacute;bamos, le cont&eacute; a una ni&ntilde;a mi intenci&oacute;n de viajar a Espa&ntilde;a para ver a mi familia. La peque&ntilde;a, de unos 7 a&ntilde;os, me mir&oacute; espantada y, a continuaci&oacute;n, me advirti&oacute;: &ldquo;si sales del pa&iacute;s, no te dejar&aacute;n volver a entrar&rdquo;. Ese terror infantil, derramado asimismo entre los adultos de su comunidad, fue extendi&eacute;ndose a otras capas de la sociedad; de repente, algunas palabras deb&iacute;an ser pronunciadas con cautela o sustituidas por el silencio absoluto; en la universidad donde acab&eacute; trabajando poco despu&eacute;s, el lenguaje eufem&iacute;stico penetr&oacute; tanto en las aulas como en los despachos, para no molestar a ciertos donantes millonarios pero, sobre todo, porque se estaba normalizando la autocensura en la totalidad de los habitantes, exceptuando, claro, lo que respectaba al campo sem&aacute;ntico del odio. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El nazismo se introduc&iacute;a &hellip; en la carne y en la sangre<strong> </strong>de las masas a trav&eacute;s de palabras aisladas, de expresiones, de formas sint&aacute;cticas que impon&iacute;a repiti&eacute;ndolas millones de veces y que eran adoptadas de forma mec&aacute;nica e inconsciente&rdquo; &ndash;nos dice V&iacute;ctor Klemperer en su obra magistral, <em>LTI. La lengua del Tercer Reich</em>&ndash;. Este fil&oacute;logo jud&iacute;o apunt&oacute; durante a&ntilde;os las mudanzas ling&uuml;&iacute;sticas que iban horadando las mentalidades de la Alemania nazi, incluso entre sus detractores. El juda&iacute;smo ya no era una religi&oacute;n, sino una anatom&iacute;a inferior; por lo tanto, la conversi&oacute;n no serv&iacute;a para librarse de los castigos m&aacute;s cruentos. La ciencia y la tecnolog&iacute;a dotaban a la propaganda de una autoridad pr&aacute;cticamente incuestionable, ornamentada con el aura del progreso; f&oacute;rmulas que han prevalecido, junto a la cuantificaci&oacute;n y la recurrencia al lexic&oacute;n de la guerra. El vocabulario actuaba as&iacute; como catapulta y justificaci&oacute;n de mort&iacute;feras acciones que representaban, alerta Klemperer, un <em>anacronismo</em>: el retorno de una suerte de barbarie medieval, la misma que, de manera similar en nuestro presente, podr&iacute;a pensarse como el <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/regreso-violencia-visible_129_13464072.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">regreso de la violencia visible</a> , seg&uacute;n argument&eacute; hace unos d&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        Puedo enumerar algunas de las peores consecuencias de esa <em>naturalizaci&oacute;n</em> del mal acaecida en Estados Unidos recientemente: el cuestionamiento y la posible <a href="https://www.theguardian.com/us-news/2026/sep/01/usps-whistleblower-mail-in-ballots-trump" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">merma</a> del sistema electoral, la solidez del matonismo como herramienta de estado, el machismo y el racismo descarados &ndash;con la desaparici&oacute;n del derecho al aborto a nivel federal, o la cada vez m&aacute;s consolidada creencia de que las mujeres no deber&iacute;an votar&ndash;; por supuesto, la descomposici&oacute;n del multilateralismo. Hay algo inocul&aacute;ndose &ldquo;en la carne y la sangre de las masas&rdquo; que, gracias a los mecanismos de desinformaci&oacute;n globalizados, va permeando de manera omn&iacute;vora y ha aterrizado, tambi&eacute;n, en Espa&ntilde;a. Solo han hecho falta un poco de tiempo, redes sociales y financiaci&oacute;n para que el fen&oacute;meno alcance el grado siniestro que en su d&iacute;a experiment&eacute; al otro lado del Atl&aacute;ntico y hoy parece tan ubicuo como el aire que respiramos. Y, si bien la olla llevaba a&ntilde;os calent&aacute;ndose a fuego lento mientras que el gobierno de S&aacute;nchez actuaba como barrera de contenci&oacute;n &ndash;t&iacute;mida, cierto es, dentro de las posibilidades de una naci&oacute;n perif&eacute;rica si comparada con las potencias mundiales&ndash;, ahora Ceuta ha avivado la candela hasta el punto de ebullici&oacute;n de ese clima (in)moral, ya pr&aacute;cticamente desprovisto de principios.
