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    <title><![CDATA[elDiario.es - Samira Raiss]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/samira-raiss/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Samira Raiss]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El momento en que dejamos de vernos como seres humanos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/momento-dejamos-vernos-seres-humanos_132_13556088.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce4d06e7-042e-48c0-8899-92856c65ddfc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x834y333.jpg" width="1200" height="675" alt="El momento en que dejamos de vernos como seres humanos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Cuando la moralidad y la ética abandonan la ecuación, resulta mucho más fácil justificar que determinadas personas tengan que desaparecer de nuestro campo de visión"</p></div><p class="article-text">
        Me hablan de injusticias cuando la justicia de la que hablan vulnera los derechos m&aacute;s b&aacute;sicos. Esos derechos que un d&iacute;a decidimos reconocer como inherentes a todo ser humano.
    </p><p class="article-text">
        Los mismos derechos que quedaron recogidos en 1948 en la Declaraci&oacute;n Universal de los Derechos Humanos. Porque antes de ser nacionales, migrantes, refugiadas, creyentes o cualquier otra categor&iacute;a, somos seres humanos.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute;s el problema empieza precisamente ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Se me hace un nudo en el est&oacute;mago cuando dejamos de hablar de seres humanos y empezamos a hablar de categor&iacute;as. Cuando dejamos de ver a una persona y empezamos a ver a la migrante, a la refugiada, a quien profesa una determinada religi&oacute;n, al enemigo o incluso a una amenaza.
    </p><p class="article-text">
        Porque es mucho m&aacute;s f&aacute;cil poner el foco sobre una categor&iacute;a que sobre una persona.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; es cuando empieza a construirse un falso &ldquo;ellos&rdquo; frente a un &ldquo;nosotros&rdquo;. Un discurso que alimenta la distancia y el miedo y que, cuando termina normaliz&aacute;ndose, puede abrir la puerta al odio y a la violencia.
    </p><p class="article-text">
        Lo preocupante es que no siempre nos damos cuenta de cu&aacute;ndo empieza a ocurrir. Primero dejamos de mirar a la persona. Despu&eacute;s dejamos de escuchar su historia. Y finalmente dejamos de verla como alguien con los mismos derechos que cualquier otra persona.
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando dejamos de reconocer la humanidad de otra persona, no solo estamos deshumaniz&aacute;ndola, sino que tambi&eacute;n estamos perdiendo una parte de nuestra propia humanidad.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces me pregunto: &iquest;c&oacute;mo hemos llegado hasta aqu&iacute;? &iquest;En qu&eacute; momento empezamos a aceptar como normales determinados discursos? &iquest;En qu&eacute; momento dejamos de cuestionarnos aquello que nos dicen sobre los dem&aacute;s?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando dejamos de reconocer la humanidad de otra persona, no solo estamos deshumanizándola, sino que también estamos perdiendo una parte de nuestra propia humanidad</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No hace falta irnos muy lejos para encontrar algunas respuestas. A veces basta con mirar nuestra propia ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Hace tiempo que Donostia parece haber perdido el foco de s&iacute; misma, empe&ntilde;ada en proyectarse como algo que no es y dejando en segundo plano algunos de los valores que durante tanto tiempo la han identificado.
    </p><p class="article-text">
        Con la intenci&oacute;n de posicionarse como destino vacacional, parece soltar la mano de las personas que realmente la habitamos. La gentrificaci&oacute;n avanza, los pisos tur&iacute;sticos sustituyen a los hogares y muchas familias se encuentran sin alternativas, abocadas a una precariedad que no desaparece porque dejemos de mirarla.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es la respuesta de la administraci&oacute;n municipal? &iquest;Mirar para otro lado? No, toma una postura a&uacute;n m&aacute;s c&iacute;nica, aloja las penurias all&aacute; donde no llegan las miradas. Lejos de abordar los problemas, los esconde. Como quien decide apagar la luz para no sentir la necesidad de limpiar. 
    </p><p class="article-text">
        La reciente <a href="https://www.eldiario.es/euskadi/colectivo-kas-denuncia-identificaciones-policiales-veto-cenas-solidarias-donostia_1_13434177.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">prohibici&oacute;n de las cenas solidarias de KAS</a> es un claro ejemplo de ello. Un s&iacute;mbolo, durante a&ntilde;os, de solidaridad ciudadana. Vecinos ofreciendo apoyo a personas que han quedado relegadas al &uacute;ltimo lugar en la lista de prioridades de las instituciones p&uacute;blicas. 