    </p><p class="article-text">
        Si en vez de a la retrospecci&oacute;n jugamos al futurismo, podremos quiz&aacute; inferir qu&eacute; va a resultar de la siguiente combinaci&oacute;n explosiva: la vulnerabilidad frente al vecino del sur, un racismo exacerbado e <em>in crescendo</em>, el desprecio abierto, enorgullecido, de la democracia. El primer factor nos ha convertido en hazmerre&iacute;r para las derechas globales, ha debilitado la confianza de la UE &ndash;carcomiendo convenciones como Schengen&ndash;, y colocado al gobierno en una situaci&oacute;n de bloqueo, tambi&eacute;n verbal. El segundo va configurando una ciudadan&iacute;a que interioriza la discriminaci&oacute;n del Otro y, progresivamente, justifica agresiones ilegales; con ello se est&aacute; fraguando una noci&oacute;n de enemigo que predispone a la demolici&oacute;n de la convivencia, independientemente de la figura del migrante, pues sabemos con Arendt que el odio renueva su diana constantemente. El &uacute;ltimo factor es el que incita a saltarse el marco jur&iacute;dico vigente y negarse a, por ejemplo, al reparto de migrantes entre las comunidades aut&oacute;nomas o la instalaci&oacute;n de lugares de acogida. Los tres se retroalimentan y legitiman ayudados por vocablos como &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo; o un &ldquo;hijo de&rdquo; <em>fruta</em> responsable por haber tornado habitual el insulto tanto en la pol&iacute;tica como en las calles.
    </p><p class="article-text">
        Solo es preciso un pel&iacute;n de imaginaci&oacute;n para elaborar el puzle y predecir qu&eacute; monstruosa figura terminar&aacute; mostr&aacute;ndonos. La historia no se repite, aunque puede proporcionarnos poderosas visiones y el conocimiento con el que identificar un problema de inefable magnitud. El futuro, cuajado de sombras y terrores, quiz&aacute; lo llevemos ya &ldquo;en la carne y en la sangre&rdquo;, si nadie lo remedia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Azahara Palomeque]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/clima-moral-antesala-terror_129_13492568.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Sep 2026 20:30:10 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/52970d2e-2eba-4797-8a38-b3ccdf61d61b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x661y233.jpg" length="5163854" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/52970d2e-2eba-4797-8a38-b3ccdf61d61b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x661y233.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5163854" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Un clima moral como antesala del terror]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/52970d2e-2eba-4797-8a38-b3ccdf61d61b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x661y233.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ceuta: ¿el talón de Aquiles del Gobierno?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-talon-aquiles-gobierno_129_13477005.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/88f4c7c4-f9c5-4a6b-8f74-8b581c0ae1ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1428y637.jpg" width="1200" height="675" alt="Ceuta: ¿el talón de Aquiles del Gobierno?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como una bola de nieve que va transformándose en alud a medida que desciende por la ladera, algunos tenemos la sensación de que “Ceuta” no para de engordar, no necesariamente en calidad de crisis migratoria o fronteriza, sino como cóctel discursivo capaz de dinamitar la estabilidad política del país y llevarse por el camino al Gobierno mismo</p></div><p class="article-text">
        Desde Ceuta se avistan, por la bah&iacute;a, una serie de barquitos, cada uno de ellos coronado por la rojigualda. Se hacen llamar &ldquo;Armada de la Solidaridad&rdquo;, pero una armada, seg&uacute;n la RAE, es el &ldquo;conjunto de fuerzas navales de un estado&rdquo;, escuadra espec&iacute;ficamente dise&ntilde;ada para la guerra, y aqu&iacute; apenas hay varias decenas de embarcaciones recreativas cuyo objetivo parece oscilar entre las muestras de empat&iacute;a con los ceut&iacute;es y la generaci&oacute;n de ruido medi&aacute;tico. El nombre elegido es inexacto, aunque eficaz si se trata de dotar de connotaciones b&eacute;licas a esta crisis migratoria, as&iacute; como de arrogarse un significado salv&iacute;fico muy lejos de la realidad. 
    </p><p class="article-text">
        En algunos peri&oacute;dicos, se califica a este conjunto de yates y lanchas como &ldquo;flotilla&rdquo;, invocando la que cruz&oacute; el Mediterr&aacute;neo rumbo a Gaza para alertar de la masacre del pueblo palestino. De nuevo, el vocabulario es tramposo, construye paralelismos falaces; sugiere actuaciones propias del ej&eacute;rcito en mitad de una conflagraci&oacute;n o invoca la justicia social frente a un genocidio; no importa que su sem&aacute;ntica est&eacute; dislocada, porque el mensaje va calando entre la ciudadan&iacute;a hasta el punto de que cada quien maneja versiones similares del horror y una simbolog&iacute;a de la violencia que va estallando en algunas zonas calientes. Pienso: el Gobierno ha perdido el relato; pienso tambi&eacute;n: es muy f&aacute;cil manipular a la opini&oacute;n p&uacute;blica entre las fauces del monstruo digital, pero, en teor&iacute;a, contamos con profesionales para evitar estos fen&oacute;menos, &iquest;d&oacute;nde estaban?
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente, la gesti&oacute;n de la crisis de Ceuta se ha visto marcada por una concatenaci&oacute;n crucial de fallos y demoras, seg&uacute;n ha detallado <a href="https://www.eldiario.es/politica/ceuta-radiografia-mes-caos-error-calculo-darlo-zanjado-volvieron-marruecos-70-000_1_13473903.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este medio</a>. La tardanza a la hora de dictaminar el mando &uacute;nico o calcular la cifra total de migrantes que decidieron quedarse en el enclave espa&ntilde;ol &ndash;no fueron 2.000, como se dijo al principio, sino varios miles m&aacute;s&ndash; retras&oacute; una acci&oacute;n coordinada que requer&iacute;a todos los medios posibles desde el minuto uno, tanto por la ciudad aut&oacute;noma que vio alterada su normalidad a partir del 30 de julio, como por los extranjeros que llegaron a nado o a pie, cuya vulnerabilidad es incuestionable. 
    </p><p class="article-text">
        De poco sirve ahora lamentarse ante las preciosas horas malbaratadas esa semana, aunque es conveniente reconocer que las primeras alertas surgieron con la sentencia del Tribunal Supremo &ndash;el 8 de julio&ndash; que proh&iacute;be las devoluciones en caliente cuando el cruce de la frontera se efect&uacute;a a trav&eacute;s del mar. Si hablamos de estrategia comunicativa, ahora mismo torpedeada por distintos flancos externos, tampoco ayudan las discrepancias entre los ministros Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska respecto al papel que ha jugado el CNI: qui&eacute;n tiene raz&oacute;n o en qu&eacute; punto del espectro argumentativo se halla el &ldquo;t&eacute;rmino medio&rdquo; son preguntas que muchas personas se hacen, no solo en busca de la verdad, sino de la justificaci&oacute;n para legitimar una inteligencia que naufrag&oacute; aquel d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que contamos con las demoras, los n&uacute;meros danzantes, la descoordinaci&oacute;n en cuanto a la palabra oficial, mientras el resto de las palabras, extraoficiales, andan circulando desbocadas por un paisaje cada vez m&aacute;s cuajado de odio, este, azuzado por la ultraderecha, consigue, a su vez, retroalimentarla y ampliar el alcance electoral de sus soflamas. Como una bola de nieve que va transform&aacute;ndose en alud a medida que desciende por la ladera, algunos tenemos la sensaci&oacute;n de que &ldquo;Ceuta&rdquo; no para de engordar, no necesariamente en calidad de crisis migratoria o fronteriza, sino como c&oacute;ctel discursivo capaz de dinamitar la estabilidad pol&iacute;tica del pa&iacute;s y llevarse por el camino al Gobierno mismo. A saber: la carga simb&oacute;lica del suceso supera con creces el mero manejo t&eacute;cnico, enmarcada, adem&aacute;s, en un laconismo institucional que a&uacute;n no ha explicado a qu&eacute; pa&iacute;ses se podr&iacute;a atribuir este desmadre, m&aacute;s all&aacute; de la &ldquo;injerencia extranjera en redes&rdquo;. Porque la gente necesita nombres, datos, historias a las que agarrarse, y no meros eufemismos, por m&aacute;s que sea recomendable la prudencia diplom&aacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Pero hay otros factores que contribuyen a esclarecer la estupefacci&oacute;n del ciudadano medio, especialmente entre las izquierdas. Durante a&ntilde;os, el presidente Pedro S&aacute;nchez ha mostrado una singular pericia en asuntos relacionados con la pol&iacute;tica exterior. Su b&uacute;squeda de aliados orientales, el liderazgo europeo &ndash;con ejemplos tan claros como la &ldquo;<a href="https://www.eldiario.es/economia/excepcion-iberica-permitio-espana-portugal-poner-tope-precio-gas-decaera-31-diciembre_1_10779989.