    </p><p class="article-text">
        Una respuesta civil, nacida de la generosidad y la empat&iacute;a, que termina siendo la diana de cierto sector de la opini&oacute;n p&uacute;blica, azuzada por la intolerancia de los de siempre. Un odio que el ayuntamiento acab&oacute; por alimentar tomando unas medidas est&eacute;riles que no sirven para nada m&aacute;s que para validar idearios xen&oacute;fobos. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;En qu&eacute; momento repartir comida se convierte en un delito? &iquest;Desde cu&aacute;ndo hace falta pedir permiso para ayudar a quien lo necesita? Se distorsiona la realidad hasta un punto en la que cualidades tan intr&iacute;nsecamente buenas como el altruismo, la solidaridad y la abnegaci&oacute;n acaban en tela de juicio. &iquest;Esa es la ciudad que queremos construir?
    </p><p class="article-text">
        La realidad es que nadie deja de tener hambre si le quitas la comida. Nadie deja de tener sue&ntilde;o aunque quemes su colch&oacute;n. Y nadie deja de vivir en la exclusi&oacute;n porque t&uacute; decidas apartar la mirada. Y ah&iacute; aparece de nuevo el &ldquo;ellos&rdquo; frente al &ldquo;nosotros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/euskadi/cacerolada-gran-comida-presion-alcalde-donostia-retire-veto-cenas-solidarias_1_13416417.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Desde la alcald&iacute;a se relacionan las cenas solidarias con la criminalidad</a> y se filtra la nacionalidad de las personas detenidas. No es casual. Poniendo el foco en el origen se intenta desviar la conversaci&oacute;n colectiva. La ra&iacute;z del problema deja de ser que existan personas que no tengan d&oacute;nde dormir ni c&oacute;mo alimentarse y pasa a ser otro el centro del debate: si son responsabilidad nuestra. Esa es la manera que encuentran de deshumanizar la cuesti&oacute;n. Cuando conviertes una situaci&oacute;n de necesidad en un asunto que solventar deja de abordarse desde un punto de vista c&iacute;vico para convertirse en algo pragm&aacute;tico y, a partir de ese momento, cualquier resquicio de moralidad o &eacute;tica abandonan la ecuaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Ese enfoque fr&iacute;o y totalmente desprovisto de sensibilidad puede contribuir a generar un clima de rechazo y violencia, como el que se manifest&oacute; hace unas semanas, en la que un vecino del barrio de Egia dispar&oacute; con un arma de aire comprimido a una persona migrante. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando la moralidad y la &eacute;tica abandonan la ecuaci&oacute;n, resulta mucho m&aacute;s f&aacute;cil justificar que determinadas personas tengan que desaparecer de nuestro campo de visi&oacute;n. Pero las personas no desaparecen porque dejemos de mirarlas, da igual qu&eacute; medida tomes para ocultar el trasfondo. El hambre sigue ah&iacute;. La falta de vivienda sigue ah&iacute;. La exclusi&oacute;n sigue ah&iacute;. Junto a ello, aumenta el deterioro de la salud mental derivado de estas situaciones. Y, tambi&eacute;n, permanece el efecto que tiene sobre una sociedad el discurso que construye determinadas vidas como una amenaza.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/euskadi/ayuntamiento-hondarribia-une-protestas-denuncian-asesinato-policial-muerte-hombre_1_13547606.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lo que ha ocurrido en Hondarribia</a> hace solo unos d&iacute;as nos obliga a reflexionar y a hablar tambi&eacute;n de un fracaso institucional cuando no se interviene desde la ra&iacute;z ante situaciones de vulnerabilidad, donde adem&aacute;s la salud mental se ve deteriorada. Son situaciones que claramente pueden evitarse. Tambi&eacute;n debemos preguntarnos si los prejuicios o el racismo est&aacute;n influyendo, de alguna manera, en c&oacute;mo respondemos ante determinadas personas y situaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Los datos oficiales reflejan que el racismo y la xenofobia son la principal motivaci&oacute;n de los incidentes de odio registrados en Euskadi. Seg&uacute;n el Informe de Incidentes de Odio en Euskadi 2025, se registraron 108 incidentes relacionados con el racismo y la xenofobia. Pero esas cifras cuentan solo una parte de la realidad puesto que existe una importante infradenuncia ya que muchas v&iacute;ctimas temen denunciar. No solo eso, sino que muchas de las agresiones con motivaci&oacute;n racista ni siquiera terminan registr&aacute;ndose como delitos de odio, sino como delitos de lesiones, amenazas o da&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Hablamos de sociedades que se hacen llamar modernas. Sociedades que, despu&eacute;s de conocer hasta d&oacute;nde pod&iacute;a llegar la crueldad humana, decidieron no repetir la historia. Sociedades que fueron testigos de genocidios, esclavitud, discriminaci&oacute;n y persecuci&oacute;n por motivos &eacute;tnicos o religiosos y que, precisamente por eso, decidieron construir mecanismos destinados a proteger la dignidad humana.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, seguimos escuchando discursos que construyen enemigos. Personas que terminan siendo precisamente quienes se encuentran en una situaci&oacute;n m&aacute;s vulnerable, m&aacute;s expuestas a la exclusi&oacute;n y con menos capacidad para defenderse.