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">excepci&oacute;n ib&eacute;rica</a>&rdquo;, que contuvo la inflaci&oacute;n energ&eacute;tica&ndash;, su oposici&oacute;n a Trump en temas como el ataque a Ir&aacute;n o el incremento del 5% del PIB al presupuesto de la OTAN, e incluso su biling&uuml;ismo, sirvieron para forjar la imagen de un mandatario que se mov&iacute;a por los espacios for&aacute;neos con solvencia y profesionalidad. 
    </p><p class="article-text">
        Como el h&eacute;roe griego que nunca decae, as&iacute; le lluevan pandemias o volcanes, S&aacute;nchez batallaba bien, con m&aacute;s fuerza si cabe fuera de nuestras lindes, hasta que la flecha envenenada descubri&oacute; justo el punto m&aacute;s d&eacute;bil, pues Ceuta parece representar el tal&oacute;n de Aquiles precisamente en los aspectos que dominaba, la geopol&iacute;tica, incluyendo los equilibrios de la UE. Por eso, tal vez, resulte tan complicado encajar la escalada de unos acontecimientos de resoluci&oacute;n compleja, s&iacute;, pero cuyo devenir est&aacute; causando estragos horribles; entre ellos: la socavaci&oacute;n de la convivencia, el auge del racismo y la sa&ntilde;a &ndash;con grupos ultras impidiendo el reparto de comida a los migrantes o quemando sus escasas pertenencias&ndash;, o el da&ntilde;o reputacional a una de las pocas socialdemocracias s&oacute;lidas en un mundo que se inclina peligrosamente hacia el autoritarismo.
    </p><p class="article-text">
        Con manifestaciones de <em>apoyo</em> a Ceuta convocadas en las principales ciudades espa&ntilde;olas para ma&ntilde;ana &ndash;&iquest;qu&eacute; esconde, de nuevo, ese eslogan?&ndash;, es poco probable que la tensi&oacute;n se desvanezca como una gota de agua en el mar; m&aacute;s bien, podemos prever que se avive a&uacute;n m&aacute;s la hoguera de la moral carente y las invectivas contra el Gobierno. Y bajo todo ello subyace, impotente, la interrogaci&oacute;n multiplicada: &iquest;por qu&eacute; no lo vieron venir?, &iquest;habr&iacute;a sido posible una gesti&oacute;n mejor desde el principio? Una palabra precisa, un golpe de tim&oacute;n que controlase el relato. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Azahara Palomeque]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ceuta-talon-aquiles-gobierno_129_13477005.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 31 Aug 2026 19:30:12 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/88f4c7c4-f9c5-4a6b-8f74-8b581c0ae1ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1428y637.jpg" length="368433" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/88f4c7c4-f9c5-4a6b-8f74-8b581c0ae1ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1428y637.jpg" type="image/jpeg" fileSize="368433" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ceuta: ¿el talón de Aquiles del Gobierno?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/88f4c7c4-f9c5-4a6b-8f74-8b581c0ae1ed_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1428y637.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El regreso de la violencia visible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/regreso-violencia-visible_129_13464072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e86e1987-690b-4d28-b5c8-4c06ff175368_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149616.jpg" width="3800" height="2138" alt="El regreso de la violencia visible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El aviso llega meses después de la aprobación de una ley que permite este tipo de castigo y afectará previsiblemente a los palestinos, como han denunciado varias organizaciones, pero lo espeluznante no es solo la nueva legislación sino el régimen de visibilidad que transmite</p></div><p class="article-text">