    </p><p class="article-text">
        No es necesario que una sociedad declare que unas vidas valen menos que otras para empezar a comportarse como si as&iacute; fuera.
    </p><p class="article-text">
        Por eso hay una pregunta que me reconcome y es: &iquest;en qu&eacute; momento hemos empezado a creer que unas personas son superiores a otras? Se me revuelven las tripas al pensar hasta d&oacute;nde puede llegar una sociedad cuando empezamos a pensar que unas personas valen m&aacute;s que otras.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hemos hecho para merecer haber nacido en un determinado lugar? &iquest;Qu&eacute; hemos hecho para pertenecer a una determinada familia, tener una nacionalidad, una estabilidad econ&oacute;mica o ciertas oportunidades? 
    </p><p class="article-text">
        Yo te lo cuento: nada.
    </p><p class="article-text">
        No hemos hecho nada para merecer el lugar exacto en el que nacimos. Simplemente nos toc&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y precisamente por eso deber&iacute;amos ser m&aacute;s conscientes de la responsabilidad que tenemos con quienes no tuvieron las mismas oportunidades. Es nuestra responsabilidad, individual y colectiva.
    </p><p class="article-text">
        En una sociedad democr&aacute;tica, en un Estado democr&aacute;tico de derecho, est&aacute; en nuestras manos decidir qu&eacute; queremos permitir que se haga en nuestro nombre. Los derechos humanos existen, entre otras cosas, para establecer unos l&iacute;mites y evitar que la historia vuelva a repetirse. Porque los derechos son inherentes a las personas y no deber&iacute;an depender de qui&eacute;nes somos, de d&oacute;nde nacemos o de las circunstancias que nos ha tocado vivir.
    </p><p class="article-text">
        El Ayuntamiento de Donostia, gobernado por el PNV, deber&iacute;a reconsiderar el modelo de ciudad que quiere construir. Las medidas que ha ido adoptando y los discursos que las acompa&ntilde;an no mejoran precisamente la convivencia, sino que contribuyen a reforzar una mirada que convierte la vulnerabilidad en un problema y a determinados colectivos en una amenaza. 
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que ocurre en Donostia no es ajeno a un contexto pol&iacute;tico m&aacute;s amplio, en el que cada vez m&aacute;s van encontrando espacio discursos y medidas que ponen el foco en el origen, la nacionalidad o la precariedad de las personas.
    </p><p class="article-text">
        Euskadi siempre ha sido un lugar de acogida, pero tambi&eacute;n hemos sido acogidos. Y nuestra propia historia deber&iacute;a hacernos recordar que ninguna sociedad est&aacute; al margen de esa realidad. Tambi&eacute;n nosotros hemos conocido la persecuci&oacute;n, el exilio y la necesidad de ser acogidos.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, me resulta dif&iacute;cil de entender que sigamos escuchando discursos que se&ntilde;alan precisamente a quienes se encuentran m&aacute;s expuestas a la exclusi&oacute;n y con menos capacidad para defenderse.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando eso ocurre, la pregunta ya no deber&iacute;a ser solamente qu&eacute; estamos haciendo con ellos. La pregunta es qu&eacute; estamos haciendo con nosotros mismos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Samira Raiss]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/momento-dejamos-vernos-seres-humanos_132_13556088.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Oct 2026 19:53:33 +0000]]></pubDate>
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