        Un d&iacute;a del siglo XVI, la Plaza Mayor de Valladolid se hab&iacute;a transformado &ldquo;en un enorme circo de madera, con m&aacute;s de dos mil asientos en las gradas&rdquo;; la ciudad entera, en un polvor&iacute;n de gent&iacute;o alborotado, entre aut&oacute;ctonos, forasteros llegados de toda Castilla y extranjeros; todos ellos &ldquo;incapaces de reprimir su j&uacute;bilo ante el gran festejo que se avecinaba&rdquo;. As&iacute; describe Miguel Delibes el ambiente celebratorio en torno al auto de fe que tiene lugar en la novela <em>El hereje</em>; con presencia de las autoridades y hasta del rey Felipe II, el municipio se hab&iacute;a colocado sus mejores galas para ver a los condenados por la Inquisici&oacute;n, primero en el escenario donde se le&iacute;an sus sentencias de muerte, y luego en procesi&oacute;n hacia el quemadero, donde podr&iacute;an tambi&eacute;n contemplar c&oacute;mo ard&iacute;an. El sadismo de la poblaci&oacute;n el lector lo infiere con ojos de hoy, pero la prosa del maestro es comedida, ajustada a un sentir ext&aacute;tico de &eacute;poca que juzgaba la crueldad m&aacute;s extrema como una fiesta. El mundo que quiz&aacute; regrese &ndash;me digo&ndash;, o que ya est&aacute; aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        He recurrido a las p&aacute;ginas de <em>El hereje</em> buscando respuestas al regocijo p&uacute;blico que provoca el dolor ajeno, la humillaci&oacute;n y, finalmente, el fin de unas vidas inocentes; y lo he hecho convencida de que la Espa&ntilde;a de 1559 tal vez aporte pistas para una interpretaci&oacute;n del clima moral contempor&aacute;neo. Hace unos d&iacute;as, el ministro israel&iacute; Ben Gvir se grab&oacute; en v&iacute;deo anunciando la construcci&oacute;n de un pat&iacute;bulo o, como &eacute;l mismo lo llam&oacute;, &ldquo;instalaci&oacute;n de ahorcamiento&rdquo; para condenados a la pena capital, en teor&iacute;a, por &ldquo;terrorismo&rdquo;. El aviso llega meses despu&eacute;s de la aprobaci&oacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/israel-aprueba-ley-aplicar-pena-muerte-palestinos_1_13108791.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una ley</a> que permite este tipo de castigo y afectar&aacute; previsiblemente a los palestinos, como han denunciado varias organizaciones, pero lo espeluznante no es solo la nueva legislaci&oacute;n sino el r&eacute;gimen de visibilidad que transmite. 
    </p><p class="article-text">
        El cadalso, cuyas obras se intuyen en las im&aacute;genes, contar&aacute; con &ldquo;cabinas de observaci&oacute;n&rdquo;, y se expedir&aacute;n &ldquo;permisos de visitantes&rdquo;. A falta de m&aacute;s detalles, una puede presentir el car&aacute;cter ejemplarizante que se pretende imprimir a las ejecuciones, muy en la l&iacute;nea con otros actos de violencia al alcance de la mirada de todos: los repartos de comida en Gaza, o el <a href="https://www.instagram.com/reels/DGhfpgHsOg6/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">video futurista</a> en que la zona aparece convertida en resort de lujo, difundido por Trump, apuntan a un tratamiento del sufrimiento m&aacute;s cercano a los gloriosos d&iacute;as del Santo Oficio que al paradigma de los Derechos Humanos, tan pr&oacute;ximo en el tiempo y lejano en su aplicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Si uno de los rasgos de la modernidad europea hab&iacute;a consistido, como argumentaba Michel Foucault, en ocultar el castigo y sustituirlo, poco a poco, por mecanismos disciplinarios menos cruentos, el regreso de la violencia a la plaza p&uacute;blica nos habla de una mudanza de valores que ya no encaja con nuestra secuencia hist&oacute;rica. Pensemos en la Alemania nazi, donde la existencia de los campos de concentraci&oacute;n era sabida por la poblaci&oacute;n, pero sin alarde, mientras que los desplazamientos y, especialmente, los asesinatos, se llevaban a cabo con una mec&aacute;nica discreci&oacute;n: bajo los filmes propagand&iacute;sticos donde se mostraba a familias felices desempe&ntilde;ando distintas labores en sus guetos se escond&iacute;a la maquinaria sangrienta del horror, invisible para las masas. 
    </p><p class="article-text">
        En aquel entonces, se intentaron destruir las pruebas gr&aacute;ficas de la matanza; ahora, m&aacute;s bien, circula por el universo digital una avalancha de fotos, <em>reels</em> y otros materiales que, aunque puedan desatar rechazo en algunas personas, contribuyen a un deleite colectivo basado en el ver al Otro retorcerse en su padecimiento: el homicidio en directo de George Floyd, los disparos del ICE, etc. Como si todo lo que nos escandalizaba hace unos a&ntilde;os hubiese dejado de hacerlo; ahora, me atrever&iacute;a a decir, pocos se sorprender&iacute;an con descubrimientos como las im&aacute;genes de los primeros presos de Guant&aacute;namo: encapuchados y vestidos de naranja, lo que supuso una aberraci&oacute;n p&uacute;blica hoy constituir&iacute;a, posiblemente, un motivo para el alborozo de las mayor&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ha ocurrido para que se haya producido esta degradaci&oacute;n moral, tan acelerada y robusta? De la compasi&oacute;n al goce s&aacute;dico, de la contenci&oacute;n a la obscenidad; la p&eacute;rdida de memoria colectiva tambi&eacute;n ha sido crucial a la hora de fomentar nuevas nociones del enemigo en etiquetas tan difusas como &ldquo;terrorismo&rdquo;, pretendidas &ldquo;invasiones&rdquo; &ndash;aunque se trate de ni&ntilde;os migrantes&ndash;, o incluso el infame grito de &ldquo;Pedro S&aacute;nchez, hijo de puta&rdquo; que suena ocasionalmente en discotecas y verbenas. Vamos perdiendo grados de humanidad cada vez que no se responde a una agresi&oacute;n con la defensa del atacado o se responde a&ntilde;adiendo m&aacute;s le&ntilde;a al fuego, lo cual malogra no solo el ordenamiento jur&iacute;dico y el resto del andamiaje de normas y comportamientos decorosos no escritos, sino tambi&eacute;n la convivencia. La reacci&oacute;n social que ha suscitado la presencia de inmigrantes en la ciudad de Ceuta podr&iacute;a considerarse parte del mismo fen&oacute;meno: el odio ha ido creciendo conforme la crisis humanitaria se agravaba, y ni siquiera somos capaces de ponernos de acuerdo en torno a la seguridad de 500 ni&ntilde;as extranjeras, las v&iacute;ctimas m&aacute;s vulnerables, susceptibles de sufrir violencia de g&eacute;nero en sus innumerables manifestaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Tal vez exista una relaci&oacute;n entre la poca importancia que va teniendo la vida humana y el hecho de que lo humano cada vez se parezca menos a la naturaleza primigenia que le atribu&iacute;amos. Santiago Alba Rico <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/besos_129_13462527.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">analiza</a> la desaparici&oacute;n de los besos como s&iacute;ntoma de una sociedad alienada en un narcisismo que act&uacute;a como frontera con el pr&oacute;jimo; y yo a&ntilde;adir&iacute;a que la carencia de afectos y el mal aclamado, la sa&ntilde;a frente al d&eacute;bil, se retroalimentan hasta situarnos en la posici&oacute;n de espectadores del cadalso. Enfebrecidos frente a las llamas, iracundos, experimentando un extra&ntilde;o placer ante la carne calcinada del vecino, aquellos personajes de novela exudan tanta realidad que asusta. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Azahara Palomeque, Azahara Palomeque]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/regreso-violencia-visible_129_13464072.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 24 Aug 2026 20:17:06 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e86e1987-690b-4d28-b5c8-4c06ff175368_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149616.jpg" length="1063393" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e86e1987-690b-4d28-b5c8-4c06ff175368_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149616.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1063393" width="3800" height="2138"/>
      <media:title><![CDATA[El regreso de la violencia visible]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e86e1987-690b-4d28-b5c8-4c06ff175368_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149616.jpg" width="3800" height="2138"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
